OBSERVACIONES FUNDAMENTALES
1
CONSIDERACIONES (INTEMPESTIVAS
PRIMERAS CONSIDERACIONES
(En pocas palabras)-
OBSERVACIONES FUNDAMENTALES
1
CONSIDERACIONES (INTEMPESTIVAS-1)
(En pocas palabras)
-La filosofía jamás fue cosa y ser de intelectuales, no crean eso
-La jaula del lenguaje
-Victimas del lenguaje
-La pedagogía del sentido heredado
-De la reapropiación
-Expresarse de eso que sentimos después de lo observado
1 (4)
-Unas palabras antes de comenzar o seguir (a quien esto le pueda interesar)—
-Acerca de un modo particular de pensar —
-Sólo del desconocimiento surge la verdadera angustia de vivir —
-Vivir es elegir—
-Y Del Instante i Uno después —
-libre en el Instante—
-Pero ¿Qué es el instante?—
-De una doctrina de los «tres mil aspectos contenidos en cada instante vital»—
-Del instante en la mística sufí—
-Pero ¿Progresamos? No lo sé—
-Por la palabra: el más peligroso de los bienes—
-Pero la palabra tiene además otros peligros —
-De La curiosidad Superficial, La Distracción: Y La Mente del Mono —
-El peligro de escuchar a todos y no escucharnos a nosotros mismos —
-Nadie dijo que la vida fuese fácil —
-Sartre considera que no existe la naturaleza humana —
-Mediocridad y Redes Sociales —
-De la ética venidera —
-La modernidad se construyó sobre la idea del sujeto (antes) pensado como individuo
-El hombre moderno “arrojado” de Heidegger, por completo en su cotidianidad—
-Del buen ciudadano, solo puedo decir
-De la mediocridad
-El sujeto encuentra en este punto cierta paz
-El “mediocre” no tiene idea del contexto en el que se desenvuelve
-El mediocre, o ciudadano como genio vanidoso, y señor del hablar repetidor
-Del reconocimiento y ascendencia social (el ciudadano) sujeto de opinión
-¿Culpable? No, no es un crimen el que (es) i-de la opinión (quien no conoce la verdad)
1 (5)
-Nada más trágico que nacer para luego tener que morir
-Sobre la muerte
-Pensar la existencia
-Buscando entender
-Cuando el suicidio se afronta desde la sociología o psicología (desde el ente social)
-Acerca de la voluntad de vivir
-Del auto-sacrificio
-Sobre la imposibilidad de convivir /o sobrevivir la realidad social
-Tomar conciencia de que podemos elegir
-Morir (socialmente, o precisamente por ello) precisa igualmente de razones
-Mainländer
-¿hay alguna lógica hasta la muerte? / Desde una lectura de Camus
-Cuando asumimos la responsabilidad de la existencia / vivir es elegir
1 (6)
-La humanidad: en cuestión desde nuestra perspectiva tradicional de la realidad
-Hacia un nuevo paradigma: Un nuevo hombre y una nueva era
-De La necesidad del nuevo hombre
-Hacia una nueva era
-Desde unas nuevas perspectivas cósmicas
-Sobre el conocimiento
-De Las grandes revoluciones o grandes cambios
-Desde la naturaleza del Hombre, y el hombre como problema
-El nuevo Ser (humano) hacia lo propio y de lo Humano
-El sentido de la vida (en general) o mejor y antes hacia hallar el sentido de la vida
-Mente, consciencia y cosmos
-Aislarse en el caos (desde el límite)
1 (7)
-Una primera aproximación al límite (desde Eugeni Trías
-Desde el vértigo y el abismo Observamos
-Y Trías deriva, como aquel marinero de tierra que no vio la mar y solo la soñó
- del descubrimiento de un Limite (que soñó) luego y como hallazgo en la filosofía.
-Trías descubre” la frontera" A decir de la universidad Pompeu Fabra
-Pero veamos, qué nos dice trías de “su frontera” y cómo él la define y sus habitantes
-Pero volviendo al método, tan propio del paradigma actual mencionado
-El vértigo real frente al abismo, o límite
-El sujeto fronterizo (necesario de la idea del límite) no-es- / i-de otra manera trías
1 (8)
-El lenguaje como sombra de la razón
-Para Wittgenstein, el mundo era lo expresable (solo en palabras)
-Luego ¿Qué me define el lenguaje?
-"Sólo pedimos un poco de orden para protegernos del caos
-Pero ya estoy en un espacio, en tanto mi forma ocupa un espacio definido
-Luego: Uno condicionado a través y de dicho en medio igualmente definido
-Sobre una filosofía autentica o pensar (desde una filosofía auténtica)
-Pero he hablado de acción y experiencia, y no puedo quedarme en lo relativo
1 (8-1)
-El Hombre Desesperado
- Sobre la Muerte
-El dolor y la pérdida
-El Sinsentido de la Existencia
-Pensar la idea del suicidio
-Libertad de Elección
-Morir precisa, igualmente, de razones.
1(9)
-La frontera un lugar para (Pensar uno: el Ser).
-En ese avance, antes en la frontera y en el borde exterior de la ola.
-El colono de estos nuevos territorios llega vestido con sus ropas.
-Pero (antes) Debemos preguntarnos qué atrae al límite a la experiencia de la frontera.
-Habitar-es-estar /Heidegger).
-Hay un viaje (y conocimiento a través de tinieblas y sombras que habitar.
- De las conclusiones fundamentales de un observador / del medio.
1(9)
-Un hombre en el castillo
-En el ámbito de la filosofía, a [Posteriori]
-De los niños
-Una forma más definida de crítica
-La ruta de la servidumbre
-El neoliberalismo
-"El pasado es recordado muchas veces dramático
-"El pueblo español se entrega al suicidio
-Respecto del sinsentido de la existencia
-Desde un estudio de PD. Ouspensky
0(0)
-De la razón instrumental―
-Las relaciones de fuerza y poder―
-La razón instrumental en la educación―
-cuando parece natural no querer seguir estudiando―
-En las escuelas: a los jóvenes hoy no les enseña a pensar (se les enseña a obedecer)
-Desde pequeños a los niños se les coloca en grupos fomentando la medianía
-hablamos de realidad social y la coercividad del estado hacia el individuo
-Las escuelas son lugares donde inculcan, más allá de materias, normas de conducta
-Por la palabra
-La palabra tiene peligros, de los que muchos dramáticamente inconscientes
-la palabra no sólo puede ser, sino es, la herramienta más peligrosa dada al hombre;
Libro 1 (1)
1-Por qué me hago preguntas
2-La necesidad como
categoría social
3-Darle un sentido propio
a nuestros actos
4-Mantenerse despiertos.
¿Por qué desconfiar?
5-Nuestra mente → es
absurda: habiendo depositado esperanzas en
la (ilustración).
6-El modo como pretendo
hilvanar, en relación a diversas materias y sensibilidades.
7-«Toda observación es
relativa al punto de vista afectando al fenómeno que se observa.
Libro 1 (2)
1-Et in Arcadia ego—
2-Acerca del trauma de la lucidez / Extraviarse en los tópicos—
3-El Laberinto del mino tauro y la paradoja—
4-Sobre el saber… y saber que somos impulsados—
5-Sobre la búsqueda de la felicidad—
6-Precipitarse hacia las propias consecuencias—
7-Una última y breve observación sobre el destino—
8-Acerca de la satisfacción de un deseo resuelto, en su
representación—.
9-Hacia las profundidades del abismo—
10-En busca de sentido—
11-Acerca de una sociedad profundamente enferma—
12-Sobre los escenarios del absurdo—.
1 (3)
1-Acerca de la satisfacción de un deseo
resuelto, en su representación—.
2-Acerca de una sociedad profundamente
enferma—.
3-Acerca de una nueva, aunque ya pretérita
teoría de la visión —
4-Acerca i-de la interpretación de
Copenhague a una cuestión (idea antes —
5- La primera bifurcación —
6-Bajo la Fisura de Rolando—.
7-Monstruos —
8-Un lugar más allá de las sirenas·
1 (4)
-Unas palabras antes de comenzar o seguir (a quien
esto le pueda interesar)—
-Acerca de un modo particular de pensar —
-Sólo del desconocimiento surge la verdadera angustia
de vivir —
-Vivir es elegir—
-Y Del Instante i Uno después —
-libre en el Instante—
-Pero ¿Qué es el instante?—
-De una doctrina de los «tres mil aspectos contenidos en cada instante
vital»—
-Del instante en la mística sufí—
-Pero ¿Progresamos? No lo sé—
-Por la palabra: el más peligroso de los bienes—
-Pero la palabra tiene además otros peligros —
-De La curiosidad Superficial, La Distracción: Y La Mente del Mono —
-El peligro de escuchar a todos y no escucharnos a nosotros
mismos —
-Nadie dijo que la vida fuese fácil —
-Sartre considera que no existe la naturaleza humana —
-Mediocridad y Redes Sociales —
-De la ética venidera —
-La modernidad se construyó sobre la idea del sujeto (antes) pensado como
individuo
-El hombre moderno “arrojado” de Heidegger, por completo en su cotidianidad—
-Del buen ciudadano, solo puedo decir
-De la mediocridad
-El sujeto encuentra en este punto cierta paz
-El “mediocre” no tiene idea del contexto en el que se desenvuelve
-El mediocre, o ciudadano como genio vanidoso, y señor del hablar repetidor
-Del reconocimiento y ascendencia social (el ciudadano) sujeto
de opinión
-¿Culpable? No, no es un crimen el que (es) i-de la opinión (quien no
conoce la verdad)
1 (5)
-Nada más trágico que nacer para luego tener que
morir
-Sobre
la muerte
-Pensar
la existencia
-Buscando
entender
-Cuando
el suicidio se afronta desde la sociología o psicología (desde el ente
social)
-Acerca
de la voluntad de vivir
-Del
auto-sacrificio
-Sobre
la imposibilidad de convivir /o sobrevivir la realidad social
-Tomar
conciencia de que podemos elegir
-Morir
(socialmente, o precisamente por ello) precisa igualmente de razones
-Mainländer
-¿hay
alguna lógica hasta la muerte? / Desde una lectura de Camus
-Cuando
asumimos la responsabilidad de la existencia / vivir es elegir
1
(6)
-La humanidad: en cuestión desde nuestra perspectiva
tradicional de la realidad
-Hacia un nuevo paradigma: Un nuevo hombre y una nueva
era
-De La necesidad del nuevo hombre
-Hacia una nueva era
-Desde unas nuevas perspectivas cósmicas
-Sobre el conocimiento
-De Las grandes revoluciones o grandes cambios
-Desde la naturaleza del Hombre, y el hombre como
problema
-El nuevo Ser (humano) hacia lo propio y de lo Humano
-El sentido de la vida (en
general) o mejor y antes hacia hallar el sentido de la vida
-Mente, consciencia y cosmos
-Aislarse en el caos (desde el límite)
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(7)
-Una primera
aproximación al límite (desde Eugeni Trías
-Desde el vértigo y el
abismo Observamos
-Y Trías deriva, como
aquel marinero de tierra que no vio la mar y solo la soñó
- del descubrimiento
de un Limite (que soñó) luego y como hallazgo en la filosofía.
-Trías descubre” la
frontera" A decir de la universidad Pompeu Fabra
-Pero veamos, qué nos
dice trías de “su frontera” y cómo él la define y sus habitantes
-Pero volviendo al
método, tan propio del paradigma actual mencionado
-El vértigo real
frente al abismo, o límite
-El sujeto fronterizo
(necesario de la idea del límite) no-es- / i-de otra manera trías
1 (8)
-El lenguaje como sombra de la
razón
-Para Wittgenstein, el
mundo era lo expresable (solo en palabras)
-Luego ¿Qué me define
el lenguaje?
-"Sólo pedimos un
poco de orden para protegernos del caos
-Pero ya estoy en un
espacio, en tanto mi forma ocupa un espacio definido
-Luego: Uno
condicionado a través y de dicho en medio igualmente definido
-Sobre una filosofía
autentica o pensar (desde una filosofía auténtica)
-Pero he hablado de
acción y experiencia, y no puedo quedarme en lo relativo
1 (8-1)
-El Hombre Desesperado
- Sobre la Muerte
-El dolor y la pérdida
-El Sinsentido de la Existencia
-Pensar la idea del suicidio
-Libertad de Elección
-Morir precisa, igualmente, de razones.
1(9)
-La frontera un lugar
para (Pensar uno: el Ser).
-En ese avance, antes
en la frontera y en el borde exterior de la ola.
-El colono de estos
nuevos territorios llega vestido con sus ropas.
-Pero (antes) Debemos
preguntarnos qué atrae al límite a la experiencia de la frontera.
-Habitar-es-estar
/Heidegger).
-Hay un viaje (y
conocimiento a través de tinieblas y sombras que habitar.
- De las conclusiones
fundamentales de un observador / del medio.
1(9)
-Un
hombre en el castillo
-En
el ámbito de la filosofía, a [Posteriori]
-De
los niños
-Una
forma más definida de crítica
-La
ruta de la servidumbre
-El
neoliberalismo
-"El
pasado es recordado muchas veces dramático
-"El
pueblo español se entrega al suicidio
-Respecto
del sinsentido de la existencia
-Desde un
estudio de PD. Ouspensky
1(0)
-De
la razón instrumental―
-Las
relaciones de fuerza y poder―
-La
razón instrumental en la educación―
-cuando
parece natural no querer seguir estudiando―
-En
las escuelas: a los jóvenes hoy no les enseña a pensar (se les enseña a
obedecer)
-Desde
pequeños a los niños se les coloca en grupos fomentando la medianía
-hablamos
de realidad social y la coercividad del estado hacia el individuo
-Las
escuelas son lugares donde inculcan, más allá de materias, normas de conducta
-Por
la palabra
-La
palabra tiene peligros, de los que muchos dramáticamente inconscientes
-la
palabra no sólo puede ser, sino es, la herramienta más peligrosa dada al
hombre;
1 (1)
Por qué me
hago preguntas. La primera vez
que compre un libro de filosofía fue a los 16 años: Nietzsche, Humano demasiado humano -1886, donde
revelaba, a su modo, el padecimiento del hombre en el mundo. Para mí, amante de la astronomía (A.A.B.) y la
naturaleza (UES: Unió Excursionista Sabadell), entonces con poco más de 16 o 17
años de edad, y fue como descubrir otra dimensión antes desconocida que me gustaría
estudiar de un Maestro, tan intrigante como el propio cosmos y de la materia en
evolución que estaba descubriendo en la Asociación Astronómica de (Barbera del Valles) donde era vocal de
observaciones con Josep Puig.
Desde entonces y a la par, libros de
filosofía, astronomía y revistas de ciencia saturaron las estanterías de mi
habitación, como ahora la memoria del ordenador. Leía, muchas veces sin
entender y volvía a leer, luego a quienes explicaban de otro texto, y entendía
lo me explicaban de sus palabras (algunas buscándolas en el diccionario) de
aquello mismo que no entendía antes de alguna palabras escritas ausente uno de
lo propio para comprenderlas de la forma expuesta de alguien: lo que no-es todavía
de una forma y es aquello de un nombre que no reconocemos de lo propio de una forma
/ envuelto en esa felicidad
absurda que con el tiempo entendemos de un conocimiento parcial e
incompleto de las cosas que son pero (de la explicación de otro) de las cosas
de antes (que por nosotros mismos no hemos experimentado) y lanzando después (con
doble voltereta y tirabuzón, cayendo no pocas veces de plancha) a vivir mi propia
aventura: conociendo aquello que de
salir a la calle surgía sin buscar: una tela de araña en el centro de su tela
por ejemplo llevármela de ir corriendo por el campo (como lo mismo i-de buscar
en la oscuridad en la noche entre las estrella de un Júpiter (ahi) entender que
veía galileo de mirar por el telescopio sus satélites galileanos (o no lo mismo
/ los cráteres de la luna como las manchas solares hallándolo de buscar luego
observando de la propia naturaleza 8 co los propios ojos).
De de ese modo (con sus luces y
sombras) ha transcurrido buena parte de mi vida, entre libros escogidos y
salidas continúas al campo y las montañas, viajes: selvas, desiertos y
volcanes, (accidentes, enfermedades, caídas) sumados esto a una creciente afición
tardía por las plantas y la jardinería.
Pero
entiendo que mi caso no es único —y no refiero mi afición tardía— pues son
muchas las personas, que en algún momento comienzan a advertir esa terrible
seducción, hacia temas que van más allá de su quehacer cotidiano. Digamos, que
son seducidos hacia cuestiones más profundas. Preguntas, que como a otros en el
pasado y desde tiempo inmemorial han inquietado de manera fabulosa tanto a
comunes como notables, pues todo ser humano, en algún momento de sus vidas siente
de esa dolosa necesidad de saber, llevados o dirigiéndose entonces hacia eso
que llámanos filosofía (“incluso sin
ellos mismo saberlo: son filósofos —Calvo, 2003:) haciéndose
preguntas e intentando comprender a los otros —añado: sin comprenderse y saberse
primero a sí mismos, o sin apenas experiencias puras en la
vida— pero cuestionando y dando respuestas al origen del mismo
cosmos. En palabras de José María Calvo, “el ser humano es filósofo por
naturaleza, y si se le ofrece la oportunidad se hace preguntas a todas las
edades” (Calvo, 2003: 36). Y, si
se le deja, créanme (de mayorcito),
este te dará todas la repuestas (explicadas para otro (lo que no conoce ) … del
mundo: incluido de la existencia i-de los planetas de más allá, aunque el que
dice conocer jamas haya salido de su pueblo en toda su vida (véase Kant).
Luego, es un hecho que comprender “ahora” de lo dicho
la razón de las cosas para algunos, en tanto ha como estas cosas son explicadas / y no-son de la experiencia de cada uno luego
entender ( la forma que no-es de alguna cosa antes (ninguna experiencia) ha
llevado a dotarnos de valiosos mecanismos de salvaguarda / por los cuales se
premia recompensando ese entendimiento (de un reconocimiento de los otros→ que
de la propia experiencia i de lo mismo que hablan i habla nlo mismo naada).
Pero esta hambre de saber no tendría ranzón de ser, si no partiese de una
necesidad real de conocer de uno mismo las respuestas: una necesidad pues tan
real y apremiante que no nos deje dormir. Como por ejemplo cuando escuchando a
algunos opinar o hablar de nada observábamos de la ausencia / la usencia
primera i-del sentido común que no-es cuando es imposible aquello que
pretendidamente ausente i-de alguna forma→ se nombra de ninguna cosa “la forma
de nada”: Como el mismo Sócrates1 antes nos
advierte (lo mismo incluyendo la forma de nada concreto) y “que una definición puede no describir con precisión algo y que no hay
una definición absoluta para cualquier cosa, incluyendo la forma.
(Plato, Benjamin
Jowett (1946). Meno) luego: La
forma define el Conjunto de líneas y superficies que determinan la planta,
contorno o volumen de una cosa, en contraposición a la materia de la que está
compuesta. Pueden existir
cosas cuadradas, redondas, o rectangulares de distintas materias, pero siempre
tendrán alguna forma. Concluyendo, que forma es la esencia de las cosas, porque
hace que sean eso y no otra cosa
(Aristóteles /1 (Menón de Platón). Y de este modo la forma que no-es puede
ser (explicada) i no-ser o no estar aquí o allá (de una forma i de una cosa
concreta en el medio i-del horizonte común) La forma que no-es i no puede ser:
pero que-es- (de una palabra i del texto) lo que fuera del texto no-es /ni
puede ser ) / tiempo después siendo materia de preocupación en forma de
abstracción (del significante del nombre que define del significado (ausencia
de aquello (ausente de un forma) que sin estar aquí o allá, puede ser de la
idea percibido en el pensamiento de uno (antes contemplación) lo que no-es i puede ser→ luego de alguna manera (lo que
no-es i es) abstracción que puede ser después del juicio de unos, pero sobre todo imaginación… y de tener forma
/ la forma (es) de nada I- De ahí, que algunas personas se
cuestionen lo que se da por sentado y desconfíen
o desconfiemos y lo hagamos y partir luego de lo mismo y de nada (i.o
de esa ausencia propia de uno después llegar a ser del saber de la propias
cosas ( que antes de otro conocer i-de uno mismo experimenta)
Ciertamente,
desde muy pequeños, ya nos acercamos a las cosas para comprenderlas así se nos
representan a los sentidos (aunque no sé si exactamente, entonces, “de muy
pequeños”, exactamente nos acercamos para comprenderlas: yo “de pequeño, y de no tan pequeño” mataba y
quemaba hormigas). Pero es un hecho, que comprender (aunque creer
comprender seria lo correcto) la razón de las cosas, en tanto a estas cosas
son, se nos representan y las
entendemos “por su ultimas causas”, ha llevado a algunas personas
(sobre todo a los filósofos), a sentirse recompensados por su búsqueda y de
aquellos resultados hallados. Aunque tales resultados, no aludan de los seres y las cosas a causas
primeras (esto es: un saber, por tanto, a medias y soy generoso hablando de
filosofía) siendo entonces dicho saber (ese que encontramos de toda nuestra
historia moderna escrito) un saber (razonado) solo a partir de ideas, a partir
de sus últimas causas, y no de las primeras causas, y esto creo esto está muy
claro. Como de claro se resuelve que de cierto, no sabemos (objetivamente) de
la realidad (natural) de sus primeras causas: nada, más allá de lo que creemos
nosotros saber.
Pero
(y volviendo al hambre de saber) este no tendrá razón cuando ya parte del deseo
(del individuo), y no de una necesidad real (del individuo) de conocer (esas
primeras causas): por tanto hablo de una necesidad tan real (como la verdad que
busca) y que no nos deje descansar, cuando la advertimos de un destello de luz
que nos descompones, y que te lleve “a rastras de los pelos” no a los libros y
a sus respuestas, sino a aquello
que origina las preguntas: a
la experiencia pura, propia y sensible de los sentidos, dirigidos hacia todo
aquello que nos rodea y afecta de la naturaleza, de la que somos
parte afecta. De ahí, que algunas personas empecemos a problematizar todo
aquello que se da por sentado de aquellos libros (y de cualquier cosa razonada)
y sus certezas, cuestionándonos a partir de la falta total de saber “real” que
sentimos: una carencia de
conocimiento de la que el ser humano hoy no se sabe objeto, pues
“para apropiarse algo (conocimiento de algo) no se trata de entenderlo
(subjetivamente), hace falta sentirlo y sentirse hacia él (proyectado/
reflejado en el), tanto como él hacia ti”. En este sentido (proyectado por la luz) se origina el
conocimiento primero de ser, (estando) siendo frente a algo y reconocerlo (de la luz que nos
refleja), parte, igualmente de nuestro ser (mas allá del yo, proyectándonos
igualmente por la luz hacia aquel). Luego mi rechazo firme hacia esa filosofía
centrada en la nada y en nada, y la aceptación exánime y apática de esta Nada
por parte de otros… es lo que hace que (desconfié) y luego me pregunte, más
allá de preguntar o de preguntarme sobre cualquier absurdez ¿por qué buscan la
nada? ¿Por qué hablan de ella? ¿Están ciegos? Es que se ha vuelto ciego
todo el mundo y ciega con ellos la razón; cuando a mi alrededor, a nuestro
alrededor el mundo está lleno de vida y luz, y hay de todo, en todas
direcciones (inabarcable)…
La necesidad es una categoría social, y la
«pulsión» (impulso - natural) está contenida dentro de ella. Pero los momentos
social y natural de la necesidad no se pueden separar entre sí (secundario y
primario) para elaborar una jerarquía (racional) de las satisfacciones. La
distinción entre necesidades superficiales y necesidades profundas es una
apariencia ilusoria surgida socialmente. Las denominadas necesidades
superficiales reflejan el proceso de trabajo que convierte a los hombres en
«apéndices de las máquinas» y los obliga a reducirse, fuera del trabajo, a la
reproducción de la mercancía. Esas necesidades son las marcas de una situación
que obliga a huir a sus víctimas y las tiene a la vez tan rígidamente bajo
control, que la huida degenera siempre en la repetición convulsa de la
situación de la que se ha escapado. Luego, lo peor de las denominadas
necesidades superficiales no es su superficialidad, cuyo concepto presupone el
asimismo cuestionable de la interioridad. Lo malo de estas necesidades –que no
son tales– es que se dirigen a una consumación que las defrauda a la vez: justo
por esta consumación. La mediación social de la necesidad –en tanto mediación a
través de la sociedad (hoy igualmente las redes sociales) – ha alcanzado un
punto en el que la necesidad incurre en contradicción consigo misma. Ahí ha de
insertarse la crítica, y no en cualquier jerarquía previamente dada de valores
y necesidades (Tesis sobre la necesidad (Adorno Escritos sociológicos
1942)
Darle un sentido propio a nuestros actos― más
allá del que puedan darle los demás, e incluso nosotros mismos en un primer
momento, será el principal anhelo: encontrarle un sentido final a aquello que
nos sucede y hacemos. Un viaje (el camino), como la vida, no es una certeza en
la que se está (o un programa concreto a concluir) sino, y
más bien, una certeza a la que se llega (obrando en función de
aquello que nos dicta el corazón) algo que todos comprobamos muchas veces, al
ver colapsar y volver de nuevo a abrirse las expectativas durante un mismo
tramo de vida, o viaje. Sería en ese mismo sentido, y precisamente en este
viaje del que ahora les quiero hablar, donde yo habría de sentir esa ruptura
(conmigo mismo) / o necesidad de renunciar a una idea o proyecto—más aún al
ego— en mor de escuchar y seguir aquello que, contra todo lo racional del
momento y cuando menos lo esperas te dicta el corazón, desviándome hacia donde,
como cogido de la mano (frente a una voluntad estrangulada) la necesidad me
habría de conducir.
Mantenerse despiertos. ¿Por qué desconfiar?—. Si
escribo ahora una cita del nuevo o antiguo testamento quizá dibujen
una sonrisa, “Permaneced, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres, y no volváis otra vez a
ser presos en el yugo de esclavitud “(G, V,
1). Pero sonreír no es malo. Dicen que los elefantes vuelan cuando no
los miramos, pero lo realmente “malo”, además de nada inteligente, es esperar
ver volar y no darse la vuelta a mirar, sabiendo que tienes un elefante justo
detrás. Criticar o reírse de las cosas sin conocerlas de primera mano —no
saber, en la sabana (africana), que aunque no mires a ese elefante delante
tuyo, y este pueda o no pueda volarlo mientras cierras los ojos, siempre habrá
un león que de cerca te pueda acechar— es lo que conduce al individuo a una
lóbrega lucidez vivida en la ignorancia (de su estado/ y realidad), alejándole
todavía más de la verdad frente a (él). Por cierto, Heidegger cita la
Biblia ‘y viéndose Jesús rodeado por numeroso pueblo, les significó que se
trasladaran al otro lado del mar’ («Videns autem Jesus turbas multas circum se,
iussit ire trans fretum» (Mat. VIII, 18). La traducción que hace Heidegger
es de Lutero, y el sentido "primero" del fragmento es mostrar cómo
(iuber) en latín, nunca es mandato. Cuando con observamos el verbo en griego
que representa «ponerse, ponernos en camino» (Heidegger, 1964: 114).
Para mí es
natural estar en camino, cualquiera que me conoce ya entiende o lo
puede comprobar de mis propias publicaciones, e igualmente es natural mi
actitud de cuestionarlo todo y a todos, pues solo tengo que echar un
vistazo al televisor a la hora de comer al medio día, o echar un vistazo atrás
en el tiempo (a la historia) sin remontarme lejos al (pasado), y nada me revela
que en adelante las cosas puedan cambiar (en aquella dirección favorable a los
intereses de las personas (del individuo), sobre todo cuando esa misma historia
(historiografía /ciencia) me da la razón: siendo incluso más contundente
todavía que mis palabras, en tanto a mostrar como aquellas certezas que se
creían inmutables por siglos finalmente eran suplidas
por otras igualmente incompletas / sino del todo inciertas. Luego lo
que tardaba siglos antes en cambiar hoy lo hace en unas décadas. En este
sentido parto de la “certeza” que actualmente todo conocimiento de
las cosas es incompleto y las interpretaciones o explicaciones posibles
acerca de esas mismas cosas: qué son y a qué sirven (de su razón
primera) es igualmente “nulo” más allá de aquel relativo
conocimiento de estas (cosas), y concernientes a nuestra incapacidad de
entenderlas, solo para ser utilizarlas (como medio e instrumento).
Luego lo que entendemos de estas cosas es en relación directa a nuestro
entendimiento y / o capacidad de entendimiento dado a instrumentalizarlas hacia
unos fines (propios intereses)… / y más “no sabemos” objetivamente de las
cosas— y menos aún de las sombras que las acompañan, precisamente porque
ignoramos en que principios (las cosas que son) se fundan — aunque
Carlos Blanco —por poner un ejemplo— afirme que el universo se explica a sí
mismo, si bien, y ahora con mayor razón la cuestión seria entender ¿Qué es lo
que se explica de sí mismo?, y luego, igualmente explicarnos: por qué
el universo tiene la “necesidad de explicarse a sí mismo, y no le basta, por
ejemplo, con observarse a sí mismo (pues yo no tengo necesidad de
explicarme - por la mañana frente al espejo- antes de salir a
caminar). Pero entendamos esto: “La idea que hemos desprendido de los
hechos y confirmado por el razonamiento, es que nuestro cuerpo es un
instrumento de acción, y solamente de acción. En ningún grado, en ningún
sentido, bajo ningún aspecto sirve para preparar, todavía menos para explicar
una representación. Lo que se explica en nuestras percepciones a través del
cerebro son nuestras acciones comenzadas, o preparadas, o sugeridas, no
nuestras percepciones mismas” (Bergson). Por tanto, no entendemos casi
nada (o nada en absoluto) de lo que pretendemos explicar, y ya no de las
propias representaciones de lo que vemos, como a partir de lo que “no” vemos:
las representaciones que (de su entendimiento / razonamiento de las cosas) nos
quieren luego imponer los demás (por medio de escuelas y universidades), razón
esta entonces mayor todavía para desconfiar.
Además, Nuestra mente, y a la vista está→ es absurda absurda,
y en la mayoría de ocasiones que se expresa a decir de cualquier cosa— la
encontramos todavía más cercana a lo animal racional (animales), que
a lo pretendidamente humano: sapiens- inteligente- consciente) pues somos
una especie apenas salida de las sombras de los tiempos, que camina todavía al
abrigo de estas —impulsos y actos irracionales— que no reconocemos propias…La
noche está muy avanzada, pero el día todavía lejos”.., siempre
huyendo (de la verdad). Aunque para algunos seamos “la
especie que alcanza la Cima de la complejidad evolutiva” ― (según C.
blanco), una especie, por cierto, que en la Cima de la complejidad
evolutiva no escucha, no sabe escuchar a la naturaleza (pero que
cuando dice que esta se explica, lo que hace es explicarla él) ―. Una
especie; eso sí, que manipula, esclaviza y destruye cuanto pisa, incluso a sus
propios semejantes: a veces vecinos y hermanos. Y no hablo exclusivamente del
pasado remoto, pues la historia ha registrado períodos de crueldad (España
1936/39) y eventos y momentos de extrema barbarie en Europa (1939/45), que
pondrían en duros aprietos a cualquiera que pretendiese rebatir el salvajismo
inherente a nuestra especie, o intentar comprender por qué la humanidad,
en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, desembocó en un
nuevo género de barbarie: momento aquel principio inductor, o llamémosle
por su nombre (catástrofe) lo llamaría C. Zeeman) donde conjuramos de
nuevo a las parcas al el destino en que ahora nos encontramos, y la deriva
hacia la que nos dirigimos: “pensando” (ideas) a
priori; (pero no pensando (en elegir- y eligiendo →
acercarnos a aquello (que por la propia experiencia, o reflejada de los otros
(aquella donde nos podemos reconocer), nos dé el conocimiento (cierto) de
aquello, y no a priori ( subjetivamente) determinado “no de la experiencia”, si
no de los miedos, incapacidades, intereses, o de la propia
inexperiencia). La superioridad del hombre reside en el saber…/ En el
saber se hallan reunidas muchas cosas que los reyes con todos sus tesoros no
pueden comprar, sobre las que su autoridad no pesa, de las que sus informantes
no le pueden dar noticias, y hacia cuyo origen sus navegantes y descubridores
no pueden enderezar rumbo… /…“La condena natural de los hombres es hoy
inseparable del progreso social”— (Dialéctica del Iluminismo - Max Horkheimer
&Theodor Adorno)
En el Siglo .XVIII La humanidad ingenuamente había depositado sus
esperanzas en la ciencia (ilustración), donde hallaron una nueva promesa de redención para los
males del mundo y las limitaciones del hombre. Pero el
siglo pasado se encargó de poner final abrupto y macabro a tales esperanzas,
siendo particularmente ejemplar a la hora de mostrar el catálogo de horrores de
nuestra especie. Los cien años que cerraron el segundo milenio, gracias al
avance en ciencia y tectología: armas,
desde Genocidios y matanzas pasando por la IGM, la Rusia de Stalin,
la IIGM (las dos bombas atómicas lanzadas sobre personas en las
ciudades de Hiroshima y Nagasaky, luego Austwich, las guerras sin fin, y los
nuevos avances en armamento, han sido pródigos en alumbrar aquellas
circunstancias —a quien todavía tuviera dudas—que exhiben aquellas singulares
formas que describen el horizonte de maldad y ensañamiento de nuestra especie,
llegando a instrumentalizar (racionalizar): habiendo normalizado procesos
de arresto, custodia y exterminio sistemático de semejantes. Un siglo y una
ciencia & técnica venida de la razón (iluminista), y que lejos de curar los
males y limitaciones de la humanidad como prometía, solo ha servido (y sirve)
para la instrumentalización y sometimiento de la naturaleza y las personas
desde la revolución industrial, e incrementar exponencialmente la capacidad y
riesgo de destrucción de la especie y del planeta que habitamos.
Luego es cierto que
algunos hablarán de adelantos “médicos”, pero todos serán insuficientes,
siquiera para compensar el daño mismo y enfermedades (radiación en el aire y en
los alimentos /metales pesados y plásticos…/) que causa la nueva ciencia, o lo
que ingenuamente algunos llaman adelantos, y que ha convertido continentes
enteros en basureros, y algunas zonas de la tierra —que es un paraíso en medio
de la hostilidad del cosmos—, en aéreas todavía más peligrosas para la vida que
la misma luna o Marte (solo EE.UU. ha explotado más de 1.200 bombas atómicas en
sus pruebas) y luego todavía los hay que esperan (en EEUU) el apocalipsis. Pero
lo peor es que aunque nadie ve hoy la ciencia como una nueva religión —con su
propio Apocalipsis de la mano—, esta sigue siendo aquel lugar donde muchos
espíritus contemporáneos e ingenuos sepultan sus sentimientos hacia el
conocimiento (entiéndase, un conocimiento de universalidad y tener certeza de
todo, sin “saber” de cierto, de nada). Pues aquel viejo dogma de que la ciencia
ha vaciado el cielo de Dios, o el grito de una filosofía sometida de “dios ha
muerto” (y no hay nada), siguen todavía arraigados entre la gente, incluso
cuando el positivismo/cientificismo no ha conseguido entronizar nada en su
lugar. Solo cambiando que “el lugar en de hacer Dios el mundo en siete días:
todo el universo se creó de una Explosión” (relativamente). Pero luego esto
empeora, cuando la filosofía actual ejercida desde las universidades, no tiene
nada que decir de las absurdeces que escuchamos todos los
días, teniendo poca o ninguna voz y menos utilidad al
haber dado la espalda por completo a la realidad y las personas: el
filósofo que no investiga la realidad, lo da todo por explicado. Por
ello este no parte a recorrer lo que llama a ser observado, y en
lugar de aproximarse a la cosa, se da la vuelta (dando la espalda: a la cosa y
al ser de esta) volviéndose luego hacia aquellos libros de ciencia o filosofía
por los que poder explicar —sin salir de clase, mediante aquella razón
(subjetiva) y acomodada — lo que frente de sí y más allá de las ventanas de su
casa acontece cada día, habiendo asumido estos (profesores /
filósofos de la nada) el rostro amargo del desengaño, de aquella juventud que
habrá de ser cegada y sumida en la falacia de unos universos de
ideas ( absurdamente artificiales) que les sumergen a jaulas de cristal, donde
es reprimido todo aquel anhelo de trascendencia, que habita los corazones de
cada ser
El modo como he pretendido hilvanar, en
relación a diversas materias y sensibilidades, que
bien pueden hallase desordenadas en este cuaderno, tanto o más que dispersas en
el mundo en nuestro tiempo— no es la expresión estricta de una manera de
pensar. Es sencillamente la representación de una manera de ser y sentir, donde
empujo al lector obligándole a trasladarse por un particular derrotero; un
paisaje cuanto menos singular donde no se acomete aquel juicio pretendidamente
certero, adecuado y conveniente a la razón, exigiendo en todo momento la
adhesión de quien pudiere leerlos. Ninguna metafísica interviene aquí, a
excepción “de aquel espantoso momento, en que uno mismo, en el ejercicio se
adivine “reflejado inmerso”. Pronto se advertirá que lejos de reclamar
condescendencia, la esencia de lo escrito asienta, por encima de ninguna
filosofía o ciencia, en el placer mismo de descubrir y escribir. Placer, que
habría de ir objetivando más sobre la arquitectura de la construcción buscando
la propia voz, en lugar, de afanarme a un utilitarismo escrupuloso y creciente
—como refirió en algún momento Sabater—llevado a recetario, y que observo en
tantas librerías. Sin embargo, con ello no pretendo abandonarme hacia a una
trivialidad que todos —en mayor o menor medida y de un modo u otro— hemos
conocido. Al contrario, el esfuerzo de este cuaderno (blog: siempre inacabado)
creo, mostrará un particular modo de desenvolverse en sí mismo: en sus propias
formas que no allanan precisamente el camino, pero sin que ello se oponga a un
fondo: común (viéndonos reflejados de los otros), por cierto, esto siempre
difícil de integrar —y que si no a todos resultará “práctico” al menos sí
interesante— y para el que considero unas sencillas reglas, encarnadas en la
observación de la naturaleza y el respeto y crítica (en la medida que entiendo
correcto) a la ciencia, la filosofía y el arte. Si bien lejos de los rigores de
la primera, más próximo a la estética y formas de la segunda, y sobrepasado por
la imaginación y la extravagancia del tercero.
«Toda observación es relativa al punto de vista »
afectando al fenómeno que se observa. De modo que cabría
esperar que la lectura sea relativa al punto de vista del lector, que de algún
modo condicionará “siempre” lo
leído, afectando causal o intencionadamente al sentido que
verdaderamente se representa. De modo, que me gustaría invitarles a que
considerasen la posibilidad de sufrir este cuaderno más, como quien lee para
sorprenderse —dejándose extrañar— antes que llevar a juicio (razonar) lo
expuesto. Y para ello me veo teniendo que apelar (al revés que Descartes) no
tanto como a su razón (a-priori) y juicio precipitado, como apelar a ese “buen
sentido” que refiere Descartes (1556–1650), diciendo de este «es la cosa que mejor repartida está en el
mundo, pues todos juzgan que poseen tan buena provisión de él “que aún los más
difíciles de contentar en otras materias, no suelen apetecer más del que ya
tienen”. —Discurso del Método. 1637—».
1 (2)
Primera
aproximación desde unas Observaciones Fundamentales
Entiendo la vida de una forma “crítica” y,
de algún modo, la reflexión e incluso en ocasiones la denuncia, han sido formas
con las que he aprendido a afrontar el presente, enfrentando así la realidad
que nos ha tocado vivir: el drama y las tragedias que se dan en el mundo:
principalmente, a causa de las Guerras, Desastres Naturales, el Hambre u otras
Monstruosidades.
Pienso, que hablar de estas cosas, algunas
terribles, que acontecen en nuestro mundo es, igualmente, un modo i ejercicio
moral de denuncia hacia quienes las provocan e incitan, al tiempo que abrimos
un canal al mundo a todos los olvidados, derrotados, enfermos y los desplazados
que lo perdieron todo (i presentes o no), en definitiva: a los abandonados y
huérfanos de nuestra tierra, de los que soy uno de ellos. Además, reflexionar
en torno a estas u otras materias no precisas de grandes saberes previos (es
decir→ basta del acto moverse en el mundo y mínima empatía para con los demás.
Luego son pocas las ocasiones, que dudo de
la utilidad práctica de lo que pienso, más allá, claro está, de lo que supone
para mí mismo. Ignoro, incluso si alguien lee algo de lo que escribo y publico;
aun así, prefiero escribir a rumiar para mis adentros; dado que esos mismos
pensamientos, expresados en palabras, se desahogan y ordenan así mismos hacia
(o desde uno en lo de fuera i-de la idea moviéndose I-de aquello de uno la
experiencia luego adentro ( en la cocina i de lo de casa igual rumiar) lo
después afuera i de un texto) Pues, por encima de pretender mostrar nada o
camino, está la intención de encontrar el mío Y Sería por completo un iluso si
pretendiese, como hacen otros, con solo palabras ayudar, educar, instruir,
dirigir o salvar a nadie. No hallareis pretensión alguna aquí de las palabras→ cuando no
puedo ni salvarme de mí mismo Y en todo caso saber: no existen
palabras o libros que ayuden por si mismas i solas a nadie, sino es ayudándose
(él → de sí mismo) y de moverse hacia las cosas i personas o actos que le causan
presión (desahogándose i ser uno de sí mismo luego de ellas / uno
de lo (después i aquello / luego una experiencia i de sí mismo aquello) en otro
lugar / es decir→ moviéndonos igual y cuando es necesario /
o se nos precisa de la misma experiencia). Por tanto, la idea de estos textos
no es otra que expresar y compartir de lo después
experiencias locas i antes solo ideas: que luego del pensamiento de uno i
moverse de ellas son (eso luego de lo que podemos hablar desde antes nuestras
inquietudes luego experiencias.
Por lo Además: la humanidad ya está—y con
ella el mundo entero y todos nosotros— (entiéndase → desde la
propia naturaleza i los miedos que nos conducen irremediablemente a ello) como
el fuego que devora todo a su paso ignorando en su esencia de un principio el
propio fin. Sin embargo, en el tránsito de su condena, como Sísifo en la
suya, el individuo, también puede encontrar momentos de reflexión, lucidez y a
veces, incluso de alegría (y fiesta con los amigos).
Al Lector—. Realizar buena parte de lo aquí publicado me ha llevado
cierto esfuerzo, a la vez, que una enorme satisfacción. Mas para concluirlo —si
se puede considerar concluso— no quise buscar ideas o pensamientos que, de
inmediato, me condujesen a un fondo; sino al modo en que dejándome alcanzar por
este, lo fuese en algún momento, igual, por los otros. Solo así me liberé del
enorme pesar que me causan las limitaciones, y el vacío o desconocimiento —en
el que me reconozco— a decir del saber, que hallo como el universo: inmenso,
cuando allá donde miro, buscando, veo infinito en todas direcciones. Siendo
esta razón, última, para que el propósito de este ejercicio sea tan modesto; si
bien, creo haber leído en alguna ocasión, que “son las cosas modestas,
aquellas, que luego se tornan más difíciles de acometer” Pues: Cuando miro
atrás en el tiempo, desde la distancia, y recuerdo aquellos maravillosos
momentos hallados en lo ordinario de mi vida, igualmente, observo que no puedo
ni he podido nunca, desvincular estos del dolor, la fatalidad y sufrimiento, resultante
de la propia existencia.
Todo acontece por una causa—. Hace tiempo —corría el año 2003— comencé a escribir una
serie de singulares textos: frágiles artificios de quien se encuentra —como
diría Borges— extraviado entre la literatura, las ciencias y la metafísica”. En
aquel libro, suponiendo que fuese un libro, trataba a modo de ensayo1, de una
parte, temas específicos referidos a materias diversas, y de otra, pensamientos
aislados que alternaban sobre temas aún más variados. Supongo, que pretendía de
algún modo razonar. No obstante, ya entonces tenía presente de los ejercicios
propuestos que muchos sino la mayoría carecerían de pleno sentido: tal que la
contradicción primera habría de residir en el hecho mismo de escribirlos,
sujetos a la parcialidad que resulta de un razonamiento limitado, y
sobrepasado, por una complejidad que empequeñece cualquier recurso relativo al
propio discurso (S. Pániker). Esa certeza —esa agónica imposibilidad— motivó
que aquellos textos quedasen relegados al fondo de un cajón, no publicándose, o
al menos, en el modo deseado. Si bien, y a resultas de aquel penoso extravió
hacia vagas lontananzas hube de verme, en algún momento, acometido por el
impulso ya no de roer unos problemas —intentando darles sentido— sino más a
observarlos detenidamente, prestándoles mayor atención; valorando así
diferentes puntos de vista—algunos pretéritos— para, de ese modo, volver luego
a redescubrirlos. Sería pasado el tiempo, hacia finales de 2009, cuando
partiendo ya de otro enfoque —ese que sólo se encuentra cuando todo a nuestro
alrededor se está desmoronando, despertando en nuestro interior ese “temple de
ánimo que coloca al hombre ante la nada misma” ―Heidegger— que retomase, no
solo aquellas primeras cuestiones sino otras, que entiendo, a mi modo de ver,
son más trascendentales.
Mas luego comprender, las razones que me
movieron a recorrer un paisaje diferente* al común, que otros transitan, no se
podrá concebir sin atender, de un lado, esa fatiga angustiosa que empuja al
hombre a penetrar en uno mismo y, de otro, el enorme placer que en el errante
caminar del pensamiento —escudriñando nuevas posibilidades— me ha causado y me
sigue causando transitarlo. Igualmente, el modo como he pretendido hilvanar en
relación a diversas materias y sensibilidades —que bien podrán hallase
desordenadas en este cuaderno, tanto o más que dispersas en nuestro tiempo3— no
es la expresión metódica y estricta, de una manera de pensar: tampoco de
sentir. Es sencillamente —y sin querer, por el momento, ahondar en la precisa y
sobria reflexión— la “representación” de una manera de pensar y de sentir, que
podrá observarse resuelta, en atrevidas formas que se prestan a todo tipo de
elucubraciones ingeniosas: un «tanteo», donde traslado al lector por un
particular derrotero —cuanto menos singular— por el que no se acometen juicios
pretendidamente certeros, adecuados o convenientes a la razón; exigiendo, en
todo momento, la adhesión de quien pudiere leerlos. Ninguna metafísica
interviene aquí, a excepción, de aquel espantoso momento, en que uno mismo, en
el ejercicio se adivine inmerso, “apelando al misterio de la realidad, del
interrogante y del mundo, como punto de partida para formular una respuesta a
su problema personal. (b). Pronto se advertirá, que lejos de reclamar
condescendencia, la esencia de lo escrito asienta —por encima de ninguna
filosofía o ciencia— en el placer mismo de escribir. Placer este que habría de
ir objetivando, al avanzar, reflexionando y “componiendo” más sobre
arquitectura, muchas veces de la propia experiencia, y las sensaciones halladas
en esta: buscándole una voz, en lugar de afanarme hacia un “utilitarismo”
escrupuloso y creciente, llevado a modo de recetario, que bien podemos hoy
observar en tantas librerías y supermercados. Sin embargo, al obrar de este
modo no he pretendido abandonarme a una puerilidad más o menos dicharachera, a
un pensar sin objeto que todos, en mayor o menor medida hemos conocido. De tal
modo, que el esfuerzo de este cuaderno expondrá un particular modo de
desenvolverse en sí mismo: en sus propias formas —formas que no allanan
precisamente el camino— pero que, de otro lado, no se opondrán jamás a un fondo.
Éste, por cierto, siempre difícil de integrar logrando esa necesaria tensión
que, si no concurrirá en todo momento práctica, cuanto menos resultará
interesante, pudiendo gustar en mayor o menor medida al lector —dependiendo de
ese cierto grado de parentesco, llamémoslo “intelectual”—, al haberse
considerado para ello unas sencillas reglas, representadas: en el interés, la
observación y el respeto a la ciencia, la filosofía y el arte; aunque,
reconociéndome lejos de los rigores de la primera; próximo a las formas de la
segunda; y sobrepasado por la imaginación y extravagancia del tercero. Sin
embargo, «toda observación es relativa al punto de vista »6 afectando al
fenómeno que se observa7. De tal manera, cabría esperar que esta, así como
cualesquiera otras lecturas sean relativas: estén afectadas, por el punto de
vista, las ideas, la educación o el estado de ánimo del lector que, de algún
modo condicionará “siempre” lo leído, afectando causal o intencionadamente al
sentido que, verdaderamente, se representa. Es por ello, y no por otra razón,
que me gustaría invitarles a que considerasen la posibilidad de sufrir estas
páginas, más como quien lee para sorprenderse —dejándose extrañar— antes que
para juzgar lo expuesto. Y para ello apelaré al buen sentido del ya en tiempo
nos refirió Descartes (1556–1650) como «la cosa que mejor repartida está en el
mundo, pues todos juzgan que poseen tan buena provisión de él, que incluso los
más difíciles de contentar en otras materias, no suelen apetecer más del que ya
tienen. —Discurso del Método. 1637—». Y “Debido a aquel atrevimiento primero
―aproximándome a ciertas formas de asociación y representación desdeñadas― que
deviene, ahora, este otro mayor”.
______________________
1 del Ensayo francés, entendido como tanteo, u ocurrencia; y que entendido así
se presta a todo tipo de brillanteces ingeniosas.
2 la filosofía como intento de localizar la experiencia de una época ha dejado
de ser una tarea con sentido. Los filósofos son incapaces no ya de modelar sino
incluso de expresar su propia época. (S. Pániker: Aproximación al origen, 2001)
3 Lo que ocurre es que la filosofía es hoy esencialmente marginal, y surge
cuando los especialistas (biólogos, matemáticos, físicos, cosmólogos etc.)
encuentran obstáculos en la frontera de su propia especialidad, y plantean,
interrogantes transdisciplinarios (S. Pániker) (Aproximación al origen —Ed.
Kairós- 2001)
4 Camus
6 (Einstein),
7(Heisenberg).
9 aproximación al origen (S. Pániker —de la filosofía2)
(b). Del prólogo de P. Laín (Las máscaras de lo trágico: Filosofía y tragedia
en Miguel de Unamuno) de Pedro Cerezo Galán.
Et in Arcadia3 ego—. «Sueño me parecía entonces el mundo, e
invención poética de un dios; humo coloreado ante los ojos de un ser
divinamente insatisfecho»—F. Nietzsche - «Así hablo Zaratustra» Y«Auch ichwar in Arkadien3 geboren»1
escribió Schiller, al inicio de aquel bello poema al que tituló Resignatión2.
Lo cierto, es que parece no ser necesario sentirse seducido, por el aire
cargado de esencias que desprenden aquellos versos para que, de inmediato,
advirtamos —marginando el significado literal y ateniéndonos a lo que el poeta
verdaderamente nos decía— que Schiller tenía razón. Diríase aún que la sigue
teniendo.
Del mismo modo que les ocurriera a
aquellos inocentes pastorcillos que dicen las líricas, poblaban antaño la
fértil región del Peloponeso: crecemos convencidos de hallarnos en un fabuloso
paraíso en el que alimentamos deseos y esperanzas, imaginando, trasladarlas
algún día a buen fin. Sin embargo, cuán cruel se manifiesta, en ocasiones, a
los hombres su destino pues suele ocurrir que a poco de iniciado nuestro
camino, apenas habiendo recorrido unos míseros días, comprobamos —consternados
ante la evidencia—,3.1 que debemos hacer frente a una realidad distinta —tan
inminente como ineludible— preñada tormentos, calamidades y sufrimientos; tal
que así nos fuese esta, en forma de advertencia y sobre una siniestra pintura
revelada por Guercino (4); sirviendo atenazar, con la turbadora presencia de
aquella faz descarnada, la liviana existencia de cuantos en ella reparan:
devorando toda fantasía que unas joviales almas pudieran todavía albergar Y Es en ese preciso instante que
—siempre extrapolado a nuestro dominio— a todos nos ha de llegar; a saber:
“paralizados ante la oportuna osamenta” e intuyendo “el comienzo de aquello que
ya no podremos soportar”; no ya un «ser o no ser» sino un «tener que ser» a
pesar de «no-poder ser»; cuando reconoceremos en la vida la terrible miseria de
esta. Advirtiendo, acaso muy tarde, la inminencia opresiva de esa lucha
terrible y final entre las dos posibilidades, “llegar a ser plena y
definitivamente o dejar totalmente de ser «quedar en nada»” (5). Será entonces,
entre el rechinar de dientes quebrándose unos con otros, y desbordados por la
angustia y el llanto impotente de la desesperación, al sentir cercano el
alarido de la mutua matanza, cuando recordemos, posiblemente, y al igual que
debieron hacer aquellos inocentes pastorcillos que magistralmente pintara
Guercino, las palabras de Dante, que apenas iniciado su camino temeroso decía:
«Extraviado me vi por selva oscura; que la vía directa era perdida: ¡Ay
cuanto referir es cosa dura de esta selva agreste y fuerte, que aún conserva el
pecho la pavura!». — (Divina comedia; canto I)
____________________________
(1)
Yo también nací en Arcadia,
(2) Renuncia
(3) Arcadia: región montañosa de la Grecia antigua, en la parte central del
Peloponeso, habitada por Arcadios o arcades, pueblo de pastores y que las
ficciones de los poetas convirtieron en la mansión de la inocencia y la
felicidad.
(3.1) que entendemos como advertencia
(4) (Et in Arcadia ego), «Y en Arcadia yo...». Título del primer cuadro
conocido, en el cual se utiliza dicha expresión y Pintado por Guercino en 1618.
la frase parece no estar acabada y quizá no sea casualidad; pues el misterio ha
rodeado desde hace siglos todos los cuadros relacionados con Les Bergers y
pastorsd´Arcadia; sobre todo, los realizados por Poussin . Si bien, de ese
mismo misterio se deduce que algo inquietante aguarda en el camino, la muerte
quizá, como parece advertirnos la calavera que figura en el cuadro de Guercino,
y que los pastores sorprendidos no dejan de observar.
(5). Del prólogo de Pedro Laín Entralgo (Las máscaras de lo trágico: Filosofía
y tragedia en Miguel de Unamuno) de Pedro Cerezo Galán. Referida la frase a
Unamuno.
-Acerca
del trauma de la lucidez / Extraviarse en los tópicos-. «Conocimiento
por conocimiento — ésa es la última trampa que la moral tiende: de ese modo
volvemos a enredarnos completamente en ella». —Más allá del bien y del
mal— (F. Nietzsche)
Hoy cuando las antiguas creencias están
declinando y el final de las grandes síntesis se acentúa, un hambre manifiesta
avanza peregrinando el mundo. Se trata de una imperiosa necesidad de saber:
“saber quiénes somos, de dónde venimos o cuál es el velado propósito de la que,
en muchos casos, resulta ser una miserable vida”. De tal modo multitud de
personas, de la más variada condición, cuyo nexo común encuentra su raíz más
profunda en la angustia se han dejado cautivar, de manera vehemente, en torno a
temas que van más allá de su quehacer acostumbrado. Seducidos, hacia cuestiones
profundas —cuando no, víctimas del que resulta ser el humilde parásito de la
ingenuidad1— se ven proyectadas a la contingencia de tener que hallar unas
nuevas expectativas, en las que habrán de volverse a replantear aquellos mismos
y pretéritos temas relativos a la existencia. Apreciable, en innumerables
manifestaciones y formas, esta aptitud se observa, en mayor medida, al
comprobar el creciente interés mostrado por buena parte de la ciudadanía,
encandilada, en torno a una amplia gama de tópicos: ufología, sectas,
parapsicología… Sin embargo, sería ventajista por mi parte arremeter, directa y
exclusivamente contra semejante disparate pseudocientífico, cuando el más
ligero soplo de aire, dirigido contra este, lo derrumba. No requiriéndose tanto
un pulmón poderoso como una buena dosis de osadía para dirigirlo, sin vacilar,
contra las imponentes fortificaciones de la filosofía. Entendiendo, es en esta
más que en ningún otro lugar, «aquel», donde el pensamiento desventurado ha
escarbado hundiéndose con mayor pasión y vehemencia; labrando tan vasta maraña
de galerías que correremos serio riesgo de extraviarnos, al aventurarnos
desprovistos a ellas, amplificando la magnitud de aflicciones por largo tiempo
contenidas, e igualmente, la ansiedad que habrá de resultar caminar hacia un
plomizo horizonte, tras el que no se intuye la desolación ni, mucho menos, la
desdicha.
El Laberinto del minotauro y la paradoja―. Algunos
refieren el lugar como un templo; otros hablan de un laberinto. Lo cierto, es
que no se trata de un dédalo cualquiera, sino de un enorme santuario
fortificado de sapiencia y erudición, en el que sólo contadas personas se
adentran: llevadas, unas por la pasión, y otras sencillamente ―a través del
cenagoso sendero de la existencia― viéndose arrastradas al mismo; donde una vez
apresadas se verán condenadas a morar, por largo tiempo, sus lóbregas y mohosas
galerías. Aun así, no es extraño encontrar a quienes, ingenuamente, penetran el
templo que guarda la Esfinge y en el que habitan el minotauro y la paradoja. La
razón ―ante una providencia tan indefinida― no es otra, que encontrar algo con
que aligerar el pesado fardo que “por el hecho de ser hombre, todo hombre lleva
consigo” y en el páramo demora su transitar; a la vez, que fustiga sus abatidas
conciencias, cuando se impone ante ellos la perspectiva angustiosa de la
aniquilación. En la marcha se les distingue fácilmente: pertrechados con un
utillaje arcaico de nociones, con ellos viaja siempre la duda; en todo momento
presta a interrogar, sobre aquellas cuestiones que más profundamente inquietan
y, por qué no decirlo, a todos nos atormentan. Se trata de preguntas
laberínticas, cuya complejidad es superior a cualquier discurso relativo a las
mismas. Cuestiones estas, desde hace milenios envueltas en una densa niebla de
desconocimiento por la que lentamente se ha estado abriendo paso la razón.
Hueras esperanzas alimentan el camino
mientras el peregrino recopila cuanta más información, a la espera de alcanzar
“esa gran falacia de nuestro tiempo”(a). Así, luego pasado un corto período
tiempo resulta fácil comprobar, como todo ese saber extraordinario y acumulado
en su transitar, no ayuda ni propone solución alguna a los innumerables males
que atormentan el espíritu. Lo que antes parecía una extraordinaria guía: un
modelo, para comprender los misterios de la existencia, pasado algún tiempo se
manifiesta escrito en un lenguaje distinto: diríase que secuestrado e imposible
de interpretar. El carácter, en ocasiones talmúdico que parecen adquirir
algunos textos compromete, en gran medida, la ardua tarea de descifrarlos.
Consecuentemente, las grandes preguntas, las grandes cuestiones del Ser
permanecen ajenas al individuo; confiscadas, sino extraviadas en un laberinto,
donde la angustia resulta de todas partes al comprobar, que podemos volver la
vista atrás, hacia el punto de partida, pero jamás retornar sobre los propios
pasos: «quien, sin estar obligado, intenta alcanzar el completo conocimiento
prueba sin duda, ser audaz hasta la temeridad» (3). Tenemos por el laberinto
tal curiosidad (4) que olvidamos el dolor y sacrificio que cuesta al hombre
transitarlo. Y peor aún, es que «suponiendo que la razón del individuo perezca
en fútil intento, este se encontrará ya tan lejos del entendimiento que jamás,
podrán sus semejantes sentirlo ni comprenderlo (5). De modo, que todo ello no
ha hecho más que acrecentar el prejuicio, ampliamente extendido―sobre todo
entre “hombre común (11)” ― de que la filosofía no tiene nada que ver con
ellos: con la realidad que acontece en sus vidas; que escrito entre esas líneas
no existe un nexo con los deseos y necesidades intelectuales del aquellos, o
incluso, con los de uno mismo. Sin embargo, en ocasiones los muros de ese
complejo laberinto se derrumban ante aquel, que alcanzando el punto más bajo de
sí mismo ha tocado fondo, reconociendo en el laberinto un camino sin salida;
hallando así un hilo de luz por el que guiarse ante la angustiosa perspectiva,
que habrá de resultar encontrarse sumido, palpando con las propias manos el
abismo: tomando plena conciencia de aquello más absoluto. El precio a pagar,
sin embargo, habrá sido elevado: soledad, sufrimiento y no pocas veces la
locura, serán la moneda de cambio exigida por el Sr. Minotauro. Pues solo
cuando la existencia muestra su más dramática figura, parece la mente derrotada
entender lo que desde hacía tanto tiempo aquellos libros decían; entendiendo,
no ya las palabras sino a las personas y, finalmente, comprendiendo que en el
laberinto no hallará solución alguna sino las mismas preguntas, angustias y
pesares que a lo largo del tiempo, los hombres se han planteado a sí mismos,
cuestionándose, por el destino y fundamento de su propio ser. Finalmente,
hallando la verdad encontraremos que no hay esperanza en ella; que “la verdad
última significa muerte” (6) y su símbolo así nos lo anuncia (7): “pues en el
anuncio de su verdad suprema, el cumplimiento de su esencia, el destino de la
necesidad se conjuga en su desaparición. ¿Acaso el hombre desea la muerte aun
cuando esta es la verdad, y no quiere alejarse de ella, en tanto que contribuye
a la no verdad?” (8). “Cuando se percibe el fin se va más aprisa que el tiempo.
La iluminación, decepción fulgurante, otorga una certeza que transforma al
desengañado en liberado.” (9) que después, y más allá de la confusión total no
siendo capaz de distinción alguna, logrará su salvación de la única manera
posible: aferrándose a lo absurdo, a la inutilidad absoluta, a esa nada
fundamentalmente inconsciente, cuya ficción es susceptible, sin embargo, de
crear la ilusión de la vida (10).“Toda filosofía no Valdrá una hora de dolor”.
Desde mi época de insomnios he hecho inconscientemente esta afirmación de
Pascal, siempre, que he leído o releído a un filósofo. (E M Cioran).
__________________________
1 el engaño. Ortega y Gasset: La rebelión de las
masas.
2. la verdad, que habrá de ser igualmente la muerte.
(a)Schopenhauer nos procura el recelo necesario frente a la idolatría del
progreso, y frente a esa obsesiva búsqueda de la felicidad que es la gran
falacia de nuestro tiempo. (Rafael Hernández Arias) Parerga y Paralípomena, Ed
Valdemar (Pról. Pág. 16)
3. Jaspers, intr. a Nietzsche
4. Jaspers, intr. a Nietzsche 16,437
5. Jaspers intr. a Nietzsche 7, 49
6. Nietzsche
7. del Zaratustra
8. Nietzsche
9. E M Cioran
10. E.M.Cioran
11(así refiere Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres cap. 1 -
sobre aquellos que son mas propicios a la dirección del mero instinto natural y
no consienten a su razón que ejerza gran influencia en su hacer u omitir.
Sobre el saber… y saber que somos impulsados—. «Por
naturaleza —afirma Aristóteles— tienen todos los hombres deseo de
saber»1[πάντεςἄνθρωποι τοῦεἰδέναι ὀρέγονται φύσει, 980α
21]2. Aristóteles nació hace más de veinticuatro siglos, en la Antigua Grecia;
sin embargo, no por pertenecer a un lugar y tiempo, que nos puedan parecer
ahora tan sumamente lejanos le eran ajenos los sentimientos, deseos o las
propias sensaciones que son, al ejercicio que me propongo aquello que nos
concierne, independientemente, de quién y en qué lugar o tiempo las
experimente. Y dado que pocos encontraré, mejor facultados que él, en tanto al
«Saber», y que exponerlo en toda su magnitud sería a este ejercicio un exceso,
consideraré, por el momento, y con ello también así finalizar el exordio en el
que me veo envuelto, que Aristóteles no solo tenía razón sino que sigue hoy
estando en lo cierto: Cierto, que no hay nada que ocurra en el universo y
consecuentemente en el mundo —derivado de la naturaleza o las personas— que no
estimule al pensamiento, en el hombre que observa y aprende, a través, del
medio en el que se desenvuelve, impulsándole a saber. «Saber» que en su
conjunto y resumido en una sola palabra es entendimiento; facultad esta que
habrá de adquirirse por el examen de las cosas a partir de aquellas
experiencias sensibles2.1 —también llamadas impresiones— y la información que
estas últimas le ofrecen al juicio respecto de las primeras— procurando llegar
a «conocer» y, consecuentemente a su producto: «el conocimiento». Conocimiento
que —como dice Kant en la primera línea de su estética trascendental— comienza
con la experiencia, pero esto no significa que todo él derive de la experiencia
2.1.0, y que llevando a reflexión jerarquiza, estructura, ordena y discrimina
la información, e igualmente encuentra respuestas y soluciones —a las
cuestiones y problemas derivados de las cosas— por medio de la razón y los
demás caudales adquiridos2.1.1 a través de ella. Esto es, «el entendimiento»
que da sentido al mundo, venido del asombro a despejar el horizonte2.2:
“nuestro horizonte”; «horizonte, pero limitado, pues nace de una limitación:
limitación, que delimitan las propias cosas, e igualmente, también, nuestra
visión de ellas»212. Sin embargo, de tantas cosas que nos son extrañas, sería
insensato abandonarnos, admirando asombrados todas ellas: deleitándonos luego,
en pueriles cavilaciones ingeniosas. Se precisa de esta labor un orden y, sobre
todo, establecer cierta prioridad. Más cuando lo que de cierto apremia
ahogándonos con el juramento de su lobreguez, es la total ausencia de razón que
justifique el sufrimiento que deviene de la manifestación de la propia
existencia. Esto ya lo advirtió Sócrates —filósofo, pero antes soldado— siendo
el primero que, tomando aguda conciencia, de la vasta tragedia humana que, de
manera continua, discurría ante sus ojos —lejos de especular con vanos
conceptos—recordó, que “dados a la reflexión es la existencia el primer y mayor
problema que debemos abordar”: estimulando así una nueva forma de pensar, e
incitando con ello al examen incesante de uno mismo, así como igualmente al de
los demás.
Sería luego llevado de esta aptitud
entorno a las circunstancias que condicionan, dando o restándole sentido a la
vida; y donde precisamente el saber está en ser buscado —más cuando hallado
posibilita favorables los cambios— que, de los resultados obtenidos a partir de
una primera introspección, no advertí móvil alguno que a diario determinase mis
pasos, más allá del mismo deseo que, desde antaño, había guiado mis actos; e
igualmente, el devenir de buena parte de la humanidad. Pues según pude
constatar fue igualmente Aristóteles, quien convino que debía existir un fin
supremo: deseado no sólo por él sino por todos mortales —principio liberador de
todos los males— deduciendo, finalmente, que este fin no debía ser otro que la
felicidad; pues «Siendo la felicidad mejor y más bella que todas las cosas, es
también la más placentera» [ἡμεῖς δ᾽ αὐτῷμὴσυγχωρῶμεν. ἡ γὰρεὐδαιμονία κάλλιστον καὶ ἄριστον ἁπάντωνοὖσα ἥδιστονἐστίν.
1214α]3. Sin embargo, cuál sería mi asombro, que habiendo a la sazón repudiado
la senda del autoengaño, que conduce a no a saberse uno quién es jamás, pude
observar —y no sólo de mis actos— que la búsqueda de la felicidad o
el mero hecho de desearla, pudiera ser aquello que motivase cuanto de trágico
en la vida hubiere de acontecer. Y parece lógico preguntarse, cómo puede ser;
qué de malo puede haber; y la verdad yo tampoco lo sabía: siquiera apenas lo
intuía antes de comprender, gracias a unas viejas lecciones4 de filosofía,
aquello que Aristóteles al comienzo de su metafísica nos refería, a saber: que
primero y por encima de cualquier anhelo de saber «Tienen o sienten todos los
hombres deseo…» Deseo que no tanto es una clase mayor de querer sino más un
“impulso” o disposición genérica de la razón “sine iudicium”; entendida la
razón 5 como puro ámbito de representaciones: “inerte” y sometida a las
pasiones —dice Hume6— en tal medida, que no puede esta pretender otro oficio
que servirlas. No alcanzando de este modo la razón ser motivo de acción, ni
mucho menos oponerse a la pasión que venida a lomos del impulso —antes “velado”
y alimentado bajo una sutil estela― se mostrarán ambos luego como «una sola
cosa» en cuanto tal, y poderosa que dará origen a la acción. Pues ocurre con el
deseo como con tantas otras cosas que, al desnudarlas, encontramos en ellas un
saber: “saber que resguardadas bajo estas existen otras que la constituyen,
forman y alimentan, y que son dadas encubiertas, veladas a la razón, que las
ignora cuando ingenua las experimenta”. Y es por ello que concluyo que no habrá
de darse por pedestre este saber: «pues saber que por naturaleza estamos
impulsados, no es un saber cualquiera».
____________________________
1. Traducción de X. Zubiri - Cinco
lecciones de Filosofía, La filosofía como modo de saber; Ed Alianza 1988, Pág.
17.)
2Aristotle'sMetaphysics
(Metafísica, de Aristóteles), ed. W.D. Ross. Oxford: Clarendon Press. 1924.
2.1Todos los materiales del pensar se derivan de nuestras sensaciones externas
o internas (Investigación sobre el entendimiento humano, Hume)
2.1.0 Zubiri - Cinco lecciones de Filosofía, Kant: la formulación del problema
filosófico, Ed Alianza 1988, Pág. 64.)
2.1.1 de la experiencia
2.1.2 (Sobre el problema de la filosofía y otros escritos, Alianza Ed, 2002)
2.2 El mundo según Husserl, adquiere sentido por su horizonte
3Aristotle'sEudemianEthics (Ética Eudemia, de Aristóteles), ed. F. Susemihl.
Leipzig: Teubner. 1884.
4Zubiri - Cinco lecciones de Filosofía, La filosofía como modo de saber; Ed
Alianza 1988, Pág. 17.)
5 Expresado este concepto de razón, por aquel componente negativo que
reivindica Hume: como un instinto maravilloso y a la vez inteligible, que nace
de «la observación y de la experiencia pasadas» (TNH I, iii, 16)
6 «Reason is, and oughtonlyto be theslaveofthepassions, and can
neverpretendtoanyother office thanto serve and obeythem. » (TNH, II, iii, 3)
6 Zubiri - Ibíd., Ibíd.; Ibíd., Ibíd.,
Sobre la búsqueda de la felicidad—. Del saber antes
mencionado —que somos impulsados— se deduce, igualmente, que toda búsqueda —por
inocente o bien intencionada que parezca— es precedida por el deseo que la
origina. «Deseo que es atributo y misma esencia del hombre» (Spinoza) y que,
para reconocerlo, antes debemos saber que al sentirlo ya está en su mayoría, o
en todas sus partes constituido, y por lo tanto, en nuestra consciencia
obrando, en tanto, que nos condicionará pudiendo hacer nada para librarnos del
tormento que nos causará, cuando no por mil veces deseado seguiremos tan lejos
de alcanzarlo. Constituido he dicho, pero bien pudiera haber sido maquinado
pues más parece la obra del diablo. Acaso un gusano forjado a partir del mismo
génesis de la conciencia: un germen que eclosiona y toma su sustento, primero a
partir de la propia extrañeza, más cuanto mayor sea la fijación, mayor será su
alimento (que en parte la misma razón multiplica) y que irá en aumento igual
que su necesidad, sostenida por uno o varios sentimientos. Necesidades, pero
que bien pudieren no serlas y sí parecerlas, aunque —y al igual que ocurre con
las obsesiones— jamás se verán estas, por completo satisfechas; llevando así al
individuo a diferentes estados de conciencia donde se irá retroalimentando, lo
que todavía no, pero ya se intuye impulso (potencial de la acción); hasta
llegado el momento en que este se desata fraguando el deseo; deseo que habrá de
tornarse inmediatamente en acción de la voluntad. Voluntad, esa voluntad que
nos estimula y arrastra por desconocidos e intrincados laberintos hasta
conseguir, no siempre, nuestra tan anhelada felicidad. Si bien, no son pocos
aquellos que opinan, que esta felicidad podría no alcanzarse jamás; alegando,
que “la felicidad es como el cielo: en ocasiones creemos estar en él,
imaginando una realidad y, sin embargo, de inmediato advertimos que se trata de
una ilusión temporal: una fantasía, que nos llena de desconsuelo, al comprobar
instantes después que seguimos con los pies descalzos sobre el suelo”; o el
mismo Kant (Fud. De la Metafísica de las costumbres) cuando decía, referido a
aquella y su búsqueda por la razón, a saber: “En realidad encontramos que
cuanto más se ocupa la razón cultivada del propósito de gozar de la vida y alanzar
la felicidad, tanto más se aleja el hombre de la verdadera satisfacción, por lo
cual muchos, y precisamente los más experimentados en el uso de la razón,
acaban por sentir, con tal de que sean suficientemente sinceros para
confesarlo, cierto grado de misología u odio a la razón” (Kant). Del mismo modo
esta idea se desprende, sino igual de manera parecida, de los textos de
Schopenhauer, en los que retomaba los estudios acerca de la felicidad,
iniciados siglos atrás por Aristóteles; estableciendo, que dicha felicidad, así
como la suerte de los mortales podría reducirse a tres condiciones básicas y
fundamentales: lo que uno es, lo que uno tiene, y lo que se representa;
refiriéndose, en este último caso al honor, la categoría y la gloria. Pero no
se dejen seducir por lo que pretende ser un decano de los libros de
“autoayuda”. Si bien, es cierto que aquel ilustre filósofo trato ampliamente el
tema de la felicidad y de cómo acceder a ella, lo que verdaderamente se deduce,
deducimos luego de su lectura, es la imposibilidad absoluta de esta,
concluyendo: que el Arte del buen vivir es esencialmente un manual, en el que
se desarrolla el complicado arte de sobrevivir en el mundo. Sin embargo,
inteligente por nuestra parte sería, igualmente, no olvidar la advertencia
surgida de aquella mente atormentada (dicen) y que abocaba a su dueño
continuamente al pesimismo; pero cuya dimensión más crítica, se encontraba
representada por una voluntad irracional aludida y ampliamente desarrollada en
sus escritos, de los que se entiende nos previno, describiéndola: como una
voluntad infinita, discorde y devoradora de sí misma. Una voluntad
esencialmente que es desdicha y dolor «Pues ningún bien final saciará la avidez
de ese genio del engaño —llamado voluntad— que encadena, la libertad y la
independencia del intelecto (...) (…) no hay libre albedrío; en todos los
casos, la búsqueda racional esta movida por los intereses de la voluntad,
voluntad que jamás se ve saciada, y cuya única forma de liberación posible,
para el hombre, es la total auto aniquilación de la misma». Con ello—dice
Nietzsche (Mas allá del bien y del mal)— Schopenhauer, nos da a entender la
voluntad, como la única cosa que nos es propiamente conocida —del todo y por
entero— sin sustracción ni añadidura. Nos la describe en sí misma libre. Si
bien, esta voluntad también puede, aunque, no sin esfuerzo promover en el
hombre y para el hombre su propia liberación: siempre, que no perezca sometido
a ella1→1 En el umbral
del tratado de ética, que debe indicar el camino de la liberación humana de la
voluntad de vivir, Schopenhauer se debate ampliamente con el problema de la
libertad. ¿Cómo puede el hombre liberarse de la voluntad si no es libre frente
a ella, si es un esclavo de la voluntad misma? (Hist. Del pensamiento. Sarpe)
Por lo que claramente se nos exhorta a renunciar a un cuarto aspecto, sugerido,
pero no incluido junto en los anteriormente expuestos i-que, a mi modo de ver,
es más relevante incluso que aquellos primeros. Me refiero, al que condiciona
el destino y la felicidad de las personas en nuestro tiempo: entiéndase, no lo
que somos, tenemos o representamos; sino aquello que desde el fondo más
insobornable de nosotros mismos anhelamos ser.
“Asegurar la felicidad propia es un deber,
al menos indirecto, pues el que no está contento con su estado, el que se ve
apremiado por muchas tribulaciones sin tener satisfechas sus necesidades, puede
ser fácilmente víctima de la tentación de infligir sus deberes”. ―Kant.
Precipitarse hacia las propias consecuencias—. Hoy,
más que nunca, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que pertenecemos a la
era de la complejidad y la incertidumbre (S. Pániker). Las barreras que antaño
nos recluían en celdas sociales, apartados de esperanzas y anhelos, han ido
cayendo y los hombres no nacen condicionados; así sus aspiraciones no se ven
limitadas debido a un bajo estatus social. Consecuentemente, desde muy jóvenes
todo lo que somos, tenemos o la opinión que merecemos a los demás nos parece
insuficiente: nos sabe a poco y queremos más: reconocimiento. Pero sobre todo
soñamos; soñamos, y en nuestros sueños nos sentimos diferentes: admirados por
la sociedad. Luego, al levantamos por la mañana la realidad nos saluda,
arrojándonos a la cara un jarro de agua fría. Nos miramos entonces, cuántas
veces, resignados frente al espejo: aborreciendo de nosotros mismos, de lo que
somos y de nuestra vulgaridad. Pero sobre todo nos afligimos; y nos afligimos
por todo aquello que deseamos desde lo más profundo del alma: profundidad esta,
por la misma que igualmente reconoceremos que jamás lograremos nuestro
propósito. Sin embargo, he ahí el lugar, “la fortaleza” de nuestro hogar, y el
instante, “frente al espejo”. Ese preciso lugar y momento en el que la
conciencia se despereza y nos mira desde el otro lado, con nuestro propio
reflejo, susurrándonos, con voz encantadora, de manera que las palabras
adquieren su propia luminiscencia. Y más, cuando «Rotas y sin vigencia, las
normas que durante tanto tiempo prestaron contingencia dentro de la sociedad al
individuo, no puede este ahora construirse una dignidad, sino extrayéndola del
fondo de sí mismo» (Gasset).
Pero cuidado, la imaginación es mala
cabalgadura incluso para un hombre sensato — lo decía Pío Baroja y no le
faltaba razón—. Hay ocasiones en que esas efímeras e inofensivas visiones,
plagadas casi siempre de buenas intenciones mueven a despertar profundos
deseos: exacerbadas pasiones, que lejos de parecernos arriesgadas nos seducen,
de manera singular: tirando de nuestras almas —desoyendo las advertencias—
cuando atisbamos a lo lejos la posibilidad de ir más allá, convencidos, de
“poder” hacer nuestros sueños realidad. Se trata de verdaderos orgasmos
deslumbrantes, de luz delirante y fabuladora que incitan a mover, y cambiar el
modo de ser y pensar. A actuar creyendo que si seguimos adelante lograremos
permutar el despreciable destino al que se dirige nuestra existencia. No
negaré, que el ejercicio resulta convincente, y aún más para quien ya se
encuentra atribulado: desilusionado consigo mismo. De modo, que la catarsis contribuirá
al embelesamiento, desmantelando así toda defensa frente a ese caballo blanco
que avanza llamado voluntad, y contra el que el hombre no puede defenderse de
su violencia. Violencia devastadora, con la que luego irrumpe arrasando cual
salvaje montura pertrechada de etéreas enjundias, con las que nos invitará a
cabalgarlo, haciendo frente a las eventualidades del mundo que pudieran ir
surgiendo al paso. Muy pocos intuyen, entonces, el enorme coste y sacrificio
que supone un precipitado juicio: una determinada elección en nuestra vida;
sobre todo, cuando de esta se quiere ir más allá uno (de aquello) de sí mismo.
Menos son aquellos que cuentan con que la voraz tormenta pueda tragarse,
mandando a pique, la tan anhelada empresa. No son pocas las ocasiones que
embarcamos nuestras vidas y aspiraciones en un frágil junco, construido apenas
con algo más que buenas intenciones; sin saber que nos aventuramos a un mar
seno de frustraciones y desventuras, pues se trata de una travesía muchas veces
malograda, de ante mano, por no haber sabido calcular “la infinitud del deseo”,
ni previsto las dificultades de tan arriesgada singladura. No pasa mucho tiempo
para cuando la tempestad arrecia desatando los problemas: volviéndose los
titanes en contra nuestra. Sólo entonces nos acordamos de aquellos desestimados
consejos, y nos surgen las primeras dudas: recelos que darán paso, durante la
noche, a sombrías pesadillas que una vez manifiestas, atormentan al individuo,
consumiéndolo, más que la propia vida. Con ellas se revelan, uno tras otro, los
peores fantasmas surgidos, como demonios, en la noche oscura: duendes del
subconsciente invitados por ese otro yo, que —algunos afirman— “todos llevamos
dentro”; y que disfruta martillando, lenta pero infatigablemente, la conciencia
cuando nos reprocha, o aún peor, recuerda lo terriblemente atroz e insoportable
en que puede llegar a convertirse la vida. Por fin, y una vez presa de la red
tejida por el caos y la incertidumbre —la misma donde deposita sus gérmenes la
locura, veremos el futuro de forma muy distinta: sintiéndonos como aquel que
tantas veces frecuento la angustia y la duda y que, de manera elocuente, al
preguntarse qué le depararía el futuro comparó sus sensaciones con las de una
araña que desde un punto fijo se descuelga: suspendida, teniendo ante sí
siempre solo el enorme vacío, pataleando sin encontrar un lugar donde apoyarse.
Víctima de su voluntad y precipitada hacia a sus propias consecuencias.
Una última y breve observación sobre el destino—. «Todo destino es dramático y trágico en su
más profunda dimensión» escribió, en alguna ocasión Gasset. Hace algunos años
leí un bello pasaje en un libro el cual afirmaba que la verdadera patria de
todo hombre y mujer: origen de sus deseos, e igualmente, punto de partida en el
que es forjado el destino de sus vidas, se encontraba en algún momento lejano
de la infancia”. Por mi parte, reconozco haberme sentido seducido, y no en
pocas ocasiones haber pasado tardes y noches en vela, cavilando, dejando pasar
sus horas serenas: pensado, cuando no buscando en el pasado ese preciso
instante, hasta dar con él. ¡Que estupidez la mía! sólo posible en aquel que
ignora que no importa el origen —apenas sostenido en un reflejo indefinido, que
se derrumba una vez y otra en el impreciso caudal de la memoria—; pues poco
importa si tal afirmación hubiera de ser cierta, ya que de poco o nada sirve el
ejercicio, sino para reconocernos víctima del devenir; pues antes, al igual que
ahora, ignoraba el final del camino que emprendía; y, consecuentemente, hacia
dónde el destino me conduciría.
Platón, en su Timeo dice que «aquello que
sucede, sucede necesariamente por una causa». Plutarco, al final de su libro de
fato entiende, que «lo primero y más importante, no es tanto saber que nada
deviene sin una causa, sino que todo deviene en virtud de causas anteriores».
Por lo tanto, sería inteligente no buscar causas primeras, concluyendo, que
todo principio es causa de la anterior y continua sucesión de diversos
acontecimientos pasados, los cuales, conducen hasta un determinado principio:
principio inductor —catástrofe lo llamarían algunos— o mera discontinuidad que
altera los factores que hasta el momento han guiado nuestras vidas, y en el que
sin saberlo conjuramos, de nuevo, a las parcas que maniobran infinitos
destinos. Será a partir de entonces —y del mismo modo que ya ocurriese con
anterioridad— que caminaremos sobre un hilo que por nosotros mismos ira siendo
tejido, desconociendo, aquello que aguarda más allá, escondido tras los vados y
sombras del camino. Y así será hasta provocar otra inflexión en la maquinaria
que rige los destinos: Pues ocurre, que “aquellos fundamentos que gobiernan
los misterios del universo, comienzan como engranajes de un viejo reloj a
temblar, avanzando en movimiento singular, sin vuelta atrás, cuando unos niños
en la roca sentados, imaginando historias en silencio contemplan, con la vista
perdida en el horizonte y la esperanza labrada en el tiempo, la difusa silueta
de sus sueños, forjados el murmullo sibilino del viento y el rugir furioso de
olas, que golpean los límites que le han sido impuestos al mar."
Acerca de la satisfacción de un deseo resuelto en su representación—.
Llevaba algo más de dos meses buscando las obras completas de Wittgenstein.
Cuál sería mi sorpresa, que tras largo tiempo después de haberlas solicitado, y
cuando ya creía tenerlas en mis manos, comprobé, no sin asombro, que faltaban
del tomo el Tractatus Lógico-philosophicus - (1921) e igualmente, las
Investigaciones filosóficas (Philosophische Untersuchungen - (1953). Las obras
se repartían en dos tomos y me había tocado el segundo, que recogía diarios y
conferencias, además, de otros ensayos menores. Sin embargo, no iría más allá
mi frustración, no hallando desperdicio de cuanto en ellos encontré. Luego,
prestando atención a estos, a las notas y epístolas (1 Wittgenstein. 2 tomos.
Ed. Gredos- 2009)) hallé curiosidades; algunas, como la referida a la carencia
de sentido de la definición russellana del cero, y sobre la cuestión entera de
la existencia de números de cosas (de una entrada a su diario filosófico
21/10/1914, Tomo II ed. Gredos 2009, pág. 37); ésta descrita en una singular
hipótesis formulada, y que no me vi capaz de comprender. Sería más adelante, y
a través de la lectura de notas dispersas, cuando —marginando el significado
literal de la hipótesis (la ecuación antes referida) que el autor quería darnos
por resuelta— resolviese a mi entender, no ya la solución de ésta en una
formula dada, sino más “el deseo a la solución”, y de esta forma, y de sus propias
palabras se entienda: cuando leemos en otro contexto: “la representación de un
deseo es, eo ipso, la representación de su satisfacción” ((observaciones a «la
rama dorada de Frazer» Wittgenstein Ed. Gredos T2 pg.535)). Y me pregunto ¿no
es igualmente la representación de su deseo —una hipótesis (resuelta en la
ecuación) — la solución, a la cuestión que nos ha sido propuesta? De lo que
resulta, la obtención de un deseo en su representación; e igualmente y, por lo
tanto, de esta se obtenga la representación de su satisfacción (de un deseo):
independientemente, del significado o la veracidad esta.
Hacia las
profundidades del abismo-. Entiendo que no hay razón para
acercarse al abismo, ni siquiera por curiosidad: muchos se hunden de bruces en
él y aun así me acerqué, caminando largo por su borde ( lo mismo de un
volcán): tomando plenamente conciencia de él; si bien y para ser honesto, he de
decir que siempre lo advertí de lejos. Sencillamente, estaba ahí, siempre lo
está, aunque no puedas verlo o reconocerlo de las formas i el tiempo pasado por
el. Durante algún tiempo y en la medida que mi entendimiento podía tolerar,
acercándome, intentaba entender, comprender lo que ese colosal y angustioso
espacio profundo representa. Buscaba con mis propios ojos un fondo, solo con la
esperanza de hallar algo perceptible, pero que no encontré de loa primera y
nada más allá de simas sombrías, de las que del humo y olor a azufre se intuyen
oquedades y antros, cavernas sin número que bosquejan fronteras entre mente y
mundo. Un vacío, que, con el tiempo, a medida que lo contemplas, te abraza y
revela aquello más absoluto, invitándote hacia→ i de tu voluntad a ir más allá
y pudiendo de la voluntad asomarte y observar de lugares imposibles entregados
a la embriaguez de lo múltiple ahí en una forma, mientras que,
irremediablemente, apenas se advierte la pérdida paulatina de todo horizonte, y
el contacto con el mundo. Pasado ese punto, mirar o no es irrelevante, pues es
solo otro modo de permanecer en él (ser de el reflejo a los demás). Pero, por
encima de curiosidad alguna (y sabemos que la curiosidad mato al gato) es la
ausencia de sentido que no encontramos a la propia existencia, la que nos avoca
definitivamente al vacío (de lo que no entendemos), en una espiral
desgarradora, donde el significado de la propia vida va desapareciendo y solo
queda sufrimiento; desconectando, por completo con el mundo que nos rodea. La
vida puede ser frustrante, entonces, cuando las metas y objetivos ―el choque
entre expectativas y realidad― no terminan de realizarse. Es tan dramática la
apatía en ese momento que la decepción y el desencanto hacen acto de presencia
en nosotros, al igual, que cuando una crisis amenaza nuestra seguridad haciendo
acto de presencia, no encontrando los pertrechos adecuados para hacerla frente.
Todo ello desemboca, ineludiblemente, en una profunda etapa de naufragio
personal, que nos vacía por dentro y, en ocasiones, nos lleva hacia un
descomunal páramo, en el que perdemos por completo la orientación, así como la
capacidad de conectar y relacionarnos con el mundo y otras personas. Penetramos
un estado de neurosis existencial: entendida, como “el fracaso para encontrar
significado a la vida, donde uno no tiene ninguna razón para vivir, para
luchar, para esperar… y es incapaz de encontrar una meta o una directriz, no
albergando ninguna aspiración en la vida”. Pues, seamos sinceros, de alguna
forma, todos albergamos esa necesidad imperante de hacer algo con nuestra vida:
algo, que sea no únicamente bueno ( y lo que se espera de otros de nosotros),
sino también hecho por y para nosotros y que nos reconforte (del acto hacia los
otros) . Por lo tanto, el sentido de nuestra vida está relacionado, en gran
medida con nuestro propio destino en relación a las relaciones con los otros, a
través de aquello que amamos, deseamos o necesitamos ( i reconocemos igual en
otros) ; y es a través de ese querer (i necesidad), que procuramos nuestro
desarrollo y libertad, ya que viviendo plenamente la libertad trasciende hacia
los demás, y comprendemos que el sentido de la vida no se reduce ―jamás debe
hacerlo― solo a lo material y finito de uno; sino que esta debe ir más allá
hacia ser reflejo en la felicidad que vislumbramos de la mirada en otros
. El problema es cuando esto no ocurre como se esperaba, y las circunstancias
impiden que podamos reconocer de las propias expectativas i de nuestros
proyectos. Que otros puedan ser con mas o menos igual de felices ( i seamos
infelices por ello / simplemente por no admitir que otros sean i son mejores
que nosotros)
"Los
hombres mueren y no son felices"
Calígula, Acto I
- Escena V (Camus)
Acerca de una
sociedad profundamente enferma—. "La indignación es con
frecuencia el mayor autoengaño a las emociones" (David Denby: The
New yorker) Y Estar adaptado, educado y considerado en una sociedad
profundamente enferma con toda su miseria brutalidad i conflictos
—formando parte ella— es, igualmente estar enfermo (Krishnamurti)
y, por tanto, predispuesto a su aviesa moral→ abandonándose completa y
activamente a ella / sometidos a sus políticas unos y a sus engaños los otros.
En todo caso habrá de resumirse en servir de un modo u otro al mismo sistema
que los proyecta de una manera u otra (arriba o abajo / en el
medio) al consumismo la dilapidación y la codicia / o lo que es igual i de
muchas maneras→ ardiendo en la condenación de la
servidumbre todos: esclavizados y lentamente consumidos por (eso de ellos mismos
consentido ( al permitir que imbéciles puedan votar voten a imbéciles (luego
manipulados) burócratas, banqueros, políticos, jueces, agencias
gubernamentales, calificadoras de crédito y por todo aquello que en sí mismo
los consienten pues se arrastran y prestan siempre —facultados ellos mismos
antes en la propia mentira primero y el engaño después a los demás— a alimentar
la falacia que perpetua la angustia de una infamia (que se paga con vidas).
Crisis luego dicen algunos ( i lo mismo en la conciencia→ Krishnamurti
afirmaba) pero como puede haber crisis en la conciencia de aquel que
no se reconoce esclavo i marioneta proyectado de la conciencia i voluntad de
otro creyendo-se de su actos la propia voluntad) / hablaremos pues de
crisis cuando (de la propia renuncia renazcan i reconozcan-se a aquellos → unos que (de
su propia voluntad advierten el propio destino i de un camino ya no pudiendo
entonces aceptar las normas de todos antes aceptadas; y que son aquellas mismas
normas que en el pasado han dado contingencia a una sociedad cada vez más
adormecida / normas que hoy reconozco obsoletas / Luego de reconocer de la
existencia i la propia vida una verdad que no lo es de los demás entendida (la
falacia i solo mentiras de una voluntad de poder) de la que ya se advertía → pues "Nadie
está más esclavizado, que aquel, que erróneamente creé (de lo que otros le
dicen o promueven) ser libre"— Johan Wolfgang Goethe.
“Una falacia dentro de otra falacia
puede pretender i pretende una verdad. Mas luego, imponer esa verdad e intereses
de unos a otros (del modo i por los medios i las fuerzas vivas que sean → desde una
voluntad perversa de poder de un hombre sobre otro hombre i su familia) es una
infamia”.
Sobre los
escenarios del absurdo—.
Vladimir: ¡Qué! ¿Nos
vamos?
Estragón: Sí, vámonos.
No se mueven.
(S. Beckett: Esperando a Godot)
«Hay una felicidad Metafísica en defensa
de la Absurdidad del Mundo —dice Camus—. Esta idea venida del concepto que define
una determinada corriente o pensamiento, y que es a la vez ilustración de un
determinado momento0, habría de durar poco tiempo: no pudiendo sostenerse, sin
aquel pensamiento profundo y constante que la animase con fuerza1». De otro
lado, luego la idea se encontraría igualmente manifiesta —además, de en otras
expresiones2— en lo que se dio en llamar como Teatro del Absurdo3. Y
particularmente, en aquella obra4 del dramaturgo irlandés S. Beckett, en la que
los personajes muestran de manera resuelta, el tedio y la carencia de
significado que, para ellos, tiene la vida moderna. Sin embargo, el absurdismo
no tiene lugar ni época que lo contenga, y aquel sentimiento apático propio de
posguerra, cafés y variedades risueñas, de algún modo daría paso a un nuevo paradigma
—contingencia ésta muy propia de nuestros tiempos— cuando la exégesis de la
manifestación escénica se vio, en algún momento desplazada: arrebata, y en una
proyección de su propio marco desligada, aumentando la entropía de lo
irracional, ya no sobre las tablas, sino en el turbulento albero de la falacia
que recuerda, con desvelo, que tras el último acto de esta farsa, aguarda
pacientemente su comienzo… la tragedia. . «Todos nacemos locos; algunos,
continuarán así siempre». (S. Beckett)
_____________________
0de Europa
1«Hay una felicidad Metafísica en defensa de la Absurdidad del Mundo —dice
Camus—. Si bien, no podrá ésta sostenerse, sin un pensamiento profundo y
constante que la anime con fuerza».
2 literarias, pictóricas etc…
3. Teatro del Absurdo es un término empleado por el crítico Martin Esslin en
1962 para clasificar a ciertos dramaturgos, estadounidenses y europeos;
franceses en su mayoría, entre 1940 y 1960. El teatro del absurdo tiene fuertes
rasgos existencialistas y cuestiona la sociedad y al hombre. A través del humor
y la mitificación escondían una actitud muy exigente hacia su arte. La
incoherencia, el disparate y lo ilógico son también rasgos muy representativos
de estas obras que pretenden recoger todas esas inquietudes y preguntas, pero
sin dar respuestas; estas se las deja a usted, le deja la inquietud de la
respuesta y de la interpretación; es usted quien tiene que entender que eso que
vio es tan absurdo como la vida misma y que con dar una moneda a un mendigo no
soluciona su problema ni el suyo. Puntualizar: que cada obra crea sus propios
modelos y características implacables de lógica interna: cómica, triste,
patética, macabra, humillante, angustiosa o violenta.
4. Esperando a Godot
Considerando el
estado actual de las cosas…
En un mundo absurdo y desprovisto de
sentido; donde el caos centellea con resplandor demoniaco; donde el hombre
participa de los sufrimientos mas espantosos, de “las más terribles agonías,
los suplicios mas refinados, las muertes más atroces y los abandonos mas
dolorosos; todos los apestados, los quemados vivos y las victimas lentas del
hambre“(1), no podrán ya consolarse en el llanto venenoso de su amargura,
mediante aquel inquietante pensamiento que, conservando aún el sabor agridulce
de la sangre y el martirio, hundido en la tiniebla habita aquellos confines más
profundos del corazón; haciendo presa en quien por la tristeza y la melancolía
desorientado, y aún más fatigado por la desesperación luego tan buenas razones
encuentra —en ese fundamento oscuro e in-suprimible—, alentando semillas de ira
y venganza, y que siempre cosecha quien siembra... devastación.
_______________________
1- E.M. Cioran- En las cimas de la desesperación
«Una
obra está acabada cuando no puede ya ser mejorada, aunque se la sepa insuficiente
e incompleta. Se está tan exageradamente fatigado de ella que ya no se tiene el
valor de añadirle ni una sola coma, aunque fuese indispensable. Lo que decide
el grado de acabado de una obra no es en absoluto ninguna exigencia del arte o
de la verdad, es la fatiga y, aún más, el asco». E. Cioran
OBSERVACIONES
DE CARÁCTER FRONTERIZO (2)
1 (2)
1-Acerca de la
satisfacción de un deseo resuelto, en su representación—.
2-Acerca de una
sociedad profundamente enferma—.
3-Acerca de una
nueva, aunque ya pretérita teoría de la visión —
4-Acerca i-de la
interpretación de Copenhague a una cuestión (idea antes —
5- La primera
bifurcación —
6-Bajo la Fisura
de Rolando—.
7-Monstruos —
8-Un lugar más
allá de las sirenas·
(tema)
1-Acerca de la satisfacción
de un deseo resuelto, en su representación—. En alguna ocasión dijo Borges y, siempre que puede
recuerda Savater: “me enorgullezco no de lo que escribo sino más de lo que leo”
empero, en mí caso, más son las veces luego que me arrepiento. Llevaba algún
tiempo, más de dos meses buscando las obras completas de Wittgenstein. Cuál
sería mi sorpresa, pero, que tras algo más de un mes después de haberlo
solicitado, y cuando por fin ya lo tenía en mis manos que: «Ay dios —exclamé—
este libro no es». No podía ser. Comprobé, no sin asombro, que faltaban del
tomo: el (Tractatus lógico-philosophicus. (1921) e igualmente, las
Investigaciones filosóficas (Philosophische Untersuchungen (1953). Sin embargo,
no iría mi gozo al fondo del pozo cuando, del tomo, los diarios de Wittgenstein
descubrí, que me eran antes del todo ajenos para mí. De ahí, luego que lejos de
la decepción me embargase el asombro. No escapa a nadie que se trata de uno de
los personajes más influyentes del siglo XX, y de cuanto encontré no hallé desperdicio;
mas es curioso que prestando atención al diario, las notas y epístolas(1) de
algunas, como la carencia de sentido de la definición russellana del cero, y
sobre la cuestión entera de la existencia de números de cosas(2), más adelante
y, a través, de otras notas dispersas se comprenda —marginando el significado
literal de la hipótesis que el autor quería darnos por resuelta— no ya la
solución de esta, por una fórmula dada, sino más el deseo a la solución tal y
como nos es propuesta; y de esta forma de sus propias palabras se entienda, o
se pueda entender, cuando leemos en otro contexto: “la representación de un
deseo es, eo ipso, la representación de su satisfacción”(3). Y me pregunto,
acaso ¿no es igualmente la representación de su deseo —una hipótesis— la
solución, que nos ha sido propuesta? De lo que resulta la obtención de un
deseo, en su representación que es, igualmente, y por tanto, la representación
de su satisfacción. Independientemente, del significado o la veracidad esta.
©Jorge Maqueda Merchán (2011)
_______________
1 (Wittgenstein,
Tomos I y II. Ed. Gredos- 2009)
2 (de una entrada a su diario filosófico
21/10/1914, Tomo II ed. Gredos 2009, pag 37)
3 (observaciones a «la rama dorada de
Frazer» Wittgenstein Ed. Gredos T2 pg.535)
2-Acerca de una sociedad
profundamente enferma—. Darse cuenta, que estar adaptado,
educado y considerado en una sociedad profundamente enferma (1) con toda su
miseria, brutalidad y conflictos —formando parte ella— es, igualmente, estar
enfermo y predispuesto a su aviesa moral, abandonándose completa y activamente
a ella los unos; o bien, sometidos a sus políticas y engaños los otros. Todo
habrá de resumirse en servir, de un modo u otro al sistema, sea en el
consumismo, la dilapidación y la codicia, o bien, ardiendo en la condenación de
la servidumbre: esclavizado y lentamente consumido por burócratas, banqueros,
políticos, jueces, agencias: gubernamentales, calificadoras, de crédito y por
todo aquello que en sí mismo consiente se arrastra y presta —facultado en la mentira
y el engaño— a alimentar la falacia, que perpetua la angustia de esta terrible
infamia. Crisis dicen. No hay crisis, sino en la conciencia: cuando ésta, ya no
puede ya aceptar antiguas normas, aquellas mismas normas, que en el pasado le
dieron contingencia. Pero, considerando el estado actual de las
cosas...."La indignación es con frecuencia el mayor autoengaño a las
emociones" (David Denby: The New yorker)
Una falacia dentro de otra falacia es...
"una verdad". Luego, imponer esa verdad que está, sustentada en una
falacia que está, dentro de otra es... "una infamia"
(08/11/2010)(1/30a)
"Nadie está más esclavizado que
aquel, que erróneamente creé ser libre"
(Johan Wolfgang
Goethe)
3-Acerca de una nueva,
aunque ya pretérita teoría de la visión— . Hay
cuestiones que por alguna razón y desde siempre han atraído desconcertado las
mentes más instruidas. Si bien, tal desconcierto no habrá de ser mayor al
debate que genera postular de esas mismas cuestiones, algunas de sus posibles
soluciones. Y se observa esta circunstancia, en mayor medida, cuando de lo que
se trata es de la realidad; entendida, esta como aquella realidad material que
percibimos a través de los sentidos. El propio Heisenberg (1901–1976) —físico
conocido sobre todo por formular el principio de incertidumbre— para quien todo
aquello que observamos no es la naturaleza en sí, sino la naturaleza expuesta a
nuestros ojos, ya se cuestionó la existencia de la realidad en sí misma, tal y
como la percibimos. Niels Böhr (1885–1962) posiblemente, el físico que realizó
algunas de las mayores y más importantes contribuciones a la comprensión de la
estructura del átomo y de la mecánica cuántica, en su momento, también
fomentaría el debate, afirmando: "Todo aquello que nos parece un mundo
estable, tangible y visible no es más que una ilusión": a decir de aquello
que oculta o enmascara la realidad. Y, si bien, es cierto que tal afirmación a
muchos desconcierta, existe otra que, profundamente entendida, aún más nos
inquieta, a saber: del ensayo de una nueva teoría de la visión. Así llamó
George Berkeley (1685-1753) filósofo, y natural de Irlanda, a su primera obra
publicada apenas con 24 años de edad. Berkeley, desarrollaba en esta la tesis
por la cual, se entendía la negación de una realidad externa y objetiva al ser
humano, estando aquella sugerida al hombre por las propias sensaciones que se
derivan directamente de la persona que se encuentra observando el objeto en
cuestión. Del mismo modo, Berkeley, afirmaba que el tamaño, volumen y situación
de los objetos no se podían ver de un modo directo, sino que todo ellos eran
interpretaciones del significado de los colores (la luz) los cuales son en
realidad lo único que realmente podemos ver, afirmando: "La coincidencia
de las sensaciones táctiles con las visuales carece de toda justificación, pues
aquellas y estas sensaciones, también llamadas impresiones, son simplemente
signos de los cuales consta el metódico y codificado lenguaje de la naturaleza,
dirigido por Dios a los sentidos y la inteligencia de los hombres". Luego
ya más avanzado el ensayo, Berkeley describe este lenguaje metódico y creado
por Dios, afirmando, que tendría por objeto instruir y guiar al hombre, a la
hora de regular sus actos en la tierra con fin de que obtuviese todo aquello
que le fuese necesario para la vida en ella. Si bien —a mi modo de entender—
aceptar esta interpretación contiene una segunda lectura, implícita (no
descrita), que nos llevaría a cuestionar si este magnífico lenguaje codificado
habría podido ser creado por Dios, no solo con el objeto de que el hombre
obtuviese todo aquello que le fuese necesario para la vida en la tierra, sino
también, con el propósito de mantenerlo alejado de todo aquello que sobre esta,
y sutilmente velado a nuestros sentidos y a la razón, pudiese fatalmente
destruirlo. Pues, de sobra por todos conocido que existen en la naturaleza
innumerables amenazas, además, de aquellos peligros que percibimos o podemos
también también intuir: sin embargo, hay otros no, pues tan velados a la razón,
o al menos lo están, hasta que ya es demasiado tarde. Y es precisamente
llegados a este punto: tarde y sobrepasado el límite dado a la razón, que
regresan surgidas del infierno a tomar desquite aquellas fuerzas terribles y
distintas a las que se suponían y que acompañadas de unas veces de dolor y
sufrimiento, lo son otras además, de un bárbaro y profundo sentimiento de
devastación. Pues "Hay cosas que solo la inteligencia buscaría, pero que
por sí sola no podrá encontrar. Son aquellas que solo el instinto encontraría, pero
que no debería buscar jamás."(Bergson)
4-Acerca i-de la
interpretación de Copenhague—
Posiblemente usted se pregunte, qué
interés puede tener en este blog un acercamiento a esta curiosa interpretación,
que incorpora el principio de incertidumbre de Heisenberg, y presentada por
Niels Bohr a finales de los años veinte, llamada entonces “idea o principio de
la complementariedad”. Espero, que el texto se justifique a sí mismo, y que al
final dicha cuestión quede, si no del todo, en buena medida satisfecha.
Bohr
señaló—corría el año 1927—, que mientras en física clásica (determinista) se
concibe que un sistema de partículas funcione como un aparato de relojería
—independientemente, de que éstas sean observadas o no—, en física cuántica el
observador interactúa con el sistema, en tal medida que el sistema no puede
considerarse independiente del observador: interpretación ésta, participatoria
del principio antrópico.
·
Principio antrópico débil
|
Debemos
estar preparados para tener en cuenta el hecho de que nuestra ubicación en el
universo es necesariamente privilegiada en la medida de ser compatible con
nuestra existencia como observadores. |
·
Principio antrópico fuerte
|
El universo (y por lo tanto los parámetros
fundamentales de los que depende) debe ser tal que admita la creación de
observadores dentro de él en algún momento. |
La consecuencia directa de la
interpretación de Copenhague se puede entender más fácilmente o que ocurre
cuando se realiza una observación buscando, a saber I-que en primer lugar se
debe aceptar el hecho que al observar hacia i en el medio común igual de la
cosa que de este al sentirse ( i de la observación del otro) se altera (luego i
del movimiento i onda) cambia (modifica / y modifica a nuestra intención
al observar dicha cosa, i-o del deseo de que la cosa sea: una determinada cosa
(i- del deseo en una forma concreta al deseo antes del observador de ( una idea
de la cosa) i luego en una determinada forma i manera después) de lo que se
desprende que al observar, se afecta directamente lo observado (afectamos al espacio observado i que en él
hay i observamos con la vista, la retina de los ojos) y,
por lo tanto, el observador
estará, por medio i de la vista, alterando (entendiendo) la cosa, pero lo hará
en función de nuestros saberes y conocimientos adquiridos por
experiencia o ausencia de esta en la naturaleza (y ángulo y grado
arriba o abajo i de la visión igualmente) formando parte en todo
momento del experimento i observado i ausente de los otros sentidos
que nos mhace ser /en tanto la cosa observada será observadora igual:
desde Lo que realmente la cosa es (mirada holística objetiva) hacia él
i-que el observador, bien por falta de ángulo de visión o experiencia no
deja que sea i desea que sea derivando a una "visión subjetiva"
desde lo observado el opuesto i del reflejo. luego se habrá de considerar, que
toda la información que constituyen los resultados adquiridos del experimento
(definición de la cosa observada del observado igual) viene dado de su
lado por la capacidad del observador de entender de lo observado reflejo
advertido opuesto del otro lado i plano de la curva del ojo dentro i reflejado
i luego fuera hacia i del lo reflejado reflejado i opuesto dentro i del ojo
(esfera) Lo representado del a luz un positivo fuera invertido del
opuesto i apariencia-es del ser observado i del observador la forma de un
punto haci i de recorrer la forma-su desde él ( lo que no es él-ahí de
apariencia i del deseo es (i del experimento antes se puede luego entender lo
que es del deseo después) I-en este sentido, seria releyendo a J.
Gribbin “En busca del gato de
Schrödinger” Ed. Salvat- 1986, donde encontré una de las
mejores explicaciones que he leído jamás, en tanto a aquello que la
interpretación de Copenhague representa, refiriendo un ejemplo de
extraordinaria sencillez facilitado por Eddington, allá por los años treinta.
Eddington, en su libro “The philosophy of Physical Science”, y refiriéndose al
asunto en cuestión, reseñó, que lo que se percibe y aprende en un
experimento, siempre está altamente
influido por las expectativas: expectativas (deseo) de quien investiga
¿hablamos de una voluntad ejercida sobre el medio observado? No, no lo creo. Pero
mejor, vayamos con el ejemplo.
"Supongamos, afirma
Eddington, que un artista asegura que en el interior de un bloque de
mármol yace oculta la figura de una cabeza humana. ¿Absurdo? Pero entonces, el
artista —un escultor se intuye— comienza a hacer aquello que mejor sabe:
su trabajo, y con algo tan sencillo como un martillo y un cincel, pasadas unas
horas, pone al descubierto la forma oculta". Gribbin,
acertadamente, se pregunta, si sería quizás ese, el modo en que Rutherford
descubrió el núcleo. “Hemos de recordar que el descubrimiento, no
amplía el conocimiento que tenemos del núcleo” —afirma Eddington—. Lo
cierto, es que nadie, ni antes ni ahora, ha visto jamás un núcleo atómico. Lo
que se observa son siempre los resultados de los experimentos, que se interpretan en términos de núcleos
(piensen ahora en términos de montañas). Tampoco nadie jamás
encontró un positrón hasta que Dirac sugirió que podían existir, y hoy los
físicos aseguran conocer mayor número de partículas que elementos existen
en la tabla periódica (En
busca del gato de Schrödinger - John Gribbin-1986).
Luego e Independientemente, de cómo cada
cual entienda esta explicación, lo cierto, es que se trata de un concepto no
relativo i subjetivo a la realidad tal y como la percibimos, entendida, no como
meros observadores ajenos, sino
más bien formando parte integrante de ella: de la realidad observada en sí misma y desde
uno mismo, por lo tanto, interactuando continuamente con ella antes en tanto
luego entender en función de lo que percibimos después de la experiencia si
antes no queremos i deseamos entender de lo que aun no es i luego nos limitamos
del deseo de lo que quero sea i entender no-es comprenderla de uno
mismo i de su deseo que sea después . Dicho de otro modo: creando una realidad que somos nosotros y
nuestras expectativas y experiencias en ella (piensen de nuevo en
términos de montañas). A partir de aquí, deberán ser ustedes
quienes juzguen si cuando miramos hacia el horizonte, "y no en este caso
de lo infinitamente pequeño", vemos un paisaje genuino o, más bien, en ese
horizonte y lo que vemos en él, es aquello: que queremos ver o tememos
ver. El mundo, según Husserl,
adquiere sentido por su horizonte / sentido y entendimiento del mundo, que ha de venir del “asombro”, de
despejar ese horizonte (oscuro) dice Zubiri. Pero entendamos ese
horizonte, ese nuevo paisaje que asoma ante nuestros ojos y lo que hacemos como
resultado de despejarlo que querer o necesitar la verdad.,
La primera
bifurcación
Bastaría una noche y, no más, para darse
cuenta extrapolando una expresión utilizada frecuentemente en física y otras
ciencias exactas, que existen múltiples dimensiones en la mente, del mismo
modo, que coexisten múltiples dimensiones en el espacio. Y así, igual que los
matemáticos barajan teorías y posibilidades, acerca de la existencia de
infinidad de universos, independientes, los unos de los otros pero, sin dejar
de formar parte de un mismo conjunto; no es necesario profundizar en antiguas
doctrinas lulianas o ecuaciones interminables para afirmar que, de modo
semejante opera el subconsciente: desarrollándose de manera paralela e inconexa
al consciente pero, sin por ello, dejar de formar parte de un mismo y único yo
de uno. De tal modo entendemos los sueños, o igualmente, aquellos estados de
catarsis inducidas como profundas bifurcaciones, que de uno mis i de otro
yo generadas de manera espontánea sobre el mismo espacio en el que se
manifiestan los pensamientos, si bien, surgiendo a un plano superior o, como
poco distinto i en apariencia opuesto o ajeno a las reglas físicas universales
que rigen la vida, el espacio y el tiempo de lo que entendemos materia i forma
barionica. Sin duda, esto motiva en el hombre la posibilidad de experimentar un
suceso singular e inquietante. Y, por su puesto, que desarrollar algún día de
modo controlado tales procesos nos abriría las puertas que conducen entre
inexplorados caminos, hacia inimaginables fuentes de sabiduría y conocimientos
las cuales apenas hoy podemos sospechar. Sin embargo, este ejercicio ya sea
inducido o generado de manera involuntaria también abre los cerrojos de un
laberinto, por el que transitan horrores y angustias; monstruosidades
espantosas es de Lo que habita en lo más profundo i sombra de cada uno de
nosotros y, de los que les puedo garantizar: la mayoría no hemos oído hablar
jamás.
<Hay
cosas que la inteligencia podría buscar por sí misma, pero que sola
no encontrará jamás. Son aquellas que el instinto encontraría, pero
que nunca buscará>.
(H.
Bergson)
La escalera de
Jacob
La mente consciente, nos dice David J.
Chalmers, nos es a la vez, lo más familiar y lo más misterioso
del mundo. Nada hay que conozcamos de forma más directa y, sin embargo, nada
hay más complicado que ella. Lo cierto es, que averiguar de qué profundos
secretos nos vela esa necesaria e infatigable compañera que nos da la razón y,
a la vez, nos niega el conocimiento de su compleja esencia, son las grandes
metas que hoy por hoy ansían alcanzar los más avezados exploradores de lo que
se ha dado en llamar ciencia. Desvelar sus profundos enigmas parece, en
principio, una ardua y difícil empresa. Pero, si complicado puede ser
entender la mente consciente cuánto más intrincado puede ser entender, el
misterioso propósito que motiva luego al subconsciente: Ese “Otro yo”
como lo llaman algunos, que despierta en el interior de todos
nosotros, normalmente, durante el sueño estremeciendo nuestro bien merecido
descanso; acelerando el pulso con sudores y sobresaltos; privándonos del
descanso reparador y, cuyo origen luego, al despertar nos es tan embarazoso
concretar.
Ciertamente, a muchos infunde temor la
visión de esa espesa selva reticular, hacia la que solo algunos curiosos
-aventureros inquietos- de manera consciente se adentran; buscando la exótica
naturaleza de aquellos manantiales etéreos de los cuales emanan caudalosos ríos
de omnisciencia. Pero, dejando de un lado a Freud y su necio simbolismo pueril
relacionado con los sueños y, por el cual, todos y cada uno de
nosotros somos en mayor o menor medida víctimas de patologías neuróticas y, por
lo tanto enfermos; lo que es tanto como decir: que se trata de un proceso
natural, y todos, en mayor o menor medida somos personas
relativamente “normales”; desde hace tiempo me pregunto: si los sueños no son
algo más que un amasijo de imágenes pertenecientes a la vida física; si no
entrañan algún otro propósito al margen de lo que hoy algunos científicos
entienden: como un aspecto fundamental de los mecanismos de la memoria,
a la hora de deshacernos de innecesarios recuerdos.
A menudo por la noche, aprovechando los
momentos de mayor silencio, mientras descanso estirado en la cama o en el sofá,
con la vista fija en el techo, me pregunto, en la oscuridad, si entre los
brumosos pasillos de ese laberinto no se halla perdida, olvidado entre los
tejidos más antiguos del tiempo; un interruptor liberador de un mecanismo de
ocultos propósitos que transita entre los intrincados significados de los
sueños y, por el cual las personas seríamos capaces de abrir una puerta que ha
permanecido cerrada desde el origen de los tiempos. De otro lado, es curioso
darse cuenta, y esto lo observo a menudo, como la mayoría de la sociedad en
occidente obvia los posibles significados dimanantes de tales experiencias,
atribuyendo a tal evento un proceso natural, sin nada de particular, como lo
puede ser un dolor de cabeza o las molestias que causa el estreñimiento. Pocos
se detienen por un momento a pensar en el lóbrego y desconocido mundo onírico
al que tan singulares imágenes pertenecen, sin reparar, en la importancia o no
que para ellos pueda llegar a tener, cuanto menos intentar recordarlas, ya no
digo comprenderlas.
Modestamente, opino que deberíamos ser
como poco cautos, en relación, a aquellos sucesos que de manera inconsciente
nos abordan, así como con la subjetiva realidad que percibimos; precisamente
debido a nuestra incapacidad de co-relacionar los múltiples y, a veces,
incomprensibles sucesos que de ambos estados se derivan. Por mi parte, y cuanto
más me adentro en mis pensamientos, me reafirmo en la creencia de la
existencia de un algo – rehúso decir el que - parejo a nuestra realidad
consciente donde posiblemente se encuentran registradas las claves de un
complejo conocimiento que, sin embargo, no podemos observar de manera
voluntaria y consciente. Se trataría, en todo caso, de una dimensión velada a
nuestros sentidos ordinarios y, a la que de alguna manera el subconsciente
tiene relativo acceso, asomándose de vez en cuando y del que quizá (quien sabe)
de algún modo nos intenta salvaguardar.
De todos es conocido que el cerebro no es
auto-suficiente, y que se sirve de los distintos sentidos para crear la
realidad subjetiva que la mayoría de nosotros percibimos, representando un sin
fin de cosas, todas ajenas al mismo. Este, ayudado por los mecanismos de la
memoria, ejercicios de comparación y la progresiva experiencia, lentamente va
componiendo lo que todos llamamos consciencia – consciencia de sí mismo y del
mundo que le rodea -. Si este proceso se ve censurado o abortado por algún
motivo, encontramos que la consciencia se ve drásticamente limitada; algo así
como lo descrito por Platón, en su mito de la taberna. Lo cierto es, que el
cerebro no sabe que un color existe hasta que no lo percibe; no distingue que
un amarillo es débil si no conoce diferentes tonos de amarillo
entre los que los poderlo procesar. Lo mismo ocurre con otros tipos de
experiencias: es imposible determinar lo grande, o bien, que aquello que se
observa es un armario, si no es comparándolo con medidas u otros objetos
anteriormente procesados. De ello se deduce que la interacción con el mundo es
fundamental, en el proceso de maduración Cognoscitiva. Luego, con el tiempo, la
mente alcanza una cierta habilidad: inclusive si la información recibida (de
fuera) sobre algún tipo de objeto, está fragmentada o es insuficiente, esta
recrea (dentro) una imagen o representación totalmente completa, sobre la base
de experiencias anteriormente adquiridas, mostrando un conjunto que total o
parcialmente, no está siendo observado. Ello quiere decir que el cerebro
toma los elementos que le están siendo suministrados, o bien tiene almacenados,
valiéndose de ellos para informarnos de aquello que, aunque no vemos por
completo, este puede hacernos comprender. Sin embargo, ¿Qué ocurriría si la
mente, en este caso el subconsciente, percibiese sensaciones superiores,
información desconocida i lo mismo ajena a la información anterior y almacenada
de los propios sentidos i experiencias del medio que poseemos? Sensaciones que del
medio él pudiese percibir, pero no explicar, pues no posee experiencias
similares conscientes propias en que basarse, para poderlas representar.
Evidentemente, no permanecería impasible. Aunque lo más probable es que este se
valiese de nuevo de aquello que tiene a mano, las imágenes y percepciones
relativas a la vida cotidiana ya almacenadas, utilizándolas con la finalidad de
representar i hacernos entender las nuevas percepciones. De ahí posiblemente,
el aparente caos y abstracción que sugieren los sueños / pero lo mismo es altos
estados de sensibilidad i percepción de las formas del medio / lo cierto es ,
que problema sería tal, como tener que explicar a un ciego los colores y,
quien sabe; pocos entenderían el mensaje. Pero, Lo cierto es, que esa
comunicación existe.
antes
me remití a Schopenhauer, quien en su principio de la razón suficiente afirmó,
que ”la única diferencia esencial entre el hombre y los animales es aquella
facultad de conocimiento exclusivamente propia y totalmente particular del
hombre, basada en el hecho de que el hombre tiene una clase de
representaciones de las cuales no participa ningún animal”. Huelga
decir que se refiere, no a cosas del medio de las que participan los animales /
sino a conceptos / es decir: representaciones abstractas en contraposición a
las intuitivas de las cuales se extraen las primeras. Por algún motivo que
supera toda posible explicación, los conceptos (venido de la razón y por poner
un ejemplo) del espacio y el tiempo, aparecen en la mente humana surgidos de
ningún lugar más allá de la única motivación antes de las propias ideas luego
los conceptos. La geometría es después el fruto de tales representaciones,
llevadas al plano humano y lo mismo como con ella, ocurre con otros muchos
conceptos y materias / pero no se extravíen No hablamos (exactamente) de
eso / Ramón Llull. Teólogo y visionario que retirado al monte Randa en
busca de renovación espiritual, tras muchos días de ayuno y contemplación juro
haber tenido una revelación (sueño lucido / es decir. escribe sin saber de
antes aquello o de donde i luego por que eso ahí y Plasmada después en su gran
arte o “ars magna” en su caso, El Ars desarrollando un lenguaje formal
basado en la lógica combinatoria para poder hablar de todo
aquello relevante a la filosofía y la religión sin la barrera de las
lenguas / pero i mas allá de la idea / la cuestión es... ¿de dónde
surgen tales ideas? Nada surge de nada. Sin embargo, en ocasiones los
sueños i lo mismo el subconsciente (mientras estamos incluso conscientes
sentimos) que va más allá de de las limitadas fronteras (que entendemos) de
nuestra consciencia, entablando relación directa con misteriosas fuerzas que se
encuentran más allá del todo lógico razonamiento (que a estas revelaciones
queramos dar). Se trata en todo caso de personas que no interpretan y con
asombrosa claridad y sorpresa desarrollan de si mismos, la turba de imágenes
que bombardea durante la vigilia nuestra mente consciente hacia ser consciencia
de uno Y De la importancia que supone (este dejarse llevar del
subconsciente - de manera consciente) podemos encontrar claro ejemplos en la
historia como e la biblia, testimonios de personas que un día se levantaron con
laberintos en la cabeza, que desconocían cuando se fueron a acostar. Así, Giordano
Bruno hace 500 años, proclamó en su cena de las cenizas, que el mundo era el
efecto infinito de una causa infinita, además de escribir aquella frase famosa
que decía “podemos afirmar con certidumbre que el universo es todo centro, o
que el centro del universo está en todas partes y la circunferencia en ningún
lugar”. Entonces lo enjuiciaron y quemaron por ello; hoy, sin embargo,
ningún científico negaría tan acertada revelación. De cómo Giordano llegó en
aquel tiempo, no sólo a ésta, sino a otras muchas ideas, algunos afirman que
fue ayudado por visiones y sueños. Igual la propia Biblia, nos narra la
historia de lo sucedido al patriarca Jacob, hijo de Isaac y Rebeca,
quien salió de Berseba dirección a Jarán y al llegar a un lugar llamado luz, se
dispuso a pasar allí la noche. En aquel lugar tuvo un sueño donde vio una
enorme escalera anclada al suelo, por la que subían y bajaban ángeles del
cielo. Arriba, estaba el Señor, quien le señaló un camino profetizando así su
destino. Al despertar tubo tanto miedo, que exclamó - ¡Qué terrible, nada
menos que la casa de dios, y la puerta del cielo! –.
Bajo la fisura
de Rolando
Muchos años me he estado acostando
temeroso y sabedor de que apenas fuese a acostarme y, sin tiempo, apenas de
cerrar los ojos sentía, el desasosiego turbar mi frágil descanso(1). La calma y
el silencio que antes de irme a la cama circulaban, como suaves y tibias
corrientes perfumadas sobre mi cuarto, se desvanecían, ante la convulsa
impresión causada del abismo, que surgido de la nada, parecía engullir de una
enorme bocanada mi cuerpo: arrojándome, a un vacío expectante en el que
lentamente, iban apareciendo, aquellas criaturas que moran sus avernos y, que
acechan mi alma, cubriéndola de espanto. Así ha sido, una noche tras otra,
durante años. ¿Dónde estoy? —me pregunto—.
Una puerta enorme, de centelleante marfil,
se ha cerrado tras de mí: tronando, con un sonoro ruido; empujándome, de pronto
a salir de un inconcebible portal. Arrojándome, vacilante a las mórbidas garras
de ese animal de sombra eterna y monstruosa, que guarda las fronteras
preconscientes, de aquellos mundos, donde se entretejen multiformes cadenas que
sujetan y someten a las almas, conduciéndolas, hacia la trágica hermosura de un
destino que ellas mismas ignoran.
Todo me parece confuso, salvando la
convicción que en mí despierta la noche, amenazante y siniestra, que perpetua
el horror de todo aquello que es muy antiguo. Contemplo, en silencio, la
vaporosa topografía que a un lado y a otro se erige, salpicada de extraños
destellos: que rasgan, hiriendo, de vertiginosos reflejos la tensa oscuridad de
la que comienzo a sentirme preso. Advierto, como en un artificio del espacio,
la prolongación de mi propio ser, desdoblado y desprendido de mi cuerpo. Soy
arrastrado, conducido, sobre el escenario descarnado de un teatro onírico y
sombrío. En ello, una débil voz se hace oír en mi interior, susurrando,
insinuándome al oído: que no debo dar crédito a lo que experimento. Mi mente,
aletargada y confusa, la ignora. Ni le da ni le quita la razón. a esa tímida
observación, que aparece de repente, surgida del más absoluto silencio. La
única certeza que sin advierto es, la profunda oscuridad que oprime mi alma
como una urna sellada, la madrugada; la soledad, y el frío que atraviesa como
una afilada lanza las inadecuadas ropas, que de cierto, en ningún momento
recuerdo haberme puesto.
Inquieto como un antílope siento, las
carnes estremecer, y el corazón palpitar alarmado; expectante, ante esta
tenebrosidad incomprensible y censora. Camino sintiéndome privado de toda
voluntad; transportado a lomos de una inquieta yegua que cabalga los campos
yermos de la noche, recogiendo las almas de quienes se encuentran, perdidos en
el laberinto que delimita mezquinas fronteras más allá, del espacio y del tiempo.
Me dejo guiar, sorteando trampas expectantes en una acera de innumerables
baldosas etéreas. Mugrienta albañilería, al contacto con las entrañas de esa
espeluznante dama, vaporosa, que avanza sigilosa, en incertidumbres robadas al
mar, de calles y esquinas desiertas, por las que nadie se aventura a transitar.
Un lugar más
allá de las sirenas.
La primera vez que comprendí el sentido de
antes y después de Lo tenía tan solo cincuenta i seis años de i parece que
fuese hoy (23/10/ 2024) cuando Volvía del instituto, en moto un 11 de abril y
pasadas las diez i media un coche se cruzó en mi vida: saltándose un semáforo
en rojo y llevándose por delante sabe Dios cuantas cosas. De pronto y tirado en
medio de la carretera no podía moverme: solo atisbaba a no ver la sangre y los
trozos de hueso atravesando la carne de mis piernas. Alguien, que en aquel
momento caminaba por el paseo de los Almogávares (Sabadell) se acercó
preguntándome no sé, i de que cosas, pues apenas podía yo distinguir nada:
siquiera algunas formas con la vista. Todo era terriblemente confuso y lo único
que pude apreciar no claramente fueron las sirenas: sirenas a un lado i otro
rodeándome Y Luego i de la oscuridad — Homo liber cogitat / et ejus sapientia non tenebris sed lux meditatio est. → Un
hombre libre piensa / y su sabiduría es meditación no en las tinieblas sino en
la luz.
__________
Así, unas veces las encontramos como
horribles monstruos marinos o terrestres que atormentan a los hombres; y otras,
en un papel que resulta compasivo, piadoso con aquellas víctimas que lograron
conmoverlas, personificando el alma tranquilizadora que comparte la tristeza de
los vivos, después de haber sido un peligro para ellos. Pero al mismo tiempo, y
esto no deja de ser curioso, las podemos encontrar como fieles protectoras de
tumbas —contra las acometidas de los malos espíritus—. Luego está su origen, a
priori atribuido a Forcis —el anciano del mar—; si bien, observamos otras
posibilidades, sugeridas a partir de unas gotas de sangre caídas de la punta
del río Aqueloo, en cuyo caso sus madres bien podrían ser varias: desde Gea,
pasando por alguna de las tres musas: Melpomene, Caliope o Terpsicore. Por
último, estaría su número, dos o bien tres, dependiendo del autor y que varían
en función de la madre. En el caso de ser Melpóneme, sus nombres serían:
Telxipea, Aglaope y Pesinoe; mientras que si su maternidad es atribuida a
Terpsicore, sus nombres varían siendo: Parténome, Leucosia y Ligea. Pero de lo
que no cabe duda, es que entre tanta vacilación, encontramos un bonito y
sugestivo nombre —hoy profanado y hartamente manoseado hasta la saciedad— para
describir unos seres “míticos” y fabulosos, de los que apenas sabemos nada.
Inventadas, por la imaginación humana, nos dicen unos pero, quién puede
afirmar, no haber escuchado jamás ―en los más profundo de sí― en momentos
cuando el alma se encuentra sosegada, aquellas melodiosas voces seductoras por
las que dejándonos llevar, nos hemos sentido hechizados y visto que nuestra
alma era empujada.
«Llegarás primero a las sirenas, que encantan a
cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que imprudente se acerca a ellas y
oye su voz, ya no vuelve a su hogar; sino que le hechizan las sirenas con el
sonoro canto sentadas en una pradera y tiñendo a su alrededor, enorme montón de
huesos, de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y
tapa las orejas de tus compañeros con cera blanda, a fin, de que ninguno las
oiga; mas si tú deseas escucharlas haz que te aten a la velera embarcación de
pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil. Y acaso, de
que supliques o mandes a los compañeros que te suelten, atente, con más lazos
todavía». «Homero — Odisea; Rapsodia XII»
Leyendo atentamente el fragmento de la
traducción de la Odisea realizada, por L. Segala i Estaella y editada por la
colección Austral —posiblemente una de las mejores transcripciones realizadas
al castellano, dada su fidelidad literal— algunas inquietantes respuestas con
relación a estos extraños seres, parecen emerger a la luz, surgidas de las
palabras escritas hace milenios de la mano del genial Homero. Gracias a él y a
modo de apercibimiento se nos revela una primera descripción, sorprendente, y
no menos aterradora; quizá, un tanto somera, pero que ensancha el profundo mar
de desconocimiento que de estos legendarios seres “míticos” poseen hoy día las
personas. En cualquier caso —monstruos marinos y demonios alados para unos, o
vírgenes protectoras de las almas para otros— la mitología nos recuerda, que
podría tratarse de parientes próximos a Erinas y Arpías, ambas poseedoras una
dilatada y endiablada leyenda negra marcada, por la desgracia y la tragedia y,
que no debemos en ningún caso orillar. Por lo tanto y, observando la
advertencia —por cierto a tener muy en deferencia— que la divina Circe “diosa
de lindas trenzas” dedica al valeroso argivo «Odiseo» parecería obvio
comprender —si damos pie a la leyenda entendiéndola por cierta— el motivo, por
el que a lo largo de los siglos, no hemos tenido noticia de aquellos que se han
aventurado a buscar ese lugar, insólito y remoto: desbordante de belleza y paz
para unos; maldito, despiadado y despreciado por otros, que con sus
encantadoras y sonoras voces habitan, protegiendo sin tregua y con desvelo, las
incansables y melódicas sirenas. Los peligros, sufrimientos y miserias que
aguardarían acechantes a cuantos partiesen en su busca serian dignos a tener
muy en consideración y, pocos serian, quienes se atreverían finalmente a
desafiar las advertencias. Por desgracia, la literatura o relatos existentes no
nos hablan de aquellos que partieron un día, sucumbiendo, antes de regresar con
alguna noticia de sus destinos y que dejaron pudriendo sus huesos y pieles al
sol sobre soleadas praderas verdes, o colgados de abruptas paredes: en
escarpados acantilados o en el fondo oscuro del mar. Sin embargo, y como cabría
esperar, existen otras versiones —menos comentadas— que circulan entre algunos
hombres: hombres de la mar y la montaña. Se trata de antiguos y curiosos
relatos que, con el tiempo han formado parte de la leyenda y, de los que es muy
complicado afirmar su veracidad. En todo caso, es algo que tan solo conocen
unos pocos, los más viejos y que guardan celosamente de desvelar a extraños.
Solo la ingenuidad de quien pregunta puede abrir los labios sellados de quien
protege su secreto. Entonces —abordo de un pesquero en alta mar o en el
interior de inalcanzables refugios en las montañas, sobre heladas cumbres
nevadas, cuando la nieve cubre los pasos y los hombres se reúnen arropados por
el fuego— es, cuando se relata, no sin miedo, que sí: hay quienes un día
partiendo con el grupo luego se perdieron, no sabiendo nadie de ellos durante
semanas, meses o incluso años, llegando a dárseles por muertos: ahogados o
perdidos en la tormenta. Sin embargo, un día volvieron, regresados quizá por la
misma tempestad, portando aquellas mismas ropas que cuando se fueron; ropas
raídas por el tiempo pero que, además, evidenciaban sufrimiento, miserias y
penalidades si bien, quienes dicen que los vieron luego afirmaban, que al
hablar con ellos, les parecían otros: personas muy distintas ya las que un día
partieron y, que al ser preguntados sobre donde estuvieron jamás, lograron
sonsacarles o que hablaran de ello. Como si un fiel juramento sellara sus
labios para la eternidad y la vida, les fuese en ello. Tan solo se podía
observar una delicada sonrisa y un brillo radiante de paz en su mirada que les
delataba los rostros, magullados por el frio o la sal. Aquel brillo, decían los
viejos, era el reflejo de quienes alcanzan un destino utópico a la razón,
inimaginable al simple mortal, donde se encuentran todos los matices de la
tierra. Un lugar, en el que la naturaleza (que gusta de ocultarse) se muestra
al hombre y le hace partícipe de su grandeza, velada hasta entonces a sus
sentidos. Ese lugar donde el hombre, solo después de mucho batallar, desafiando
a la muerte y la propia vida puede alcanzar, la verdadera felicidad y paz: para
con sus semejantes y consigo mismo.
Sin embargo, esa terrible ausencia de
hechos confirmados y contrastados de noticias, acerca de aquellos valientes o
locos desvariados, que arriesgando su vida, hubiesen partido hacia las verdes
praderas; agudiza el talante mítico de tan asombroso lugar, pues, nos sugiere
dos posibles opciones. Una, la mítica: «aquel que imprudente se acerca al lugar
ya no vuelve a su hogar, sino que le hechizan las sirenas con el sonoro canto
sentadas en una pradera y tiñendo a su alrededor enorme montón de huesos de
hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo». La Otra, escéptica: «se trata
de seres y lugares imaginarios: inventados por la mente humana y no habitan
otro lugar que esta». Cabría entonces preguntarse: ¿Qué puede haber de cierto
en todo ello? Evidentemente, recurriendo a la lógica y a la razón, una
respuesta nos parece demoledora. Pero no seré yo, quien la manifieste o
argumente. Bien saben las divinas Carites que de ello me guardare, como me he
guardado del hambre o de la peste. Y al punto, viene observar esta otra
advertencia, pues aquellos que ligeros emiten juicios de confianza se
sienten colmados por las Sirenas y advirtiendo, al lector, de tomar a la ligera
juicios, pues — desconoce de que poderosos motivos pueden llevar a uno a
manifestar tal advertencia. Y, llegados a este punto, quizá, se deba de cada
uno que intente atisbar: si encerrado entre el mito y la leyenda existe algo
más, algo que podamos extrapolar a la realidad. Entiendo, por supuesto, que
puede parecer una tarea complicada y reservada para quienes tras muchos años de
estudios y formación ( no tienen ninguna clase de experiencia de aquello
de lo que hablan tantas veces ) poseyendo el método, si, por nunca estando en
el medio para ( del met6odo) bucear en la compleja dimensión en la que se
muestran ( de las palabras) tan singulares textos cuando de estos uno se remite
(pudiendo hacerlo desde estos hacia luego y de la propia experiencia
después entender aquello (lo mismo algo de el)
Pero razonemos por un momento y,
situémonos en la piel del poeta; comprendamos su modo de ver el mundo, las
personas, los sentimientos. O mejor aún, reflexionemos, acerca del modo de
expresarse de estos. Me viene a la memoria una vieja lectura; un ensayo de
Borges “la poesía” en ella alude al Panteísta Irlandés Escoto Erígena quien,
parece ser dijo, que “La sagrada escritura encerraba un infinito número de
sentidos" comparándola con el plumaje tornasolado de la cola de un pavo
real. Luego, de todos es conocido que los poetas, proceden por hipérbolas; pues
bien, al leer poesía caminamos, a veces sin saberlo, sobre una calculada y
trabajada configuración metafórica, con la que ha entretejido el autor su
poema. Lentamente, al profundizar en este, del tumulto de sus palabras se
comienzan a advertir diversos significados; interpretaciones, todas posibles,
pero de las que tan solo una permanecía latente en la mente del autor: “Su
mensaje” o, en este caso “advertencia”. Así pues, la pregunta correcta, no
sería ¿Qué son? sino, ¿Qué es aquello que representan? ¿A qué, se está
refiriendo realmente el poeta, cuando nos advierte de las sirenas? Pero no
esperen que yo les de la respuesta. Desembarazarse del oscuro y abultado velo
que cubre nuestras consciencias y ver más allá, es una tarea que incumbe
individualmente a cada uno de nosotros: un ejercicio que deberemos realizar de
modo intimista y personal. Ya resulta bastante embarazoso para mí, que tener
que hablar de aquellas emociones que más profundamente me embargan: voces, que
en ocasiones resuenan con fuerza en nuestro interior, provocando, que alcemos
la vista hacia lugares insólitos y lejanos de nuestras tierras. Lugares donde
habita la fascinación y el encanto y, desde donde se escucha el sutil y
melódico canto de vírgenes aladas que con pujanza, tiran de nuestras almas.
Cuánto más complicado, todavía, sería tener que razonar, describir esas
pasiones, que nos llevan voluntariamente a partir en una azarosa búsqueda y,
más, hacerlo a aquellos que las ignoran. Que ignoran el sonido oculto,
camuflado tras el fuerte viento, en la tormenta; sobre las altas cumbres o tras
el rugido de olas que se estrellan furiosas contra las rocas, en solitarios
acantilados; en el lamento, que exhala la nieve al crujir bajo las botas,
cuando es pisoteada; en el monótono rumor del agua, que se advierte risueño, en
primavera bajo los vapores de un diminuto arrollo escarchado. Cómo explicar esa
necesidad de ir más allá, de seguir navegando caminando entre la tempestad de
la inexperiencia cuando aparentemente delante no hay más que soledad y un
intenso frío sin saber qué Parca en silencio aguarda .
© Copyright 2022 / Jorge Maqueda Merchán/ Jordi
Maqueda- All Rights Reserved. Este obra está bajo una licencia de
Creative Commons Reconocimiento - NoComercial - SinObraDerivada 3.0 España
1 (4)
Unas palabras antes de comenzar (a quien esto le pueda interesar) Tengo un limonero en casa,
que además de limones da buena sombra: de hecho, esto se dio a partir de una
necesidad. Se me había roto el toldo del patio y decidí extender las ramas del
limonero, como en un bonsái (a la vez que le libraba de unos alambres en las
ramas que las estrangulaban) dirigiéndolas aquellas luego horizontalmente al
suelo, para que proyectasen una sombra más extendida. En un año ya no necesite
toldo. El limonero daba sus limones y también sombra, protegiendo además a
otras plantas del sol. Supongo que de algún modo le di las gracias (por los
limones y la sombra) y él me las dio a mí, por fijarme y reconocerlo, como algo
más que un tendedero de ropa: un proveedor de medicinas naturales, y aliado
contra la fuerza del sol, pues poco después advertí algo: un brote bajo del
tronco; de aquellos que siempre cortaba, tan bajo como donde empieza el tronco
pero, que por alguna razón no corte. Creció y este año 2023 se dividió, en
forma de (Y) mostrando aquella forma que pudiese entender y reconocer: del
limonero hacia mí, cuando precisamente empiezo yo a ver todo (la vida incluso
los colores reflejados del sol en las cosas) de forma distinta. A la vez, yo ya
no podía dejar de observar ese brote (que es una forma) de la que reconozco una
voluntad que asoma (tímidamente) y se desarrolla a partir de la misma corteza
del limonero mostrándose (a mi) para ser reconocida, como del limonero no lo
obvio: otra más que dará limones, sino más, cuando del mismo brote al reconocer
de este: algo más que un limonero / yo me reconozco algo más: que el que recoge
solo limones.
Luego pienso en aquel
ciervo (enorme) que me encontré en una curva del camino en el pirineo (Fontalva
1993) a la vez que escuchaba el gruñido tremendo como de un oso lejano,
advirtiéndome, quizá ya entonces de lo que llegaría años después: al hundirme
hacia otra forma de vida y de mi mismo ser), más difícil, y en ocasiones de
casi de exclusión y adicciones, a la vez que con el tiempo (esa misma oscuridad
empezó a tomar forma propiciando una luz, reconstruyéndome dentro de ella:
habitándola y donde se hizo más presente aquel otro Jordi, que (de joven) coge
la escopeta apunta y dispara sin pestañear y luego se va otro lugar (luego de
Barcelona a Extremadura) siguiendo un camino, que transitado, reconozco hoy mi
camino. Llena de callada fuerza, la gran naturaleza abraza al que vive
presagiando; para que invoque a su espíritu, lleva en el pecho pena y esperanza
el hombre; de su más honda entraña asciende el poderoso anhelo. Y es capaz de
muchas cosas y espléndido es su decir, transforma el mundo (Holderlin -
Empédocles). Cuando el verdadero sabio rememora lo que vino a su visión, o
pensamiento buscando el deleite que produce el volverlo a contar, entonces se
lo proporciona a otro para que lo saboree como una experiencia… únicamente el
miserable lo desdeña, (Ibn Arabí)
Hablan unos hombres de juzgar y
clasificar la naturaleza ¡Dejémosles que hablen y digan… si al menos fueran
humildes y sinceros: pues yo también clasifico: entre flores hermosas y otras
bonitas. Pero acaso esos mismos hombres ¿no hicieron ellos antes una ley que
ahora no respetan?, ¿acaso no son insolentes con todo lo natural, la verdad y
lo divino? Acaso, ¿No es mágico eso que llaman Noche y eterno aquello que tiene
alma?, ¿no es mejor Algo que esa Nada de la que dicen y murmuran? Por qué
entonces tanta soberbia e insolencia. Unos se enorgullecen por todo lo que no
son, y otros por lo que no saben ni conocen: que los rayos del Sol y los
manantiales de la tierra son más nobles y divinos en los frondosos bosques, y
que el rocío, el alma al amanecer refresca. ¿Pueden hacer ellos algo que se le
parezca? Pueden matar, pero no pueden dar vida. Se preocupan, traman y
maquinan, pero ni con todas sus artes pueden entender, lo que no quiere ni
puede ser resuelto de aquello que de cerca los mira, mientras las estrellas
observan siempre por encima. Paciente, es la naturaleza con ellos, que los
sufre y tolera todos los dias; pero ninguno de ellos podrá interrumpir el
verano y tras el llegue el otoño, y menos aún al fin del invierno, que nos
abrace después, por fin: la suave primavera. Pues, y pese a ellos, y pese a
todo, y pese a todos nosotros ¡la Nada sigue siendo Nada, la belleza más bella
y la luz… la luz si cabe, es luz aún más poderosa y divina. / Jorge Maqueda Merchán - Jordi Maqueda
Acerca de un modo particular de pensar Sería una pérdida de tiempo pretender justificar mi modo de pensar o
explicarlo a quienes, por ejemplo, vengan de instituciones de educación y
embadurnados de un materialismo que solo se mira el ombligo y chascarrea
siempre sobre lo mismo, aunque, ciertamente, sea ese el tipo de pensamiento
"o corriente actual” (y de chascarrear siempre sobre lo mismo y mirarse el
ombligo) aquel que curiosamente interese, pues no da problemas, e igualmente
interesa a quienes promueven el actual sistema de competencia desde las propias
instituciones y los medios, retroalimentando así al sistema de individuos
(egoístas) adecuados a éste; individuos, con los que es inútil, por cierto,
debatir: una pérdida de tiempo hablar con estas personas, nulos en experiencia
propia, que aluden a la experiencia de los otros para justificarse ante los
demás. Pero que luego te abruman, como buenos letrados en un debate igualmente
absurdo, justificando cualquier razonamiento posible, en tanto le son ellos
conocidas las cosas . Como si del "saber" de algo o alguien fuesen
los únicos y legítimos propietarios: “absurdos propietarios” si, absurdos (si
por un momento se piensa olvidando lo que te dijeron) observamos que no es
“saber” lo que saben, sino un pretender justificar a los otros "lo que se
creé que sabe”, y que es bien poco por cierto, dado el horizonte de complejidad
que implica "saber" o "saber de las cosas y personas" de su
último fundamento (cuando se desconoce el principio) pues, es de este saber
“conocimiento cierto de las cosas” que abruma al asomarse a él, y del que con
estas palabras se refirió Freeman Dyson —profesor de física en el Institute for
Advanced Study de Princeton, USA— quien en una de sus conferencias refirió del
conocimiento "del saber", de nuestros esfuerzos por entender la
naturaleza, la vida y de “su” lugar (de él / y de nosotros mismos ) en el
universo, diciendo: “lo encuentro como el universo, inmenso, cuando allá donde
miro veo infinito en todas sus direcciones”. (La cita no es suya por cierto,
aunque se la atribuyen), lo que sí es suyo es el libro: "El Infinito en
Todas Direcciones" 1988.
Sólo del desconocimiento surge la verdadera angustia de vivir, Se mire como se mire, la vida (la sociedad) parece un cúmulo de
desengaños, falacias y mentiras; esto es obvio, al igual que es obvio que son
muy pocas: una minoría las personas que alcanzan de pleno alguna de sus metas y
propósitos en esta vida. De otro lado luego está la inmensa mayoría: aquellos
que deberán conformarse con lo que las circunstancias, el entorno y los
acontecimientos o accidentes propios de la existencia, les permitan ser, a
saber: serán lo que puedan (u otros les dejen ser) más allá de lo que un día se
propusieron ellos ser. “Pues un hombre hace lo que puede, con lo que otros van
dejando de él”—vino a decir no precisamente un ingenuo. Y, sin embargo, lo peor
no es la capitulación de uno mismo, de las propias aspiraciones: hincando la
rodilla y viéndose agonizar (envejecer) lentamente. No. Lo peor es angustia que
envuelve la imprecisa perspectiva del futuro que aguarda… esa mirada al fondo
del abismo sabiendo, que el siguiente paso conlleva hundirse de pleno en él. Y
todo, porque un día, el peor día de sus vidas, sin duda, eligieron morir,
“algunos lentamente”, dejando que se derrumbaran, desvaneciéndose
paulatinamente todos sus sueños y expectativas: se dejaron de mover, o se
movían tras de otros. Llegados a este punto y luego el momento, la angustia
castiga con toda su furia el alma: al saber y reconocernos, los únicos
responsables de nuestros actos y consecuencias de aquellos (de todo lo que no
hicimos, y de lo que ya no podremos ya hacer). Por tanto, quien tenga valor y
aún este a tiempo, que elija: siempre ha sido solo cuestión de elegir.
Vivir es elegir― esta apreciación, seguro que no se le escapa a nadie―. Vivir es tener
que tomar decisiones y tomarlas a diario. Luego en cada elección, en cada acto,
nos vamos haciendo y definiendo a nosotros mismos, transformándonos y siendo
hacia aquello a donde nos dirigimos, a la vez que nos comprometemos con un
destino todavía incierto. Solo al elegir a lo largo de nuestro camino, vivimos
"genuinamente" nuestras nuestras vidas. Pero vivir, también es
renunciar y arriesgarse. Cuando elegimos y tomamos una decisión emprendemos un
camino nuevo, pero igualmente estamos renunciando a algo. Es por ello, que al
elegir esto o aquello (al movernos) afirmamos, al mismo tiempo el valor del
camino. Todo así, la cuestión parece sencilla ("moverse") y quien no
lo entienda, sencillamente es que no aprendió nada todavía (la vida proveerá).
Por tanto pensemos antes de detenernos por demasiado tiempo en este o aquel
lugar, no vayamos a perdernos algo más adelante, o lo que es peor, y muy pocos
piensan: no vayamos a perderlo todo, por ir más allá de donde mi condición de
mortal y mis fuerzas, me puedan llevar.
Y Del Instante i Uno después —. De antes i-de la guerra / después→ lo que te puedo
decir es que hay una tormenta en los cielos (Q) debajo de la ciudad no duerme y
que de antes soy Lo después de ella→ el hijo de unos padres que desconozco
/en favor de unos padrinos y otros (padres y familia) que me criaron y unos
abuelos que vivieron y sufrieron no solo la guerra sino el hambre debido al
bloqueo en España (y de aquello son después todas sus consecuencias) / Luego
allí donde he viajado Asia , América o África― y lo mismo aquí en españa i los
mismo de Europa donde he estado― miro ϔ veo sino de ella sus
secuelas y efectos→ i como el pulso e integridad de muchos se debilita derivando en tierra
seca i propensa / que fácilmente prende del
combustible de las pasiones humanas donde los fuegos i lo mismo la codicia se
expanden i-de la penuria (i la escasez o necesidades i de antes la envidia)
luego el predominio de la corrupción o lo que-es igual que antes / después i-de
otra manera el egoísmo i bribones / como de otro lado surge la disposición al fanatismo
de algunos que amplifican después aquellas mismas llamas Y de ellas→ el Hombre (siempre deseando y en general hablando (en opiniones de todo y
de la nada (lo que después genera conflictos que (aunque
realidad sean i-de tener que ocuparse) estos le den (i- solo molestias por el
culo) / pero de la palabra i lo que dice ni Pan para su casa ni de la de nadie
/ una casa la suya i lo mismo la de todos donde cuando se entra / entramos
todos igual luego en la nuestra de la voz de otro (dentro la que suena) que
siempre esta sino de una guerra en otras desdichas (que son las máscaras de lo
verdaderamente trágico) i que luego es de la opinión propia uno en ellas / de
lo que solo es competencia por las audiencias y que hacen todos los días
tengamos que tragarnos la misma mierda dirigida hacia todos nosotros / que son
los conflictos del mundo intencionalmente proyectados hacia→ todos nosotros y después nuestros esos conflictos→ esas guerras y devastación que
interesadamente nos muestran (por televisión / y de la que tenemos luego
nuestra propia opinión sin tener ni p idea de lo que pasa).
Libres en el instante— que es- de uno abierto al
Ser que es Lo después y (del instante reconocerse) sufrir una revelación de Él
en el instante al atardecer de un nuevo amanecer que jamás ha sido cuestionado
/ pues "se vive en el instante que respiramos donde somos hijos de cada
respiración y quién desconoce esta realidad está perdido o mejor será decir→ condenado Y Tanto es así que sólo desde
ese preciso instante podemos observar i-del horizonte atrás el pasado un futuro
delante de lo mismo i horizonte sintiéndonos en él i moviéndonos consecuencia y
origen a la vez del devenir Y precisamente es-ahí el privilegio (la cualidad
del momento – del instante que reconocemos) que otorga en tanto a-ser de la
prerrogativa luego del proceder en el ahora→ en el medio
común sobre el que se organiza como resulta de todo movimiento i corriente de1
pensamiento de uno igual no de otro i-o en ese
“instante” no siempre bien atendido luego (debido a distracciones) pudiendo
caer después prisioneros del siempre i-o→ de lo mismo y un
presente eterno de los otros – que nos quieren-ahí (por todo el tiempo)
acechando de prestaciones y prestos ellos igual a
prestarte desde cualquier lugar a la posibilidad de no-ser de nosotros (uno)
del impulso e ir moviéndonos luego de ahí, a cualquier otro lugar i lo mismo
después-ahí→ de ser a otra vez i volver ser del instante i- Lo que
se mueve antes i después en cualquiera otro o
mismo i no el mismo lugar (atendiendo al tiempo)
Pero ¿Qué es
el instante?—.Bien: “nada es sin el devenir (antes de
un lugar concreto i después fuera de él i del lugar en otro estar-ahí donde i
de uno mismo antes se asignó lugar de un itinerario concreto / más i cuando
ningún proceder o pensamiento después ya resulta útil lejos de aquel acto
primero i requerido (entonces a su tiempo del instante luego) a ser I-de uno
del instante ‘aquello’ de un pensamiento después i moviendo-seR→Lo de aquello
i lo mismo de antes (del instinto adelante i-del sol al amanecer) Luego nos
preguntamos por el instante y lo hacemos (como de lo ajeno) y por una razón (a
razón de no-ser de él) y quizá antes debamos concebirlo no como lo que parece que-es,
sino como lo que-es i-lo (después) de aquello que supone tomarlo antes en
consideración en tanto a categórico-I Pues no precisamente parecer fácil
agarrar de la idea que pretendo de este escrito i quizá más obvio i descrito a
través del prisma de la poesía o la mística ( pues en occidente, instante,
refiere lo fugaz inasible) pero igualmente i- de manera fugaz ha sido tratado
i-de lo poco referido menos entendido aún en carácter (o condición→ Lo después i
determinante-de este) si bien es Borges quien nos lo dibuja mejor en
un poema, mejor lo definido se entiende en lo de él i al final de su vida (en
ese lenguaje tornasolado que desvela lo sereno, y a la vez lo terrible i no
dicho) de cuanto supone cada instante de lo dicho lo no hecho/o de otra manera
i sin sol→ “El presente está solo. La memoria erige el tiempo. Sucesión y engaño es
la rutina del reloj. El año no es menos vano que la vana historia. Entre el
alba y la noche hay un abismo de agonías, de luces, de cuidados; el rostro que
se mira en los gastados espejos de la noche no es el
mismo. El hoy fugaz es tenue y es eterno; otro Cielo no esperes, ni otro
Infierno”. (Borges - el instante (Buenos Aires, 1977). Mejor Borges que
cualquier explicación ¿cierto? Si bien, nos refiere Borges la vida colmada de
esos pequeños instantes, igualmente nos advierte: hemos de tener cuidado, pues
son determinantes estos: “los debemos atender con atención y premura”, El hoy
fugaz tenue y a la vez -ahí eterno donde otro Cielo no esperes, ni otro
Infierno” Y sobre todo aprovechar, para luego no lamentarnos “Al atardecer,
cuando las cosas más cercanas ya se alejan de nuestros ojos, así como el mundo
visible se ha alejado de mis ojos, quizá definitivamente (Borges- la ceguera
1995 / i después a posteriori)
Aunque, quizá es en la espiritualidad es
donde encontraremos más aspectos y definición más detallada a nuestros
intereses i- de lo que representa o supone el instante→ como
determinante. [La filosofía oriental, mal entendida o desatendida por largo
tiempo, desde hace poco más de un siglo ayuda al pensamiento de
occidente a platearse situaciones —preguntas y respuestas— de otro modo i desde
otro lugar, desde donde quizá poder discernir y mejor entender aquello que
pretendemos tanto entender cómo explicar].
De una
doctrina de los «tres mil aspectos contenidos en cada instante vital»: un
principio postulado por el maestro T’ien-t’ai (Chih-i) El término «cada
instante vital» denota la vida de uno, tal y como existe instante a instante
I-El principio enseña que un momento determinado de la vida incluye tres mil
estados posibles, por tanto, la vida a cada instante, contiene posibilidades
para ser ( lo después i-de la experiencia o contacto de otros estado de materia
i ser(es del entorno más eficiente (de cada acto i relación un punto de
contacto i en concreto ser (de la misma forma de otra manera ser ( i eso en
ella de la relación) luego más eficiente en i con el medio ahí lo mismo ( i de
unos seres antes hacia otros) i lo después i-que de la experiencia i de la idea
que la inspira o moverse de ella ( el árbol i de la vida de todos en relación
con el) que para bien o para mal adquirieren igual mayor potencial de las
relacionas de el con el medio de horizonte más amplio hacía al supervivencia i
potencial del individuo / luego la especie la vez i de las personas lo mismo no
igual / i me explico→ de una planta las raíces / no una raíz /
abarca i se relaciona (de muchos puntos que son experiencias del entorno abajo
luego arriba proyectada en una dirección la forma del árbol de un tronco
hacia muchos puntos todos en relación (las hojas i ramas) a arriba que igual
abajo del entorno es (de 2 medios medio distintos 4 elementos del mismo
horizonte (tierra agua luz (fuego) i aire)
Del instante
en la mística sufí, sea
quizá donde encontramos otra explicación: al significado, y respuesta a nuestra
pregunta. Donde existe una palabra árabe que significa igualmente tiempo,
momento, o instante. Esta palabra es (Waqt). Y es en el sufismo donde el
término ha sido considerado (adquiriendo su carácter más preciso) utilizado, no
para designar una cantidad o medida de tiempo, sino más bien para referirse a
“la cualidad del momento” o instante. En ese sentido, al sufí se le conoce como
hijo del instante: "El presente es un océano de maravillas extraordinarias
cuyas olas son instantes que se suceden. ¡Tú que conoces a Dios!, no dejes
escapar sus maravillas al ignorar lo que hay en él. Si se te escapa, no
cumplirás como debes con Él, ni le darás el valor que se merece" [Abd ar-Rahmân
al-Jâmî, op. cit., p. 64.]. Se entiende perfectamente: de cada
instante la creación es renovada, pero observemos lo más importante: ésta jamás
se repite (los instantes sucesivos son únicos y representativos de cada
momento, nuestros momentos (al observarlos), aislados en el tiempo como
"una concreción fugaz de la eternidad" (Abd ar-Rahmân al-Jâmî, Los
hálitos de la intimidad). De manera que a cada momento-instante se manifiesta
un aspecto diferente de la divinidad (al sufí): "Cada día, Él está en
algún asunto" (55, 29) – dice el Corán; y por ello hay que atender presto
al instante. El derviche es pues y en palabras de al-Qushayrî, aquel que
"está ocupado en lo que más conviene a su estado (místico) y está presente
(presto a reaccionar) a lo que se exige de él ahora" [Abd ar-Rahmân
al-Jâmî]. Pero este no es un estado exclusivo del derviche —si
bien él lo entiende mejor— nosotros igualmente, debemos entender y podemos aprender
de esta actitud frente a la realidad del instante: que Dios puede ser i estar
en todas partes; o bien, extrapolar si se quiere, esta forma de ver y mirar y
reaccionar al mundo, al modo occidental: prestar atención a la realidad, al
instante y no distraerse de inmediato hacia otro lado ni demorarse (de la
mariposa): centrándonos en aquello que nos insta, en el mundo y frente a
nosotros a actuar.
Espero con esto haber dejado sino
despejado del todo, sí más claro lo que quiero decir con el instante: el privilegio
de ser→ del instante hacia entendernos únicos espectadores de la
maravilla de observar. Pues de lo que se trata ahora es de centrarse en aquello
que nos distrae con sus destellos de luz y amenaza con hacernos prisioneros
para siempre del eterno presente no cambiante e inmóviles presos de él.
Privándonos de la experiencia pura: nuestra experiencia y crecimiento en el
mundo de recorrerlo Y Prisioneros
para siempre del eterno presente —. Cuando se sufre pérdida de
memoria a causa de demencia senil, o enfermedad de Alzhéimer uno queda, para
siempre, prisionero de un eterno presente. Paulatinamente se van borrando
la memoria y las ideas hasta desaparecer uno mismo: sin pasado o futuro que nos
determine de manera reflexiva, se permanece en un cuerpo latente expuesto y
determinado por el presente, siempre en la alteración que nos determina y por
lo tanto determina nuestra existencia, condicionada por el resplandor de un
presente que nos reclama —como la luz ultravioleta reclama del insecto su
atención, distrayéndolo hacia ella—. Esa es la enfermedad y el problema del
presente perpetuo que impide vivir como una persona autentica y termina
extinguiendo la vida, pues de igual forma que la deslumbrante luz ultravioleta
extingue al insecto, en ese presente perpetuo, el yo pronto habrá desaparecido
siendo la voluntad de los estímulos y aquello que los producen hacia nosotros
luego de ellos
Pero
¿Progresamos? No lo sé→ ’la guerra es padre de
todas las cosas’― o eso decía Heráclito / que dicho de otra manera i del padre
o de la guerra es “el fuego" / en efecto→ el elemento primero (o principio
i-que no lo mismo "la catástrofe o devastación" relativa de un fin o
final de un tema / que luego es otro comienzo i otro tema (y por lo tanto no el
principio igual i de la misma manera como al principio i-de todo
antes lo conocido ahora) de todas las demás cosas i formas luego de la misma
sustancia antes i que son de aquel origen→ o principio primero de todas formas
después y heterogéneas de muchas i maneras las cosas del mismo fuego y la llama en
cada una luego (como posibilidad→ ‘del cambio posible’) permanente en el
devenir de un mundo regido de acuerdo con lo que Heráclito denominó el Logos (o
verdad pero que no-es ciertamente Verdad (es decir→ hoy no-es lo
mismo i de la misma forma después de las maneras de la razón → que de la
palabra antes i verdad de una forma / luego es después-hoy de cualquier forma
"en el discurso interesado" que lleva a expolición (i-de la retórica→ Repetición
de un mismo pensamiento interesado a difundir a través de distintas
formas, o lo que es lo mismo acumulación de varios que, sin ser enteramente
iguales, vienen a decir lo mismo solo con la intención de reforzar o adornar
con la expresión de aquello que se quiere dar a entender (i que otros entiendan
/ convenciéndolos) de manera interesada i mintiendo en ocasiones (pero que el
otro no entiende ni sabe de lo que se le habla cuando incluso no advierte que
detrás de las palabras o del texto está el propio interés del hombre i nombre
que habla de una manera concreta a otro de lo no concreto ahí) haciendo del
método de convencer i entiéndase del que habla i de la explicación→ de como de
una profunda depresión i miseria en la que algunos viven pueden salir y aquel
hablándoles de aquello mismo y tema que no ilumina o dice nada
(más) el que explica pues no-es-ahí de la fuente→ la depresión y antes él bebiendo
(y lo mismo del complemento ausente del nombre lo encontramos aquí ausente del
hombre i de lo que habla ausente de su experiencia de antes→ él haber salido
de la miseria que habita. (cuando i por desgracia para un
miserable ni con dinero puede escapar de su condición / entendamos en el caso
del miserable (Del latín miserabĭlis' o digno de compasión', un ser
‘lamentable). Σs decir que mejor es callar de Aquel-lo que (no se conoce por
uno mismo de la experiencia i de antes abajo uno ir) de vn→ nombre antes
y luego de un texto después prender negro sobre blanco la llama que dicho de
otra manera ‘no podemos’ parar ni apagar igual Del sol / en ese instante antes
del amanecer detrás I-del horizonte luego→ una sombra i
del horizonte lo mismo a la puesta i del sol igual→ revelando de
algunos esa sombra alargada que otros que no madrugan o a la puesta y más
alargada todavía no pueden ver... y valga este ejemplo de alguien miserable a
quien todos conocemos y hemos visto por televisión. / a quien le dedicó estas
amables palabras... pues ‘y se le ha
dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje, para que con él
cree y destruya’ (IV, 2.4.6) Hölderlin, Friedrich. /
Por la palabra: el mas peligroso de los bienes― Desde pequeños estamos sometidos a la palabra, en las
escuelas en un principio, que nos adoctrinan en un pensar, sentir y unas
necesidades para que posteriormente las hagamos propias, por medio de unas
ideas y creencias necesarias y defendidas por el colectivo social, representado
por el estado. Para ello utiliza sus métodos propios, incidiendo en valores o
creencias como la religión, la lengua, la política o el sexo.
Independientemente, luego de los estudios
que tomemos cada uno, es fácil a lo largo de nuestro camino como estudiantes
que nos encontremos con aquella sentencia, apoyada por pensadores y
científicos, que nos dice que lo que no consigamos entre los veinte y los
veinticinco años ya no lo conseguiremos jamás, referido, a una idea bien asentada
y extendida, de que la mente humana explota a esas edades para luego
sencillamente decaer. Esto lo oirás más a profesores y científicos sobre todo.
Sin embargo, es poco menos que decir que un hombre se desarrolla y explota
intelectualmente a esa edad, y que allá donde se encuentre en cualquier ámbito
de la vida, antes de los veintiocho años, es donde va a permanecer por siempre;
y así encontramos a esa edad médicos, científicos y filósofos titulados en las
universidades pero, también a carpinteros, albañiles y amas de casa, que como
los primeros, no serán más que eso según el aserto: carpinteros, albañiles y
amas de casa, según sentencia el mismo y, por lo tanto: no aspires a más, pues
aunque lo hagas tu mente no te va a ayudar, confórmate con lo que eres, lo que
tienes y lo que haces; pero, sobre todo, Trabaja: y trabaja todos los días. Y
todos lo creen así: desde el Médico, al ama de casa, y así conviene al estado
que lo crean. Sin embargo, es curioso que antaño fuesen los mayores, esos
mismos a los que ahora no hacemos caso y metemos en residencias, los encargados
de administrar las sociedades antiguas, debido a su experiencia y sabiduría
derivada de esta misma experiencia alcanzada a lo largo de los años (Algo ya a
mi ya no me encaja) Y os diré que, en mi experiencia, es cierto que a los 25,
por poner un ejemplo, uno ya toma decisiones, pero ahora que tengo 55 puedo
afirmar que aquellas decisiones tomadas no eran las más acertadas, no eran las
mejor pensadas, las más estudiadas, y ni siquiera las que más necesitaba,
quería o deseaba. Eran las que debía tomar, no las que quería tomar. Y tomé las
que debía porque a esa edad, tras estudiar y tener una “vaga” idea de lo que
podía ser o hacer, lo que quería era también encajar en el mundo al que pertenecía,
influenciado, y de algún modo condicionado por éste y la sociedad. De tener que
tomarlas hoy, con mi experiencia, mandaría al mundo a tomar viento, de hecho lo
hago y hago lo que quiero hacer, y aunque la sociedad espere otra cosa de mí,
es su problema y no el mío. Pero, cuando con veinticinco años eres albañil y
sabes o crees -porque así te lo hacen creer-, que eso es lo que serás toda la
vida, dejas pasar el tiempo y cuando te das cuenta con cincuenta años has
formado una familia, tienes hijos, responsabilidades, deudas y compromisos y,
en resumen, una vida social sea la que sea; entonces, ya no mandaras al mundo a
la mierda, aunque así lo pienses. De ahí, que si te convencen de que con
veinticinco años ya con lo que tienes te basta y sobra, y si además te embaucan
y facilitan piso, coche y negocio, con ello esperarán que, si alguna vez
despiertas a la realidad, sea ya demasiado tarde y tus compromisos y amor para
con los tuyos y tu miserable y rutinaria “vida cómoda” te inmovilicen y
obliguen tanto o más de lo que te somete el propio estado; y, entonces, habrán
conseguido su propósito: No sólo que tú les sirvas, sino que tengas hijos para
que le sirvan también.
Pero la
palabra tiene además otros peligros, de los que muchos, digamos pretendidos
productores intelectuales son dramáticamente inconscientes; y así Heidegger lo
afirma, basado en la consideración de que a través de ella, de la palabra, es
fácil caer en el error y la desilusión, pues el producto de su poder creador,
al verse probado con la realidad, puede, muchas veces, no encontrar
correspondencia y, así, el hombre queda sumido en una irrealidad como sucede
tan a menudo a muchos autores: poetas de lo banal o novelistas de lo absurdo,
que confunden lo esencial con lo no esencial, difuminando así el genuino decir
(a lo que la palabra debería servir), poniendo en peligro su función esencial.
Un peligro además, que va más allá, pues afecta no solo a los que escriben y
difunden esa palabra o pensamiento inútil, sino sus interlocutores o lectores.
Pues la calidad, o línea de pensamiento de una persona, lo es precedido,
instruido e influenciado en buena parte por las lecturas realizadas a lo largo
de su vida, así como por las experiencias propias y adquiridas de ésta. Sin
embargo, encontramos hoy las estanterías repletas y rebosantes de lecturas
inútiles cuando no absurdas, que no aportan nada más que distracción con poco o
nada nuevo o relevante que decir al ser que lee. Coincidirán conmigo que
"Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y
todo el mundo escribe libros" — Marco Tulio Cicerón. Nada pues, que ver
con la literatura clásica, no es lo mismo leer Orlando Furioso que un manga
japonés, o Hölderlin y a su joven Hyperion que crece y vive según los ideales
de la Paidea griega: por el que el individuo se considera parte de la totalidad
y unido a ella en armonía: “Ser uno con el todo es la vida de la divinidad, es
el cielo del ser humano” ¿Dónde está hoy Hiperión? me pregunto, cuando un poeta
inspiraba a un filósofo, tomándose como referencia para sus escritos. Pero la
gente hoy escribe, no paran de escribir y de lo que escriben luego no paran de
hablar y lo peor.... cualquiera lo puede hacer, mas lo difícil es que de lo
escrito luego lo hablado tenga algún sentido, más allá del que le atribuyen el
significado de las propias palabras (cuando al hacerlo y hablar nos
dirigimos a alguien en particular; es decir: a gente que no conocemos / pero
hablando en general, de lo que son, y de cada persona un problema
particular. pero mejor y para muestra... y directos al grano ( y este en el
culo)
Me pregunto, mi buen amigo Alonso si puedo
frenar tu delirio; ese vértigo (o quizá miedo al dolor) que sientes cuando
desde tu púlpito escribes recetas para la felicidad de todos sobre reinventarse
i trazar un itinerario que nos conduzca a una nueva tierra: la tierra de las
múltiples oportunidades la llamas (tu). Me hablas de explorar nuevas
capacidades y del camino del héroe, de tu "Kun fu" y del destino
(pero no se si solo soy yo, que te veo parado en un estrado (hacia→ hablando)
luego (y tres puntos...) uno se pregunta→ me pregunto ¿De Qué destino me hablas?
Quién está hablándome (ahora) y como si se dirigiese a mí sin conocerme y a
todos a la vez sin conocerlos a ninguno y de
solucionarles los problemas / es decir→ sin dirigirse a nadie en concreto
i hablando de nuevas tierras y un destino inconcreto del nombre ahí (ninguno),
cuando el porvenir y lo mismo destino es hoy (aquí y ahora→ en el presente
que sucede (en el ahora ) necesariamente i por una causa». Donde «lo primero y
más importante no es tanto saber que nada deviene sin una causa, como que todo
deviene en virtud de unas causas anteriores→ (y una causa en concreto, en el
caso de cada persona y estas palabras → en el
ahora». Por lo tanto, amigo mío, sería negligente buscar (cuando no absurdo→ pretender
encontrar de las primeras causas de cada uno a su problemas ya lejanas "de
los demás" e igual uno que nos reconocemos producto→ de las
propias causas; concluyendo que de todo principio (aquel→
"propio" y único accesible a cada uno) es causa de la anterior y
luego (otra vez) de la primera, segunda y continua sucesión de diversos
acontecimientos, que de cada uno en concreto, le conducen (al individuo
a (otro) principio) o determinado origen: catástrofe lo llamaría C. Zeeman) como resultado y causa de
todo lo anterior (hacia lo posterior (en el ahora→ cuando y por
muy insoportable que parezca observo que ese mismo presente te tiene sujeto→ inmovilizado
(representándote y representado de una voluntad (hacia→ los demás
afuera...en redes sociales i otros medios, es decir:. /→ preso los
mismos a los que hablas ( van a tus conferencias y compran tus libros; es
decir: los mismos que en el ahora te dan de
comer) los mismo y que compran tus recetas y te tienen ( aterrorizado) con la
rodilla sobre tu cuello, y de la necesidad propia y deseo de seguir siendo
escuchado por ellos, los que te dan de comer / y no se puede derribar o
menospreciar a quienes te dan de comer y hablar de su problemas / cuando eres
tu quien tiene el verdadero problema, y de dependencia con ellos, al depender
de los mismos ( ellos que te escuchan y compran tus recetas y te tienen
estrangulado de espaldas contra el suelo), desde donde solo se puede, en este
momento→ palmear la lona con el brazo que a uno le queda.
Luego “negar la realidad presente de cada
uno, amigo, es negarse a uno mismo (i negarse a enfrentarla) e igualmente
negársela (la realidad) a los demás de poder enfrentarla... ofreciendo recetas
falsas para un mañana que no llegará (pues mañana "es" hoy el
presente que bifurcas de otros en un camino de perdición). Un crimen este, que
alimenta de la ingenuidad de la muchedumbre desventurada unas falsas
esperanzas, distrayendo (como una luz de neón) la atención de aquellos (de→ aquello y
verdaderamente importante, a saber: que sobrevivir “hoy” es el
asunto más urgente y único relevante...
La falacia no oculta la mentira→ tampoco la
tontería del mundo, solo la enmascara. Pero la realidad se muestra contundente
y más rotunda todavía con aquellos devorados por el
parásito de la ingenuidad, que alimentarán deseos y vanas esperanzas,
imaginando, trasladarlas luego a buen fin. Pues a poco de vagar laberintos les
llega siempre el momento en El que comprueban que deben hacer frente a una
realidad tan inminente como ineludible; que se torna en juego trágico con el
destino. Llegado ese día, amigo mío, para unos maravilloso, para los otros el
más desgraciado de sus vidas y —que siempre extrapolado a nuestro dominio— a
todos nos ha de llegar (si no→ nos ha llegado ya) a saber:
olvidada la promesa del último triunfo y una nueva tierra, e intuyendo el
comienzo de aquello que no podremos soportar: será cuando reconoceremos en la
vida la miseria de algunos en esta, junto a esa inminencia opresiva de la lucha
terrible y final que para ellos se avecina, entre “llegar a ser
definitivamente, o dejar totalmente de ser: «quedar en nada». Es en ese punto
(que somos→ cuando reconocemos a nuestro verdadero enemigo, al más fuerte entre todos
ellos: el miedo i miedo a ser y poder ser→ definitivamente nosotros
mismos)
Sin embargo, y como hemos podido ver, es
cierto que la palabra no sólo puede ser, sino es, la herramienta más peligrosa
dada al hombre; muestra de ello es el mal uso que se hace de ésta por tantos, y
el sometimiento que a través de ella de muchos por medio a esta, el hombre hace
del hombre, mediante la educación y adoctrinamiento privándole de su
individualidad. Pero a pesar de estos peligros, la palabra es para el hombre un
bien, al que no puede ni debe renunciar, no sólo porque a través de ella pueda
comunicar sus pensamientos y vivencias, sino porque gracias a ella el hombre
obtiene y ratifica su lugar en el mundo / y de escribir... “Únicamente donde
haya palabra habrá mundo, esto es: un ámbito, con alcance variable, de
decisiones y realizaciones, de actos y responsabilidades, alborotos, caídas y
extravíos. Pues solamente donde haya mundo habrá historia” entendemos en
Heidegger. Pues el hombre es un ser que ha de dar testimonio de lo que es”, y de
lo que hace es el testimonio de su realidad lo que hace al hombre ser lo que
es, y dicho testimonio sólo podrá hacerse a través de la palabra, sobre la cual
tiene su advenimiento la historia misma, pues es la palabra un bien del hombre
y sólo a través de ella puede realizarse como tal, sino perece frente a ella.
De la curiosidad Superficial, La Distracción: Y La Mente del Mono —. Por naturaleza
—afirma Aristóteles— tienen todos los hombres deseo de saber; saber, por
ejemplo, de una cosa. Y, por naturaleza, igualmente, casi todos necesitan hoy
que alguien esa cosa se la explique, por ejemplo, en YouTube, una conferencia o
un libro (seguimos de alguna manera con lo antes ya dicho y descrito). Y es
precisamente en la explicación, donde perdemos aquello más genuino de todo
conocimiento. Pues saber, en su conjunto, y resumido en una sola palabra es:
entendimiento de uno; o facultad esta que habrá de adquirirse por el examen
propio de las cosas a partir de experiencias sensibles de estas cosas —también
llamadas impresiones— y la información que estas últimas le ofrecen al juicio,
respecto de las primeras— procurando llegar a conocer y, consecuentemente, a su
producto: el conocimiento: y, no hay conocimiento de una cosa en su
explicación; es decir, aquella que, por ejemplo, en una conferencia nos ofrecen
otros de ella, esto es: “una conferencia que pretendiera hacerles creer a Uds.
que entienden algo que realmente no entienden y satisfacer así, por naturaleza,
aquello que Wittgenstein —introducción a su conferencia sobre lógica —
considera, "uno de los más bajos deseos de la gente moderna" es
decir, la curiosidad superficial, acerca de los últimos descubrimientos de la
ciencia" / o de otra manera dicho, si hay alguna forma o alguien que
le explique y solucione sus problemas. La curiosidad procura un saber, pero tan
solo es un saber por saber para haber sabido. Es un saber muchas veces
movido por la vanidad. Se busca conocer para poder participar en (la sociedad)
o para obtener un cierto estatus social. La curiosidad es el estado que
caracteriza al hombre moderno, informal y mediocre, ávido de noticias,
maravillado por la “innovación” –nos
dice Heidegger; quien, además, distingue la curiosidad del asombro
o la “contemplación admirativa” o thaumazein de los griegos, que para
Aristóteles y Platón es origen de la filosofía y que está asociado primero con
un “no-comprender”, y la aceptación antes de un misterio y luego una
apertura al conocimiento y, por lo tanto, al ser-ahí uno de la experiencia para
conocer de algo concreto que necesitamos entender. (Los dos momentos constitutivos de la curiosidad, la incapacidad de quedarse
en el mundo circundante y la distracción hacia nuevas posibilidades, fundan
el tercer carácter esencial de este fenómeno, que nosotros denominamos la
carencia de morada— Heidegger).
El asombro, que se
caracteriza justamente por lo contrario y una intensidad de la atención hacia
algo, por quedarse con un único pensamiento u objeto presente (y sondear este a
profundidad, esperando sin violentar su manifestación) degenera –cuando ese
asombro no es llamado por la necesidad imperante de conocer (de conocimiento)–
en mera curiosidad (un de aquí para allá sin parar) que semeja más a lo que en
la India llaman “la mente de mono”, que constantemente cambia de rama,
persiguiendo cada cosa que se mueve o le inquieta, e incapaz de discernir o
detenerse en lo que merece de veras la atención. Según Heidegger, entiende que
“si busca lo nuevo, es solo para saltar nuevamente desde eso nuevo a otra cosa
nueva". En este ver, mirar no busca una captación [de las cosas], ni
tampoco estar en la verdad mediante el saber de ellas, sino que en él procura
posibilidades de abandonarse al mundo. Por eso, la curiosidad está
caracterizada por una típica incapacidad de quedarse pensando en lo inmediato”
en “el instante presente”.
De este modo llegamos a
un punto en el que la cantidad monstruosa constantemente estímulos e
información –de lo nuevo y excitante–a la que estamos expuestos en la
actualidad, es abrumadora, sobrepasando en órdenes de magnitud cualquier estado
y exposición anterior del ser humano: las noticias, los datos, imágenes y
sonidos y palabras, se suman en una anarquía y competencia total, de tal forma
que cada nueva idea que nos llega expulsa a la anterior, antes siquiera de que
tengamos tiempo de considerarla (apropiada, falsa o verdadera). Los peores
horrores y las más aberrantes pesadillas llegan a nosotros junto a otras ideas
estimulantes (por televisión): las oímos, pero ninguna de ellas sobrevive en la
mente más allá de unos minutos, antes de ser arrastradas por una nueva oleada
de información que olvidaremos igualmente en una hora. Pero lo más alarmante de
esta situación, resulta en que no solo es considerado por la sociedad un bien
general o un derecho: (a “estar conectados o para saber de las desgracias
ajenas”) sino, que más es una necesidad, como atestiguan nuestros jóvenes y no
tan jóvenes. La distracción, viene así a reemplazar a la contemplación (madre
del conocimiento). Las personas no se detienen, ni profundizan del instante
frente aquello luego en nada, sobre todo en nada relevante: explorándolo y
explorando sus posibilidades: conociéndolo; sencillamente pasan el tiempo en
pensamientos apenas concretados o reaccionando continuamente a estímulos que
les llevan de aquí para allá: a nada concreto y a todo a la vez→ nada
constructivo, nada útil al individuo, simplemente se trata de entretenerse:
distraerse, o dicho de otro modo: perder el tiempo, su único tiempo. La
distracción se vuelve entonces premio final e inútil de la historia del
ciudadano medio: mediocre que, además: exige distraerse. No exige libertad,
derechos, cultura, sanidad, mejores condiciones laborales (NO), cuando sale del
trabajo solo exige distraerse y se enfadará si no puede hacerlo (no se enfadará
su precariedad laboral o lo mísero de su salario): luego, distraerse todos
juntos es hoy la cumbre y el fin absurdo de la socialización. De este modo; la
ambigüedad se convierte en el resultado último de la curiosidad superficial que
define la actitud que el ser humano tiene hoy con el saber de las cosas,
adquirido a partir de sus distracciones y no por el conocimiento o estudio
propio e estas (sea cual sea el medio de este estudio) hoy acrecentado por el
acceso indiscriminado a la información que “permite a cualquiera decir
cualquier cosa, cuando se hace imposible discernir entre lo que ha sido y no ha
sido examinado de uno, contrastado a verdad y expuesto tras una comprensión
auténtica”, produciendo una indiferencia generalizada (ya a nadie le importa la
verdad de lo dicho o que se comenta) en tanto a un mundo, en el que “todo
parece auténticamente comprendido, pero en el fondo o no lo está, o bien no lo
parece, y en el fondo lo está” si al menos: comprendemos que no hemos
comprendido nada.
Pero, qué puede hacer
uno, cuando a tantos les importa nada, al ver el punto a que se ha llegado;
sobre todo en algunos aspectos de la sociedad, de la vida, o de esa
cotidianeidad abominable que son las Redes Sociales, cuando ciertamente ya no
interesa a nadie la realidad que acontece fuera, lo que sucede: la verdad, la
realidad en el mundo y de las personas que nos rodean, más allá de cuando a
ellos les afecta; y solo importa la desmaterialización del mundo (hacia el
Metaverso) , para servir más a la distracción, lo conceptual, lo relativo y sin
valor: a la fantasía (que toman por real) y alimenta el tejido de un cosmos
creado para sí mismos; dentro del mundo que otros han creado para ellos;
dentro, de una sociedad que han creado para todos; y ahí, encerrado, la felicidad
(absurda) del ciudadano es absoluta: lejos de la realidad y del mundo;
bombardeado por los medios, recibiendo, cuando no exportando, absurdeces y
tonterías a cada hora, todos los días. Y lo más curioso, es cuando toca salir,
e ir a lo real y concreto de sus vidas, pues la mayoría parecen perder su
entusiasmo; quizá, porque la realidad es demasiado práctica, fría y dura como
para entusiasmar el alma distraída que no puede encender su entusiasmo en
aquello que no sea absurdo y tribal.
Si no levantamos la
cabeza, esta lluvia abrumadora de estímulos perfectamente diseñados y pensados
para mantenernos adheridos a la pantalla y a la información, nos hará
prisioneros de un siempre eterno presente, perteneciente a una realidad
distinta: otra realidad que se pretende i quiere otros que hagamos nuestra (y
de nuestra ausencia y presencia en la vida su riqueza). Esa es la enfermedad
actual y también el problema que en españa igual (como el alzhéimer o la
demencia) aleja de la propia vida, de la verdadera realidad, y que impide
centrarse en el instante cotidiano y fijarnos reconociéndonos unos a otros
vecinos: en el yo del otreo, y poder uno vivir como una persona autentica, en
el mundo. Y de aquella película como diría un argentino te recuerdo→ ‘Te olvidaras de todo, nada dejara huella.
Estarás exiliado de la verdadera realidad, incapaz de actuar, “demasiado
información a la que reaccionar” de todos los problemas del mundo. Serás
enterrado por la información, lejos de todo lo que deberías hacer. Incapaz de
elegir e intercalar la acción con lo real’. Y mientras tanto, el
mundo y planeta sigue rodando y muriendo como ellos: un poco más cada día; la
realidad, el tiempo, la vida y las estrellas pasan, sin ser mínimamente
conscientes de todo ello: y aquello allí, distraídos en su mundo de fantasía.
El peligro de escuchar a todos y no escucharnos a nosotros mismos—. De la realidad nada es
más trágico que vivir en el absurdo de aquel sufrimiento que nacer conlleva de
anhelar antes lo que no-es de sí mismo i propio de otros / luego
consecuentemente no-ser en un mundo “este” donde después las penas prevalecen
‘siempre’ sobre las alegrías Y hablar de aquello igual (no propio i de lo mismo
repetido antes de otros son→ luego de él las palabras / que son lamentos de una
existencia condenada a desaparecer como única certeza.
Nadie dijo que la vida fuese fácil, ni tampoco que
vivir digna y auténticamente fuese en ocasiones tan difícil. Lo que recuerda
aquello de “nada que resulte fácil valdrá la pena”. Y esto me lleva a pensar en
el modo de vida que llevamos, digamos fácil ―no refiero aquí las contingencias
de cada uno, que las habrá― y, si esta “facilidad/comodidad” (todo organizado
para que lo tengamos a mano, como la comida en los supermercados) vale la pena,
en tanto y cuanto luego, esta misma forma de vivir, nos limita y dirige hacia
qué debemos ser o hacer, privándonos, cuando no prohibiéndonos lo que nos gustaría
(en tanto a la libertad individual) poder ser o hacer, llevándonos a este
estado perpetuo de conflicto: lucha y disputa, desde el mismo día nacemos.
Sartre considera que no existe la naturaleza humana. Esto quiere decir que en nosotros no encontramos unos rasgos fijos
que determinen los posibles comportamientos o las posibles características que
podamos tener. Para muchos autores esta afirmación es exagerada: desde las
teorías religiosas se defiende que el ser humano, tiene un alma y que ésta es precisamente
su naturaleza; desde la biología se indica que nuestra constitución genética se
realiza en lo fundamental del mismo modo en todos los seres humanos de todos
los lugares y de todas las épocas. Sartre rechaza la existencia de una
naturaleza espiritual o física que pueda determinar nuestro ser, nuestro
destino, nuestra conducta. Para él el ser humano en su origen es algo
indeterminado, y sólo nuestras elecciones y acciones forman nuestra
personalidad. Pero si no existe una naturaleza común a todos los seres humanos,
¿por qué llamamos seres humanos a todos los seres humanos?, ¿en qué nos fijamos
para reconocer en el otro a un semejante? Sartre introduce el concepto de
“condición humana” que son los límites comunes a todos los hombres; serían los
siguientes: 1. estar arrojado en el mundo; 2. tener que trabajar; 3. vivir en
medio de los demás; 4. ser mortal. Todo individuo se ha tenido que enfrentar a
estos hechos inevitables y ha resuelto de distintos modos los problemas vitales
a los que conducen. Con estos cuatro puntos Sartre se refiere a la inevitable
sociabilidad humana, a la inevitable libertad en la que vive el hombre y a la
inevitable indigencia material de nuestra existencia, indigencia que obliga al
trabajo y a las distintas formas de organización social que sobre el trabajo se
levantan. Pero el hombre tiene la posibilidad de engañarse adoptando alguna
forma de determinismo, esto es la mala fe, que es un estado de conocimiento y
desconocimiento simultáneos. Por un lado, se es consciente de la propia
libertad, del futuro, que es lo que no es, y, por otro lado, no se es
consciente de que no se es lo que es, el pasado, así se enmascara la libertad y
desaparece la angustia. La mala fe es un auto engañarse, mientras que la
mentira es engañar a los demás
Y precisamente, es aquel
"individuo" que, en su disputa, sometido a la presión que supone
vivir como proyecto, aún incompleto, cuando en ocasiones “cae”, pues es cierto
que la existencia es el lugar del ser -en el mundo como “individuo” donde existe,
pudiendo alcanzar todas sus posibilidades (un desarrollo personal) trazando
metas e intentando cumplirlas. Pero en el mundo vive igualmente con los el
"uno" (los otros), y puede llegar el momento en el que el ese
“individuo en disputa” tras comprender su realidad que, por más que para muchos
sea desatendida o pase inadvertida, tiene igualmente una “existencia” —más allá
de aquello que es vida o, un vivir por vivir— también, se da cuenta de que no
se ha creado a sí mismo, ni tampoco al mundo en el que se encuentra, sino que
sencillamente está ahí (ahora parado e indeciso) sin un fundamento aparente o
razón: sin motivo y, además, también se da cuenta (ahí-parado), de que
“tampoco” ha escogido ser cómo es: una persona “un ente” que existe y que habrá
de elegir unas opciones: posibilidades de vida y no otras, siendo en cualquier
caso responsable de cuanto luego acontezca, dependiendo de aquellas, sus
propias decisiones. Y es posible entonces, que ese “individuo en disputa” pase
entonces a ser un individuo “en conflicto” consigo mismo; entiéndase: en
disputa con la sociedad, por su libertad, pasando a estar en conflicto, no
tanto dejando ya de creer pero sí, rindiéndose y gradualmente dejando de creer
por encima de todo y de todos: en su libertad y experimentando esa ingrata
sensación: el saberse abandonado a sí mismo: angustiado y escuchando lo que el
“uno” (que no es ninguno y son todos) tiene que decirle; comenzando el entonces
a disiparse en la mundanidad, en el dejarse llevar por el exterior, por lo que
se dice, por lo que se piensa, por lo que no es nadie y son todos: la sociedad,
sus estructuras que implantan lo que está bien y está mal, lo que se debe y no
se debe pensar o hacer; corriendo entonces más peligro que nunca; peligro de
dejar de vivir, o vivir propiamente; bien, porque no encontró, no escuchó, o
dejo de escuchar su ser. Es por ello la necesidad inmediata de darse de baja,
dejar de pertenecer, renunciar; enfocándonos en aquello que precisamos para
iniciar nuestro peregrinar. Pues, y pese a no haber escogido (el individuo) ser
o existir, y pese a no haber escogido todavía “su manera” de ser o existir, el
("ser que está ahí", el “individuo en disputa”) ha de saberse
responsable de su propio camino, de su propio ser, tanto como si él mismo lo hubiese
creado o construido; pues más allá de cualquier duda o contingencia posible,
desacierto o incluso caída, comprende (tiene que comprender) que en existir y
sólo en su existir se juega su ser: ser como decida él mismo ser o no ser, y no
como otros decidan que sea.
Mediocridad y Redes Sociales—. De lo que se trata
pues, es de no distraerse: buscar al ser nos hará más libres, pero hay que ser
animoso y buscarlo, por supuesto la angustia está ahí cuando nos cuestionamos
al ser; sin embargo, hay que afrontarla y ser-ahí, preguntar, no sucumbir a una
existencia in-auténtica y baldía: no siendo un: no-ser, o (Das Man) ( el “uno”
– “los otros”) al que la cotidianidad y mediocridad le envuelven y determinan,
valorando lo cotidiano y mediocre haciéndolo fundamento de su vida, ni creer
falsos infinitos: como que la felicidad es eterna, o el amor dura para siempre,
pues cuando estos falsos infinitos fallan, te dejaran pedaleando en el vacío.
De la ética
venidera Hay quien opina, aunque yo no termino de
coincidir “que en la ética venidera florecerá un idealismo, independiente de
dogmas y apriorismos metafísicos" pues, pienso que de los ideales fundados
en la experiencia social, sólo pueden reforzar la misma doctrina existente en
esa sociedad, reforzándola si cabe aun más, y desterrando definitivamente todas
las posibilidades de advenimiento de lo propiamente humano, que jamás
sobrepasará a ésta, sino más sucumbiendo bajo ella. Sin embargo, coincido en la
idea que los ideales, representan un aliciente a la función humana del pensar;
y que un ideal no es una fórmula de ninguna manera muerta, sino algo a
perfeccionar y probar; aunque, y para que sirva debe ser concebida en función
de unas posibilidades factibles: dirigidas, no tanto hacia lo social, como lo
debería ser hacia lo individual.
La modernidad se construyó sobre aquella
idea de la invención del sujeto, antes pensado como individuo, proponiendo
que cada individuo (no sujeto) y por si mismo fijase sus propias metas según su
voluntad y deseos, alcanzándola luego de una manera natural, es decir, dándole
sentido a la propia vida. Pero, este entusiasmo hacia un individuo emancipado y
autónomo, que perseguía ideales siendo capaz de auto determinarse —venida
entonces de la Ilustración y algunas filosofías románticas, como las de Nietzsche
o Hegel; entendiendo, aquella noción de individuo como ser emancipado (que
advertimos, por ejemplo, cuando Nietzsche exalta al individuo criticando
duramente a la sociedad) —se ha revelado hoy como una obra en la práctica,
utópica; pues, para que aquello ocurriese deberían ser los propios individuos
dentro de las sociedades (a las que pertenecen y “sirven”) quienes, deberían
tomar aquel ideal por suyo; pero, cómo convencer en algo o para algo a aquel
ciudadano ya presa de la esfera social y bajo la influencia de “los otros”, que
ha perdido su autenticidad; más, cuando luego observando el conjunto de la
sociedad, encontrar ese individuo que piensa y obra por cuenta propia
–rigiéndose por sus propios valores es casi imposible– resultando más que una hipótesis,
un imposible.
El hombre moderno se encuentra
“arrojado” nos dice Heidegger, inmerso por completo en su cotidianidad, capturado
por una “sociedad” que el mismo ha deificado. Heidegger utiliza un término das
Man, traducido como el “uno”, pero quizá se entienda mejor como “ellos”, “los
otros” o la publicidad misma, la esfera social u opinión pública, en
definitiva: la sociedad, donde el hombre moderno subordinado “in-auténtico” y
“Mediocre” es de entrada incapaz de usar su imaginación, para concebir ideales
que le propongan incluso a él mismo, un futuro distinto al presente del que
participa, y unos ideales, principios por cuales luchar. Cuando un filósofo,
intelectual o pensador enuncia ideales, para beneficio de éste: el individuo
(el hombre) o, bien para mejorar la sociedad en la que vive “humanizándola”, la
comprensión inmediata de estos ideales: razones, le resultan más difícil de
entender o asimilar, cuanto más se elevan sobre sus propios prejuicios y la
charlatanería y locuacidad convencional reinante en el ambiente social que le
rodea; y lo mismo ocurre con la verdad, cuando la opinión ajena únicamente es
fácil de entender, para quien le concuerda (ésta verdad), con rutinas “sus
rutinas” secularmente practicadas. es por tanto, muy difícil para aquel
ciudadano medio, entender todo aquello que de múltiples maneras para su bien le
sea expuesto, cuando su imaginación no pone mayor originalidad en el concepto y
la forma que se le muestra. De ahí, que el individuo, el ciudadano, se vuelva
sumiso a la rutina, los prejuicios y la domesticación; volviéndose parte del
rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no sólo no cuestiona sino que
sigue ciegamente. aquí, es precisamente donde aquel concepto del ser, del
hombre, que es pura posibilidad abierto a un sin número de posibilidades hacia
fuera, se desmorona hacia adentro: colapsando, sucumbiendo; cuando
encontrándose en el mundo (al sujeto) con los otros “ellos”, y “la sociedad”
acabará indefectiblemente por definir lo que el individuo es, o será de manera
particular, y terminando en lo que Heidegger define como una vida
“inauténtica”, refiriéndose al respecto: (El uno [das Man, el ellos] despliega
una auténtica dictadura. El uno, que no es nadie determinado y que son todos
(pero no como la suma de ellos) prescribe el modo de ser de la cotidianidad)
Del buen ciudadano, solo puedo
decir..., que La sociedad, o la ingeniería social,
ha dedicado siglos a crear su “buen-ciudadano”: dócil, maleable e ignorante de
la realidad. Un ser prácticamente vegetativo (que durante la semana se levanta,
trabajar, vuelve del trabajo, recoge a los hijos, cena, ve la televisión y se
va a dormir) carente por completo de personalidad y contrario a la perfección
(propia o ajena): insolidario y cómplice de intereses creados que, lo hacen un
borrego necesario del rebaño dentro de la sociedad. Una sociedad, que no es
“nada ni nadie determinado” sino una abstracción deificada por aquel que la
deifica y la convierte en su nuevo ídolo, centro y referente de todo
significado, mostrándosele como normalidad y medianía, y al tiempo “medida de
todas las cosas”, siendo referente interiorizado por el ciudadano, y tendencia
en aquellos individuos dirigidos o tentados hacia la mediocridad y el
aplanamiento de sus posibilidades de "poder ser" (ellos mismos) ,
pasando a ser-inauténtico (como los otros), o como mucho, una caricatura
deformada e irrisoria de cuanto puede ser. Pero, ¿por qué elegir no-ser, cuando
se puede ser?
De La mediocridad, nace
de la angustia del individuo, una angustia estéril propia de de saberse, en su
caso, pero no encontrarse jamás; una angustia pues, que puede ser superada;
siéndolo en dos direcciones, una de ellas estéril (de la otra fructífera
hablaré en otro momento) cuando superando durante su camino esa angustia, no es
capaz de constituirse y verse a sí mismo, ni crear un proyecto de vida propio e
individual; entonces (dejando de buscarse, cansado o porque quizá no quiso o
supo buscar-se) más temiendo la soledad que deviene, buscará la pertenencia
agregándose al grupo, o rebaño social, para luego integrarse en subgrupos o
“clases” (política, asociaciones, etc.) siempre, guiado por el hēgemon-social:
a estas alturas ya es un conformista, que no hará nada por si solo), y que como
otros no aspira a otra cosa que lo propuesto en las directrices que gobiernen
la sociedad a la que pertenece, como por ejemplo: casarse y tener hijos,
comprar una casa, coche, hipotecarse, consumir lo innecesario (donde encuentra
paz y felicidad) adoptar una opción política existente (de las dispuestas).
Luego, en su vida complaciente, este sujeto (desprovisto de su ser) se vuelve
con el tiempo rufián y escéptico, un cobarde siempre malhumorado, crítico
ignorante que jamás aprenderá a amar: pues quien no se respeta y ama a sí
mismo, sirviendo a otros, se odia y odiará todo lo demás. (En la previa
determinación de lo que es posible o permitido intentar, la medianía vela sobre
todo conato de excepción. Toda preeminencia queda silenciosamente nivelada.
Todo lo originario se torna de la noche a la mañana banal, cual si fuera cosa
ya largo tiempo conocida) – Heidegger.
El sujeto encuentra en este punto cierta
paz, pues la sociedad libera al individuo de la
responsabilidad de definir por sí mismo lo que es, pero igualmente: de la
aventura que implica el verdadero conocimiento, así como del misterio de la
existencia. El “uno” (“ellos”, la sociedad) anticipará desde este momento,
siempre, todo juicio y decisión de aquel, despojado todo ciudadano de su
responsabilidad. El “uno” puede, por así decirlo, darse el lujo de que
constantemente 'se' recurra a él”. Existimos por lo tanto, y a la vista está,
en un mundo que aparentemente ya ha sido descubierto, definido y conquistado,
por “los otros”; y una vez que nos amoldamos a él, podemos aflojar, dejar de
angustiarnos y dedicarnos a ser entretenidos por las maravillas que produce la
sociedad iluminada. Nietzsche es contundente: “¡Cuán acogedor, cuán amigable se
vuelve con nosotros el mundo tan pronto actuamos como todos los demás actúan y
'nos dejamos' ir como todo el mundo!” (Genealogía de la moral). Por tanto el
mediocre será culto y admirador de la cultura, tanto como se pueda concebir
cultura la basura que admira; una cultura y erudición de masas, impuesta,
dentro de las sociedades occidentales, que bajo un disfraz pseudo-democrático
esconde una estructura totalitaria (instrumentalismo incrustado) al mismo
tiempo que es un ente capaz de reprimir todo cambio cualitativo: una realidad,
ésta, por muy pocos conocida; pero de lo que ya se advirtió hace más de un siglo
sucedería (En este artículo me aventuré a predecir algunos resultados de los
cambios políticos propuestos entonces. Reducida a su expresión más sencilla,
era la tesis mantenida por mí que, si no se tomaban las precauciones debidas, a
un aumento de la libertad aparente, seguiría una disminución de la libertad
real. Nada ha venido después que modifique la creencia entonces expresada.
Medidas dictatoriales, rápidamente multiplicadas, han tendido de continuo, por
dos caminos diferentes, a mermar las libertades individuales. –EL INDIVIDUO
CONTRA EL ESTADO –H. Spencer. A partir de la versión española de A. Gómez
Pinilla (F. Sempere y Cª editores, Valencia s.f.)
El “mediocre” sin embargo, no tiene idea
del contexto en el que se desenvuelve; menos aún qué es cultura, pues no
sabe ni entiende de ella. Identificando, por ejemplo, la música clónica y de un
mismo patrón como cultura e, igualmente, con los cánones de belleza (o modas)
que son igualmente ficticios e impuestos, y no se dan sino como producto de la
ilusión creada —y quien vive de ilusión es un iluso— cuando el que exista un
ideal, no desprecia que lo real, por el contrario de lo ideal, sea igualmente
bello, aunque no admirado y deseado por este mediocre, que se sentirá más
realizado imitando algo o alguien: un cantante por ejemplo; o bien, siempre le
quedará la moda: llevando el mismo corte de pelo, barba o ropa que otros;
contentándose con aquello que se le ofrece, pues no es capaz de interpretar
otras vías de realización y aceptación que no sean las impuestas. Luego,
posiblemente, buscará ideales de singularidad que le pretendan diferente:
único, pero que le son igualmente impuestos, por ejemplo por medio del coche se
anuncia (en la televisión- publicidad) que conducirlo hará de su propietario
alguien diferente, cuando no es sino otro borrego más. Así, distinguimos a los
mediocres fácilmente: unos acomodados y otros no tanto, pero todos dentro del
rebaño: viviendo sin una voz propia, o se advierta de su existencia pues la
sociedad quiere y piensa por ellos, y por tanto absortos en el consumo, y
caracterizados principalmente por aquello tan banal y frívolo que llamamos: la
habladuría, la curiosidad y la ambigüedad que antes en diarios, televisiones o
radios, pero ahora materializándose de manera omnipresente en las redes
sociales, en (un estar siempre-ahí) conectados al flujo de información, a la
voz de lo convencional ( aceptado por acuerdo) y, donde esta red-social es
prisión, enredamiento y literalmente una emboscada mental, un caer cautivos del
caos enajenante de la muchedumbre, lo que Heidegger llama das Verfallen.
Armados por la tecnología –que será el centro de la crítica posterior de
Heidegger– y envalentonados por tener una voz, comentar publicar, serán capaces
de penetrar en la distancia y en todas partes, decidiendo –a su entender– lo
que es el ser y definirlo para los demás; pero nunca alcanzando un fin, jamás
preguntándose por su libertad: son esa sombra proyectada gracias a la cual
algunos valoramos tanto la luz.
El mediocre, como genio vanidoso es
verdadero ignorante, y señor del hablar repetidor, superficial, trivial, el
chisme, el consumo y la circulación rápida de información basura. Mostrando
un no conocimiento o un conocimiento de las cosas “a la ligera” banal y sin
“fundamento” o que, sin embargo, se presenta como autoritario en la sociedad, y
crea la media o el parámetro general en redes y medios, diseminando así, y
nivelando hacia abajo, la capacidad de entendimiento de los individuos (cada
día más ignorantes y tontos): refiero, por supuesto “esa posibilidad
(imposible) de comprenderlo todo, sin apropiarse previamente de la cosa y, por
tanto de cuando “La comprensión media del lector, podrá jamás discernir entre
lo genuino que ha sido conquistado y alcanzado originariamente a través del conocimiento
o experiencia y lo que meramente es repetido por aquel al que escucha”
estableciendo así el imperio de la 'opinión'; opinión que Platón tanto
criticaba, pero sobre todo despreciaba a quienes hacían del falso conocimiento
adquirido y de la apariencia un medio de lucro personal o de ascendencia
social. En este sentido: Sócrates sabía muy bien lo que se hacía, no queriendo
escribir nada pues, ¿en manos de quién caería el sabio pensamiento? ¿Y qué
haría luego? No le faltaba razón, de ser esta la causa; pues ocurre, cuando en
manos del que luego con ese conocimiento y como si fuese propio, dicen saber y
nada saben de nada, no reconociendo jamás de su ignorancia. Ignorancia, casi
siempre facultada en la de los demás; pues normalmente resulta del que menos capacidad
de pensar tiene, aquel que precisa de los pensamientos de otros y en la cita
redundada de éstos una vez y otra recitándola, fundamenta y se fundamente ante
los demás, y en aquello que en su esencia y razón verdadera en cuanto a origen
y necesidades ciertas del preciso momento en que fue parido, ni idea lejana
tenga. Siendo interpretado, en consecuencia, para fines que el deseo de
reconocimiento, poder, ego y otras cosas iguales, similares o peores alimenta.
Y aclaro: dije menos capacidad de pensar: "razonamiento a partir de las
mismas fuentes etéreas donde nace el conocimiento". No dije
"inteligencia", pues sabe dios que los hay muy inteligentes y, más
hay listos) blandiendo tan preciado recurso: el pensamiento ajeno y sobreviviendo
luego en consecuencia de él, utilizándole como herramienta.
Precisamente es en sentido de
reconocimiento y ascendencia social, es cuando el ciudadano ideal no puede ya
como individuo ascender, sino como sujeto o dependiente de la opinión de
de los demás—cuando
este más se radicalizará, no aceptando nuevas ideas, opiniones o formas de ser
distintas a las que entiende o ha aprendido de otro y haciéndolas propias y
hecho propias a lo largo del tiempo (son las únicas que entiende y conoce)
dentro de la tradición a la que pertenece, sin darse cuenta o sin importarle, o
incluso despreciando el hecho de que justamente las creencias son relativas a
quien las cree, pudiendo existir hombres y mujeres con ideas totalmente
diferentes y contrarias al mismo tiempo. Pero de la mediocridad del indolente
-que acata la voz de su amo como un perro, y desde esa seguridad que le da
saber que hace y piensa lo que le dicen- se desprende que todo esto de da
igual: no le importa, pues el mediocre está en perpetua lucha contra el
idealista, al que intenta opacar desesperadamente toda acción, pues sabe que su
existencia y ascenso depende de que el idealista nunca sea reconocido.
Surgiendo entonces la peor faceta: el fanatismo, donde adoptando una moral
radical artificial e impuesta -pues no existe una natural- al ser incapaz de
decidir desde la subjetividad lo bueno y mejor para él y para todos (desde su
propia perspectiva) denunciará y descalificara cualquier otra posibilidad de
liberación de otros, pues no tiene dignidad, ni puede contribuir al bienestar
de sus semejantes, aunque él piense que sí desde el maniqueísmo de pensar que
todo lo que él hace esta bien, y lo que hacen otros está mal. Es algo que
difícilmente se puede calificar de "persona" al no alcanzar esas
mínimas cotas de dignidad que convierten a alguien en persona.
¿Culpable? No, no es un crimen ser así:
"El Dasein se comprende siempre a sí mismo desde su existencia, desde una
posibilidad de sí mismo: de ser (de eso de el) eso sí mismo o de no
serlo. El Dasein, o bien ha escogido por sí mismo estas posibilidades, o bien,
en muchos casos ha ido a parar directamente en ellas, o incluso ha crecido do
en ellas desde siempre. La existencia es decidida en cada caso tan sólo por el
Dasein, por si mismo, tomando entre sus manos ser, o bien dejándose perderse
" -Heidegger, ser y tiempo. Lo que finalmente me lleva a concluir, a mi
pesar, que difícilmente las personas dentro de la sociedad, que viven y
dependen de ella puedan cambiarla, cuando por cualesquiera razones observamos
que éstas permanecen, pagando el precio por muy elevado que sea, sólo por
permanecer en ellas. No tanto como algunos pensamos: eludiendo la realidad de
su ser, pues parece que ciertamente su realidad es esa: estar-ahí como
ciudadano, y no anhelando otra, como individuo. Luego y Que un hombre sea
feliz, ¿Qué prueba esto? La felicidad es como el cielo, en ocasiones creemos
estar en él, imaginando una realidad y, sin embargo, de inmediato advertimos
que se trata de una ilusión temporal: una fantasía, que nos llena de desconsuelo
al comprobar instantes después, que seguimos igual que antes: con los pies
descalzos sobre el suelo” (06/11/2010)(1/18a)
—Nada más trágico que nacer para luego
tener que morir —.Sobre la muerte —Pensar
la existencia —Buscando entender —Cuando
el suicidio se afronta desde la sociología o psicología (desde el ente
social) —Acerca de la voluntad de
vivir —Del
auto-sacrificio —Sobre la imposibilidad
de convivir /o sobrevivir la realidad social—Tomar
conciencia de que podemos elegir —Morir
(socialmente, o precisamente por ello) precisa igualmente de razones —Mainländer —¿hay
alguna lógica hasta la muerte? / desde una lectura de Camus—Cuando
asumimos la responsabilidad de la existencia / vivir es elegir—
***
Nada más trágico que nacer para luego tener que morir. Pues
da igual dónde, cuándo y poco importará la manera, todos nos dirigimos
ineludiblemente a ella: como el ancla al fondo del mar. A veces incluso algunos
anticipándose. Renunciando así y definitivamente a este ingrato lugar de
amarguras y penitencias, absurdo y desprovisto de sentido, donde vida y muerte
están ligadas, y el dolor centellea todos los días; donde sonámbulos e
idólatras adoran mentalmente aquello mismo que los segundos no conciben y los
primeros no imaginan; donde los huérfanos se consuelan en el silencio del
recuerdo y la impotencia, de no querer creer pero tener que ver el mundo
desmoronarse ante sus propios ojos. Pero lo peor no son las injusticias, la
violencia o el hambre que acontece y del que somos testigos todos los días.
Tampoco las guerras, el sufrimiento y la desesperación que estas conllevan: Lo
peor no lo hemos conocido todavía. Está por llegar: "es lo último que
llega".
Sobre la muerte recuerdo
que unos me miraban como si mi destino fuese diferente al suyo; otros, lo
hacían con lástima, sin observar antes lo lastimoso de sus vidas, y como si
ellos fuesen ajenos al devenir de la propia existencia: como si aquellos que
suplican vida eterna, fuesen a obtener otra cosa más que polvo como recompensa.
Como si negar la muerte fuese solución, cuando no hay negación que no contenga
en sí, en forma de afirmación, aquello (antes) contra lo que se pronuncia. Pero
¿Quién quiere la vida eterna? ¿Acaso existe eso? La eternidad es una cosa y muy
distinto es abarcarla, y más absurdo pretender conquistarla. No elegí nacer,
tampoco morir, pero me siento afortunado en el caso de no sobrevivir: la
eternidad no es una vida para un hombre, y la muerte es después la calma y
reposo final al que cualquiera aspira. Pues vivir es también morir (un poco todos
los días), y fue el sentido de morir lo que dio (todavía) mayor sentido a mi
vida. Luego mucho después, si en la vida encontramos (antes) que todo son
preguntas, igualmente, (después) lega el momento cuando todo se convierte en
alguna respuesta: en ese efímero detenerse en el proceso del instante al
manifestarse a uno (del sentido de la vida , el suyo de la razón que
contempla). Y Allí he sentido toda mi vida: en ese preciso instante (atrapado
en el tiempo) y sin saber nada de una muerte que para conocerla, de cierto,
antes hay que nacer; pero para poder entender no bastará con vivir, ni siquiera
sirve el terminar de vivir: cuando para poder entender lo después, tendremos
antes que entender y de la vida lo nos toca vivir, y el por qué, en algún
momento hay quienes (cada uno a su manera) renuncian a su vida.
Pensar la existencia-— pues
para poder nacer antes hay que morir / El hombre viene al mundo condenado
a aceptar su destino, a “aceptar su muerte”; pero cabría entender que es
aquello antes y de lo que luego llamamos muerte / / Chi-lu
le pregunta a Confucio: '¿Puedo preguntar sobre la muerte? ', y éste le
responde: 'Tú no comprendes ni siquiera la vida / Así
que Nachiketa (en sánscrito: नचिकेत), también
conocido como Nachiketā fue a la «casa
de la Muerte (Lama)», pero el dios Lama (al que lo
había entregado su propio padre). Nachiketā estaba fuera de la casa,
y esperó tres días sin comida ni agua. Y (En
verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de
Dios.…jn 3-3). El hombre nace y lo hace
para tener conciencia del el entorno, y de una vida única y maravillosa, llena
de experiencias en un mundo que es dado para ello… mas cuando las religiones
aparecen se nos dice que el hombre vive, porque un dios “dice” que nos
hizo y le debemos la vida, y que si es necesario hemos de morir por ese Dios,
de ahí que no somos personas del todo libres, y si un padre lo decide, habremos
de ser dados a la muerte (al sacrificio para gloria de Dios) los que antes i de
un de un padre / luego de otro que lo recoge en su casa y reconocen su señor y
de dios (igual) y un padre.
La mayoría de las personas no entienden necesario
deliberar sobre la existencia / su existencia: existir ya se concibe como
implícito en todo lo que hacemos y no es necesario darle más vueltas (aunque
afirmemos estar de agua hasta el cuello). Sin embargo, reflexionar sobre la
existencia es hacerlo sobre la idea de la vida y por tanto acerca de la muerte:
y de manera singular el suicidio, tener conciencia igual de este, nos permite
abordar en primer plano la razón de la propia existencia, pues se pone en tela
de juicio la importancia que algunos dan a ésta, moviéndonos a madurar en nuestras
propias motivaciones, sueños y esperanzas; además de en todo aquello que nos da
seguridad. La enfermedad ayudó a pensar al enfermo, y la certeza de la muerte
mueve a reflexionar; y el suicidio (en este caso la posibilidad de un
“suicidio”) nos obliga a deliberar seriamente sobre el sentido “real” del mundo
y la propia existencia.
Coincido, que lo políticamente correcto en este caso,
es descartarla definitivamente como opción: eso sería lo políticamente
correcto. Sin embargo, no se trata este de un escrito “políticamente correcto”
sino, que se trata más de “una evaluación, a modo de introspección,
proponiéndolo como una experiencia de vida y proyecto propio”. Y
llegado a lo subjetivo, entiendo, que una vida es autentica, cuando se tiene la
posibilidad de elegir; pues, el peso de la existencia sólo puede llevarse con
ligereza, cuando somos conscientes de que tenemos la libertad de terminar con
la vida; pues, a pesar de las dificultades, las restricciones y prejuicios es
lo único que no nos puede ser arrebatado / la liberta de poder elegir; y,
precisamente esa libertad “ecuménica” nos empodera y procura la fuerza
descomunal, que luego triunfa sobre los pesos que nos aplastan; de tal forma
que encontremos un sinsentido a poner fin a nuestros días; o, por lo menos, a
no hacerlo antes de haber demostrado hasta dónde podemos llegar. Aunque, y
ciertamente, y admitámoslo: los suicidas creen en su precocidad; y en no pocas
ocasiones consuman su acto muchas veces antes de estar maduros, algunos siendo
muy jóvenes; razón esta que hace de los suicidios algo horrible, precisamente,
porque se destruye un destino singular en lugar de coronarlo.
Buscando entender,
puedo entender que un hombre/mujer quiera acabar con su vida: lo puedo entender
y aceptar (todos deberíamos) pero, con matices: entendido, como el acto de
culminación de un proyecto insatisfactorio de vida, es decir, un proyecto
puntual y fallido venido una la razón que luego lo justifica. El final, si se
quiere (razonado) tiene que cultivarse como si fuera un huerto, eligiendo el
momento más favorable de su desarrollo. Pero cuidado, aquí entramos en arenas
movedizas, pues no me refiero con ello dar a entender a todos, que están en la
cumbre y desean que se les recuerde así”. Recuerdo la carta de suicidio de Kurt
Cobain, donde podía leerse una cita de una canción de Neil Young: "Es
mejor consumirse rápidamente que desaparecer poco a poco". Cierto que Kurt
estaba en la cumbre, como artista, pero no así como persona debido a sus
problemas (que no soluciono quedando atrapado en ellos), y que le llevaron a
hacer lo que hizo. Lo cierto es, que el último y definitivo descenso a los
infiernos de K. Cobain no fue sorprendente; y posiblemente, ya se había
iniciado meses antes de que decidiese llevarse el cañón de una pistola a la
barbilla. Sin embargo, precisamente ese carácter desesperanzador de la
existencia y el desencanto ante la vida, se presenta no pocas veces a muchas
personas ―en algunos casos como una especie de iluminación― como proceso de
descubrimiento hacia una vida mejor sin ornamentos: dura, y en la que afloran
esos sentimientos de desesperanza que todos hemos sentido en algún momento,
ante los cuales tenemos siempre la posibilidad de elegir (al menos el tipo de
suicidio). Porque ¿Quién no ha pensado en el suicidio alguna vez? Todos hemos
pensado en algún momento en suicidarnos, así sea de forma remota o hipotética,
hemos pretendido renegar de la vida deseando la muerte, pensamiento éste y
vinculo indisoluble, entre los que eligen el suicidio y los que no / . Y, precisamente,
es esa posibilidad, aunque la entendamos remota, de reflexionar sobre nuestro
propio suicidio ―motivos, recursos, la disposición del lugar― y vernos muertos
anticipadamente es la que nos ayuda en gran medida a entender (que el alma nos
está diciendo algo), aquello (de la vida) sobre lo que debemos meditar) para
poder replantearnos esta: nuestra propia vida y volver a nacer de las propias
cenizas. De otro lado, negarnos esa posibilidad de sentirnos dueños de nuestra
propia existencia o bien, ocultar nuestro pensamiento por miedo a lo que puedan
decir los demás, es negar nuestra propia libertad y convertirnos en otro gusano
envilecido más, reptante sobre la carroña cósmica que habita esta tierra.
Cuando el suicidio se afronta desde la
sociología o psicología (desde el ente social)
se impone generalmente un discurso crítico que persigue por todos los medios
prevenirlo, como si se tratase de una consecuencia propia de nuestras
sociedades, o digamos un daño colateral; y que en mi opinión es así; pues no
encuentro en otros seres algo parecido al observar (en toda su extensión de la
naturaleza, hasta donde he podido ver). Luego razonar el suicido como una
forma (que podemos explicar y aceptar razonadamente en la sociedad y
contabilizar (psicología) o —y me remito ahora al otro lado— por el mismo
suicida, razonado y cultivado aquello (el acto) eligiendo el momento. Todo
esto (observado en ambas direcciones, cuando lo explican (y da igual el
modo o manera o de qué lado, luego la sociedad asintiendo sin más,
puntualizando si “estaba loco” o “era un valiente”) descalifica a esta —a la
sociedad misma— y a la razón que lo explica, y por tanto que justifica de algún
modo el suicidio, como forma natural de los seres vivientes que lo desarrollan.
El suicidio «es una de las hierbas invasoras que florecen en nuestra mente, y
se multiplican, en la atmósfera de nuestra civilización moderna, solo por que
se nos arrancaron y escondieron las otras flores, que ahora solo algunos
cultivan para sí, y que nos inspiraban a salir proyectándonos hacia… con el sol
a cada nuevo día y vivir».
Acerca de la voluntad de vivir ―La
metafísica o estudios filosóficos acerca de la voluntad de vivir no son ajenos
a esa línea de pensamiento (tampoco a mi experiencia, por lo que algo puedo
decir). Sin embargo, desde aquellas perspectivas propias que nos llevan a ser
autoconscientes, en un intento de captar la esencia íntima de las cosas (que
son), luego encarando la propia voluntad (autenticas motivaciones), es decir,
enfrentándonos a nosotros mismos (mirando y analizando lo que somos) esa misma
voluntad de vivir emerge del anonimato para encontrar su propia identidad, si
bien (entonces y ante lo evidente) esta puede comenzar el curso de su propia
negación: cuando las circunstancias no nos permiten gozar de esa vida propia
(que algunos anhelamos y por la que nos dejamos la piel), no permitiendo el
entorno (marco social) culminar aquellas expectativas que esperamos (nosotros)
de una vida autentica. Luego en esa situación tomar conciencia del suicidio
(como potencia o posibilidad), no es considerado (particularmente y hablo por
mi) como una señal de querer dejar de vivir, por el contrario resulta ser la
manifestación más indiscutible de alguien para afirmar la propia y autentica
vida que desea→ encontrándose: lo que uno es (por encima
de lo que se desea de la sociedad que uno sea), entendiendo (el suicidio) aquel
modo esquivar el sufrimiento que advertimos de una posibilidad todavía
remota, de sentirnos y ser lo que otros desean que seamos ( instrumentos
motivadores del ente y la maquinaria social).
Precisamente (y entendamos esto que acabé de decir):
ese carácter desesperanzador de la existencia y el desencanto ante la vida se
presenta no pocas veces ― en algunos casos como una especie de iluminación. Pero
ese tipo de suicidio (arbitrario) y quienes eligen dicho camino, este nada
tiene que ver con una fuga hacia delante (hacia una vida mejor); se trata de
suicidios proyectados desde la lucidez de la razón (que es sin razón) y plena
conciencia (que es inconsciencia) al ser hilvanados desde la asunción de la
responsabilidad (mas irresponsable con los que amamos ) y el compromiso con los
demás (y esto es lo más absurdo, cuando nos aniquilamos en lugar de ayudarlos),
resultando entonces coherente con la historia (y la razón de medios y fines) de
quien decide realizarlo (pero incoherente con el sentido común) pretendiendo en
ello un acto de libertad y heroísmo final a ojos de quienes comparten sus
mismas ideas (o de la ceguera más absoluta, a ojos de quienes observamos
aquella razón absurda (y subjetiva) que nos va a explicar (porque va a quitarse
la vida), explicación: y solo palabras (sin ningún valor) que se solapa la
mayor de las cobardías cuando el enemigo lo tienes delante y te retiras
(inmolado) en vez de luchar por uno mismo (por tu vida y familia) y por los
demás, mostrándoles aquel otro camino, y no: un final (literal) del camino.
Del auto-sacrificio―Luego
entiéndase aquel que muchos entienden que puede justificarse, este se
representa siempre en el derecho a decidir sobre la propia vida, cuando esta ya
ha perdido toda dignidad y horizonte de proyecto: y se prolonga una agonía, que
se siente como una condena innecesaria; pero lo cierto es que luego ahí no
queda nadie (quiero decir nadie preguntarle a quien abnegó de su vida), para
poder preguntarle ¿ cómo has llegado hasta aquí?, ¿Cómo llegaste a este punto?
… empezando por el principio (pues a veces nos lanzamos de cabeza al vacío sin
observar las consecuencias). En todo caso, esa respuesta y no otra es la que me
gustaría escuchar (me equivoque), de aquel que renunció a seguir viviendo en
unas condiciones que quizá posibilito el mismo / sedentarismos, mala
alimentación, actos temerarios… etc) y no del que luego, razonadamente, me lo
explica (como un acto de heroísmo: ante la imposibilidad de vivir, o sobre
vivir a las consecuencias de los propios actos), y cuando lo que teníamos
delante no era otra cosa que la parte final de la propia condena que el mismo
sujeto se declaro (yo he cumplido algunas), quiero decir: de los propios actos
(asumir/ sobrepasando) luego las consecuencias.
Sobre la imposibilidad de convivir /o sobrevivir la
realidad social―. Mainländer ya auguraba
que en el futuro (hoy) la política contribuirá a la renuncia voluntaria a la
vida. “Se creará un Estado capaz de satisfacer todas las necesidades materiales
de los ciudadanos. Con ello, y todos los deseos vitales satisfechos, aumentará
el aburrimiento y con ello, el deseo de muerte”. Mainländer aduce en el fondo
razones ontológicas al acabar con su vida, horas después de recibir el ejemplar
recién publicado de La filosofía de la redención, en una cosmovisión según
donde el trasfondo de la realidad se vuelve una experiencia tan destructiva,
que resulta imposible vivirla sin terminar dañado, optándose simplemente por no
perseverar más en ella. Esa ley del sufrimiento es presentada, no obstante,
como necesaria para el fin último, el descanso en la paz eterna, la muerte
absoluta, la nada. Pocas existencias se han mostrado tan coherente (y a la vez
tan absurda) con una idea propia como la del pensador de Offenbach am Main,
quien puso fin a sus días tras haber descubierto que el devenir del mundo se
encamina hacia la nada, aunque solo entendiese el devenir de esa nada a partir
de una idea propia del futuro de las sociedad que le atormentaba (luego, no
solo no haciendo “él tampoco nada” por evitarlo: y evitar la deriva de la
sociedad que auguraba), sino y en su caso acelerándose hacia esa misma nada que
anticipaba del mundo, donde hoy 8,000,000.000 de personas se enfrentan al hecho
mismo de existir, que el negaba, y lo hacen todos los días), dirigiéndose, por
tanto Mainländer hacia el no ser, en virtud de una pura voluntad de morir,
frente a la posibilidad de solucionar sus problemas (aquellos que refiere y le
atormentan de la posibilidad de una sociedad de la nada) y con ello poder
ayudar (mostrando un camino de vida) a los demás, en lo que él (del futuro de
las sociedades) ya intuía o veía venir.
Precisamente en los países de mayor
calidad de vida (al norte) industrializados, es donde dicha voluntad de morir
(literalmente) y el miedo, es mayor y en aumento, a la vez que aumenta el
distanciamiento entre las personas, y donde a veces basta con mirar a tu
alrededor para poder ver un mundo plano habitado por rutinarios de la
desesperación; que se aceptan unos a otros, sin más sentido que cumplir una
moral y formalidad útil (y no puedo decir que nunca estuve allí): despertarse,
ducharse, desayunar, llevar los niños (nueva fuerza de trabajo y mano de obra)
al cole, ir (por supuesto) a trabajar, ir (por supuesto) a comprar: consumir,
comer, conducir (consumir energía), llegar a su casa, dormir y de nuevo lo
mismo un día y otro estos se van en (producir, pagar y consumir: en un circuito
cerrado ) esa nuestra existencia en occidente, hasta que un día (te das un
golpe en la cabeza “al caer de culo”) despiertas y te preguntas: si es posible
encontrar un sentido al curso que lleva la propia vida. Luego, y aún no del
todo despierto las noticias de guerra continuas y los avances de la ciencia
(contra la detección temprana del cáncer de colon o el calentamiento global)
pues tampoco ayudan. Saber si hay vida en Venus o en Marte, si la tierra se
encuentra en algún punto de la galaxia o si se ha descubierto un nuevo
exo-planeta no responde a búsqueda alguna de sentido. En resumen, parece como
si la vida (que aceptamos llevar) no se ocupase más que en entretenernos y
aplazar el momento en que podríamos librarnos de ella”, o bien como dice Víctor
Hugo: “Estamos todos condenados a muerte, si bien con una especie de
aplazamiento incierto”. En este sentido, y como siempre me alineo con Camus al
manifestar "Es fácil siempre ser lógico. Pero es imposible ser lógico
hasta el fin. Los hombres que se matan (los suicidas) y siguen así hasta el
final la pendiente de su sentimiento. La reflexión sobre el suicidio me
proporciona, por lo tanto, la ocasión para plantear el único problema que me
interesa: ¿hay alguna lógica (en la vida común de los mortales) hasta la
muerte?"(Camus 1966)
De modo que entiendo (aunque no de la
misma forma) que una vida es auténtica solo cuando se tiene la posibilidad de
elegir: pues ciertamente el peso de la existencia sólo puede llevarse cuando
somos conscientes de que tenemos la libertad de terminar con nuestra vida
(Kierkegaard / la angustia); pero una vez “que tenemos el valor de reconocerlo”
que hemos pensado en ello (y nuestras razones tendremos) ahora, y atendiendo a
estas mismas razones ¿por qué no lo hacemos?, quiero decir: socialmente. Esto
es: cambiar, y hacerlo hacia otro modo de ser y estar en la vida y el mundo,
para poder vivir genuinamente la existencia: esa que ahora sabemos que podemos
cambiar. Entonces… ¿elegiremos?, ¿nos saldremos del marco propuesto?. Pues, y a
pesar de las dificultades, restricciones y prejuicios, cambiar es lo único que
no nos puede ser arrebatado; precisamente esa libertad de cambiar nos procura
una fuerza descomunal, que luego triunfa sobre los pesos que nos aplastan; de
tal forma que encontremos un sinsentido a poner fin (literal) a nuestros días.
Pues, y esto tenemos que entenderlo: aunque los suicidas creen en su
precocidad, estos consuman su acto muchas veces antes de estar maduros y siendo
aún muy jóvenes; razón que hace de los suicidios (literales) aquello que
destruye un verdadero destino, en lugar de coronarlo y coronarse en la vida.
Pero dedicarse a tal empeño de cambiar
(morir para volver a nacer) implica carácter y atrevimiento, pues tratamos con
ello de sacar provecho, donde entendemos del sopor y la falta de motivación que
el suicidio, como forma (literal) de terminar con la propia vida) debe
permanecer en suspenso; solo como aquella salida última que siempre debemos
observar —de los que sucumbieron— y a distancia, solo recorriendo del borde
(por lo que oímos, y entendemos que expresan y nos muestran los demás) de
aquella forma de la que de alguna manera empezamos a reconocernos (y a la que
nos acercamos), pero a la que no debemos entrar jamás.
Pero y por qué, ¿por qué la necesidad de verlo y
sentirlo?, de proponerlo y reconocernos, aunque sea a distancia, y
sencillamente no descartarla sin más. Descartarla definitivamente sin más sería
lo políticamente correcto (así se hace normalmente / no mirando a los ojos del
momento). Pero en lo personal, entiendo, que la persona solo puede descartarse
de aquello (formas) que reconoce en él de las primeras causas (y luego al
observar de estas, las últimas causas que reconoce en los otros). Se trata
entonces de “una evaluación a modo de introspección, primero nos reconocernos
en el lugar ese que ahora estamos (ahí), y a la vez saber que podemos mejorar
(y proyectarnos y salirnos) hacia una experiencia o proyecto de vida mejor y
propio”. Precisamente es la posibilidad, aunque la entendamos remota, de
reflexionar sobre el suicidio ―motivos, recursos, la disposición del lugar,
consecuencias…― vernos muertos y enterrados anticipadamente, la que nos ayuda
en gran medida a entender (lo que el espíritu nos está diciendo) de la propia
vida: algo sobre lo que demos meditar, para luego poder replantearnos, de nuevo
esta: nuestra vida. De otro lado negarnos esa posibilidad de sentirnos dueños
de nuestra propia existencia; o bien, ocultar nuestro pensamiento por miedo a
lo que puedan decir los demás, es negar nuestra propia libertad y convertirnos
en otro gusano envilecido más, y reptante sobre la carroña cósmica que habita
esta tierra.
Tomar conciencia de que podemos elegir―.
Pero tomar conciencia de que podemos elegir es igualmente asumir un grave
conflicto (angustia) donde por un lado, nuestros sufrimientos nos reprimen y
empujan al abismo, y por otro nuestros instintos se oponen obligándonos a vivir
aunque de inicio estemos sujetos y limitados a nuestro tiesto. Luego a medida
que vamos madurando y reflexionando sobre la vida, ya con unos años,
descubrimos la vacuidad manifiesta de la misma, aunque para entonces los
instintos se han reconvertido hacia la razón que guía (la sociedad) y nuestros
actos, refrenando nuestro crecimiento natural (del límite que aceptamos
nosotros mismos impuesto, del tamaño y volumen del tiesto en el que aceptamos
existir, estando limitados de este) igualmente en el vuelo de nuestra
inspiración (nos vemos limitado por esa misma razón absurda, ente social, que
nos dirige. Despertamos al mundo y la realidad demasiado tarde. Sin embargo,
aún en ese momento tardío tendremos consciencia de nuestra libertad, pudiendo
ser dueños de una elección que se hace más significativa, en tanto más nos
retrasamos no poniéndola en práctica, pero que “nos hace soportar los días y,
aún más las noches", pues no nos sentimos pobres ni oprimidos: al disponer
de recursos; y aunque no los explotásemos nunca y acabáramos en la expiración
tradicional, hemos tenido un tesoro en nuestros desánimos; pues no hay mayor
riqueza que disponer de la propia vida (para poder cambiar), aún cuando la
hubiésemos decidido desaprovechar (por algún tiempo), pues nunca es tarde para
renacer (dice San Juan 3:4-6) y volver a empezar, reconstruyéndonos de aquellas
experiencias que supimos superar.
Morir (socialmente, o precisamente por ello) precisa
igualmente de razones. Entendiendo aquí una
"salida" de la antigua vida, no como huida sin freno, sino más como
el producto de una profunda reflexión y muestra de poder sobre la propia
existencia (contra la voluntad del hegemom). Todos escuchamos y leemos en
medios hoy sobre la Eutanasia, que vendría a significar «buena muerte»: y, me
pregunto, ¿quién no tiene derecho a una buena muerte?, luego a renacer y
escribir su propio epitafio en vida, cuando habiendo visto hacia donde pudieron
llegar las cosas (de los otros) quiso no tener humillarse frente a sí mismo y
suplicar luego su propia muerte (literal) en una cama enmohecida. Esa es la
verdadera libertad que yo entiendo y en ella cada uno debe descubrir el momento
oportuno para abandonarse, según le parezca o no, de acuerdo a su situación
personal, sea ésta (su vida actual) digna de ser vivida. Pues no tiene sentido
prolongar la agonía de determinada forma de estar en un mundo tan maravilloso
como el nuestro, cuando no sabemos o no podemos disfrutarlo (pues apenas lo
entendemos ni nos entendemos mínimamente a nosotros: las personas), y este, el
mundo, la naturaleza (todo) termina por no tener sentido para nosotros. Es
mejor entonces, al menos así ha sido en mi caso, ser los autores de nuestro
propio destino. Se trata de una iniciativa por la cual rescatamos una vida (la
nuestra) cuando no vale la pena ser vivida, sintiéndonos más prisioneros de
ella que afortunados de tenerla. Presa de los propios sueños y deseos
demenciales y patógenos: que son los sociales, y las opiniones degeneradas,
demenciales y dañinas que observamos de unos a otros. La actitud entendida de
los signos de los tiempos, luego aplicada a los nuestros, ante la imposición de
unas reglas y normas absurdas y por tanto inasumibles (algunas por injustas),
es de absoluta confianza y tranquilidad, pues no existe ningún temor cuando
enfrentamos actos de injusticia hacia nosotros y los demás (como enfrentar un
director de banco, en tanto: hacerle entender, y atenerse a consecuencia, si le
quitan la casa, su lugar a nuestra madre (que ha luchado siendo para algunos
Madre y Padre a la vez, durante todos los días de nuestra vida/ o igualmente
yendo a protestar en las calles, porque nos quieran mantener encerrados
(ilegalmente), y por meses, creando además de pánico un número indeterminado de
muertes (evitables) por la exposición a los virus en unas urgencias atestadas,
luego con la única intención de mantener intacta la mano de obra industrial, y
avocarnos a vacunas, cuando si la defensa de un organismo sobre otros es de
manera natural, aquel se alinea con el ritmo de la evolución de otros
organismos y de todo el entorno en la naturaleza, y si cambia el entorno,
nosotros también debemos naturalmente adaptarnos a este, con la armadura que la
madre naturaleza y, por tanto: dios nos ha dado: entendiendo de dios, aquella
parte, que de la naturaleza y siendo parte del todo nos trasciende. Y no, no
hacemos concesiones (ninguna) ni a nadie, en contra de lo justo, por temor a
las consecuencias (pues a estas nos sobrepondremos, por justicia) o a la muerte
social Ser en la muerte social —como acto voluntario— para poder vivir
libremente, barriendo basura, antes que no poder ser, ni ser uno mismo.
Mainländer -
Las injusticias y la discriminación han hecho resurgir la cuestión del suicidio
en cada situación de crisis. Mainländer augura que en el futuro la política
contribuirá a la renuncia voluntaria a la vida. Se creará un Estado capaz de
satisfacer todas las necesidades materiales de los ciudadanos. Con ello, y
todos los deseos vitales satisfechos, aumentará el aburrimiento y con ello, el
deseo de muerte. Pocas existencias se han mostrado tan coherentes con una idea
propia como la del pensador de Offenbach am Main, quien puso fin a sus días
tras haber descubierto que el devenir del mundo se encamina hacia la nada (no
haciendo él tampoco nada por evitarlo), y dirigiéndose hacia el no ser, en
virtud de una pura voluntad de morir, frente a la de solucionar sus problemas y
con ello poder ayudar a los demás en lo que él ya veía venir. Precisamente en
los países de mayor calidad de vida, es donde dicha voluntad de morir (literalmente)
es mayor y en aumento, a la vez que aumenta el distanciamiento entre las
personas, y donde basta con mirar a tu alrededor para poder ver el mundo
habitado por rutinarios de la desesperación; momias que se aceptan unos a
otros, sin más sentido que cumplir una moral y formalidad útil: despertarse,
ducharse, desayunar, llevar los niños al cole, ir a trabajar, comprar,
consumir, comer, conducir, llegar a su casa, dormir y de nuevo lo mismo un día
y otro; hasta que un día (te das un golpe) despiertas y te preguntas si es
posible encontrarle un sentido al curso que lleva la propia vida. Luego, las
noticias de guerra continuas y los avances de la ciencia no ayudan. Saber si
hay vida en Venus o en Marte, si la tierra se encuentra en algún punto de la
galaxia o si se ha descubierto un nuevo exoplanetas no responde a búsqueda
alguna de sentido. En resumen, parece como si la vida (que hemos aceptado
llevar) no se ocupase más que en entretenernos y aplazar el momento en que
podríamos librarnos de ella”, o bien como dice Víctor Hugo: “Estamos todos
condenados a muerte, si bien con una especie de aplazamiento incierto”.
"Es fácil siempre ser lógico. Pero es imposible ser lógico hasta el fin.
Los hombres que se matan (los suicidas) siguen así hasta el final la pendiente
de su sentimiento. La reflexión sobre el suicidio me proporciona, por lo tanto,
la ocasión para plantear el único problema que me interesa: ¿hay alguna lógica
hasta la muerte?"(Camus 1966) .
¿Hay alguna lógica hasta la muerte? / Desde
una lectura de Camus" Siempre es agradable mentar a Camus, lo siento
cercano: un amigo, así es como lo veo y leo. No sé si al principio elegí su
libro o él me eligió a mí, en todo caso yo lo elegí luego a él, de lo que me
siento agradecido y jamás me arrepentí no dando por perdido aquel tiempo (entre
un tiempo y otro tiempo). No sé cuánto aprendí o desaprendí con él, en mi caso
cuesta distinguir cuánto puede dejar alguien, de sus escritos y razonamientos
en uno mismo, más cuando la consecuencia de ello no es evidente ni inmediata,
sino una sinergia progresiva entre la memoria y la razón que en algún momento y
por alguna circunstancia se hace perceptible, pudiendo entonces señalarla como
consecuencia de.., tal y como me dispongo a mostrar. "Nuestros
contemporáneos no son simplemente los escritores de nuestra época, muchos de
los cuales ya nunca podremos leer; contemporáneos son los textos que leímos e
hicimos nuestros en un momento dado, los que han dejado una huella en
nosotros." Michael Wood
Camus ha sido para mí uno de esos
escritores que hice mío. Influenciado éste de joven, por los mismos autores que
me influenciaron entonces a mí, con casi la misma edad. Intuyo, que desarrollé
algún tipo de vínculo con su espíritu: vínculo o cercanía que a otros parece
costarles establecer, no por no entender lo que expresa Camus, sino más por
entender cómo sentía y pensaba, en tanto: a la influencia que representaba la
lectura de "aquellos", a los que pocos siendo tan jóvenes se aprestan
a leer. Sobra decir, que siempre he sentido admiración por aquel tipo con su
cigarro a medias en la boca tan parecido y, a la vez, tan diferente a mi padre,
que saltó como un espontáneo al ruedo de la filosofía, llevado por aquella
valentía de no aceptar una existencia irreflexiva: burlándose de él en su día
sus detractores y definiéndolo: como un filósofo para jóvenes —creo que los
filósofos presocráticos, precisamente, enseñaban a jóvenes: de las cosas que
son)—, y que en la actualidad sigue siendo la opinión de no pocos académicos,
como no podía ser de otra manera, viniendo de académicos dicha opinión: que ven
solo sus propias luces y no la las sombras que las proyectan. Pero y volviendo
a lo que íbamos, de cuanto de sus escritos yo pude obtener, una cosa destaca
entre todos ellos: “Sísifo” será su sombra (la que me guíe y nos guíe en su
propia condena), y de quien le no interesa tanto dicha condena, como lo que
Camus nos enseñó por medio lo que ocurre durante una parte de éste castigo (en
los infiernos) justo cuando una vez alcanzada la cima con la roca, ésta vuelve
a caer y Camus ve: “a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia
el tormento, cuyo fin no conocerá jamás. Esta hora que es como una respiración,
y que vuelve tan seguramente como su desdicha, “es la hora de la conciencia”.
En cada uno de los instantes en que abandona la cima y se hunde poco a poco en
las guaridas de los dioses, (Sísifo advierte) que es superior a su destino.
(Él) “Es más fuerte que su roca” – el mito de Sísifo, Camus.
Justo, en ese preciso momento, en esa bajada en
silencio con su conciencia, es cuando Sísifo es “superior a su destino, y más
fuertes que su roca” somos Sísifo y su Roca (uno solo, y todos juntos,
elevándonos sobre nuestro propio abismo, sobre las llamas nos delimitan a un
destino. Un momento (tiempo) que todos, incluso en la peor de las situaciones
encontraremos reflejándonos en él, como yo me encontré tras mi accidente (casi
dos años recuperándome) luego de otras fatalidades; haciendo valer la
afirmación de que en “una tragedia no todo momento es tragedia”, y que en ella
nuestra conciencia —sea al anochecer, y libres por momentos del dolor
físico—actúa, y por ella nos reponemos: sobreponiéndonos a la caída, si no de
inmediato (durante al menos un breve periodo de tiempo volveremos a ella:
siendo, nosotros a cada paso (en acto de reconocernos de nuestras partes
esparcidas) luego recomponiéndonos en ellas→ de todas nuestras partes, más
fuertes que trágico nuestro destino. Camus no me enseñó a pensar (yo ya sé
pensar/ pues llegue a través de otros a él, dejándome luego guiar y poder a ver
esa dimensión que otros todavía no ven, mostrando ese ángulo oculto: el
camino (sobre el límite), que nos señalan quienes lo recorrieron antes que
nosotros.
Cuando asumimos la responsabilidad de la
existencia / vivir es elegir― Siempre ha sido cuestión
de elegir. Vivir es elegir. Sólo del saberse y reconocerse surge la verdadera
angustia. Se mire como se mire, la vida (la sociedad) parece un cúmulo de
desengaños, falacias y mentiras: esto es obvio, al igual que es obvio que son
muy pocas, una minoría las personas que alcanzan de pleno alguna de sus metas,
de aquellos propósitos primeros, en esta vida. De otro lado luego está la
inmensa mayoría: aquellos que deberán conformarse con lo que las
circunstancias, el entorno y los acontecimientos o accidentes propios de la
existencia, les permitan ser; a saber: serán lo que puedan (u otros les dejen
ser) más allá de lo que un día se propusieron ellos ser, o pudieran haber sido.
“Pues un hombre hace lo que puede, con lo que otros van dejando de él”—vino a
decir, no precisamente un ingenuo. Sin embargo, lo peor no es la capitulación
de uno mismo, o las propias aspiraciones—en favor de la voluntad y aspiraciones
de otros—hincando la rodilla, luego viéndose agonizar (envejecer) lentamente.
No. Lo peor es angustia que envuelve la imprecisa perspectiva de ese futuro que
aguarda y esa mirada al fondo del abismo sabiendo, que el siguiente paso
conlleva hundirse de pleno en él. Y todo porque un día, el peor de nuestras
vidas elegimos “vivir” dejando que se derrumbaran todas nuestras expectativas:
nos dejamos de mover, o nos movíamos tras otros. Llegados a ese punto la
angustia castiga con su cólera el alma: al saber y reconocernos únicos
responsables de nuestros actos y consecuencias: de todo lo que no hicimos y de
todo lo que ya no podremos hacer, pues “no elegimos” entonces “vivirlo”. Por
tanto, quien tenga valor y aún este a tiempo que elija: siempre ha sido solo
cuestión de elegir. Pues vivir es “elegir” ― esta apreciación, seguro que no se
le escapa a nadie―. Vivir es tener que tomar decisiones (“elegir”) y tomarlas a
diario (para “vivir”). Elegir es (por acción) pensar (de nuestro camino —en
este—aquello (experiencia) a lo que surgiendo “proyectándose” frente a nosotros
“elegimos” prestar atención). Y Solo al elegir por nosotros a lo largo de
nuestro camino — (acto de elegir / pensar hacia → y dirigirnos a aquello) —
vivimos "genuinamente" nuestras vidas. Luego en cada elección, en
cada acto (al elegir) nos vamos haciendo y transformando: definiéndonos a
nosotros mismos al ser, y ser de todo en lo que encontramos, comprometiéndonos
aún más si con ese destino “incierto” de quienes viven, de veras, su camino...
― cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras,
lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al
colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es
elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los
lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los
llevas dentro.., si no los yergue tú alma ante ti. Pide que el camino sea
largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y
alegría!- a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y
hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de
perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a
muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios. Ten siempre a Ítaca
en tu mente. Llegar allí es tu destino. Pero no apresures nunca el viaje. Mejor
que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto
ganaste en el camino sin esperar a que Ítaca te enriquezca. Ítaca te brindó tan
hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada
que darte. Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te
has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas
(Cavafis).
De aquellos temas que trata Heidegger
después a Ser y tiempo, la noción de ‘pensar’ destaca (por una razón muy obvia,
entiendo) ocupando buena parte de estos planteamientos tardíos, como un camino
—“(superación del pensar (en tanto aquella noción que tenemos del pensar: “de
la necesidad del pensar” casi obligatoriamente de algo— hacia la superación de
la metafísica (como superación de dicha “necesidad del individuo” de pensar
acerca de.. (Por la de solo observar meditativamente) aquello que se nos
proyecta frente a nosotros: una flor por ejemplo), como medio para poder
replantearnos la relación del ser humano con el ser (pues primero que pretender
relacionarse con “el ser” de las cosas / debemos relacionarnos, primero, con
esas cosas (por ejemplo esa flor) frente a nosotros. Y Esto es: no entendiendo
“ la flor” (pensado de entrada nosotros en aquello que decimos o creemos que
las cosas son, sino observándolas ( libres de los propios pensamientos que nos
las definen relacionados de ellas) para que estas sean (ellas mismas) hacia nosotros
en nosotros, lo que son (lo que es esa flor en particular) a nosotros (en ese
momento), y en relación con nosotros y en relación con todo lo demás; pues lo
que comprobamos de algo observado en la naturaleza (por ejemplo de esta flor,
frente a la que estamos) es que hay otras plantas a su lado, iguales o
diferentes, y más entes junto a estas ( la flor esta rodeadas de seres, formas
y rocas: y yo ahí, estoy rodeado de seres vivos, formas, y rocas y de la luz (
el sol) “que me las proyecta” reflejándose de ellas hacia mí. Pero si miramos
entre el ramaje, vemos las sombras: hay una parte (las raíces) que están en el
suelo, enterradas: no las vemos, y por tanto hay algo que no vemos de las
plantas, pero que está ahí, oculto) .luego Esa flor, esas flores, son mucho más
de lo que vemos (hay cosas de ellas que no vemos (pues están ocultas, estas de
las plantas bajo el suelo). Luego vemos todo ahí: está todo en una forma
compacto de seres unidos y pegados unos a otros, en ese universo al que nos
asomamos ahora nosotros; y es así, porque sin los otros seres y las rocas a su
lado, sin el musgo (y esas otras plantas que también molestan, pero necesita),
sin los hongos, la tierra y agua, el aire y sin el sol.., (la planta que
proyecta la flor hacia a nosotros, me dice: que ella sola… sin todo lo demás
moriría.
Pero esta percepción de la realidad de las
cosas, y de la naturaleza hoy es casi inexistente: y hablaríamos hoy de una
percepción ya de entrada del mundo natural distorsionada en nuestros días, pero
no tanto (y como alude Heidegger) por el mundo de la ciencia y la técnica (como
por propia la razón subjetiva “nuestra propia razón” que se dispara abordando
la cosa, antes incluso de que la observemos de pleno (dejándonos colmar de
sensaciones e impresiones) de la cosa misma frente a nosotros. Heidegger
propone un pensar que no es patrimonio de los filósofos, sino que está
latente (en las prácticas / y experiencias habituales de los individuos —como
bien pueda ser el caminar por el campo—proponiendo de la experiencia, en este
caso ( que es el mío propio) de caminar observando el campo: un estimulo para
“el pensar lento y meditativo” (dejémoslo en observación meditativa, en tanto
esté libre del “pensar en ideas”) y que no busca informaciones útil para la
vida, sino que se apresta a reconocer, lo que a otros se le ‘resiste a ser
explorado’] sobre todo, cuando interviene, interrumpiendo la magia (la razón
“subjetiva”) que ni ve, ni quiere ver, ni nos deja ver, lo que la naturaleza,
por si misma nos quiere decir.
Pero vivir plenamente los sentido y la experiencia de
estos (esto es: vivir), también es renunciar y arriesgarse. Cuando elegimos y
tomamos una decisión en cualquier dirección: emprendemos un camino nuevo, pero
igualmente estamos renunciando a algo (morimos en aquello anterior). Es por
ello, que al elegir esto o aquello (al moverme y movernos) afirmamos, al mismo
tiempo el valor del camino que tomamos. Todo así, la cuestión es sencilla
("moverse") y quien no lo entienda, sencillamente, es que no aprendió
nada todavía (la vida proveerá). Por tanto pensemos antes de detenernos por
demasiado tiempo en este o aquel lugar, no vayamos a perder algo, o lo que es
peor: no vayamos a perderlo todo, por no movernos en nuestra propia dirección.
“Que pueda en todo caso la filosofía escrita, tras sus comienzos hace dos mil
quinientos años, mantenerse en estado virulento todavía hoy, lo debe sin duda a
los resultados de su capacidad para hacer amigos a través del texto. Se sigue
escribiendo como una cadena de la suerte a través de las generaciones, y quizás
a despecho de “todos los errores en las copias” –o aun, quizás, “gracias
incluso a tales errores”– arrastró a copistas e intérpretes con su amigable
encanto” — (Peter Sloterdijk - Reglas para el Parque Humano). "Los días del
futuro están delante de nosotros como una hilera de velas encendidas: velas
doradas, cálidas, y vivas. Quedan atrás los días ya pasados, una triste línea
de velas apagadas; las más cercanas aún despiden humo, velas frías, derretidas,
y dobladas. No quiero verlas; sus formas me apenan, y me apena recordar su luz
primera. Miro adelante mis velas encendidas. No quiero volverme, para no verlas
y temblar, cuán rápido la línea oscura crece, cuán rápido aumentan las velas
apagadas" (Cavafis).
1 (6)
—
La humanidad está viviendo acontecimientos y descubrimientos, que ponen en
cuestión nuestra perspectiva tradicional de la realidad — Hacia un nuevo
paradigma: Un nuevo hombre y una nueva era —De La necesidad del nuevo hombre
—Hacia una nueva era —Desde unas nuevas perspectivas cósmicas — Sobre el
conocimiento — De Las grandes revoluciones o grandes cambios—Desde la
naturaleza del Hombre, y el hombre como problema — El nuevo Ser (humano) hacia
lo propio y de lo Humano —El sentido de la vida (en general) o o mejor y antes hacia
hallar el sentido de la propia vida —Mente , consciencia y cosmos —Aislarse en
el caos (desde el límite)— .
La humanidad está viviendo
acontecimientos y descubrimientos, que ponen en cuestión nuestra perspectiva
tradicional de la realidad, así como nuestros conocimientos en relación con
esta. Las múltiples corrientes de pensamiento que, junto a otros desarrollos de
la ciencia actual, se sumergen en espacios extraordinariamente desafiantes,
desde la comprensión de la evolución y la naturaleza misma del universo, hasta
la exploración de partículas subatómicas, pasando por la teoría de cuerdas que
aspira una “teoría del todo” muestran la emergencia de un verdaderamente
“nuevo” paradigma holístico, sistémico y auto-organizativo. Lo que de alguna
manera viene a insinuar, el trance igualmente de prepararnos y preparar
nuestras mentes —como especie— y nuestra capacidad de análisis, para responder
adecuadamente los nuevos desafíos (y experiencia propias) que nos serán
propuestos en el futuro. Sin embargo, entiendo que ya no se trataría, en esta
ocasión solo de aceptar, una vez más, un cambio de paradigma (dirigido), como
ha ocurrido en otras ocasiones, sino más de cambiar y de manera drástica,
incluso, nuestra forma de pensar en torno a la realidad: el mundo, el universo
e incluso, o sobre todo de Dios, pues lo revelado, tanto individualmente, pero
igualmente a través de las ciencias físicas (la cuántica) pone de vuelta y
media aquella que percibimos por nuestros sentidos, acercándonos, (ya, al menos
a algunos) a un mundo insólito y desconocido hasta ahora: un mundo y una
realidad a la que verdaderamente pertenecemos, pero que nuestros sentidos
todavía (por una incapacidad -mental- manifiesta y subjetiva / estrangulada por
unas creencias arcaicas —de dominio: pero el temor y terror—, que someten la
consciencia) no pueden reconocer.
Los fenómenos cuánticos, la influencia de la mente en
nuestros cuerpos, la misma naturaleza de la conciencia, o la relación entre
mente y cuerpo o nuestra relación con la luz, son algunas de las cosas que
rompen con el paradigma que nos rige actualmente y con el que se pretende que
pueda sustituirlo: bajo el nombre “Teoría de complejidad” o ciencias de la
complejidad, y que ha generado en los últimos años una cantidad significativa
de investigaciones y producciones científicas hoy en pleno desarrollo, pero que
comprobamos como sirve únicamente para abarcar una pequeña parte de esa
realidad: aquella apta para ser reconocida y medida (reconocida, entiéndase,
por las ciencias e instrumentos muy al límite de nuestro intelecto, pues
aquello que representa y quiere decir, supera en órdenes de magnitud nuestra
capacidad de entenderlo en tanto a qué significa realmente). Lo que dicho de
otro modo, es algo así, como que no estamos suficientemente preparados:
evolucionados, para asomarnos a esa realidad y entenderla por si solos tal y
como es físicamente, ni tampoco nuestra física parece suficiente hercúlea para
penetrar sus misterios, y menos aún para pretender manipularla; como de manera
tan ignorante hacemos, a riesgo luego de lo que por nuestra ignorancia pueda
acontecer: situación esta, alarmante para una especie que dice aspirar en un
futuro a las estrellas.
Hacia un nuevo paradigma: Un nuevo
hombre ; una nuevas era—Cuando hablamos de
“paradigma”, lo hacemos refiriéndonos a un modelo —o patrón— dado en cualquier
disciplina científica, u otro contexto cognoscitivo o epistemológico.[Podemos
entender un paradigma “científico” como la conceptualización que se alcanza
sobre la manera en que se observa el mundo y que es compartida por los miembros
de la comunidad científica a la que le provee de modelos aceptables con los
cuales puede afrontar la solución de problemas de la ciencia (Kuhn, 1988;
Najmanovich, 1992)]. Hablamos por tanto de toda una constelación de conceptos,
valores y técnicas compartidos por una comunidad, en este caso científica, y
utilizados por ésta para definir problemas y soluciones. Luego, Explicar y
entender las cosas, dentro de un determinado paradigma, determina la
explicación de estas en tanto a ese paradigma (científico/ social/ filosófico)
existente.
Nuestras vidas se rigen, al igual que la
sociedad y el mundo en el que vivimos, por unos determinados paradigmas, que
van cumpliendo su función, hasta que en algún momento se ven superados bien,
por nuevos avances o descubrimientos (también revoluciones) haciéndolos
inservibles, entiéndase: son útiles hasta que son incapaces de dar soluciones o
respuestas a determinadas preguntas o esas respuestas están superadas por la
misma experiencia de la realidad: como es mi caso. Es entonces cuando se
precisa, o provoca un cambio de paradigma.
Si observamos la ciencia, tal y como la
conocemos y entendemos actualmente, generalizando, esta se ha basado en el
denominado paradigma (newtoniano – mecanicista) durante los últimos siglos,
surgido este a partir de la separación de la realidad: entre el mundo material
y mundo inmaterial por parte de R. Descarte, (entendamos aquí la razón:
consistente en hallar medios para lograr los objetivos propuestos en cada
caso). [Podría afirmarse que hasta el siglo XVI de nuestra era, casi todas las
culturas del mundo, incluida las europeas, tenían una visión orgánica del
universo. Eso quiere decir que vivían, salvo excepciones, en una relación
simbiótica con la naturaleza y el cosmos. A lo largo de los siglos XVI y XVII
esta forma de ser y estar en el mundo sufrió un cambio radical en Europa ( la
razón iluminista). Esta cosmovisión orgánica es reemplazada por una concepción
articulada y que se expresó a través de una metáfora maquinal, que terminó por
convertirse en el emblema de la edad moderna. Ahora bien, es preciso percatarse
que esta evolución fue el resultado de cambios radicales en la cosmología: en
la ciencia y la tecnología] pero sobre todo en ese concepto de razón, que se ve
alterado. El hecho de percibir —y de aceptar dentro de sí— ideas eternas que
sirvieran al hombre como metas era llamado, desde hacía mucho tiempo, razón.
Hoy, sin embargo, se considera que la tarea, e incluso la verdadera esencia de
la razón consiste en hallar los medios y lograr los objetivos propuestos en
cada caso. Luego los objetivos que, una vez alcanzados, no se convierten ellos
mismos en medios son considerados como supersticiones. Y Si bien la obediencia
a Dios había servido siempre como medio para conquistar sus favores, y por otra
parte como racionalización (justificar las acciones (generalmente las del
propio sujeto)
los iluministas, tanto teístas como ateístas, interpretaron los Mandamientos, a
partir de Hobbes, como principios morales socialmente útiles, destinados a
fomentar una vida en lo posible libre de tensiones, un trato pacífico entre
iguales, y el respeto del orden existente. Liberada de connotaciones
teológicas, la sentencia “sé razonable” equivale a decir: observa las reglas,
sin las cuales no pueden vivir ni el individuo ni el todo, no pienses sólo en
cosas del momento.
Luego con la aparición en el mundo
material de las leyes matemáticas y de la mecánica por parte de Newton: ya no
hemos vuelto a necesitar jamás de ningún mundo inmaterial (ni aquellas ideas
eternas), pues las respuestas a todas nuestras preguntas se podían encontrar,
de un modo u otro, a partir de múltiples teorías y fórmulas (ideas): La razón
se realiza a sí misma cuando niega su propia condición absoluta —razón con un
sentido enfático— y se considera como mero instrumento. No es que no existan
intentos serios de avalar teóricamente la afirmación de la verdad racional. A
partir de Descartes grandes corrientes de la Nueva Filosofía aspiraron a una
componenda entre teología y ciencia. “La facultad de ideas intelectuales (la
razón)” desempeñaba el papel de mediadora. (“Lo divino de nuestra alma consiste
en su capacidad para concebir ideas”, leemos en los escritos póstumos de Kant.)
Semejante fe en la ratio autónoma fue denunciada por Nietzsche como síntoma de
atraso, pues “según instintos valorativos alemanes Locke y Hume eran de por
sí... demasiado lúcidos, demasiado claros”. Kant fue para Nietzsche un
“demorador” un atraso, pues: “La razón no es más que un instrumento y Descartes
fue superficial”. Sin embargo: a lo largo del siglo XIX la ciencia evolucionó
en el marco de tal paradigma newtoniano-cartesiano consolidándose así el modelo
positivista. Si bien, al mismo tiempo, comienzan las primeras manifestaciones
de sus carencias y límites (muchos de ellos solapado por intereses); pero más
allá de esas mismas carencias y límites, iba a surgir un problema derivado, endémico,
y aún mayor; pues este paradigma —que ahora entendemos nocivo— entendía, y
entiende el mundo y la naturaleza como un gran almacén o despensa (en tanto a
recursos naturales) del cual podemos disponer, a voluntad, explotándolos tanto
como necesitemos o apetezca sin preocuparnos, y mucho menos pensar en las
consecuencias a medio y largo plazo de dicha actividad expoliadora. Gracias a
ese pensamiento chato y miope, e igualmente materialista, hoy en día nos
“beneficiamos” de una explotación descontrolada de recursos y personas
(sometidas a una educción dirigida a la producción), de consecuencias
catastróficas, y cuyos daños son incalculables: no sabemos todavía si
irreparables.
Como en el caso de otros fenómenos
culturales atacados por la decadencia, el siglo XX repitió el proceso
histórico. En 1900, año de la muerte de Nietzsche, aparecen las Logische
Untersuchungen (Investigaciones lógicas), de Husserl, con el propósito de
fundamentar una vez más, con rigor científico, la percepción del ente espiritual,
la contemplación de lo esencial. Desde sus comienzos, este esfuerzo lleva el
signo de lo restaurativo. La autodisolución de la razón en cuanto substancia
espiritual obedece a una necesidad interior. La teoría debe hoy reflejar y
expresar el proceso, la tendencia socialmente condicionada hacia el
neo-positivismo, hacia la instrumentalización del pensamiento, como asimismo
los vanos intentos de salvación. Precisamente, esa misma sociedad industrial
(positivista – cientificista), sostiene todavía aquella visión arcaica, propia
de aquella mentalidad obtusa, aplanada y especuladora, en relación con el mundo
que nos acoge (y el universo al que pertenecemos y formamos parte), y que dio
origen al actual sistema, tan cruel como nocivo bajo el cual se encuentran las sociedades
occidentales (que ahora dan su relevo, mostrando el camino a las nuevas
potencias emergentes de Asia) desarrollando estas un neocapitalismo-adaptado
extremo: igualmente destructivo y nocivo—o mayor aún dada su densidad de
población (china, india) y ausencia de medios de protección ecológicos— donde
el objetivo no es otro que ( tomar los medios, hacia aquellos fines que son
medios en sí mismos: acaparar, acumular riquezas y demostrar que se posee, se
procesa, se produce y se consume más y con mayor velocidad: velocidad esta,
proporcional a la destrucción del medioambiente. Lo que da lugar,
potencialmente, en el caso de china por ejemplo, a una expansión territorial
clandestina y amenazante, en busca nuevos recursos a costa de otros estados,
así como paralelamente a una carrera y producción armamentística feroz, de
consecuencias finales difíciles de precisar.
Luego y a un nivel individual: cada
persona, en esta situación de estrés productivo desemboca en una pérdida de
buena parte de las facultades individuales (mentales), así como en un
menosprecio hacia la reflexión y el pensamiento o los potenciales propios de sí
mismo, luego distraídos y pendientes siempre de que las modas, los famosos, la
televisión o los anuncios nos apunten los medios hacia qué debemos hacer para
ser “felices”, siendo capaces de anular aquellas ideas que sirvieran al hombre
como metas, para adoptar luego las ideas ( como deseos propuestos de unos pocos
hacia todos de unos pocos, y que nos serán impuestos (de manera subliminal) por
aquellos mismos a los que admiramos o, simplemente, al aceptarnos (
reconocernos) de un modo distinto al que verdaderamente somos, por aquel que
deseamos ser 8 y ser reconocido), solo por no quedar fuera del ente social.
Pagando por ello un precio desorbitado, no solo en lo económico, sino
igualmente en relación a nuestra salud mental y el medio ambiente.
Y si bien es cierto, que la situación
actual —social y política— a la luz del cambio de un nuevo paradigma científico
que se ha venido operando en el último siglo XX en las ciencias físicas
(cuántica, por poner solo un ejemplo), habiendo este dado emergencia a una
percepción e interpretación de una nueva realidad muy diferente a la que estaba
en boga en los siglos XVIII y XIX (a lo largo de los cuales se gestó y se
desarrolló el sistema todavía —recordémoslo— y formalmente: aún vigente);
resultaría, que este nuevo paradigma emergente (en el que ahora estaríamos
envueltos) parecería (no): sino que “es realmente insuficiente” para muchos de
nosotros a la vista, cuando observamos que ya viene viciado (o
instrumentalizado) no penetrando la emergencia de una nueva realidad (deseada
por todos) científico/social y reorganizada de base, sino que viene, y esto han
de entenderlo: pretendiendo adaptar esa nueva realidad o (modelo nuevo de
paradigma), al sistema (modelo) social y político (arcaico) y todavía
existente: gestado, desarrollado y derivado directamente del paradigma
anterior; y recordemos de nuevo: que formalmente aún vigente. Lo diré de otro
modo: esa nueva realidad (cuántica) que pretendemos entender, penetrando ya
nuestras vidas desde todos los ámbitos de la ciencia y la sociedad desde hace
unas décadas ha propiciado: la adaptación del modelo político liberal
capitalista a esta, pero no así de las personas. Potenciando ahora, y todavía
más si cabe, nuestra dependencia del modelo anterior y arcaico
instrumentalizado, ahora renovado (pero no
distinto: leamos la escuela de Frankfurt y la razón
instrumental) alejándonos casi definitivamente de una posible independencia de
este modelo arcaico, y por lo tanto de una vida autentica (con la naturaleza y
el mundo) convirtiéndonos en siervos permanentes 24/7 del mismo ( o razón
subjetiva). Todavía hay quien espera (sentado) la salvación del cielo (cuando
la batalla ya se está librando), y el reino del padre ya está aquí, solo que no
lo vieron venir, del mismo modo que no se percataron de lo que siempre había
estado: en mi casa (y en toda España), aunque estén en silencio, mandan las
madres.
De La necesidad del nuevo hombre— Huelga
decir que no se trata de algo que se vaya a suceder-solucionar en una o dos
generaciones, pues de lo que hablo —y se propone aquí— es de un cambio radical
y de fondo, por el que cualquier enfoque científico y social al respecto
debería complementarse de base con otros: con la búsqueda y desarrollo de
potencias aún no probadas del intelecto (el entendimiento) y los sentidos; y
hablo, aquí y ahora, de un nuevo ser humano capaz de asomarse (quién sabe si
tomado de la mano) a esa nueva realidad (verdad) evolucionando a ella, y
entenderla no solo a través de instrumentos, sino y sobre todo, por medio de
sus propios sentidos: experiencia (y consciencia). Evitando juicios de razón
(llevando a cabo ideas), en tanto aquellas consecuencias, que de nuestros actos
irracionales y egoístas, luego se devienen.
La cuestión, por tanto, sería ahora
preguntarnos cuánto falta para el advenimiento de ese nuevo ser: más respetuoso,
que sustituya la arcaica conciencia moral por una conciencia más integrada a
aquello que pertenece, y sin pensar que aquello le pertenece. Un nuevo humano
que entienda que no hay un exterior de lo existente, ni una piel que le separe
del este exterior, sino una piel que le conecta a él y a todo lo demás. Donde
esa razón ecológica — hoy tan necesaria por el modo de proceder de las personas
—sea ya innecesaria, gracias a una nueva conciencia integrada y que por fin
entienda, que "como un inmortal poder, todas las cosas cercanas y lejanas,
ocultamente están ligadas entre sí, de modo que no puedes arrancar una flor,
sin perturbar a las estrellas" (F. Thompson). Y sin embargo, pienso: ¿Cómo
lo haremos? Y luego, yo mismo me respondo: si quizá... ya esté todo ocurriendo.
Luego en relación con la importancia y
necesidad de cambio de paradigma dada una nueva realidad, esta se entiende al
observar que pasaría, si la naturaleza, las estrellas y todo el universo — en
lugar de entender ese todo como algo inerte, tal y como hasta ahora pensamos y
entendemos— fuese un todo, no diré orgánico, por cuanto conlleva la expresión,
pero consciente y conectado entre sí, y del que formamos parte integrada,
aunque algunos se empeñen en mantenernos separados; y donde nuestra mente y
consciencia jugasen un papel más allá del que hasta ahora entendemos y
percibimos: donde nuestro trato con la luz (y el espacio) sea distinto, siendo
más que la luz y por lo tanto radicalmente distinto, a como hasta ahora hemos
percibido y entendido, relacionándonos con ella (no especularé). ¿Cómo sería
esta nueva realidad? ¿Cómo veríamos el mundo y la realidad, las estrellas y el
mismo universo? lo cierto es que me sobrepasa, lo reconozco, pero y a la vez
reconozco, sobrepasado que sencillamente, esta nueva realidad se instauraría...
.Hacia una nueva era—Las
disciplinas científicas emergentes: la física cuántica, y las neurociencias nos
llevan hoy a pensar, que aquel paradigma donde nuestra mente — a través de la
luz—interacciona con la materia sería mucho más idóneo para poder explicar
aquellos mismos fenómenos emergentes. En relación con este auténtico y nuevo
paradigma posible Del todo, y que considera algo como un todo: sería aquel (neo
paradigma) que tomaría dentro de un enfoque transversal un conjunto de
conceptos que de manera holística, identifiquen fenómenos particulares y
subjetivos (incluso no probados empíricamente) de interés para una disciplina
concreta (la física, por ejemplo) que, sin embargo, la ciencia aceptaría como
potencia, así como las proposiciones que afirman las relaciones entre estos
fenómenos, incorporando para ello aportes de aquellos modelos (paradigmas) más
relevantes, y abriendo nuevos espacios para acceder, asomándose, a un nuevo
conocimiento-experiencia a través de aquellas situaciones, que igualmente
permitan explorar las diferentes variables posibles, así como hallar las
pruebas de los mismos en el comportamiento de algunos individuos.
Desde unas nuevas perspectivas cósmicas— Llegará
una época en la que una investigación diligente y prolongada sacará a la luz
cosas que hoy están ocultas. La vida de una sola persona, aunque estuviera toda
ella dedicada al cielo, sería insuficiente para investigar una materia tan
vasta... Por lo tanto este conocimiento sólo se podrá desarrollar a lo largo de
sucesivas edades. Llegará una época en la que nuestros descendientes se
asombraron de que ignoramos cosas que para ellos son tan claras... Muchos son
los descubrimientos reservados para las épocas futuras, cuando se haya borrado
el recuerdo de nosotros. Nuestro universo sería una cosa muy limitada si no
ofreciera a cada época algo que investigar... La naturaleza no revela sus
misterios de una vez para siempre. Séneca, Cuestiones naturales, Libro 7, siglo
primero
Actualmente, sobre todo en el último
siglo, las personas hemos descubierto un método eficaz y elegante de
explicarnos a nosotros (esto no es comprender) con más acierto universo y
aquello que acontece en él: un método llamado ciencia, método, pero, que como
otras formas anteriormente no solo da una explicación sesgada, sino que también
mantienen entre sus filas Brujos y Papas; pues, ni siquiera la ciencia está a
salvaguarda del factor humano (los intereses propios y personales / y de la
razón subjetiva), a la hora de interpretar sus observaciones y resultados. Sin
embargo, esta nueva ciencia nos ha revelado por sus métodos, cosas hasta ahora
inimaginables: un vasto universo tan antiguo y violento, donde, en perspectiva,
los asuntos humanos parecen ridículos y de escaso interés.
Con los años, y los siglos, el hombre se
ha ido alejando cada vez más de la naturaleza y el Cosmos, hasta parecernos
este último: el Cosmos, algo remoto y sin consecuencias para nuestras
preocupaciones diarias. Pero esa ciencia —la misma que a unos los aleja de la
naturaleza y la realidad manteniéndolos pegados a las pantallas de los móviles
hacia meta universos— nos ha descubierto, no solo que el universo tiene una
magnitud que inspira vértigo, éxtasis e incluso terror y que hay, todavía más
allá de lo que vemos: sino, que igualmente, nosotros formamos parte de este en
un sentido real y profundo; que, no solo nacimos y evolucionamos en él, si no,
que el futuro y destino de la especie depende, estando íntimamente ligado a
este (por la consciencia): estando, incluso los acontecimientos humanos más
básicos y las cosas más triviales en apariencia, conectados íntimamente con el
universo y sus orígenes.
Es primordial, por tanto, para nuestra
subsistencia y supervivencia, que comprendamos este universo por los medios
dados, y no siempre tomados a nuestro alcance, y que hoy, no solo son Ciencia
& Razón; y, sin olvidar que la ciencia, en esencia, solo aporta datos e
información de la observación o experimento, siendo, luego y en definitiva la
razón —subjetiva, e íntimamente ligada a nuestro grado de evolución y
consciencia actual de la realidad— la que interpretará los datos, casi siempre,
cayendo del lado de los interesas propios (razón subjetiva) por falta de una
razón objetiva que vele por esos objetivos universales de la humanidad (mas
allá del individuo) como especie. Que todo aquello que obtengamos y reduzcamos
a certeza hoy, no será más que una verdad relativa —cuando no sesgada— de una
realidad que no alcanzamos a ver ni entender por completo: certezas, que mañana
(debido a una mayor autoconsciencia) serán derrumbadas como un castillo de
naipes, por otras más acertadas, en la medida que vayamos adquiriendo, con el
tiempo y, por medio de la evolución de la consciencia/ no de la ciencia o la
tecnología, nuevos grados mayores, precisamente de conciencia. Y es a partir de
este mismo momento, y sea cual fuere el camino que tomemos en el futuro,
nuestro destino estará ligado indisolublemente a nuestra capacidad de discernir
y admitir —más allá de nuestras certezas— nuestra propia ignorancia, nuestro
desconocimiento en tanto a esa realidad hoy inalcanzable en absolutos a nuestra
razón, que nos disponemos a descubrir, recorriendo esta paso a paso. "Lo
conocido es finito, lo desconocido infinito; desde el punto de vista
intelectual estamos en una pequeña isla en medio de un océano ¡limitable de
inexplicabilidad. Nuestra tarea, en cada generación es recuperar algo más de
tierra". T. H. HUXLEY, 1887
Sobre el conocimiento— El
ser humano lleva toda su existencia sobre la Tierra huyendo de la ignorancia.
Una ignorancia que le hace sentir ignorante de su propio ser y destino.
Abriéndose una fisura, creando una tensión permanente, entre ese hombre que
busca el saber de las cosas, y lo desconocido, que a decir verdad, es casi todo.
El hombre trata, en un esfuerzo vano de acercarse a lo desconocido, busca saber
de las cosas, entenderlas, reduciendo así los límites de su ignorancia. Para
ello, a lo largo de la historia ha utilizado, desde mitos, leyendas y dioses,
hasta símbolos y, últimamente a través de la ciencia: fórmulas, tesis,
hipótesis, modelos y esquemas. Nos cabe preguntarnos ahora —en tercera persona—
¿Qué le empuja a ello? Como si no fuese con nosotros el problema. Es más,
precisamente en nosotros encontramos ya algunas respuestas, acerca de ese
profundo malestar: un malestar que no le permite ser feliz, ni siendo
ignorante.
Es un hecho innegable: que comprender la
razón de las cosas, aunque sea de forma vaga, y por nuestros propios medios o
posibilidades — en tanto a como estas “cosas” o “entes” a nosotros se nos
representan y las entendemos— ha llevado a dotarnos de valiosos mecanismos, por
los cuales, comprobamos, se premia al individuo con emociones agradables,
recompensando, en este ese entendimiento; e, igualmente, castigando con
malestar la ignorancia y rencor al ignorante. Pues, es más fácil para el
individuo vivir a la luz del mundo y en el conocimiento de las cosas, que
hacerlo a la sombra de esa realidad y su oscurantismo. Sin embargo, para ello,
para salvar esa distancia entre nosotros y el desconocimiento: de no saber casi
nada de lo que somos y lo que nos rodea; (nosotros) el hombre, ha tratado
desesperadamente de crear certidumbres que, aunque muchas veces falsas,
pudieran servir de soporte virtual a su vida. Certidumbres estas, que
periódicamente a lo largo de la historia has sido ridiculizadas, señalando a
los defensores de aquellas “certezas”: de la centralidad de la Tierra, de la
aparición “espontánea” de la inteligencia, la superioridad de la raza, e incluso
de una visión mecanicista de la realidad… y, aun así, frente al riesgo a hacer
de nuevo el ridículo frente a sus semejantes, el hombre: las personas, siguen
apostando por tener certidumbres. No obstante, y aunque se rodeen esas
certidumbres de misterio, ritos o sacralidad, religiosa o científica, la
realidad y el paso del tiempo, oportunamente y de forma impasible, se ocupa de
poner en cuestión todo supuesto conocimiento: “nuestra vida vive siempre de una
interpretación del universo y que, en consecuencia, toda crisis supone
desprenderse de esa ubre que amamanta nuestra vida” —Ortega y G. palabras muy
expresivas del propio ortega, que invitan a disponernos a aceptar otra
perspectiva vital, y a ver en consecuencia otras cosas ateniéndonos a ellas.
Pues la Ciencia no es gradual y acumulativa, lineal; sino que viene en
ocasiones a ser arrollada por una serie de grandes cambios; cambios, a veces
drásticos de "paradigma".
De Las grandes revoluciones o grandes
cambios, decía P Davis, tienden a asociarse con las
grandes reestructuraciones de las perspectivas humanas (Davis, por supuesto,
refería revoluciones tecnológicas y científicas). Copérnico, Darwin o el mismo
Einstein son ejemplo de ello: nada de lo que argumentaron aquellos genios
estuvo fuera del entendimiento de sus semejantes, que a poco de formación
académica —aunque no estuviesen familiarizados con los estudios— entendieron,
sino de forma compleja, si de forma general lo que aquellos genios con sus
ideas les querían decir —no tanto quizá quiso citar las ecuaciones en el caso
de Einstein—. Y ello es debido a que las personas, por ejemplo, en occidente,
todas compartimos —aunque habrá excepciones— no solo la cultura, la capacidad
intelectual y la formación, sino igualmente la percepción (los sentidos) y, por
tanto, igualmente compartimos nuestra representación del mundo material. Razón
por la cual, el razonamiento de cualquier persona formada intelectualmente, es
capaz de acceder a los pensamientos y representaciones de aquellos singulares
científicos, entendiendo —al menos generalmente—qué nos querían decir.
Sin embargo, durante el primer cuarto del
siglo pasado, y prácticamente a la vez que Einstein desarrollaba su teoría de
la relatividad y relatividad general —a vez que una nueva física que permitiría
un mejor entendimiento del macrocosmos— de otro lado y casi al mismo tiempo, se
desarrollaba otro nuevo concepto de la física revolucionario, un concepto que
vendría a reformular los aspectos básicos de la realidad, enfocándose esta de
un modo nuevo, distinto e inesperado, más próximo al misticismo que al
materialismo. Hoy todos, aunque sea de un modo simple, creemos entender aquello
que es la realidad: todos tenemos una idea de ella. Sin embargo, y no se
asombren: la teoría cuántica (probada y demostrada en muchos de sus aspectos)
está fuera de todo entendimiento y razonamiento al común de los mortales,
siendo accesible solo a muy pocas personas. Ni siquiera aquellos con amplia
formación científica en otros campos, y que pretenden afirmar entenderla, tiene
luego ni siquiera una idea de lo que aquellas ecuaciones representan, implican
o proponen. Pues hablamos de una realidad de Alicia en el país de las
maravillas cuanto menos, y ajena por completo a nuestros sentidos (y, por
tanto), hablamos de una realidad a la que no tenemos acceso (y, por tanto) que
ni entendemos ni comprendemos por más vueltas que le demos, o explicaciones que
nos vendan: en esencia su sentido está oculto ( incluso a los que lo observan),
pues precisamente nuestros sentidos y percepción del mundo y la realidad,
primero, y después nuestra capacidad de intelecto, e inteligencia y percepción
no están a la altura que se precisa para acceder a esa realidad, en tanto
refiero: entenderla. Y Tanto es así, que los físicos que trabajan en ella, en
sus ecuaciones, la aceptan dentro de sus laboratorios, pero la rechazan fuera
de ellos: en su vida cotidiana y mientras están con sus familias y amigos. No
hablan siquiera de ella, más allá de las paredes y pizarras de sus
laboratorios, teorizando sobre sus consecuencias en la realidad... y hacen
bien, créanme, pues los tomaríamos por locos: más locos incluso que a aquellos
que dicen ver marcianitos verdes sobre tapacubos de 5m de diámetros. De hecho,
no creeríamos nada de lo que nos dijesen en relación con las implicaciones que
tienen en la realidad dichas ecuaciones, por cierto correctas, y tanto es así,
que incluso Einstein, primero bastante incrédulo y rechazándola (recordemos
aquella frase: dios no juega a los dados) terminó después por aceptarla. Pero
de esta nueva aventura física y aceleradores de partículas, un filósofo
(perdón) o mejor digamos un pensador cualquiera, que levante la cabeza de sus
propia cosas e intereses, y no importa si ajeno a esta nueva física o
familiarizado amplia o vagamente con ella, y sus ecuaciones, de inmediato
advierte un problema o, lo que podríamos llamar: el problema.
Desde la naturaleza del Hombre, y el
hombre como problema ¿Cuál es el problema? En el momento en que
nos preguntamos “cuál es el problema”, no hacemos otra cosa que reconocer la
existencia de este en la propia pregunta: “Hay un problema”. Pero la pregunta,
no solo prueba la existencia del problema, sino que igualmente no reconoce
aquel. Luego si preguntamos a cualquier persona anónima cuál es el problema, con
toda seguridad remitirán los propios: problemas que —y todos podemos
comprobarlo— nunca terminan sean unos u otros y, que por naturaleza de la
propia especie, irremediablemente, se proyectan como una pesadilla metafísica
hacia todos los ámbitos de la existencia humana: política, educación,
convivencia… Problema, que de forma paradójica, aún con todos avances en
tecnología, salud y bienestar social no parecen solucionarse: el problema es
antiguo como el hombre; y casi podríamos afirmar, no que el hombre tenga un
problema sino que el mismo sea el problema; sumado esto, a que cada época
deviene ya concretada por un campo de problematicidad, que es indisociable del
campo de la racionalidad, existiendo un permanente desfase entre lo que el
hombre es —y como se entiende a sí mismo en cada momento— y lo que luego se
exige, y le exige la complejidad real de cada época (necesidad y contingencia).
En relación a otras épocas, y generalizando, lo que cambia es el grado de
lucidez de las personas, en tanto son capaces de reconocerse (lo que son) y
luego de reconocer: todo lo demás.
En su emancipación (o intento ilustrado de
emancipación de la naturaleza) el hombre participa, aun hoy (e implica con ello
en su decisión) el destino del mundo que lo circunda y al que “domina” (o cree
dominar en su ignorancia). Luego este dominio —o errar de la razón—, sobre la
naturaleza incluye, en este caso sí: el dominio igualmente del hombre sobre
otros hombres. Todo sujeto (individuo instrumentalizado y funcional dentro de
la sociedad) debe tomar parte en el sojuzgamiento (dominio con violencia /
negación de la naturaleza (mundo natural). Y a fin de realizar y conseguir
esto, debe subyugar a la propia naturaleza igualmente dentro de sí mismo
(controlar y someter los propios instintos); algo que solo será posible “al
interiorizarlo" en un amor por (el deseo de control y poder), que son los
medios (sociales) hacia lo que comúnmente se define como meta: la felicidad del
individuo, representada esta en la salud y la riqueza, entendidas estas
siempre, en su posibilidad funcional dentro de la sociedad. Siendo igualmente
estas las condiciones favorables para la producción: intelectual y o material
de unos y otros. Sin embargo: muchas de estas personas “felices” con poder “y
con buenos médicos” y “riquezas” son las más inútiles (en el medio natural) y
débiles frente a la naturaleza (alergias e intolerancia el calor o a las
exigencias físicas en el medio natural: en sierras y montes al sol en verano o
bajo la lluvia en invierno) que he podido conocer, y reconocer por un tiempo
incluso en mi mismo: (como inútiles en el medio natural / en el que deben ser
guiados, y del que de algún modo se les debe proteger). Esto lo entendemos hoy
todos cuando vemos cuando al (excursionista / aventurero) le llevan la mochila
y le dan de comer; o que para ver una pinturas rupestres en una sierra a una
altura de no más de 550 metros y un desnivel de 200m se tenga que adecuar el
acceso, cementándolo (a tipo de vía romana), para que esas personas sanas y
felices (tanto jóvenes como de mediana edad) puedan recorrer una cuesta de no
más de 15 minutos andando, sin que les dé un joenco, o se partan el culo al
resbalar. Pero si queremos un ejemplo más claro de la del hombre civilizado
(poderoso, sano y feliz), frente a la naturaleza silvestre y su indefensión al
punto, de dirigirse hacia la luz (como una mosca al fluorescente) e incapaz de
reconocer las sombras de aquella misma luz, hacia la que se dirige, este es el
caso de Michael Rockefeller, desaparecido en las frondosas selvas de la costa
sur de Nueva Guinea (al marcharse por su cuenta para estudiar una tribu) y que
habría sido devorado por los caníbales, pudiendo formar parte de un ciclo de
venganza "ojo por ojo” en un ciclo de represalias iniciado por una
patrulla holandesa que asesino a unos indígenas). Caso parecido seria el del
turista mordido por una víbora (Bothrops) arborícola, cuando este se acerca a
fotografiar una flor llamativa, sin observar lo que le observa unos centímetros
más arriba.
Semejante renuncia (a la propia naturaleza
de los hombres, por si mismos) no solo nos lleva (consecuencias) a la
indefensión y desconocimiento del medio (del que venimos y al que pertenecemos:
no tenemos otro), sino que produce a la vez una racionalidad (irracional)
respecto a los medios utilizados (cuando el humano es cosificado y utilizado
como medio para los fines de otros humanos: esclavo del trabajo, fuerza de
trabajo), e irracionalidad igualmente respecto al existir humano (enajenado de
aquella su naturaleza y ser (de su lugar): apareciendo como un extraño en sí
mismo, irreconocible a la naturaleza y al mundo al que pertenece), pero luego
“reconocidos” de la sociedad y sus instituciones de las que llevan su sello (en
tanto observamos en los individuos) esta discrepancia (lucha constante entre el
ser y el no ser del hombre, como hombre (de alma paleolítica), contra sí mismo
(contra el hombre/ producto del neolítico) hoy enfrentado a naturaleza de la
que forma parte natural, pero de la que se excluye para después someterla: hacia
su propio bienestar).Y cuya consecuencias, de tal despropósito, no es un
trascender la naturaleza y menos aún una reconciliación con ella, sino la
opresión manifiesta (en una angustia que no reconocemos como tal) de nuestra
propia naturaleza (al haber sido despojados de esta), y que se muestra
evidente; sobre todo, cuando al salir al campo nos distraemos y despistamos,
sintiéndonos “perdidos” en ese lugar al que fuimos a encontrarnos). Recordando
las palabras de Ignacio Martínez Mendizábal (Paleontólogo, Doctor en Biología y
autor de numerosos artículos en las más prestigiosas revistas científicas del
mundo) este vino a decir algo así: lo que la naturaleza ha hecho con nosotros a
lo largo de miles de años, ha sido construir un ser dotado de alma paleolítica
(mas instintiva), que de pronto se ha visto inmerso en el mundo del neolítico
—el mundo de los organigramas (la moral, las leyes, etc...)— donde te enfrentas
a lo que no existe (a las ideas y no a las cosas). En definitiva, lo que nos
dice Ignacio, es que somos un alma paleolítica que vive, cuando no sobrevive,
en el nuevo mundo neolítico, y que abandonando su sistema anterior, hoy sólo
sabe comunicarse a través de símbolos formalizados (pero) que le son
insuficientes, necesitando más códigos y canales (quizá aquellos de antaño). Y
lo que es más grave: no advirtiendo la inmensa riqueza informacional (latente)
existente en el medio ambiente, en las contradicciones, en el ruido, en los
antagonismos que se buscan... ignorando el privilegio que supondría esta nueva
comunicación formalizada, llevada de otra forma: digamos a la manera antigua;
siendo incapaz de encontrar aquella música de fondo, capaz de acompasar la vida
de otro modo: más paleolítico (natural) y menos crítico y añejo.
La expresión (escrita o hablada) se ha
convertido igualmente en un instrumento usado por técnicos al servicio de la
industria. Quien pretenda (escribir) ser escritor (o locutor) puede inscribirse
en determinado colegio y aprender las numerosas combinaciones que pueden ser
elaboradas de acuerdo con una lista de Posibilidades permitidas (de expresión).
Antaño la aspiración del arte, la literatura y la filosofía consistía en
expresar el sentido de las cosas y de la vida, en ser la voz de todo lo que es
mudo, en prestar a la naturaleza un órgano para comunicar sus padecimientos o,
como podríamos decir, en dar a la realidad su verdadero nombre. Sin embargo, en
la edad de la razón formalizada se ha aniquilado la relación entre el hombre y
la naturaleza que se ve privada de su lenguaje hacia las personas (por medio de
nuestra consciencia de esta) y de las cosas (seres) que son frente a nosotros y
podemos reconocer. De un lado, naturaleza se ha visto desprovista de todo
sentido o valor interno para nosotros. No perdemos nuestro tiempo útil en
visitarla y admirarla / le destinamos el tiempo que nos sobra, y las más de las
veces para destrozarla. Por el otro, al hombre le quitaron todas las metas
salvo la de auto conservación. El hombre intenta convertir todo lo que está a
su alcance en un medio para ese fin (incluso a la misma naturaleza). Y, en
medio de todo este desconcierto, cuando el hombre aún no ha salido por completo
de las sombras ya quiere dominar la materia (sin entender la luz) con un escaso
conocimiento y sentido de la propia realidad, pretendiendo acceder a esa otra,
que no solo no percibimos, sino ignorando las consecuencias finales, de
pretender de entrar a ésta a martillazos (CERN).
Por supuesto, existe una resistencia a
causa de esta opresión. Pero Toda palabra, sentencia o acto que tenga otras
implicaciones que la pragmática resulta sospechosa. Cuando a un hombre se le
sugiere que admire una cosa, que respete un sentimiento o una actitud, que ame
a una persona, animal o planta por ella misma, esto se le hace sospechoso de
sentimentalismo y teme que pueden burlarse de él o tratar de venderle algo.
Durante su larga historia el hombre ha alcanzado a veces un grado tal de
libertad respecto a la presión inmediata de la naturaleza, que pudo ponerse a
reflexionar sobre la naturaleza y la realidad, sin hacer con ello planes
directos o indirectos para su auto conservación. Estas formas relativamente
independientes del pensar que Aristóteles describe como contemplación, se
cultivaban sobre todo en la filosofía. Entonces La filosofía aspiraba a una
intelección que no había de servir a cálculos utilitarios, sino que debía
estimular la comprensión de la naturaleza en sí y para sí. (...)
Pero hoy la indiferencia frente a la
naturaleza constituye solo una variante de la actitud pragmática, que es típica
de la civilización occidental en su totalidad, donde las formas son diferentes.
El primitivo cazador de nutrias norteamericano veía en las llanuras o en las
montañas únicamente la perspectiva de una buena caza; el hombre de negocios
moderno ve en el paisaje una oportunidad favorable para la colocación de
letreros de propaganda de cigarrillos, y los animales son considerados en este
caso simplemente como obstáculo de tránsito. Esta representación del hombre
como amo se remonta hasta los primeros capítulos del Génesis. Los pocos
mandamientos que se encuentran en la Biblia en favor de los animales han sido
interpretados por los pensadores religiosos más eminentes, como Pablo, Tomás de
Aquino y Lutero, pero de modo tal que únicamente afectan la educación moral del
hombre y no se refieren en absoluto a alguna obligación del hombre para con las
demás criaturas. Sólo el alma del hombre puede salvarse; los animales
únicamente tienen el derecho de sufrir. (...). En la metafísica tradicional (y
teología) la naturaleza se concebía, en un sentido amplio como lo malo, y lo
espiritual o lo sobrenatural como lo bueno.
En el darwinismo popular, lo bueno es lo
(reconocido) bien adaptado y el valor de aquello a lo cual el organismo se
adapta no se discute o se lo mide únicamente según la pauta de una adaptación
subsiguiente. Luego, esto extrapolado se traduce en la sociedad: Estar bien
adaptado “al medio” equivale sin embargo a estar en condiciones de poder
enfrentarlo con éxito, de dominar las fuerzas que rodean a uno (tal como está
implícita incluso en la enseñanza sobre las diversas formas de la vida
orgánica, comprendido el hombre- significa en la práctica a menudo adherirse al
principio del dominio constante y extremo del hombre sobre la naturaleza.
Luego considerar a la razón como un
organismo natural (emancipado y adaptado) y reconocernos “racionales” no
significa despojarla de la tendencia al dominio, ni le presta tampoco mayores
posibilidades de reconciliarse con la naturaleza: pero como anticipaba
krisnamurty, estar adaptado, siendo educado, estando considerado en una
sociedad como la nuestra: enferma —con toda su miseria, brutalidad y
conflictos— formando parte ella es, igualmente, estar enfermo. Pero además, es
estar predispuesto a abandonarse por completo a su aviesa moral los unos y,
sometidos a sus políticas y engaños los otros. Todo habrá de resumirse en
servir; servir de un modo u otro al renovado Leviatán —el mismo que nos obliga
y desangra— sea a través de consumismo, la dilapidación y codicia; o bien, ardiendo
en la condenación de la servidumbre: esclavizados los unos por los otros, y
lentamente consumidos, día tras otro por burócratas, banqueros, políticos,
jueces, agencias gubernamentales, calificadoras, de crédito y, por todo aquello
que en sí mismo consiente, se arrastra y presta alimentando, la falacia que
perpetúa la angustia de esta terrible infamia. Crisis dicen: no hay crisis,
sino en la conciencia, cuando esta ya no puede aceptar unas normas, aquellas
mismas que en el pasado le dieron contingencia, y que únicamente sirven a los
impulsos materiales de las personas: a intereses individuales que se tornarán
siempre en contra de los otros —un problema que surge con los deseos y la
naturaleza misma del hombre— generando así este conflicto, eterno, únicamente
en el fin de acumular poder y riquezas. Una falacia dentro de otra falacia
es... "una verdad". Luego, imponer esa verdad que está, sustentada en
una falacia que está, dentro de otra es... "una infamia"
Las doctrinas que exaltan la naturaleza o
el primitivismo a costa del espíritu, no favorecen la reconciliación con la
naturaleza; por el contrario, expresan enfáticamente frialdad y ceguera frente
a la naturaleza. Cada vez que hace deliberadamente de la naturaleza su
principio, el hombre cumple una regresión hacia instintos primitivos. Los niños
son crueles en sus reacciones miméticas, porque no comprenden realmente los
sufrimientos de la naturaleza. Casi como los animales, se tratan a menudo
mutuamente con frialdad y despreocupación, y sabemos que incluso las bestias
gregarias se aíslan cuando están juntas, aunque el aislamiento individual puede
comprobarse con mucha mayor frecuencia entre animales que no conviven y en
grupos de animales de diversa especie. Sin embargo, todo esto ofrece hasta
cierto punto un aspecto de inocencia. Los animales no piensan racionalmente y,
en cierto sentido, tampoco los niños. Pero cuando los filósofos y los políticos
renuncian a la razón, al capitular ante la realidad se produce una forma mucho
más grave de regresión, que culmina en forma inevitable en una confusión entre
verdad filosófica y auto conservación despiadada y guerra.
Para bien y para mal (afirma hockenheimer)
somos los herederos de la Ilustración (y del progreso técnico: el era alemán).
Bien, yo renuncio a mi herencia (caso de tenerla) de la ilustración alemana y a
al absurdo idealismo de Kant (y a su filosofía mediante ideas, a favor de una
filosofía de la realidad: observando y viviendo la realidad y reaccionando a
esta por la propia experiencia). Observar la naturaleza, respetarla, no es una
regresión a etapas primitivas de la humanidad, sin embargo, reconsiderar la
ilustración es un paliativo (que no soluciona y más nos retrasa) frente a
crisis permanente que han provocado la razón iluminista. El único modo de
socorrer a la naturaleza no consiste en liberar de sus cadenas a su aparente
adversario (es reconocernos nosotros de esa misma naturaleza a la que sometemos
y aniquilamos).
El nuevo Ser (humano) hacia lo propio y
de lo Humano La cuestión ahora sería ¿Cuánto
falta para el advenimiento de ese nuevo ser humano? Un ser humano que haya
sustituido la conciencia moral por una conciencia más universal. «A menudo he
planteado la hipótesis de que en el último término la física no precisará un
enunciado matemático, que al final se revelará el mecanismo, y que las leyes
resultaron ser sencillas, como el tablero de ajedrez con todas sus
complejidades aparentes» Richard P. Feynman (1918-1988)
Pensemos ahora en aquel humano que
mostrase una percepción distinta de la realidad. Los científicos se basan en
una serie de hallazgos recientes sobre la biología de la visión del color.
Sabemos que hay quienes ven más colores, pero desconocemos si ven más allá de
los colores: por ejemplo algunos tipos de radiación. Por tanto hablaríamos de
una recepción (sin más notas) y propiciada a algún fin por (instrucciones –
código), y nunca aleatorio. De este modo, El sistema nervioso, el circuito
neuronal, debería adaptarse, tomarían su tiempo a unas nuevas capacidades, y en
generar igualmente nuevas conexiones, luego discriminar e interpretar y
registrar correctamente las impresiones para disfrutar/ probar de una
experiencia visual y sensorial diferente, seguramente más rica, completa y
compleja que la común de todos nosotros. Sin embargo, y al tratarse de
representaciones de una realidad subjetiva: algo, que solo percibe (en
principio entiendo) quien lo ve —científicamente indemostrable—,a primera vista
no parecería tener ninguna utilidad mas allá (en tanto a más colores) si no
eres un pintor, y tienes más clientes como tú que aprecien el detalle, en lo
que aparentemente el resto de personas no encontrarán ninguna diferencia o
utilidad. Posiblemente de hablar con alguien al respecto este le aconsejaría ir
al médico, y su médico lo enviará al oftalmólogo, que al explorar y comprobar,
de haberlas, las sutiles o importantes alteraciones en los ojos (de ser
perceptibles), determinaría que todo podría tratarse como un trastorno, no
sería la primera vez: término con el que las personas nombran algo, cuando no
lo entienden útil a las necesidades del individuo, en la sociedad: una sociedad
por cierto, chata, enferma y miope. Frente a aquel diagnóstico tan ingenuo,
posiblemente esta persona no hablaría del total de las percepciones, y todo
quedará en saber que ve muchos colores para los demás (científicos: como así
ocurre), además luego de cargar con el estigma de una alteración o mutación
genética, con las consecuencias sociales que ese nombre implica.
Pero es que un académico, sentado en su
sillón de cuero, de aquellos que además consideran buenas la mutaciones,
teniendo la teoría de la evolución como correcta, paradójicamente, no vería un
ojo más evolucionado que el suyo, así lo encontrase en una caja de regalo y con
una nota explícita en siete idiomas, luces de colores…y un audio repetido en
bucle que afirmara: "este ojo es diferente y mejor que el tuyo”. Para una
existencia útil de la ciencia es necesario, cabezas que no acepten que la
naturaleza debe seguir ciertas condiciones preconcebidas.” R. Feynman.
Lamentablemente, y esto es un hecho, la ciencia, los laboratorios y los
científicos que trabajan en ellos, no buscan ni trabajan en observar mejoras
físicas en las personas (algún tipo de evolución) que perfeccionen la condición
natural de estas, ni por lo tanto promoviendo formas de vivir que animen a
cambios profundos en la naturaleza de las mismas personas. Si no, que como
consecuencia de un capitalismo asfixiante, el amor al dinero, el reconocimiento
social, y la presión de farmacéuticas, así como el control que ejerce en el
medio social, trabajan en mejoras físicas, sino en mejoras tecnológicas que
mejoren artificialmente la condición física y la vida de las personas. La
ciencia, aportándonos tanto y siendo indispensable para nuestra vida y nuestro
pensamiento, nos es, en cierto sentido, más extraña que la filosofía. Cumple un
fin más objetivo, es decir, más fuera de nosotros: es en el fondo, cosa de
economía. M. de Unamuno.
La ciencia nos puede aliviar, ayudándonos
y transportarnos de un lugar u otro de la ciudad, o la tierra, incluso nos
puede ayudar viajar a la luna (viajar), pero la ciencia no nos llevará a
ninguna parte como especie, y eso es seguro. Pues una especie que teme al sol
(ni reconoce a sus semejantes, otras especies, en la tierra), esta incapacitada
para mirar a las estrellas. Una especie que mira a través (detrás) de objetos o
instrumentos escondiéndose, como quien encubre y barrunta una oculta voluntad,
huyendo de ser mirado a los ojos por aquello mismo que él mira, es una especie
enferma y cobarde, que jamás alcanzará nada por sí misma. No, si no se da una
revolución —evolución— mental y física, en esa dirección, por encima de
cualquier avance tecnológico. Nadie va a ir a ningún sitio fuera de este
planeta, al contrario, creo que en poco tiempo muchos estaremos (perdón)
estarán dentro de esa otra realidad: esa realidad, donde mórbidos, y en el
sillón de casa, navegamos con gafas absurdas hacia la privación sensorial
voluntaria y un paradigma, en el que habrá personas en la tierra que en poco
tiempo no reconocerán la realidad frente a sus propios ojos: ni los colores o
las formas reales de este mundo.
Las personas vemos cómo se mueven las
hojas de un árbol, las olas; sentimos el viento, la lluvia, el calor del fuego,
la electricidad del rayo: nuestros sentidos, todos, están adaptados a reconocer
la realidad dentro de las particularidades físicas que se dan en la tierra,
donde hemos evolucionado a la par que ella y el medio ambiente en el que nos
desenvolvemos. Sin embargo, ahora, cuando nos aislamos cada vez más de la
propia tierra, y casi no la soportamos, pretendemos salir a otro medio: el
espacio, más ajeno y violento. Pretendemos viajar a las estrellas, cuando si
miramos en la profundidad de la noche, solo vemos oscuridad y nada más. Es
cierto que los aparatos tecnológicos detectan otras cosas, pero se trata de que
si el cuerpo físico, los sentidos no detectan nada es porque ese medio nos es
del todo ajeno y hostil: no reconociendo en este nada, mucho menos el peligro:
como el tipo que penetra la selva por primera vez, y no percibe la víbora entre
las hojas. Queremos ir al espacio cuando observamos que no toleramos ni 15
grados más de radiación, expuestos a ella en la tierra, y lo cierto es que cada
vez toleramos menos, pues nos escondemos del sol, nos asusta, y en el espacio:
todo es radiación. (El sistema de monitorización de la mortalidad diaria por
todas las causas (MoMo), elaborado por el Instituto de Salud Carlos III
(ISCIII), estima que en España se han producido algo más de 4.700 muertes
relacionadas con el exceso de temperatura entre finales de abril y finales de
agosto.(1 sept 2022).
Luego el sol lleva tiempo avisando de
cambios, no sabemos si drásticos. ¿Cambio climático? — nos dicen; o cambio de
ciclo solar. El Sol atraviesa períodos de gran actividad regularmente, que
pueden provocar que vierta al espacio una cantidad de energía superior a la
habitual. Actualmente, se encuentra atravesando el ciclo solar 25, una etapa de
alta actividad que, según los astrónomos (cuidado), alcanzará su pico máximo a
mediados de 2025. Cada una de estas etapas dura habitualmente entre 9 y 13
años, y suelen dar paso a fases caracterizadas por una actividad notablemente
menor. Pero lo cierto, es que este ciclo puede encontrarse dentro de un ciclo
mayor: de calentamiento e igualmente, de radiación que llega a la tierra; como
atestigua (primero) que desde hace 80 años, la temperatura y la radiación que
llega a la tierra es significativamente mayor, como advertimos los alpinistas,
en los refugios donde vemos fotos del principio y mediados de siglo pasado, o
anterior observando el retroceso dramático e imparable de los glaciares, y
(segundo) Según este informe que leo del 10 jun 2020, los casos anuales de
melanoma, el cáncer de piel con peor pronóstico, aumentaron casi un 50 por
ciento en la última década, situándose en 287.723 diagnósticos al año en el
mundo. No solo nos aterroriza el sol: ya no soportamos ni las condiciones de
nuestro planeta (al habernos aislado progresivamente), y de las que nos tenemos
que aislar (ahora obligatoriamente) bajo una sombra o un ungüento cuando se
tensan un poco las condiciones, pero queremos viajar a las estrellas. Pero la
realidad, la única realidad, es que la gente hoy no mira al cielo con sus ojos,
desde hace siglos no lo hace, ni siquiera los científicos: los astrónomos
—ellos menos aún— ebrios de tecnología y pájaros en la cabeza. Siendo, el
espacio, un entorno extraño y hostil a ojos desnudos del hombre de hoy, no
entendiendo o reconociendo nada de lo que hay en él, si no lo ve del otro lado
de una lente: nuestros sentidos, cada generación están más atrofiados, no
perciben la radiación, la luz o el tejido mismo del espacio (cuando los cruza
la luz)... "La tecnología nos salvará" —dicen. La tecnología nos atrofiará
y destruirá, y para cuando un humano alcance siguiera a pretender salir del
sistema solar, los humanos ya no aguantarán ni 10 minutos en la playa; y que
dios ayude a quien pretenda salir..
Pero Max, ya descubrió el desfase
existente, entre lo que los hombres piensan, y lo que luego hacen: esa matriz
social del autoengaño. M Foucault, escribió: el primer libro de Max (el
capital); el nacimiento de la tragedia (Nietzsche); y la interpretación de los
sueños (Freud) nos obligaban a interpretarnos a nosotros mismos. Pero la
cuestión es... interpretarnos, ¿cómo? Cuando luego resulta entonces aquella
paradoja: "donde todo es interpretación ya no hay nada que
interpretar" — (Paniker). Si bien, como apunta el filósofo: esta Nada
(surgida) es justamente lo que ahora más nos importa, y nos debe importar, pues
esta Nada permite dar un paso más en el arriesgado proceso de la lucidez
(encerrados en la consciencia de nuestros límites: nuestros límites estallan).
Alcanzamos una consciencia pos-crítica. Y de ahí, luego como una supernova cabe
estallar: en una apertura hacia la experiencia pura. Seamos coherentes: la
humanidad no va camino de alcanzar las estrellas; no va camino del tránsito
hacia un ser humano-espacial: esta humanidad, no va a ningún sitio, a ninguna parte,
si no nos movemos.
Nuestras mentes, cuerpos y sentidos
evolucionan ahora dentro de medio artificial (social de no exposición ( ni al
medio ni a los virus) / medio anti-evolutivo), de ahí la necesidad de tanta
tecnología y el autoengaño consentido y promovido de que esta tecnología
servirá a la conquista de las estrellas, y eliminación de nuestros males,
cuando de facto, sirve para tenernos atados en los sillones, propiciando
aquellos males, que ella luego soluciona (catarros que casi matan (por aislamiento
y falta de exposición al medio natural); pues nos encontramos dentro de un
sistema artificial y complejo de producción y consumo ( instrumentalizado), una
maquinaria social —que manipula hasta lo inimaginable estímulos irracionales de
nuestra mente— de la que somos parte importante y esencial de su engranaje
productivo.
Nadie, irá a ningún lugar, créanme, al
menos, a ningún lugar donde no llegue el wifi, Netflix, aire acondicionado y
haya un Mc. Donald o un Burriquin no demasiado lejos. Luego, la ingenuidad que
muestra algunos astrónomos al mirar a través de un telescopio o hablar de la
conquista del espacio, es solo es comparable a la mía cuando de niño, creía en
los reyes magos. Y, lo más curioso: mientras tanto, los físicos callan, y lo
hacen para no hacer llorar a los niños, del mismo modo como un padre no diría a
sus hijos que Papá Noel no existe; o, que todo lo que ven y creen cambiará, así
como su entendimiento, con tan solo un leve cambio en la percepción de la
realidad, que les está siendo amputada. Cuando esto suceda: si no está
sucediendo ya.
El sentido de la vida (en general) o o
mejor y antes hacia hallar el sentido de la propia vida — No
sé cuántas veces he escuchado la pregunta: legítima en todo caso, pues la
curiosidad es innata de las personas, como innato en las personas lo es
también, por ser personas, la estupidez: esta última como el infinito, radiante
y en todas direcciones y sin encontrar sus propios límites. Mi pregunta, a
quienes aventuran alguna respuesta compleja a la cuestión, sería: cómo se puede
dar sentido a algo, explicarlo por entero, sin encontrar antes el sentido a
aquello que lo contiene. Pues, cualquier respuesta al contenido, consecuencia,
sin responder antes a la cuestión del continente (aquello que la causa o contiene)
sería una visión particular y sesgada: subjetiva. Sin valor alguno en términos
absolutos, aunque exista siempre quién encuentre valor práctico: circunstancial
y relativo en la respuesta dentro de un ámbito circunscrito: algo así, como
explicar la leche a un niño, sin explicarle, o este entendiese antes qué es la
vaca. Una respuesta en todo caso y justificada únicamente en el hecho en servir
a algún tipo utilitarismo (social), a veces prosaico y ramplón, propio más de
un vendedor de ungüentos que de un investigador o científico. Una respuesta, en
todo caso, que nos hunde y ancla aún más en la oscuridad en la que vivimos, al
invitarnos a no seguir nuestro camino, nuestra búsqueda de una verdad: la
revelación de esta.
«Es una gran aventura contemplar el
universo más allá del hombre, pensar en lo que significa sin el hombre: como
fue durante la mayor parte de su larga historia, y cómo es en la gran mayoría
de lugares, cuando se alcanza finalmente esta opinión , o visión objetiva, y se
aprecia el misterio y la majestad de la materia, volver entonces el ojo
objetivo de nuevo al hombre considerado como materia, ver la vida como parte
del misterio universal de la mayor profundidad, es sentir una experiencia que
rara vez se describe. Por lo general termina en risa, placer en la futilidad de
intentar comprender. Estas opiniones científicas terminan en asombro y
misterio, perdidas en los confines de la incertidumbre, pero parecen ser tan
profundas e que la idea de que todo está dispuesto simplemente como un escenario
para que Dios contemple la lucha del hombre, por el bien y el mal, parece ser
inadecuada y casi absurda.» Richard P. Feynman (1918-1988)
Entonces, al preguntarnos por el sentido
de la vida, en el universo, deberíamos preguntarnos primero, por el sentido o
razón del universo. Pues Bien ¿tiene algún sentido el universo? quiero decir:
Tiene una razón de ser, más allá de ser (pues si una cosa sucede en este
—siendo consecuencia o causa— en este caso "la vida", esta será
entonces causa primera, que literalmente explicara la existencia de la cosa que
la propicia. (No creemos conocer algo si antes no hemos establecido en cada
caso el «por qué», lo cual significa captar la causa primera. Aristóteles,
Física, II, 3 (Gredos, Madrid 1995, p. 140)).
Así, a partir de lo evidente probable: de
lo que vemos, sentimos y por nosotros mismos comprobamos y razonamos, no de lo
que sentimos, pensamos o deducimos e interpretamos a partir de otro tipo de
sensaciones o creencias —de las matemáticas ni las ecuaciones— deducimos,
razonando que: Por supuesto, el universo tiene sentido, de lo contrario no
estaríamos haciéndonos esta pregunta. Así pues, la razón (o razón suficiente)
del universo —o al menos una de sus razones— sería la vida en sí misma y
consecuentemente luego “la consciencia”: prueba de ello "nosotros":
una vida consciente. Resultado último esta (?), de una materia en evolución a
lo largo de miles de millones de años, dentro de un sistema cambiante, al que
llamamos universo. Donde parece lógico, además, que el universo, ahora
consciente (entendemos, o entendamos al menos en nosotros) —como consecuencia
última—y que pretenda luego de mirarse y observarse con sus propios ojos,
explicarse y entenderse por completo a sí mismo. Y sin embargo, sí, parece ya
mucho, pero acaso se trata de eso tan solo.
Recordemos cuando antes, muy atrás en el
tiempo, en el universo no ocurría nada, era un lugar tranquilo y sin cambios,
hasta que todo cambio dramáticamente y el universo — aquel lugar donde no
ocurría nada relevante— se tornó cambiante. Surgieron luz, átomos, moléculas,
estrellas, planetas, galaxias… evolucionando a todos los niveles, físicos y
químicos hasta que algo ocurre: la homeostasis, donde parte de esa materia, de
ese universo, decide (diríamos hasta que conscientemente) no seguir el ritmo, y
aislarse: surge entonces la membrana: la vida; sin embargo, uno no puede
aislarse completamente del entorno —más aún en ese entorno de cambios
violentos, viéndose obligado a evolucionar— utilizando entonces su membrana no
tanto como aislante, como para estar en contacto (conectarse, a modo digamos de
antena, para la recepción de información útil) con el resto y poder adaptarse
al entorno cambiante: convirtiéndose (por recepción y añadiendo información)
entonces a su sistema experto: un sistema que consume energía y produce
información Una información que difiere de las demás, pues es una información
de un sistema experto, que aprende, (y recibe información por la misma membrana
(antena), y se adapta y diversifica hasta que una parte de esa vida y del
universo es consciente de ese proceso. Se diría, así, simplificando, que la
vida tenía como objetivo esta finalidad; la consciencia: y que por esta
consciencia, yo me lo pueda explicar y explicar que sea, soy consciente de
ello. Entender que me alimento para sobrevivir de lo externo, que es
información, que luego utilizó para producir información. Que por la membrana,
una especie recibe de otra aquello que otra la puede ayudar, eso entiendo. Que
solo… no soy nada: si no doy, si no recibo.
Así, es la propia pregunta al
cuestionarnos nosotros por el universo, al preguntarse el universo y por sí
mismo (a través de nosotros), la que da sentido a la misma pregunta y al
universo a la vez. Decir vida y universo es por tanto, decir en esencia lo mismo.
Preguntarse por el sentido de lo uno - la vida, es preguntarse igualmente, a la
vez que le damos sentido a lo otro - el universo. ¿Por qué una estrella? ¿Por
qué un planeta? Nadie se pregunta por el sentido de un planeta, tal;
entendemos, es consecuencia de un orden, y de un propósito en el cosmos —orden
y propósito que aún no entendemos del todo— como parte de la evolución de la
materia, la misma que desemboca en la vida y luego medrará hasta, si se dan las
circunstancias favorables, en la consciencia. Y he aquí, donde las preguntas de
nuevo equivocan el sentido en tanto al preguntar, por esta maravilla llamada
“consciencia”.
Mente , consciencia y cosmos— Es
posible, según muestran algunos ensayos y experimentos, que la realidad, o
buena parte de ella, no exista: o mejor dicho, no se muestre tal es, si no está
siendo observada. Quizá cuestionada, si no le preguntamos, más allá de
preguntarnos. Por tanto, podría afirmarse que el observador conecta, y afecta a
lo observado, no tanto al observar (pasivamente), sino al preguntarle
directamente a realidad. De modo que: "Cuando se mide el comportamiento de
una partícula por medio de la observación, se está influyendo sobre su estado
natural" pero quizá, al preguntarnos, o preguntar a esa partícula directamente,
esta influya igual y directamente sobre el nuestro. Pero, Ay, de lo que guarde
nuestro corazón entonces, y abierto a quien observamos. (Quid pro quo) hermano.
'algo a cambio de algo' (intercambio de información: la antena, recuerdan) si
afectamos siempre es en dos direcciones: dime qué quieres de mí, y te diré
quién eres. Y Eso hemos estado haciendo, en la física, biología, astronomía…
diciendo al universo quienes somos… y ahora ¿qué?, hermano. Esta idea no es
nueva: en tanto a que el universo es indisociable de la vida mental de los
seres que lo habitan.
Recuerdo un artículo de David J. Chalmers
—uno de los mayores científicos en su campo, al menos entonces 2001— donde se
preguntaba por la consciencia: “La mente consciente, nos dice David J.
Chalmers, nos es, a la vez lo más familiar y lo más misterioso del mundo. Nada
hay que conozcamos de forma más directa y, sin embargo, nada más complicado que
ella”. Parecería así que quisiera entenderla, y de nuevo, nos preguntamos por
la leche, antes que por la vaca, y aquello que la contiene: el universo. Este
es un error muy generalizado en los científicos (los payasos del circo
mundial): cuando la respuesta a su pregunta está respondida desde hace
milenios: la consciencia, más allá de lo que pretendamos que és, existe para
que los seres vivos que la poseen, la utilicen (siendo esta el fruto más
extraordinario de la vida): un poder, una luz que alumbra en esta parte pequeña
del universo, y permite a éste reconocerse a sí mismo, justo cuando la especie
elegida deja de mirar al suelo y dirige su vista a lo profundo, a las
estrellas. Así, la cuestión no debería ser tanto ¿qué es la consciencia? sino,
qué hacer con ella, como darle una utilidad significativa y positiva. Quizá, en
este sentido ayudaría aquella simplicidad de nuestros antepasados, pongamos
hace, 2.000.000 de años, cuando comían la banana del árbol, sin cuestionarse,
por qué estaba ahí, o, por qué el bananero daba bananas. Ellos, sabían qué
hacer con la banana, tenían claro para qué les servía: la comían, eso bastaba;
pero, bastaba no solo para seguir adelante con sus vidas, sino igualmente
sirvió a la especie para evolucionar (y digo evolucionar, no saciar su
curiosidad como una especie sobre otra) como todos podemos comprobar en
nosotros mismos, si es que podemos llamarnos evolucionados. Por tanto, quizá
pueda, en estos tiempos cientificistas ayudarnos a ver las cosas más claras, la
actitud de aquel sencillo homínido: que sin necesidad de perder el tiempo
pensando en lo que es algo (la banana / la consciencia) daba buen uso a esta,
que tiempo habrá y tendremos de entenderla, si llegamos a ello. Pues, desde que
aquel primo lejano cogiese las bananas del árbol, dándole una correcta utilidad
y servicio, parece que nos hubiésemos atascado, en algún momento, no habiendo
aprendido demasiado, algunos dirían: incluso nada. La metáfora sería, la
humanidad murió de hambre mirando la banana, a punto de averiguar qué era y
cuántos átomos la constituían, sin darle previa utilidad a lo que servía.
Comerla!
Aislarse en el caos (desde el
limite)— Antes de comenzar a escribir estos textos —las
entradas que componen este nueva serie que aún no tiene un título— me quise
aislar del (del mundo, aunque en muchos sentidos ya lo estaba, y si me faltaba
algo por aislarme por completo, estos escritos, terminaron por concluirlo). La
razón para aislarme, era mantener el ruido a unos niveles aceptables para mí,
pues, y esto es importante: anularlo por completo no solo es imposible, además,
de poco aconsejable, pues no sería la primera vez, que disimulada en eso
llamamos ruido, existe oculta una señal esperando ser revelada. Recuerdo, y
solo por poner un ejemplo, a aquellos dos ingenieros (radio-astrónomos para más
señas) que trabajando para la compañía telefónica estadounidense ATT, y mientras
trataban de entender la fuente de un ruido que aparecía en sus receptores de
radio, paradójicamente, y de forma casual descubrieron lo que fue finalmente
reconocido como la radiación a 3 K del fondo cosmológico (una señal predicha
teóricamente a finales de los años cuarenta) y que a la postre, les hizo
merecedores del premio Nobel de Física, en 1978), siendo este ejemplo
extrapolable a todos nosotros, en cualquier ámbito de nuestras vidas. Lo que
quiero decir, es que la televisión, y el teléfono celular (aquello más
disruptivo) fue a parar a una caja. Me quedé con una pequeña radio —para no ser
el último en enterarme si se acababa el mundo—, luego cambie el sol del
mediodía por la noche y las estrellas: esas mismas estrellas que me acompañan
desde muy joven lo largo de mi vida allá donde quiera que esté, esto fue lo que
permaneció a mi alrededor, además, del lucero al amanecer que me daba los
buenos días cada mañana.
Luego, y como es pertinente cuando se
abordan determinados temas, precisaba desde otro enfoque más atrevido,
liberándome de las ataduras y cargas con las que esa misma razón se aferra a
aquello que llamamos realidad. Recursos estos que, por cierto, ya nuestros
antepasados manejaban en tiempos antediluvianos, y que todavía en algunos
lugares son esgrimidos por algunos individuos. Algunas personas llamarían hoy a
esto “acomodar la mente”, aunque tiene otros nombres: pero no se confundan...
Pues he escuchado acerca de personas — refiero personas que escriben, sobre
todo—, y que se alejan del lugar donde tienen la residencia, de las ciudades y
de las personas que conocen y aman “perdiéndose” muchas veces a una casa
apartada en el campo o bosque (es un ejemplo), “en un intento de
desconectar”—dicen, buscando aislarse físicamente y mentalmente del ruido
inarticulado de las calles de las ciudades, o de la propia la casa, y familia,
en definitiva: un alejarse de todo aquello que les molesta, o pudiera
molestarlos en los pensamientos de su escritura. Pero se diría, poco más o
menos, que resulta un ejercicio —parecido en su finalidad— a lo que hacemos
otros sin salir a veces de la ciudad, ni de nuestra casa: centrándonos
(disponiéndonos) al acto, de pensar, y acercándonos mentalmente a aquello que
vamos a tratar… no alejándonos de lo que nos molesta, sino penetrando lo que no
interesa.
Solo comentar, en este sentido, y por si
sirve de algo, que me parece innecesario, y absurdo huir de un lugar, pensando
que otro será mejor para pensar y escribir lo pensado, al menos cuando se trata
de una persona normal, entiéndase normal: sin problemas añadidos y en paz
consigo misma y los demás, qué sabe quién es y cree saber lo que quiere. Huir
nunca soluciono los problemas personales a nadie, tampoco de concentración.
Camus, por ejemplo, pensó buena parte de su filosofía viendo partidos de
fútbol, entre el bullicio de la gente en las gradas del campo de fútbol, donde
relacionaba el juego sobre el terreno, con los avatares de la vida misma, para
luego redactar en su apartamento en un barrio agitado de París, aquello sorprendente
para muchos: “lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a
las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Otros como Sartré
paseaban por la ciudad, igualmente París, donde encontraron inspiración en lo
cotidiano, muchas veces confrontando con los demás. Ambos hicieron, junto a
otros, de París aquella capital mundial de la razón; y aunque muchos no lo
crean, en París, pero incluso en cualquier otra ciudad se puede pensar y
escribir: todavía. Tanto fue así, que sobre aquella orilla del Sena (en la Ribe
Gauche) en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo XX, tuvo lugar una
eclosión cultural sin igual, que situó a la capital francesa a la vanguardia
del mundo de las ideas. Visto de este modo: la ciudad y el ruido, parece incluso
el lugar perfecto para el ejercicio intelectual.
Pero, no solo, no es necesario salir de la
ciudad para pensar, escribir o aislarse del ruido, incluso del mundo. Los hay,
yo me considero entre ellos, que trabajan cada día en sus patios sobre un pequeño
árbol u otras plantas durante horas —patios que son puerta a otro paradigma—
sumergiéndote, y entrando en contacto con los habitantes de ese cosmos de
naturaleza distinta y extraña a la nuestra: un cosmos gobernado por unos
habitantes serenos y silenciosos, sin que se tenga que abandonar físicamente,
mudándose, del lugar en el que viven. Por lo que intuyo que estas personas
necesitadas de alejarse de todo para pensar o escribir, no solo tienen un
problema, sino que igualmente no lo saben identificar: razón por la cual,
cuanto más necesidad tienen de apartarse de algo y de los demás para liberar su
mente, más parece que les cuesta conseguirlo. Siendo aquel esfuerzo: como si el
cuadrado de la distancia a recorrer para alejarse, fuese proporcional a la ansiedad
que les causa el mundo, y que debiera ser hallado, multiplicada por quién sabe
cuántas otras variables. Pues se diría que andan más, no tanto alejándose del
mundo, como en busca de algo que ni ellos mismos saben muy bien qué es, ni
dónde está.
A veces encuentro interesante escribir con
un lápiz: tengo cientos de hojas garabateadas a mano. Cuando escribes a mano,
todo va más lento. Debe ir más lento, el viaje se hace despacio. Es casi una
ley no escrita —como para mí escribir por la noche, de madrugada— pues de otro
modo, terminaríamos con cientos de correcciones y apuntes a otras páginas,
terminando en un laberinto indescifrable. Pero en esta ocasión no había prisa;
y nunca debe haberla cuando escudriñamos en busca de algo importante e
iniciamos un caminar, transitar la sombra para hallar de ella su luz.Y quizá —y
esto lo digo por propia experiencia—, estar en medio de la naturaleza, en una
casita en Los Picos de Europa o Pirineos, apartada en el bosque, no sea el
mejor lugar para atrapar otra verdad que no sea la que allí mismo se encuentre
bajo las estrellas, y menos aún si vamos con nuestras propias expectativas e
ideas. Me explicaré.
Resulta ya a primera vista paradójico, que
alguien vaya a la montaña o al campo, entendemos: a zambullirse en la naturaleza,
precisamente a escribir sobre algo distinto a ésta, y que está en su cabeza. No
me atrevo siquiera a decir que se pueda ir a pensar en medio de un bosque
agitado o sobre cumbres nevadas y pensar en algo más allá del bosque y sus
sonidos y en la visión de esas mismas cumbres nevadas: en lo que vemos. Pero,
es cierto, los hay que van a la naturaleza a pensarse, o pensar “otras cosas”.
Pero tener que pensar, obligarnos a pensar en algo (por ejemplo en una novela o
ensayo, en el campo) implica tener que hacerlo ya sobre algo, ese algo que nos
privará tomando nuestra mente por largo tiempo, ocupando y cerrando ésta a
cuanto fuera acontece a nuestro alrededor: anulándonos como observadores del
medio, cuando por el contrario, en la naturaleza deberíamos mantener la mente
libre y relajada, abierta y dejando todo fluir a través de los sentidos a la
espera de deslumbrarnos con las emociones que resultan de aventurarnos a los
sonidos, olores, sabores y a todas aquellas impresiones que de los sentidos
devienen expuestos al entorno natural.
Pienso que vida es el regalo que Dios nos
hace (entiéndase como se quiera) siempre más allá de nuestro vago
entendimiento; luego es la forma en que vivas y sientas, ese, es el regalo o
desprecio que le haces a Dios, a la vida, la tierra y a ti mismo — más o menos
así lo decía Miguel Ángelo. Y si lo pensamos detenidamente, ¿quién va a un
museo de arte a pensar o escribir? Nadie. Las personas visitan un museo
buscando que les vibre con fuerza, palpitando su corazón, buscando esa
reacción, emoción, que surge ante la acumulación de belleza y la exuberancia
del goce estético. Y aun así, entiendan: “la mejor obra de arte no sería más
que la sombra de la perfección que encontramos en todo aquello que nos muestra
la naturaleza”. Y, dicho esto, la pregunta sería: ¿quién va a la montaña a
escribir?; ¿quién puede en un bosque en otoño pensar en otra cosa que no sea lo
que tiene ante sus ojos?; ¿quién puede apartar la vista de una mariposa que se
posa frente a ti?; o dejar de mirar Acturus —el guardián de la osa— en verano;
o Aldebarán —el ojo del toro— en otoño.
Pero siempre hay un problema: el miedo, en
ocasiones, incluso la vergüenza. Las personas tenemos excesivo miedo a todo: a
la luz del sol, al frío, al calor, al viento, incluso a nosotros mismos, a
nuestros semejantes y a la vida misma. Si algo supera nuestros márgenes de
tolerancia o entendimiento nos sentimos amenazados e inquietos: desconfiamos.
El desasosiego nos desborda. Vivimos felices y concertadamente en orden, en
nuestras ciudades o villas, y nos trastorna —cuando no aterra— el desorden que
anticipamos fuera de estas. Es por ello que algunos acampan en tiendas con
colchones inflables, almohadas, ventiladores a pilas y baterías para el móvil.
Lo cierto es que amamos la naturaleza por el día, tanto como nos aterroriza
quedarnos abandonados a ella por la noche. Y sin embargo, pretendemos luego una
visión —un orden planetario y universal— que solo tiene cabida en nuestra
imaginación; pues fuera de esta (imaginación) no somos capaces ni de mirar,
asomándonos a la realidad; y lo peor es no reconocer —y ni siquiera comprender—
que si todo ahí fuera, cuando miramos nos parece amenazante y un “caos”,
quizá.., y posiblemente, sea porque se trate de un tipo distinto de orden, pero
entender que la convivencia entre orden y caos es posible, cuando el caos deja
de parecer caos, cuando se establece una convivencia o relación entre órdenes
distintos. Caminar, conscientemente bajo el sol, pensando en él y dejándonos
acariciar la piel es un primer paso (fue mi primer paso). Liberarnos de
nuestras cadenas el siguiente, hacia un cambio que nos sumerja dulcemente en el
“caos”, asomando la cabeza a aquello que tanto nos asusta. Pues el caos es—
igualmente origen—aquello único que hace y hará posible el cambio. Nuestro
cambio.
Al final, reducido y sometido a breve
análisis vemos personas que salen huyendo de una casa en un lugar / para
meterse en otra casa en un lugar distinto, y seguir huyendo (incluso allí) del
medio natural donde se encuentran: huyendo, siempre “de lo que hay fuera”; se
diría incluso que angustiados —estos de los que hablamos— por una naturaleza
que no entienden, cuando de lo que se trata, es precisamente de instruirse a
vivir y sentir la intemperie; acostumbrarse de nuevo al caos que supone
nuestros sentidos expuestos —sin anestesia— a las experiencia entendamos que
hablamos de experiencias puras.
Sin embargo, y esto es un hecho
manifiesto, las personas viven y ven la realidad a través de sus propios
filtros, como si de unas unas gafas de sol se tratase; personas que ven el
mundo a través siempre de algo: de pantallas de televisión, ordenadores,
teléfonos y tabletas, y viendo las cosas según la apariencia , y no solo
refiero la apariencia propia de estas, sino de cómo luego estas se nos
muestran, o nos las muestran. De ahí que luego temamos la realidad y la misma
naturaleza que casi no reconocemos. Pensemos, que muchas veces sabemos de las
cosas no por propia experiencia, sino por lo que unos y otros nos cuentan o
muestran, nos dicen o refieren de ellas; sobre todo hoy: a partir de los medios
de comunicación e información, escuelas y universidades. Pero amigos cuidaos de
los que enarbolan la verdad: porque del primero al último les mueven los
propios intereses, cuando no son estos intereses subordinados a otros ajenos y
por ello, normalmente, practicando el engaño. (Las mascaras de
la tragedia).
En tanto a nuestro aislamiento de la
naturaleza no es evidente, no lo parece; o parece que no nos lo parece ( lo
ignoramos: pero igualmente se siente), y se percibe a primera vista, es
manifiesto cuando hablamos de aquellas casas abiertas al exterior,com amplios
ventanales y vistas a amplios jardines (a través de cristales) pero... , luego
cuando estás en el exterior, en el jardín, te metes de inmediato en casa a la
mínima de viento, lluvia o calor. Sobre todo y esto es lo paradójico, si se
trata de esas mismas casas abiertas, de amplios ventanales, de luz y vistas a
amplios jardines en el exterior.
No menos inquietante, son algunos textos,
relacionados con la arquitectura. Leo unas notas acerca de Borobio Luis,
comentadas acerca de su libro: El ámbito del hombre, EUNSA, Pamplona, 1978,
donde se comenta El ámbito del hombre es un libro que habla, es verdad, de
arquitectura: de la vivienda y de la ciudad. Pero no es propiamente un libro de
arquitectura, ni mucho menos un libro de urbanismo. Es el hombre —la vida de
los hombres— lo que interesa a su autor: el hombre como modelador de sus
espacios vitales y como creador de sus propios ambientes. Donde se define la
arquitectura no como un conjunto de cerramientos y protecciones que constituyen
un caparazón exterior al hombre y ajeno a su humanidad; sino como un ambiente
que complementa necesariamente la personalidad humana y que está enraizado e
integrado en la vida íntima y personal. El espacio arquitectónico no es sólo el
hueco de un continente geométrico, sino que es un ambiente con entidad
positiva: el hombre lleva en su naturaleza el germen de sus propios ambientes,
y es el mismo hombre quien los constituye ante la solicitación de un estímulo
exterior. Los elementos constructivos y los conjuntos edificatorios cumplen su
misión arquitectónica al actuar como ese estímulo eficaz que permite al hombre
constituir su propio ambiente con un carácter determinado. "El hombre
comprende su dominio, conoce su extensión, se siente pleno, cuando su espacio
se hace arquitectura" Allí donde esté (aunque sea en una tienda de
campaña). Pero, pregunto yo al arquitecto (a cualquier arquitecto): acaso ¿las
habitaciones, casas, o tiendas de campaña, albergan ya en sí misma todo aquello
que implica un habitar?
1 (2)
—Una primera aproximación al límite,
desde la posibilidad de reconocerse en el (y reconocer ese límite o frontera y
habernos reconocido hacia esta, de alguna manera habiéndonos movido (desde
Eugeni Trías)— Desde el vértigo y el abismo Observamos— Y Trías deriva, como
aquel marinero de tierra que no vio la mar y solo la soñó— Sobre el
descubrimiento inesperado de un Limite (que soñó) luego y como hallazgo en la
filosofía, desde E. Trías — Trías descubre” la frontera" A decir de la
universidad Pompeu Fabra — Pero veamos, qué nos dice trías de “su frontera” y
cómo él la define y define a sus habitantes— Pero volviendo al método, tan
propio del paradigma actual mencionado— El vértigo real frente al abismo, o
limite — El sujeto fronterizo (necesario de la idea del límite) no-es-ahí en el
caso de trías / sino de otra manera—
— Una primera aproximación al
límite, desde la posibilidad de reconocerse en el (y reconocer ese límite o
frontera y habernos reconocido hacia esta, de alguna manera habiéndonos movido
(desde Eugeni Trías)— Desde el vértigo y el abismo Observamos— Y Trías deriva,
como aquel marinero de tierra que no vio la mar y solo la soñó— Sobre el
descubrimiento inesperado de un Limite (que soñó) luego y como hallazgo en la
filosofía, desde E. Trías — Trías descubre” la frontera" A decir de la
universidad Pompeu Fabra — Pero veamos, qué nos dice trías de “su frontera” y
cómo él la define y define a sus habitantes— Pero volviendo al método, tan
propio del paradigma actual mencionado— El vértigo real frente al abismo, o
limite — El sujeto fronterizo (necesario de la idea del límite) no-es-ahí en el
caso de trías / sino de otra manera—
Una primera aproximación al límite,
desde la posibilidad de reconocerse en el (y reconocer ese límite o frontera y
habernos reconocido hacia esta, de alguna manera habiéndonos movido (desde
Eugeni Trías). El siglo XXI será el siglo de un pensamiento espiritual, nos
dicen. En todo caso será otro siglo, donde igualmente hay que pensar. La
filosofía quiere (y necesita) reconocer nuevas formas de pensar y a ellas
deberá otorgar un espacio. En España ha habido interés en la integración de
otras formas de pensar (mas espirituales) pero no siempre se ha contando con
tradiciones más allá de las propias del cristianismo y de la teología
occidental. No faltan ejemplos, desde Zubiri a Zambrano, pasando por Marías. S.
Paniker (Filosofía y mística) se adelanta, en su reclamación hacia un
entendimiento entre el pensamiento racional y la dimensión espiritual, en
sintonía con otras culturas y tradiciones, en este caso orientales. No
obstante, ninguno de ellos desarrolló “un sistema” o donde aquello espiritual
formará parte intrínseca de él mismo (de su vida y experiencias), ese elemento
esencial e imprescindible para que (de sus experiencias) pudiésemos nosotros
identificarnos y reflejarnos de ellas, reconociendo su filosofía, como nuestra
De otra parte mientras exploraba
todas las implicaciones que supone el concepto de límite o frontera (del mismo
modo que lo hiciese Trías en su momento añadiendo un componente espiritual,
simbólico, en su sistema filosófico (determinado en buena parte por lo onírico:
los sueños, que son un tipo de experiencias: que se deben, luego, interpretar).
En este punto entiendo natural por mi parte (echándolo a faltar en él) la
integración del componente de la experiencia; refiero experiencia en primera
persona, singular: la propia experiencia en la realidad, de la realidad frente
al observador. Pero no es fácil encontrar a quien que se atreva a exponerse, y
al tiempo revelar vías de pensamiento disidentes del pensamiento más escrupuloso,
a no ser que entendamos, por ejemplo, que Trias y Heidegger ya recorre ese
camino mucho antes reconociendo un límite, o frontera de la propia razón que se
debe abordar (Trías sobre el sustrato onírico / Heidegger sobre una idea de la
nada (revelada a partir de la propia angustia) adentrándose ambos en el límite
(que reconocen de sí mismos, y proponiendo dicho camino hacia las propias
sombras (como camino singular).
Si bien, advertimos de lo propuesto,
que no se traza un recorrido del sujeto (de sí mismos) sobre aquel límite
apuntado al que nos dirigen sus textos, más allá del propio ejercicio (
intelectual y posibilidad) desestimando la potencia de la propia idea
propuesta: que pretende se derive en un "actuar" más allá incluso del
propio “actuar” (de trías, por ejemplo, por los medios oníricos) hacia otras
posibilidades; esto es, debería haber dejado de ser un soñador, para
convertirse el mismo, de facto en el héroe de su novela (llamémoslo así). Un
actuar→ y de moverse→ a otro lugar (el lugar de la experiencia). Un echar a
andar hacia la frontera o límite, igualmente expresado de sus textos. Como
leemos de su libro (la razón fronteriza) donde se da a entender esa acción, a
movernos → a actuar. Leemos: Esa voz desciende del arcano y rasga el velo del
misterio al presentarse, en ocasiones señaladas, en lo más íntimo de la
experiencia del habitante de la frontera. A ese descenso de la voz imperativa,
de carácter categórico, puede el fronterizo responder, en cuyo caso propicia un
movimiento de alzado a la condición de habitante del limes. Puede también,
libremente, no corresponder a ella, o hacer oídos sordos a su apremiante
requisitoria. Toda la amplia gama de posibilidades que se desarrolla en esa
tesitura de prueba, verdadera prueba ético, metafísica, constituye el contenido
posible de una genuina ética fronteriza. (E. Trías – La razón fronteriza).
Pero pronto vemos que nos habla de
una prueba ético-metafísica, y no de una acción → moverse → al acto → de ir
hacia, o de una experiencia pura (real), pues encontramos un constructo a su
soñar, donde el sujeto queda incluso en principio desplazado. Quiero decir que
su filosofía atiende siempre en un segundo lugar la presencia a del sujeto. “Le
importa mucho más enfrentarse con la realidad (subjetiva) del ser "desde
su íntima matriz o primera categoría". En su discurso filosófico, el
sujeto viene después. En un primer momento, se sigue reflexionando sobre el
cerco en donde ha aparecido "la cosa" (de manera subjetiva / añado yo
de nuevo - de la critica de Domingo Cía Lamana). De modo que hay un pensar de
trías sobre el límite o frontera, pero no existe un actuar: un acto de moverse
radica y litera→ no-es ir la práctica y del acto tras el pensamiento, y de esta
movernos de la realidad hacia el límite o frontera real) a traspasar ese cerco
de la razón: cerco primero de la razón analítica que el mismo habrá de utilizar
para describir sus sueños una frontera / partiendo de los estudios y análisis
de estos desde Freud. Pero… "Solo se conoce el actuar: como consecuencia
de un acto: acto- consecuencia de moverse en la realidad. “La esencia del
actuar es el llevar a cabo (algo). Llevar a cabo significa desplegar algo en la
plenitud de su esencia, y guiar hacia ella (para producir)” — Heidegger: Sobre
el Humanismo)
Desde el vértigo y el abismo
Observamos en el vértigo (de Trias) un sentido semejante al que en las
«filosofías de la existencia» (desde Kierkegaard hasta Jaspers, Heidegger o
Sartre) le asigna a la angustia: Se trata, para Trías y su filosofía del
límite, de una emoción fundamental, en el sentido de que permite convalidar,
desde el ángulo de los afectos, o de la inteligencia emocional, como suele hoy
decirse, lo que en forma objetiva se puede determinar como el espacio (forma)
“del límite”, supuesto a partir de una idea, pues y vayamos despacio, en la
teoría del límite: el vértigo (teórico referido, como emoción que no lo es, ) es
la emoción (entendida del supuesto propuesto de la idea) que muestra el límite,
como una evidencia metodológica y filosófica (teórica) hacia algo (posible) que
allí, sobre el límite a él es hermético (inaccesible), y, por tanto, no el
límite como esfera, sino una esfera hermética más allá del límite (propuesto de
la idea), pero dentro y contenida del mismo límite.
Y Trías deriva, como aquel marinero
de tierra que no vio la mar y solo la soñó, con sus propias islas y monstruos,
y luego dibuja planos, donde (de la experiencia onírica) refiere algo
sospechado (a juicio de una metafísica). Pero ¿Cómo reconocer el límite?
(contrapunto: el abismo), si de él no advertimos lo que queda cerrado (por
oculto) y por tanto es desconocido: como reconocer lo desconocido, entendiendo,
por tanto en trías el límite o frontera como aquel lugar, para él “de prueba”,
y que a partir de la experiencia onírica (interpretada por sí mismo en su
metafísica) se desarrolla y sistematiza hacia “algún lugar” inconcreto de la
realidad, que es dado solo (y singularmente) para probar, pero.. Prueba de qué
y para qué. ¿De un ejercicio intelectual a partir de los sueños interpretados
para sí mismo?, también se nos habla de experimentación; pero, experimentación
¿dónde?, cuando los sueños no pueden ser dirigidos, ni la metafísica probada,
experimentación pues, entiendo dada la interpretación filosófica de estos, a la
hora de integrarlos a un sistema que sirve… a quién lo estructura, y ¿para qué?
Para que sirvan (solo, y únicamente, a la misma estructura y forma que lo
refleja y hacia donde se refleja) a la filosofía académica.
Y luego se añade, para una
definición de lo que se es, de lo que somos.., pero (y añado) " definición
de lo que somos y se es", entiendo: a partir de la razón subjetiva del el
sujeto inconsciente (que sueña), y explica o habla (metafísicamente) no desde
el límite, sino "desde la emoción, vértigo, que “supone” el limite
(supuesto y teórico) como una evidencia metodológica y filosófica (teórica)
hacia algo allí, sobre el límite, un límite que es determinado “hermético”, a
partir de unos sueños dados a (la razón del deseo del límite) y que se muestran
(a su juicio) interpretados como límite, o el limite, inversamente, como
aquella frontera que es lugar de prueba y de experimentación teórica y
subjetiva hacia lo hermético-sellado: y, por tanto, “desconocido” no dado a
experimentación alguna teórica, sino mas a elucubración fantástica. Bueno, me
parece inadmisible a la inteligencia de las personas, y contrario a toda
realidad: un constructo, además sin entrada ni salida, donde veo dos planos,
superpuestos y que me hablan, uno a través de E. Trías de su visión (onírica)
de un límite imposible-inaccesible, pero al que superponiendo el plano de
Heidegger, este sí, habla y expresa un camino (difícil, diríase que
sacrificado, a partir de nada, de cero, no dado, sino a construir → de
aproximación para quien pretende alzarse y asomarse a ese límite (que intuye
trias), habitando más allá del lado de la forma que nos contiene y define, los
que somos como personas ―que es la razón y la sociedad de nuestro tiempo―, y
desde donde se observa el horizonte: ancho de la frontera (de la sombra), donde
caminando / habitando sobre dicho límite hallamos lo que Heidegger en ella
refirió, límite pero, al que trias no se movió (ante la potencia) en acto → a
ir y entrar. ¿Porque digo esto? lo propuesto de trias un constructo mental dado
a la razón su deseo de un límite-ahí) en cuyo caso es hacer filosofía como se
hace una buena novela, donde todo parece verosímil (en general) pero nada es
verdad.
Sobre el descubrimiento inesperado
del Limite / como u hallazgo en la filosofía de E. Trías. Quizá me repita en
algunas cosas, pero lo prefiero así. Algunos refieren el nacimiento,
descubrimiento, fundación y colonización de la propuesta filosófica de Trías
(el límite): el ser del límite (a partir de una idea del límite) formulada por
Trías, siempre en constante diálogo con Heidegger, Kant y Wittgenstein. Sin
embargo, debemos señalar, que trias advierte ya una frontera física y
explorable, como bien muestra: (E trías. Lógica del límite, p. 15: texto
superior); pero igualmente también descubre aquella otra frontera relatada por
Frederick Jackson Turner en su "Tesis de la frontera" desarrollada en
un artículo académico de 1893, sobre El significado de la frontera en la
historia americana, y que sirvió de inspiración para otros estudios sociales,
de economía etc. “En ese avance, la frontera es el borde exterior de la ola, el
punto de contacto entre la barbarie y la civilización / La frontera americana
se distingue claramente de la europea, que es una línea fronteriza fortificada
que corre a través de territorios densamente poblados. El elemento más
importante de la frontera americana es el hecho de que va por el límite de las
tierras abiertas a la expansión. La frontera es la línea de americanización más
rápida y efectiva. La tierra virgen domina al colono. Este llega vestido a la
europea, viaja a la europea con su manera de pensar y las herramientas que
utiliza. Pero la tierra virgen le saca del coche de ferrocarril y le mete en la
canoa de abedul. Le quita los vestidos de la civilización y le hace ponerse la
zamarra del cazador y los mocasines. Le hace vivir en la cabaña de troncos de
los cherokees e iroqueses y construir en torno a ella una empalizada india. No
pasa mucho tiempo sin que el colono siembre maíz.
II
Trías descubre” la frontera" A
decir de la universidad Pompeu Fabra― donde ejerció Trías de profesor― este
“descubre” la frontera, y da carta de ciudadanía a una dimensión positiva del
límite, el carácter habitable (en sueños) de la frontera o límite, sobre
aquella idea (suya-imaginaria de frontera) que luego nos define en su libro.
Una frontera por tanto, pero que como tal nos remite a algunos a aquella otra
frontera real y existe (antes y hoy) y que ciertamente algunas personas
transitaron, pero que igualmente transitan en la actualidad, en aquel contexto
fronterizo de exiliado (en caravanas de barro y esperanza, y que ― tal y como
pude comprobar de mi experiencia― habrán de cruzar ( en sentido inverso al que
yo llevaba entonces) el Istmo a través de una una cadena de volcanes y selvas
que se extiende a lo largo de la costa del océano Pacífico (en todo lo que
abarca El Arco Volcánico Centroamericano, y entrando a este por el Darién -
Panamá ) luego siguiendo hacia Costa Rica sobre aquel horizonte indefinido y
todavía lejano, que habrá de llevarles hasta la región fronteriza de Nicaragua,
y de allí a Honduras, para después llegar a El salvador y Guatemala y de allí
por fin a México, caminando sobre unas expectativas todavía más imprecisas y no
pocas veces fracasadas ( ante un muro), de consecuencias terribles para sus
vidas
Pero veamos, qué nos dice trías de
“su frontera” y cómo él la define y define a sus habitantes, aquellos que han
adquirido carta de ciudadanía. En el caso de trías, el límite deja de ser muro
para ser espacio habitable, lugar de frontera y hábitat del fronterizo. “El
elemento más importante de la frontera americana es el hecho de que―al
contrario de los muros en Europa― va por el límite de las tierras abiertas a la
expansión. La frontera es la línea de americanización más rápida y efectiva. La
tierra virgen domina al colono”. – F.J. Turner). Pero Trias no sembrará, y
menos recogerá maíz: Trias no recogerá nada (no visitará la frontera) mientras
la semilla de su lucidez, se diluye en tierra no fértil (en el asfalto de
ciudad y las academias), donde mientras exploraba todas las posibles
implicaciones que supone el concepto de límite o frontera, vio natural (y
necesario para él: que no salía, como Kant de su esfera racional) la
integración del componente onírico y simbólico (la tierra de los sueños). por
que nos iba a hablar de la frontera real, pudiendo imaginarla — a partir de
propias reminiscencias— e integrarla luego su sistema filosófico, determinado
no por la experiencia del límite precisamente, sino por una idea del límite, a
partir de lo onírico ( sus sueños ) y sin tener que salir de su casa.
Trias advierte de la vieja frontera
un límite (y una posibilidad) igualmente a la razón (esto está bien) en el
sentido que Heidegger la advierte de la nada, mientras Kant o Wittgenstein la
entienden en su carácter restrictivo y puramente negativo, como un muro
(Schranke), que separa lo que se puede pensar y decir de lo impensable e
indecible. Luego este muro habla al subconsciente y habla de contención, habla
de exclusión, pero también habla de la moral y de lo que esta expulsa fuera /
luego, “inversamente, nos remite a lo que queda dentro, atrapado, entre sus
muros” (Foucault). Unos muros interiores desde donde no se advierte frontera
alguna (sino el muro), una forma concreta y definida, con un límite dado de su
perímetro, por medio de aquellas: todas formas que contiene contenidas en ese
muro.
No obstante, Trías, teniendo
conocimiento de la frontera física y dada a explorarse, la desea (el deseo es
otra forma de la razón), fijando la atención sobre ese límite entregado a (la
razón de su deseo) de triunfar la frontera. En la ontología topológica de
Trías, se dice que el límite viene definido por tres «cercos»: el «cerco del
aparecer», donde se entiende la existencia presente en la que se engloba la
realidad física y natural (aquel orbe donde está recluida la sociedad y el
pensamiento racional y la moral); luego el «cerco hermético» (aquel orbe
cerrado) que es el arcano, lo misterioso, donde muchas tradiciones sitúan lo
divino, lo santo, lo sagrado, el lugar de la memoria (olvidada) de los
eternamente muertos, y donde se encierra la memoria de la humanidad. “Lo más
curioso dentro el desarrollo americano no ha representado meramente un adelanto
a lo largo de una línea única, sino un retorno a condiciones primitivas en una
línea fronteriza continuamente en movimiento”—Frederick Jackson Turner- 1893);
finalmente, Trías nos habla de un espacio entre ambos o «cerco fronterizo», un
lugar entre dos lugares, entre el aparecer y lo hermético: tres cercos, tres
muros, pero ningún lugar definido que podamos localizar.
De este modo se inicia La aventura
filosófica de trias donde intentará, mediante diversas singladuras (“marítimas”
nos dice la Pompeu Fabra), asegurar el acceso “metodológico”, metódico, a ese
ser del límite. (Supongo que el autor de estas hermosas palabras no navegó
jamás aguas adentro, ni vio tormentas tropicales y huracanes, luego solo vio
aquel mapa dibujado, habitado por dragones y sirenas en la mar. Luego nos habla
de “método” en el sistema propuesto de trias (el mismo método, que descartes
rechaza para lo no físico y material, como por ejemplo: los sueños. “La
Modernidad se caracteriza por haber establecido el método, el camino, como
esencia del pensamiento cierto y verdadero, claro y evidente".
Luego Trías quiere asumir este mismo
carácter permitiendo diseñar una travesía (método) que permita al lector que
prosiga las diversas singladuras hasta llegar a la tierra firme e ignota del
'ser del límite'. (Universidad Pompeu Fabra ― en su reseña). Pero, y quiero
hacer notar esto, se nos habla de una travesía diseñada (para el lector), pero
no se habla de viaje alguno y propio (de aquel hombre que nos quiere mostrar el
camino) hacia el límite. como igualmente no nos habla ni muestra el trasiego y
las penurias; sino solo del límite, ya allí, en un cerrar los ojos y estar:
totalmente fuera de la realidad, de las cosas, de la vida y de las personas) el
límite como meta-realidad, dentro de la mente (constructo) huyendo de toda
realidad: de la verdadera realidad de la frontera y el límite.
Pero volviendo al método, tan propio
del paradigma actual mencionado, este ha creado un abismo entre ciencia/método)
y metafísica, pero recordemos de nuevo las palabras de Descartes: “el método
científico determinista se cuide de la materia”, pues este no tiene medios ni
gusta de reconocer lo que está fuera de lo material. No hablamos de ciencia, lo
sé, pero podemos hablar entonces de “método” en su sentido propio como se hace
en la reseña, cuando no hablamos de ciencia. Entendamos ―la razón sólo forma su
estructura por la vía de la expulsión de elementos heterogéneos –Nietzsche ― y
no mediante ellos. A partir de la locura, Foucault, y de forma semejante a
Trías pretende (en algún momento de su estudio lo imposible) situando la locura
en la serie de aquellas experiencias límites en el qué su argumento, en busca
de algún sentido, se ve, de forma harto ambivalente, enfrentado a lo
heterogéneo, que podemos asociar a lo incognoscible: sean sueños o locura.
Foucault, a semejanza de trías,
declara programáticamente que “quiere escribir la historia de los límites...
por los cuales una cultura rechaza algo que será para ella lo exterior”. (M.
Focault - Histoire de la folie a Vage classique, París 1972) y que podemos
asociar, con aquel cuadro los contrarios de Pitágoras: de lo izquierdo, lo
oscuro. “Habría que prestar un oído atento al ronroneo del mundo y tratar de
percibir las muchas imágenes que nunca han llegado a encontrar su poso en la poesía,
los muchos fantasmas que nunca han llegado a cobrar los colores del estado de
vigilia» Focault (1972) (Del prefacio a la primera edición, loe. cií., 13).Sin
embargo, Foucault, y en esto se distingue profundamente de Trías, se percata
enseguida de la paradoja que comporta la tentativa de captar la verdad de la
locura (que es un caos consciente) donde «en ese su rebullir antes que
cualquier erudición se proponga aprehenderla, La percepción que trata de
aprehender estas palabras en su estado indómito pertenece necesariamente a un
mundo que ya se ha apoderado de ellas», cuanto, más imposible todavía, sería
atrapar el caos inconsciente (de los propios sueños). Pero "Hay cosas que
solo la inteligencia buscaría, pero que por sí sola no podrá encontrar, Son aquellas
que solo el instinto encontraría, pero que no debería buscar
jamás."(Bergson)
El vértigo real frente al abismo, o
limite es una experiencia real que sufrimos al asomarnos al vacío (al abismo/
la realidad) desde el borde de un precipicio; “vértigo” es por tanto la
impresión de dicha experiencia real (al contemplar una caída posible, desde el
borde de la forma, de la que asoma el precipicio (abismo). El vértigo que
acontece en la realidad, por ejemplo al caminar la cornisa de una montaña o
mira al fondo del cráter de un volcán. Por tanto, cuando nos hablan de vértigo
en filosofía, en tanto refiere asomarse al límite, la impresión que este le
supone no es vértigo (no está en el borde de ningún abismo: está en su casa y
sentado en el sofá escribiendo, y la única conciencia que tiene del verdadero
abismo (muchas veces aquel que escribe sobre el mismo) es la que yo le pueda
dar al asomarme a uno: y mostrárselo. pero jamás podrá entender que es tener
conciencia del abismo (ni jamás podrá entenderme a mí, los que siento frente al
abismo, lo que transmite la visión del abismo), ni en mil vidas posibles (sabe
de que le hablo aunque e le muestre en fotos) cuando le hablo del abismo, si el
no se pone frente al mismo (tomando conciencia de él). La cuestión del vértigo
en un texto se llega a interpretar (pues se tiene que interpretar al estar, o
utilizar la palabra fuera de su contexto y significado real / cierto los
filósofos/ filólogos saben del significado de la palabra, pero no experimentan
la forma que refiere esa palabra en la realidad). Por tanto al referir abismo,
entendemos que es algo del orden de la confesión, y lo entiendo mejor así o
puedo entenderlo, cuando refiere asomarse a ese terror que supone la realidad,
donde al asomarnos cada día (reaccionando a esta) vemos que es un asomarnos a
nosotros, donde uno se asoma a sí mismo reaccionado a todos los estímulos:
luego revelando lo más profundo, y a veces oscuro ( los miedos y deseos) de uno
mismo: entienda esto quien quiera entender (o entiéndase como se quiera cuando
no vemos a trias asomarse al abismo, pero nos lo refiere, sin haberse acercado
a él (literalmente, desconoce la forma y percepciones, sensaciones reales que
desprende sobre la conciencia aquello a lo que se refiere).
Y En este sentido, entiendo (ahí)
también una revelación personal por parte del subconsciente-intuitivo (al
consciente- racional), que está diciendo algo a quien refiere (vértigo de algo)
mostrando aquel camino y lugar donde se debe asomar (y superarlo): un lugar,
ciertamente, para entrar y recorrer, no para soñar, de ahí el vértigo como
posibilidad de lo real (es el miedo, y a la posible caída): es miedo a la
realidad, a afrontar (la caída) caer, asomarse a la realidad y verse
reconocerse ahí: uno, como realmente es y expuesto frente a los demás (esto
entendemos de un texto escrito del derecho y del revés, de lo que leemos (lo
que entendemos de lo que no se dice, y queda sepultado por las palabras).
Tanto al definir Razón fronteriza,
como Sujeto del Inconsciente, ambas son formas de definir al aquel sujeto que
habita dentro (del cerco) de los límites del paradigma presente. Y por razón
fronteriza entendemos aquella (razón) dentro paradigma (persona que razona
dentro del cerco de la razón, en la sociedad / racionalmente), y que ciertamente
observa ( de lo instintivo / irracional) un límite o frontera real a este y que
quiere superar ( como una planta que crece buscando la luz en un patio
cerrado);y al mismo tiempo un límite, pero que le da vértigo dirigirse solo,
haciéndolo y advirtiéndonos de este límite a través de los símbolos, formas
oníricas, o ideas abstractas (como la nada) y que en realidad (solo cree
observar/ de lo que intuye o quizá oyó hablar, de ese límite o frontera que
luego él imagino), pero al que jamás se asomo, yendo “realmente” a nada, fuera
de esos propios límites sociales en los que habita su racionalidad (a veces,
habitando la propia angustia que deviene, de reconocerse engañador- engañado,
sabiendo que en realidad: no saliste del propio cerco de la razón, que sin salir
de tu casa te llevaba, siempre lejos de donde deberías estar. "Lugares
nuevos no hallarás, ni hallarás otros mares. La ciudad irá tras de ti. En tus
calles pasearás, las mismas, y en los mismos barrios envejecerás, se te verá en
estas casas acabarte. Y siempre llegarás a esta ciudad. Para otra parte -no
esperes- no hay barco ya, ni senda para ti. Lo mismo que tu vida la perdiste
aquí, en esta esquina, la perdiste en todos los lugares" (Cavafis).
El sujeto fronterizo (necesario de
la idea del límite) no-es-ahí en el caso de trías / sino de otra manera— y de este modo vivirá más la pasión del
enigma propuesto (en una tierra de centauros con sus habitantes imaginarios:
limitaneis), que la posibilidad de poder narrar la experiencia (real) propia
del límite o frontera. No le preocupa o desvelamiento del ser por sí mismo (su
Aleteia) de su propia experiencia real al que a todas luces ha renunciado (en
la realidad) y nos dirige más hacia el propio misterio pero no lo dice, aunque
lo vemos de las sombras de sus palabras y en lo personal, por el acto de no-ser
frente a la realidad, su renuncia a ser / y al ser. De modo, que el sujeto
fronterizo es aquel avatar que piensa la idea de la experiencia del límite,
pero no experimenta el límite (viviendo la fantasía) en la que otros, como él,
pueden pueden perfectamente identificarse, de él en su palabras, de lo que nos
habla: de Centauros.
Loki es el hermano adoptado y a
menudo el enemigo de Thor, y es totalmente un antihéroe. Y aquí tenemos a un
sujeto mayorcito, que como yo se puede identificar con la ficción, dentro del
ambiente creado para satisfacer a los flipaos "como yo", pero luego
volviendo a la realidad. No me imagino en la universidad hablando y recorriendo
límite (filosófico intelectual), proyectados de la imaginación en el mundo de
Marvel, pues de momento esto es lo más parecido que encontraremos a los
centauros de los que nos habla Trías.
Pero aún así, el filósofo tiene un
verdadero problema (no todos creen en centauros, aunque vean películas de
Marvel) y deberá sostener luego su credibilidad del lado empático, en aquel
sentimiento que proyecta el autor filósofo hacia los que le conocen / que
sostenido por la credibilidad que habrá de suscitar siempre el verdadero
aventurero al que esperamos y viene a narrarnos, de propia voz y experiencia
(lo que, por aventurero, de este esperamos) de lo dicho, en lo narrado (la
realidad en la que podamos reflejarnos, entendiendo a aquel). En otras
palabras, la filosofía actual ha requerido siempre de la fe que la gente le tiene
(como autor), por su competencia como filósofo racional, más que como persona
real (pues es imposible por nosotros experimentar aquello que narra) siquiera
en sueños: pues no habitó caminos (reales) por donde nosotros transitar y que
podamos reconocernos de él. Por supuesto ahora toca hablar de Hegel, quien
refería la necesidad de hacer un camino formativo para poder hacerse con alguna
forma de autoconciencia (de la realidad), pero Hegel estaba igualmente
convencido que al final: "detrás del telón no había nada". De ahí,
que la filosofía hoy no va a la frontera y tampoco al teatro, ni siquiera
asiste a la realidad. No hay nada para ella fuera (del texto) que propone de su
idea del límite; cuándo además, dicha idea la puede hacer real por el deseo de
la razón, dado luego en una representación: de la frontera…
Precisamente, esta línea de
experiencia de autoconciencia (en la que no cree hoy la filosofía) a la que
renuncia o cree que pudiera ser nula, pues "detrás del telón no había
nada", luego en función de su misma razón y sus propios dictados y
sistemas, estos y aquellos le impiden iniciar, sobre el sueño del límite: un
despertar al límite y (actuar) moverse → en acto→ de ir frente al cerco que le
abre una puerta a entrar, a través de la redención, por medio de un
reconocimiento de sí y consigo mismo (un salir al mundo real y apartarse (de lo
mundano) → moviéndose → al acto → de caminar hacia habitar la frontera, pero
que la filosofía siempre rechaza: no acepta la invitación, cuando le supone
salir de su mundo académico, de las aulas, de la aprobación de la sociedad, del
reconocimiento: no acepta la experiencia del límite o frontera, por lo que esta
supone de extenso y riguroso camino, como el de todo viajero de la frontera que
se adentra en ella, solo pueda suponer. Así, la propuesta de una filosofía del
límite, ha quedado o quedará como otro sistema inútil a la sociedad real, que
propicia el diálogo únicamente de la filosofía con la filosofía pero:
integrando aquel sistema hoy imprescindible (del compra primero mi libro) para
que tal diálogo sea efectivo. Sin embargo: hay un conocimiento verdadero, que
se entrega sin más, sin beneficios, pues es parte siempre un conocimiento
incompleto y parcial, y solo visto de un lado (subjetivo de la forma que lo
expone y lo refleja: el autor) dependiente luego de intérprete/reflejo de la
forma, que habrá de reconocerse en ello, como una gota de agua frente al
espejo, para poderlo entender.
Pero la filosofía del límite (hoy)
no está pensada para mostrar a nadie una realidad, sino que la encontramos como
sistema de representaciones no basadas en la experiencia, sino en el deseo de
la experiencia, y en la necesidad de establecer estas representaciones, de
algún modo y en algún sentido, siempre hacia otros. Todo ello, consecuencia de
una racionalidad de medios y fines/ que reduce la existencia de aquel (que
produce) a una actividad útil para sí, sobre todo de fines: recompensas y
reconocimiento sobre aquello producido. En este sentido la propuesta del
límite, parece estar pensada como un sistema o estructura, dirigido a una
usabilidad filosofía e inerte (e inútil), más allá de ser lo a la misma
filosofía, y a la propia recompensa, pero nada útil a la vida ni el individuo,
acaso como distracción intelectual; entiéndase: si cree en centauros) , y muy
distinto ( a ir a pasar un buen rato, de fiesta con los amigos, disfrazados, a
un festival de la fantasía: fantasía de verdad. Aquí unas fotos donde muchos se
podrán reconocer (valientes de transitar este límite, y proyectarse hacia
nosotros de aquella su forma en ese límite en el que se adentran, para luego
nosotros no necesitemos imaginar una forma, que ya nos muestran (concreta de
ellos mismos ) de su misma y propia realidad.
El sujeto fronterizo es aquel avatar
que piensa la idea de la experiencia del límite, pero no experimenta el límite,
y que a tiene un verdadero problema; pues deberá sostener luego su credibilidad
del lado empático, en aquel sentimiento que proyecta el autor filósofo hacia
los que le conocen / que sostenido por la credibilidad que habrá de suscitar
siempre el verdadero aventurero al que esperamos y viene a narrarnos, de propia
voz y experiencia (lo que, por aventurero, de este esperamos) de lo dicho, en
lo narrado ( la realidad en la que podamos reflejarnos, entendiendo a aquel).
En otras palabras, la filosofía actual ha requerido siempre de la fe que la
gente le tiene (como autor), por su competencia como filósofo racional, más que
como persona real (pues es imposible por nosotros experimentar aquello que
narra) siquiera en sueños: pues no habitó caminos (reales) por donde nosotros
transitar y que podamos reconocernos de él. Por supuesto ahora toca hablar de
Hegel, quien refería la necesidad de hacer un camino formativo para poder
hacerse con alguna forma de autoconciencia (de la realidad), pero Hegel estaba
igualmente convencido que al final: "detrás del telón no había nada".
De ahí, que la filosofía hoy no va a la frontera y tampoco al teatro, ni
siquiera asiste a la realidad. No hay nada para ella fuera (del texto) que
propone de su idea del límite; cuándo además, dicha idea la puede hacer real
por el deseo de la razón, dado luego en una representación: de la frontera…
Precisamente, esta línea de
experiencia de autoconciencia (en la que no cree hoy la filosofía) a la que
renuncia o cree que pudiera ser nula, pues "detrás del telón no había
nada", luego en función de su misma razón y sus propios dictados y
sistemas, estos y aquellos le impiden iniciar, sobre el sueño del límite: un
despertar al límite y (actuar) moverse → en acto→ de ir frente al cerco que le
abre una puerta a entrar, a través de la redención, por medio de un
reconocimiento de sí y consigo mismo (un salir al mundo real y apartarse (de lo
mundano) → moviéndose → al acto → de caminar hacia habitar la frontera, pero
que la filosofía siempre rechaza: no acepta la invitación, cuando le supone
salir de su mundo académico, de las aulas, de la aprobación de la sociedad, del
reconocimiento: no acepta la experiencia del límite o frontera, por lo que esta
supone de extenso y riguroso camino, como el de todo viajero de la frontera que
se adentra en ella, solo pueda suponer. Así, la propuesta de una filosofía del
límite, ha quedado o quedará como otro sistema inútil a la sociedad real, que
propicia el diálogo únicamente de la filosofía con la filosofía pero:
integrando aquel sistema hoy imprescindible (del compra primero mi libro) para
que tal diálogo sea efectivo. Sin embargo: hay un conocimiento verdadero, que
se entrega sin más, sin beneficios, pues es parte siempre un conocimiento
incompleto y parcial, y solo visto de un lado (subjetivo de la forma que lo
expone y lo refleja: el autor) dependiente luego de intérprete/reflejo de la
forma, que habrá de reconocerse en ello, como una gota de agua frente al
espejo, para poderlo entender.
Pero la filosofía del límite (hoy)
no está pensada para mostrar a nadie una realidad, sino que la encontramos como
sistema de representaciones no basadas en la experiencia, sino en el deseo de
la experiencia, y en la necesidad de establecer estas representaciones, de
algún modo y en algún sentido, siempre hacia otros. Todo ello, consecuencia de
una racionalidad de medios y fines/ que reduce la existencia de aquel (que
produce) a una actividad útil para sí, sobre todo de fines: recompensas y
reconocimiento sobre aquello producido. En este sentido la propuesta del
límite, parece estar pensada como un sistema o estructura, dirigido a una
usabilidad filosofía e inerte (e inútil), más allá de ser lo a la misma
filosofía, y a la propia recompensa, pero nada útil a la vida ni el individuo
1(3)
―El lenguaje como sombra de la razón ―Para Wittgenstein, el mundo era lo expresable
(solo en palabras) ―Luego ¿Qué me
define el lenguaje? ―"Sólo
pedimos un poco de orden para protegernos del caos ―Pero ya estoy en un espacio, en tanto mi forma
ocupa un espacio definido ―Luego:
Uno condicionado a través y de dicho espacio en medio que reconozco ahí,
igualmente definido ―Sobre una
filosofía autentica o pensar (desde una filosofía auténtica) ―Pero he hablado de acción y experiencia, y no
puedo quedarme en lo relativo―.
el lenguaje como sombra de la razón― Todos
hemos comprobado lo complicado que es, en algunas ocasiones, expresar aquello
que sentimos de una experiencia (esa idea que luego formamos en nuestra mente)
en relación a lo observado: para la que no encontramos las palabras adecuadas
que expresen lo que sentimos, pero que sentimos dentro y de muchas maneras.
Pero lo es aún más si lo observado no está luego bien definido: definido más
allá, incluso del propio lenguaje y en relación hacia nosotros, a nuestro conocimiento:
entiéndase una comprensión de aquello frente a nosotros (de la experiencia
sensible, y lo que percibimos a través de los sentidos) que ha de ser entendida
por el sujeto por medio la contemplación misma, del estudio y/o experiencias
propias al respecto, lecturas, conversación o cualquier otro medio de
conocimiento que nos motive a entender lo observado. Motivación que nos llega
normalmente del propio asombro o admiración, y a veces, extrañeza que nos causa
la visión/contemplación de algo ―no necesariamente nuevo, desconocido o
diferente―, pues entiendo esta la razón (el asombro) como aquella de mayor
motivación y predisposición, voluntad hacia la comprensión de la experiencia
que proporciona aquello presente.
Pero ver algo, incluso que no hemos visto
jamás (como un abismo), hoy no parece ser razón de asombro o admiración, o
voluntad de acercamiento a la experiencia y su comprensión para nadie, visto,
sobre todo, el desinterés de tantos mostrado al pasar por delante de los
diferentes entes: cosas, objetos y personas (sobre todo personas) / que no
vieron nunca, y pasan a su lado, sin siquiera mirar o reconocer de ella un
igual: otro ser. Caminamos por el mundo mirando sin ver, hablando sin escuchar,
ni decir nada. Pensamos que vemos, decimos y oímos, pero la prisa (del reloj)
evita que nos detengamos a reconocer y vivir el momento, como acontecimiento
(experiencia), y preguntarnos, sobre aquello presente alrededor nuestro, pero
sobre todo: ante nuestros ojos; luego no reconociendo de las cosas, lo que son,
más allá de la vaga comprensión que muchos tienen/ o tenemos, de tantas y otras
cosas, y aun así ignorando todo lo que nos rodea, y no mostrando mayor interés;
ya saben: “a veces, una piedra es solo una piedra”.
Lo malo de esta actitud [una piedra es solo
una piedra] es que nuestra imagen, o visión del mundo y el universo se
empequeñece, achata y aplana, cuando al ver una piedra solo vemos una piedra, o
al mirar al cielo sólo vemos oscuridad, y puntos de luz, definidos como
estrellas en nuestro cielo: mas no vemos, buscando el significado de esa luz,
en ella: y de lo material, la forma que la proyecta en su espacio concreto,
estando ahí y no en otro sitio, de esa forma, y por una buena razón, más allá
de aquellas explicaciones ofrecidas por otros (por la razón). Por tanto no se
engañen: las cosas son y la estrella está, quizá solo para que la reconozcamos,
mas no al definir la estrella, sino para que definiéndonos nosotros antes,
podamos luego responder a ella, la estrella, y decirle: yo soy..., en lugar de
dirigirnos a otros, refiriéndose de ella ( la estrella) y diciendo: ella es...
Para Wittgenstein, el mundo era lo
expresable (solo en palabras): así lo que no le era expresable en
palabras ―tenía un nombre que le definía―, y lo que no lo tenía, no había sido
descrito, quedaba fuera del mundo. «Los límites de mi lenguaje Significan los
límites de mi mundo, – afirmaba (Tractatus Logico-Philosophicus). Así pues, la
realidad para Wittgenstein era una imagen que resultaba de un lenguaje
descriptivo (complejo) y no de la impresión de la realidad en sí misma que
precisaba, necesariamente, de ese lenguaje descriptivo y metódico para ser
descrita y entenderla. Es por ello que lo no definido, sencillamente “no
existe”. De modo que para Wittgenstein como para otros, el origen, y
«fundamento» último de todo ser ha de hallar su expresión (locución) por la
razón. Pero, ¿cómo conocemos las cosas, entes, para poder luego definirlas y
darles nombre? ―“Desde el momento en que se constituye el concepto del ser, y
frente a la multiplicidad y diversidad de los entes, surge de inmediato la
dirección específicamente filosófica de la contemplación del mundo. Por mucho
tiempo la reflexión del ser se encuentra ligada a la esfera de los entes los
entes, pugnando por abandonarla y superarla(1), quizá, ya entendiendo algo más,
ahí, de la imagen proyectada del ente: el ser del ente); luego, el «fundamento»
último ha de ser "hallar de todo ente la expresión de su ser ser" y
locución en el lenguaje; "pero por claramente que se haya planteado esta
cuestión durante siglos, la respuesta hallada, en su determinación particular y
concreta no tuvo ni tiene el mismo y universalísimo alcance del
problema"(2). ― Generalmente, un ente individual, particular y limitado es
entresacado para, a partir de él, derivar genética y genéricamente y luego
«explicar» todo lo demás; luego, no nos sorprendamos, cuando comprobemos, que
lo que la razón señala y define (proponiendo definición y poniendo nombre) como
esencia y sustancia del universo, no lo trasciende en principio, siendo
justamente algo extraído de este mismo universo: ordinario y mensurable a la
razón. De ahí que, por más que varíe el contenido de la pregunta, siempre
permanezca un mismo tipo de explicación en su forma general, y dentro de los
mismos límites e idéntico lenguaje metódico, del principio que establece como
fundamento de la totalidad de los fenómenos un ser individual sensible (perceptible)
una «materia originaria» concreta; luego la explicación se idealiza de aquella
materia, y en lugar de la materia surge más firmemente un principio puramente
racional de conjetura y fundamentación subjetiva.
Luego ¿Qué me define el lenguaje?, cuando
refiero a partir de lo desconocido, el lenguaje me definirá entonces: aquella
imagen sensible, y perceptible de lo desconocido, por ejemplo, de universo:
"infinito"; entiéndase, igualmente, de lo infinito →
"desconocido". Luego la razón aplica: desconocido
es… lo que sea que refiere y describa esa misma razón (para cada uno de
nosotros) / pero que seguirá siendo, igualmente, desconocido. ¿Puedo definir el
espacio?, y refiero ahora, ese espacio, que consideramos vacío, existente entre
los cuerpos en el espacio, mas ¿no sabiendo exactamente lo que es? Pero la
ciencia ya he definido el espacio, en un lenguaje descriptivo y (complejo) no
falto de conceptos relativos, abstractos y/o matemáticos) como:
"infinito"―“la filosofía es el arte de formar, de inventar, de
fabricar conceptos”(Deleuze & Guattari, 1997) /"lo infinito es tanto
ilimitado como indeterminado, Anaximandro introdujo el concepto de lo ilimitado
(infinito): a-peiros) ― pero que, y aunque lo he definido, sigo sin saber
todavía qué es el espacio "infinito”, y por tanto, sin una forma concreta)
→ que, además, considero “vacío”, solo sé, lo que la razón me dice que el
espacio es, en tanto a como ella lo ve y entiende, de lo que ve, resultando:
que está tan vacío, como la vista y los sentidos lo puedan
comprobar. Conclusión, el lenguaje puede describir una imagen del espacio, que
resulta de un lenguaje descriptivo (complejo), dado a priori. desconocido e
infinito, pero no por la experiencia propia, el factum de estar conscientes del
espacio, sino que nos refiere a conceptos y abstracciones (teóricas o, y
matemáticas) por los que la razón: pretende entender/y explicarse a si misma lo
que califica de incognoscible e indeterminado (infinito) y dado a los sentidos
ordinarios) lo que es el espacio → a su entender, de ese vacío
(oscuridad) que no puede ver forma en el. No aceptando de su ignorancia lo que
desconoce, incluido: la forma del espacio, vacío, que no puede entender.
"Sólo pedimos un poco de orden para
protegernos del caos― No hay cosa que resulte
más dolorosa, más angustiante, que un pensamiento que se escapa de sí mismo,
que las ideas que huyen, que desaparecen apenas esbozadas, roídas ya por el
olvido o precipitadas en otras ideas que tampoco dominamos. Son variabilidades
infinitas cuya desaparición y aparición coinciden. Son velocidades infinitas
que se confunden con la inmovilidad de la nada incolora y silenciosa que
recorren, sin naturaleza ni pensamiento. Es el instante del que no sabemos si
es demasiado largo o demasiado corto para el tiempo. Recibimos latigazos que
restallan como arterias. Incesantemente extraviamos nuestras ideas. Por este
motivo nos empeñamos tanto en agarrarnos a opiniones establecidas. Sólo pedimos
que nuestras ideas se concatenen de acuerdo con un mínimo de reglas constantes,
y jamás la asociación de ideas ha tenido otro sentido, facilitarnos estas
reglas protectoras, similitud, contigüidad, causalidad, que nos permiten poner
un poco de orden en las ideas, pasar de una a otra de acuerdo con un orden del
espacio y del tiempo" (Deleuze y Guattari 1993, p. 202).
Pero ya estoy en un espacio, en tanto mi
forma ocupa un espacio definido― un espacio al
que rodea todo ese otro espacio en su perímetro. Por tanto, yo mismo soy un
espacio, dentro de otro espacio. Luego, qué define la razón cuando me define a
mí, a partir de aquella persona que me observa y percibe mi reflejo ―Define al
hombre de su imagen proyectada―me contestarán; pero, diga lo que diga y defina
la razón, hay algo más que una forma en una imagen visible y proyectada: hay
también un espacio que la contiene y proyecta, que yo veo del lado de mi forma,
que igualmente me define en mi forma concreta y (temporal). Luego, si al
definir al hombre, no puedo ni definir, a la vez, aquel espacio (forma) del
espacio que lo contiene y concreta (temporalmente) en su forma en un lugar, y
no en otro del espacio natural que habita: pues entonces, lo que defino, no es
otra cosa que la ignorancia existente tras el velo de la razón. Quiero decir,
que por muchas y enrevesadas palabras, escuelas o cátedras: todo tiene una
forma, y toda forma un perímetro que la define en su forma: a partir de su
borde, o sombra. Luego, si algo no está definido en su forma, a partir de su
sombra (considerando esta, a partir de lo observable de la imagen: de su
perímetro, como aquel borde o lado de la imagen) pues sencillamente “no
existe", no puede existir en la naturaleza nada, que no se encuentre, en
aquel espacio natural que contiene y define su forma concreta (temporalmente)
en sí, y que a la vez, contiene en su forma concreta a todos los entes que
habitan en ella, en su espacio natural: y que establece/ condiciona (propicia)
las correspondencias, así como relaciones de causa efecto de una forma
(indirecta) en otra, o (directa: consciente) hacia otra.
Luego: Uno condicionado a través y
de dicho espacio en medio que reconozco ahí, igualmente definido― entiéndase:
que mi madre me condiciona, a través de dicho espacio (cuando se dirige a mi;
me habla (y el sonido se traslada por ese medio ―o forma entre las formas
materiales, dado del límite entre las formas) “condicionando mis actos: y
definiéndome” a partir de que dicho espacio me propicia la información desde
ese momento (en el que por el se proyecta: escucho, reflejada la voz de mi
madre): yo me giro; la veo, pero igualmente puedo no ver a mi madre, solo
escucho su voz del espacio circundante, espacio con información que me
condiciona y define, en mi espacio a actuar (en se momento/ tiempo y lugar
concreto), y de todo ello, luego reconocer de dicho espacio una forma/y medio,
para comunicarme, con mi madre; luego, (y a mi entender) la forma limitante del
lado de las formas visibles, concreta, en su relación con todas las formas, las
relaciones de estas entre todas ellas.
1-Filosofía de las formas simbólicas- El
lenguaje /Ernst Cassirer
2-Ibidem
Sobre una filosofía autentica o pensar
(desde una filosofía auténtica) está hoy más allá de la misma filosofía,
en el sentido que todos entendemos por filosofía. Entonces ¿Dónde está la
filosofía auténtica? que refiera de lo real: Bien, nos dicen ahora que la
filosofía (de siempre) ha cambiado o está cambiando, pero en las universidades
no; en los que estudian en la universidad no; y en los que enseñan en la
universidad no; y si está cambiando, por qué siguen diciendo unos a los otros
lo que deben leer, y los otros siguen leyendo lo que les mandan unos… unos
mandan (lo que hay que hacer y leer), los otros obedecen (en aquello) No, ¡no
ha cambiado nada! Pero la realidad sigue siendo compleja; entiendan: demasiado
compleja para pretenderla ordenar, estructurar, racionalizar en ningún sistema,
por cierto ya fracasado.
En este sentido, una filosofía a partir de
la acción de las personas, propone entender (por observador) las consecuencias
a partir de las acciones (y los descubrimientos que nos propician otros) Hannah
Arendt, se alinea y renuncia a ser llamada filosofa, ella no es filosofa. ¡No
soy filoso —dice — filosofo es Kant! Arendt, se distancia del conejo blanco ,
no quiere relacionarse con un tipo concreto de filosofía “de pensamiento de las
ideas ajeno a las experiencias” (o autoconsciencia) y el análisis de sus consecuencias,
y por tanto, se aleja de un tipo de pensamiento (filosofía) que ella y otros
entendemos que ha fracasado en los campos de exterminio de la Alemania Nazi:
preciamente la misma filosofía que no supo reconocer adónde íbamos en aquel
momento, ni donde nos llevaba ahora la razón (y que es lo mismo que afirmaba la
escuela de Frankfurt: Hokenheim, Adorno en la Dialéctica de iluminismo). La
filosofía (el pensamiento racional) no entendió entonces a donde se dirigía:
hacia el nazismo ni el holocausto. Y lo peor de todo esto, es que hoy la
filosofía no interpreta la realidad (no vive en le mundo real / ha sido
apartada de este), por lo que no puede entender, y menos aun criticar —quizá no
la ven (porque algo o alguien les dijo donde solo tenían que mirar (reconocimiento
/recompensas: los compraron) y eso los incapacita para advertir (del pasado en
el presente) la misma instrumentalización procedente de aquellos sistemas del
pasado, y sus consecuencias en el presente.
De esto, precisamente, es de lo que
podemos acusar (en mi caso yo así lo hago) a la filosofía de hoy, de seguir
mirando a otro lugar, escribiendo de cosas absurdas; sin morder jamás la mano
que le da de comer / no pueden criticar el sistema que los sustenta, alimenta y
promueve dentro del mismo sistema, y que es la misma filosofía de ayer, por
cierto (como bien nos recuerda H. Arednt). Luego esto hace que me pregunte, si
son acaso legítimos los filósofos y académicos (no independientes) financiados
y sufragados por el estado, para hablar (y refiero críticamente) de aquellos
que: en un supuesto juicio contra el estado, no serían jamás aceptados, por
pertenecer y estar a sueldo del acusado; pero que hacen hoy juicios sociales, e
incluso nos dicen ahora de nuevo, como debemos aprender a volver a pensar. Pero
no, ese nunca en mi caso: “Toma mis ojos, las cosas que he visto en este mundo
están llegando a su fin.― (Iron Maiden- Starblind).
Por estas mismas razones a Arendt ya no le
interesaba ni platón, ni Kant, ni Hegel, esa misma filosofía que habla del mundo,
pero que no entendió el mundo entonces, ni entiende ahora el mundo de los
hombres, y de sus actos. Una filosofía perdida en el mundo de las ideas y en
sus pensamientos metafísicos (encerrada en las aulas y que no sale a la calle)
2500 años de metafísica y todavía sigue la misma pregunta sin responderse, pero
que además, no se entero de lo que estaba pasando, antes, ni de lo que pasa
ahora, en la vida y en el mundo (en las calles: en los hogares, más allá de sus
propios muros) así fuesen millones de muertos antes, o miles ahora, eso ya nos
dice algo de la filosofía… “su reflexión es insistente, nula, cuando se propone
y afronta un problema o cuestión real”.
A los filósofos, antaño, el estado los
expulsaba, encarcelaba e incluso mandaba a la esclavitud, o los mataba por
pensar libremente: por opinar en voz alta y criticar, se entiende. ¿Qué ha
cambiado ahora que a un filósofo le paga el estado? Arendt, refundará, de
alguna manera la filosofía, observado esto de sus obras principales y dirigidas
a la acción, el conocimiento a partir de la acción (pero los filósofos de hoy
solo hablan de ideas, además ni siquiera propias).olvidan cada día lo que se
hace y acontece en el vivir (experiencia y consecuencia) el día a día, la vida
y sufrimiento de las personas no les interesa / ni lo muestran. El problema es
que para este tipo de nueva filosofía, si se habla de angustia hay que haberse
angustiado, y de lo que se hable, haberlo experimentado, para que otros, de
mostros y nuestras experiencias, puedan verse reflejados, y entiendan de
nuestras propias acciones descubrimientos, en ellos las posibles consecuencias.
(Escucharíamos entonces a aquel (filosofo) que regresase de la guerra / pero…
¿aprenderíamos de las consecuencias de la guerra?
Solo espero que el ejemplo de una nueva
filosofía no venga de aquellos: de ellos, de los mismos, los mismos de antes,
los mismos de siempre, siempre señalando al conejo blanco. “deja a los
ancianos en su conferencia, entretanto…/… caminamos afuera de las ofertas de
libertad por sus carceleros en su jaula”. ― (Iron Maiden- Starblind).
Pero he hablado de acción y experiencia,
y no puedo quedarme en lo relativo, como aquellos que andan por la vida
hablando siempre de algo que luego no definen, sencillamente, porque no pueden
definirlo porque no existe: como la libertad.. Pero para ello tengo que ir más
allá, más lejos, de la primera idea móvil que me hace pensar: en aquello
concreto que veo o deseo todos los días; y buscar aquello inmóvil: primer motor
o causa primera (que debería motivar mi ser), pero no va a ser sencillo
encontrarlo: porque todos los días tengo una razón ( primera idea móvil), que
me mueve → a “un lugar”→ y una razón que “siempre está ahí”,
encubierta (en la propia voluntad usurpada, por el deseo y el deber) y que me mueve
precipitándome a un destino impropio, sobre el propio conocimiento solapado, de
aquello que inconscientemente todos los días me mueve,
pero… que me mueve (ahora) a pensar ( Justo, en aquello que me mueve todos los
días… sin pensar).
Moverse no es pensar; moverse sin pensar
no es actuar: es dejarse llevar. Ponerse refiere no tanto actitud como lugar,
es ponerse: moverse → y volverse conscientes
(para alcanzar la perspectiva) de aquello que sucede sin que nos demos cuenta
dejándonos llevar, “Toma mis ojos por lo que he visto, Te daré mi sitio a ti,
eres libre de elegir la vida que quieras vivir o que quieras perder… cayendo en
tu tumba sin cesar, engañado”. ― (Iron Maiden- Starblind).
***
1 El Hombre Desesperado
2 Sobre la Muerte
3 El dolor y la pérdida
4El Sinsentido de la Existencia
5Pensar la idea del suicidio
6Libertad de Elección
7Morir precisa, igualmente, de razones.
Nada más trágico que nuestra realidad:
nacer para luego tener que morir. Pues da igual dónde o cuándo y poco importará
la manera, todos nos dirigimos ineludiblemente a ella "como el ancla al
fondo del mar". A veces incluso anticipándonos, y renunciando así y
definitivamente a este ingrato lugar de amarguras y penitencias, absurdo y
desprovisto de sentido, donde vida y muerte están ligadas, el dolor centellea
todos los días y las personas participan de las más terribles agonías; donde
sonámbulos e idólatras adoran aquello que los segundos no conciben y los
primeros no imaginan; donde los huérfanos se consuelan en el silencioso recuerdo
de la impotencia, de no querer creer pero tener que ver el mundo desmoronarse
ante sus propios ojos. Pero lo peor no son las injusticias o violencia que
acontece y de la que somos testigos todos los días. Tampoco las guerras, el
sufrimiento y la desesperación que estas conllevan: lo peor no lo hemos
conocido todavía; Estaría por llegar: "es lo último que llega".
1 Recuerdo cuando me diagnosticaron
cáncer, unos me miraban como si mi destino fuese diferente al suyo; otros lo
hacían con lástima, sin observar antes lo lastimoso de sus vidas, y ellos nunca
fuesen a morir: como si unos pocos años supusieran diferencia, y aquellos que
suplican vida eterna, fuesen a obtener otra cosa, más que polvo como
recompensa. Como si negar la muerte fuese solución, cuando no hay negación que
no contenga en sí, en forma de afirmación, aquello contra lo que se pronuncia.
Pero ¿quién quiere la vida eterna? ¿Acaso existe eso? La eternidad es una cosa
y muy distinto es abarcarla: y más absurdo pretender conquistarla (Gilgamesh). No
elegí nacer y consentí, tampoco elijo morir, pero me siento afortunado, si es
el caso de no sobrevivir: la eternidad no es vida para un hombre, y la muerte
es la calma, el reposo final al que cualquiera aspira. Pues vivir bien es
también morir (un poco todos los días), y fue la muerte la que dio (todavía)
mayor sentido a mi vida. Luego mucho he meditado (casi 15 años después del
cáncer, voy para 56) pues si en la vida encontramos que todo son preguntas,
igualmente, llega el momento cuando se convierte ella misma (la vida) en
pregunta: en ese efímero detenerse en el proceso, al manifestarse está
revelándose a la razón que la contempla. Allí he imaginando mi vida: toda, en
ese preciso instante (atrapado en el tiempo) y sin saber nada de una muerte;
que para conocerla, de cierto, antes hay que vivir estando en ella; pero luego,
para poder entenderla no bastará con vivir, ni siquiera sirve el vivir mucho:
cuando para poder entender la muerte, tendremos antes que entender la vida
(aquella que nos toca vivir) y por qué, en algún momento hay quienes
renunciamos a ella.
2 "El pasado se recuerda muchas veces
dramático; el presente angustioso y el futuro se intuye incierto",
dominado por ese miedo que amenaza con apoderarse del alma". Todos
temblamos ante el dolor, el sufrimiento y la pérdida: ineludibles para toda
comprensión acerca de la vida del hombre. Diríase, que la vida humana se halla
permanentemente en un estado de profunda miseria, pendiente, siempre de dar
sentido a aquellos avatares que devienen de la propia vida. En todas las
épocas, culturas y religiones, el hombre tuvo que enfrentar esta misma cuestión
del dolor, el sufrimiento y el sentido de su existencia. En definitiva, cada
persona (como yo mismo) ha tenido que vivir y convivir con propio drama continuo
que le supone existir, vivir en este mundo. Pues cada uno de nosotros parece
nacer a una vida (en un solo sentido y hacia un determinado destino); pero si
ese es nuestro sino, también es cierto que otra cosa es nuestra propia
condición, dentro de la propia vida y condición "la humana / esta reflejo
de la propia naturaleza que habita este hermoso planeta, " esa que empuja
a una planta seguir hacia adelante (como españoles) atrapados entre baldosines
de la cera y aplastados por el asfalto (llegará a florecer aún con la metralla
de toda una vida y existencia hundida en la carne. y si nuestro sino es vivir y
vivir con dolor, nuestra condición es "seguir y seguir adelante aún con
dolor”. Muchos pensarán, sobre todo en occidente, que estas palabras no van con
ellos que más serían apropiadas para señalar a otras personas o pueblos (pero
los españoles las reconocemos propias), otros dirán que refieren que a otros
tiempos; pero no nos llevemos a engaño, y lo sabemos; al menos todos aquellos
que tenemos una cierta edad y perspectiva de la vida: que el ser humano desde
que nace se forja y crece con retazos de dolor, y cada dolor es preludio y
anuncio de aquello ineludible Pues existen tantas cruces plantadas en este
mundo como vidas ha visto nacer, y cada nacimiento no anuncia otra cosa, que
(en algún momento) su propia muerte.
(3) El pueblo español se entrega, al
suicidio es la primera frase de «El resentimiento trágico de la vida», la
última obra de Miguel de Unamuno. En esa nota estaba reflejada la lucha de un
hombre que fue fiel a sí mismo yendo en contra de unos y otros, y rodeado del
ambiente hostil de la propia ciudad a la que tanto amó, con la desesperación de
quien ve cómo se va quedando solo mientras se tambalea su mundo, su propia vida
y hasta sus creencias» - (Miguel Unamuno de sus apuntes). Pero en algún lugar
leí que un hombre (y del mismo modo una nación) primero debe morir (y España
allí se aniquiló a sí misma), para luego lentamente (y de aquellas sombras y
troncos quemados que quedarían) volver a renacer. Renacer (se supone) libres de
odio y del dominio del rencor (que nos permite al recorrerlo aún hoy (de las
secuelas del dolor de nuestras familias compartido) reconocernos entre todos a
nosotros mismos aquel mismo odio, y de aquella sangre derramada, habiendo
aprendido del aquel duro camino y sacrificio (no por sus propias necesidades o
las de sus familias, sino por las ideas ideales políticos que les inculcaron
otros/ arrebatándoles su identidad de españoles primero, y padres de familia (o
hijos) después, y que recorrieron aquellos: nuestros abuelos y le mostraron a
sus hijos- para que nosotros pudiésemos (por su sacrificio) volver a renacer a
una nueva vida y nación: que ayuda a los demás (manteniendo un ejercicio que no
va a guerras políticas) sino como fuerza de interposición para ayudar a
mantener la Paz, pues hay dos manera de vivir y ser: haciéndolo solo para
nosotros, o a la vez hacerlo también por para los demás, como personas ayudando
en nuestras ciudades a quien lo necesita / y como nación: a quien nos lo pida o
necesite.
4 Encontrarán ensayos y libros, tratados
al respecto de las razones del sinsentido de la existencia para algunas
personas, y que puede resumirse en que la vida no tiene sentido para estas, esa
es la principal declaración, y obviedad que encontramos, por parte de quienes
afirman experimentar la desgarradora sensación de la apatía por vivir, por
medio de una especie de desconexión de todo lo que les envuelve (y derivado
después - en algunas de ellas- en una presencia impulsiva en redes sociales).
En este punto, encontramos personas, muchas reflexivas, que profundizan en
cuestiones de trascendencia: a partir de aquella la falta de libertad que
acusan (y nos revelan) de su propias declaraciones (y donde me reconozco de un
tiempo critico, mas no conmigo mismo), donde se trasladó la responsabilidad
tanto del aislamiento como de la propia apatía, a las injusticias sociales,
luego a las guerras, pero sin hacer nada por acercarnos (entender - moverse a
comprender- y explicarnos de aquellas mismas injusticias: luego no proponiendo,
ni saliendo del aislamiento de la habitación) avocándose, por momentos cada vez
más a un profundo vacío existencial, el cual engulle cada vez con más fuerza.
Vacío éste, al que la sociedad contribuye con sus imperantes mensajes
relacionados con valores individuales de satisfacción inmediata (dale al me
gusta), y venga otra vez: en lugar de irnos a ayudar a quien sabemos que lo
necesita, saliendo del aislamiento y mojándonos los pies (única forma de
achicar el ahogamiento (parar la inundación) que nos embarga, e ir más allá de
proponer absurdeces (en redes), una tras otra todos los días).
5“Una obra está acabada cuando no puede
ser mejorada" - (E.Ciorán).
Como en el arte, algo parecido ocurre con
algunos sistemas e igualmente con los estados, o las personas cuando estos se
encuentran tan fatigados y corruptos, que ni con todas las grúas y andamios de
este mundo se podrían sostener en pie, los pilares de mentiras y sangre sobre
los que se sustentan. Así, lo que realmente decide el grado de acabado de un
sistema ya no es tanto el arduo trabajo, la fatiga o la sangre que precisa de
sostenerlos, como el asco que supone tener que soportarlos y sostenerlos.
La mayoría de las personas no entienden
necesario deliberar sobre su existencia, existir ya se concibe como implícito
en todo lo que hacemos y no es necesario darle más vueltas (aunque afirmemos
estar de agua hasta el cuello). Sin embargo, reflexionar sobre la existencia,
es hacerlo sobre la idea de la vida, y por tanto de la muerte: el suicidio (por
estrangulamiento social) en este caso nos permite abordar en primer plano la
razón de la propia existencia, pues se pone en tela de juicio la importancia de
ésta, moviéndonos a madurar en nuestras propias motivaciones, sueños y
esperanzas; además, de en todo aquello que nos da seguridad. La enfermedad
ayudó a pensar al enfermo; la certeza de la muerte mueve a reflexionar; y el
suicidio (en este caso la posibilidad de un suicidio "social" nos
obliga a deliberar seriamente sobre el sentido del mundo y la propia
existencia. Dedicarse a tal empeño (morir para volver a nacer) implica carácter
y atrevimiento pues, tratamos con ello de sacar provecho, donde entenderemos
casi con toda seguridad que el suicidio (como forma (literal) de termina con la
propia vida) debe permanecer en constante suspenso, como salida última que
siempre debemos ver (de aquellos que sucumbieron) a distancia, solo recorriendo
de lo que sentimos y expresamos a los demás: aquella forma de la que empezamos
a reconocernos (y a la que nos acercamos), pero a la que no debemos entrar
jamás. Pero ¿por qué verla a distancia y, sencillamente, no contemplarla como
opción?
Lo políticamente correcto en este caso es
descartarla definitivamente: y eso sería lo políticamente correcto. Pero
personalmente, entiendo que la persona solo puede descartarse de aquello:
(formas) que reconoce en el de las primeras causas (luego al observar de estas,
las últimas causas (y final), que reconoce en los otros). Se trata más entonces
de “una evaluación, a modo de introspección, proponiéndonos primero
reconocernos en el lugar que estamos, y a la vez saber que podemos mejorarlo;
con una experiencia de vida y proyecto propio”. Pues entiendo, que una vida es
auténtica, solo cuando se tiene la posibilidad de elegir (de salirnos del marco
propuesto: suicidarse, si, pero socialmente); pues el peso de la existencia
sólo puede llevarse cuando somos conscientes de que tenemos la libertad de
terminar con nuestra vida, y una vez reconocido esto: que tenemos el valor;
igual o mayor para antes (vivir genuinamente nuestra vida, esa que ahora
elegimos. Pues, a pesar de las dificultades, las restricciones y prejuicios,
cambiar es lo único que no nos puede ser arrebatado; y precisamente esa
libertad de cambiar nos procura la fuerza descomunal, que luego triunfa sobre
los pesos que nos aplastan; de tal forma que encontremos un sinsentido a poner
fin a nuestros días o, por lo menos, a no hacerlo antes de ver hasta dónde
podemos llegar. Aunque los suicidas creen en su precocidad, no pocas ocasiones
consuman su acto muchas veces antes de estar maduros y siendo muy jóvenes;
razón esta que hace de los suicidios (literales) aquello que destruye nuestro
verdadero destino, en lugar de coronarlo.
Buscando entender, puedo entender que un
hombre/mujer quiera acabar con su vida: lo puedo entender y aceptar (todos
deberíamos) pero, con matices: entendido, como el acto de culminación de un
proyecto insatisfactorio de vida, es decir, un proyecto puntual y fallido
venido de la razón que luego lo justifica. El final, si se quiere (razonado)
tiene que cultivarse como si fuera un huerto, eligiendo el momento más
favorable de su desarrollo. Pero cuidado, aquí entramos en arenas movedizas,
pues no me refiero con ello dar a entender a todos, que están en la cumbre y
desean que se les recuerde así”. Recuerdo la carta de suicidio de Kurt Cobain,
donde podía leerse una cita de una canción de Neil Young: "Es mejor
consumirse rápidamente que desaparecer poco a poco". Cierto que Kurt
estaba en la cumbre, como artista, pero no así como persona debido a sus
problemas (que no soluciono quedando atrapado en ellos), y que le llevaron a
hacer lo que hizo. Lo cierto es, que el último y definitivo descenso a los
infiernos de K. Cobain no fue sorprendente; y posiblemente, ya se había
iniciado unos meses antes de que decidiese llevarse el cañón de una pistola a
la barbilla. Sin embargo, precisamente ese carácter desesperanzador de la
existencia y el desencanto ante la vida, se presenta no pocas veces a muchas
personas ―en algunos casos como una especie de iluminación― como proceso de
descubrimiento hacia una vida mejor sin ornamentos: dura, y en la que afloran
esos sentimientos de desesperanza que todos hemos sentido en algún momento,
ante los cuales tenemos siempre la posibilidad del suicidio. Porque ¿Quién no
ha pensado en el suicidio alguna vez? Todos hemos pensado en algún momento en
suicidarnos, así sea de forma remota o hipotética, hemos pretendido renegar de
la vida deseando la muerte, pensamiento éste y vinculo indisoluble, entre los
que eligen el suicidio y los que no. Y, precisamente, es esa posibilidad,
aunque la entendamos remota, de reflexionar sobre nuestro propio suicidio
―motivos, recursos, la disposición del lugar― y vernos muertos anticipadamente
es la que nos ayuda en gran medida a entender (que el alma nos está diciendo
algo), aquello (de la vida) sobre lo que demos meditar) para poder
replantearnos esta: nuestra propia vida. De otro lado, negarnos esa posibilidad
de sentirnos dueños de nuestra propia existencia o bien, ocultar nuestro
pensamiento por miedo a lo que puedan decir los demás, es negar nuestra propia
libertad y convertirnos en otro gusano envilecido más, reptante sobre la
carroña cósmica que habita esta tierra.
6 Tomar consciencia de que podemos elegir
es asumir un grave conflicto, donde por un lado, nuestros sufrimientos nos
reprimen y empujan al abismo y, por otro, nuestros instintos se oponen,
obligándonos a vivir aunque estemos sujetos y limitados a nuestro tiesto. A
medida que vamos madurando y reflexionando sobre la vida, ya con unos años,
descubrimos la vacuidad de la misma, para entonces los instintos ya se han
reconvertido hacia la razón que guía ahora nuestros actos, refrenando nuestro
crecimiento instintivo (del límite que aceptamos - nosotros mismos impuesto-
del tamaño y volumen de nuestro tiesto) y el vuelo de nuestra inspiración
(limitado por esa misma razón). Por ello: despertamos al mundo demasiado tarde.
Sin embargo, aun en ese momento tardío tendremos consciencia de nuestra
libertad, pudiendo ser ahora dueños de una elección que se hace significativa
en tanto más nos retrasamos no poniéndola en práctica, pero que “nos hace
soportar los días y, más aún las noches", pues no nos sentimos pobres ni
oprimidos: disponemos de recursos. Y, aunque no los explotásemos nunca, y
acabáramos en la expiración tradicional, hemos tenido un tesoro en nuestros
desánimos; pues no hay mayor riqueza que disponer de la propia vida, aun cuando
la hubiésemos decidido desaprovechar (por algún tiempo). Nunca es tarde para
renacer a nuestra propia vida decía San juan, volviendo a empezar
(reconstruidos de aquellas (duras experiencia) que hemos sabido superar.
Pero morir (incluso socialmente, o
precisamente por ello) precisa, igualmente de razones. Entendiendo una
"salida" de la antigua vida, no como huida, sino más como el producto
de una profunda reflexión, y muestra de poder sobre la propia existencia (y
contra la voluntad del hegemom). Todos escuchamos y leemos en medios hoy sobre
la Eutanasia. Pero Llamémoslo por su nombre: suicidios, asistidos o no.
Eutanasia proviene del griego y vendría a significar «buena muerte»: Y, me
pregunto, quién no tiene derecho a una buena muerte, cuando viendo hacia donde
pueden llegar las cosas, quiere no tener humillarse frente a si mismo, y
suplicar luego sí, su propia muerte (literal) mientras se desmorona en pedazos.
Esa es la verdadera libertad, y en ella cada uno debería descubrir el momento
oportuno para abandonarse a si mismo, según le parezca o no, de acuerdo a su
situación personal, sea ésta (su vida actual) digna de ser vivida. Pues no
tiene sentido prolongar la agonía de determinada forma de vida, cuando no tiene
siquiera sentido para nosotros, esperando que la muerte llegue lenta y
dolorosamente por sí sola, es mejor adelantarnos siendo autores de nuestro
propio destino. Se trata de una iniciativa por la cual rescatamos una vida (la
nuestra en aquel acto) que ya no vale la pena ser vivida. Pero no hay que estar
enfermo socialmente para ello. La actitud, por ejemplo, que leemos de Sócrates
ante la imposición de unas reglas y normas para el inasumibles, es de absoluta
confianza y tranquilidad; no siente ningún temor cuando se enfrenta a actos de
injusticia: “no haría concesiones a nadie en contra de lo justo por temor a la
muerte. Ser en la muerte (como acto voluntario para poder vivir), antes que no
poder uno mismo ser en la vida.
Las injusticias y la discriminación han
hecho resurgir la cuestión del suicidio en cada situación de crisis. Mainländer
augura que en el futuro la política contribuirá a la renuncia voluntaria a la
vida. Se creará un Estado capaz de satisfacer todas las necesidades materiales
de los ciudadanos. Con ello, y todos los deseos vitales satisfechos, aumentará
el aburrimiento y con ello, el deseo de muerte. Pocas existencias se han
mostrado tan coherentes con una idea propia como la del pensador de Offenbach
am Main, quien puso fin a sus días tras haber descubierto que el devenir del
mundo se encamina hacia la nada (no haciendo él tampoco nada por evitarlo), y
dirigiéndose hacia el no ser, en virtud de una pura voluntad de morir, frente a
la de solucionar sus problemas y con ello poder ayudar a los demás en lo que él
ya veía venir. Precisamente en los países de mayor calidad de vida, es donde
dicha voluntad de morir (literalmente) es mayor y en aumento, a la vez que
aumenta el distanciamiento entre las personas, y donde basta con mirar a tu
alrededor para poder ver el mundo habitado por rutinarios de la desesperación;
momias que se aceptan unos a otros, sin más sentido que cumplir una moral y
formalidad útil: despertarse, ducharse, desayunar, llevar los niños al cole, ir
a trabajar, comprar, consumir, comer, conducir, llegar a su casa, dormir y de
nuevo lo mismo un día y otro; hasta que un día (te das un golpe) despiertas y
te preguntas si es posible encontrarle un sentido al curso que lleva la propia
vida. Luego, las noticias de guerra continuas y los avances de la ciencia no
ayudan. Saber si hay vida en Venus o en Marte, si la tierra se encuentra en
algún punto de la galaxia o si se ha descubierto un nuevo exoplanetas no
responde a búsqueda alguna de sentido. En resumen, parece como si la vida (que
hemos aceptado llevar) no se ocupase más que en entretenernos y aplazar el
momento en que podríamos librarnos de ella”, o bien como dice Víctor Hugo:
“Estamos todos condenados a muerte, si bien con una especie de aplazamiento
incierto”. "Es fácil siempre ser lógico. Pero es imposible ser lógico
hasta el fin. Los hombres que se matan (los suicidas) siguen así hasta el final
la pendiente de su sentimiento. La reflexión sobre el suicidio me proporciona,
por lo tanto, la ocasión para plantear el único problema que me interesa: ¿hay
alguna lógica hasta la muerte?"(Camus 1966) .
Siempre es agradable mentar a Camus, lo
siento cercano: un amigo, así es como lo veo y leo. No sé si al principio elegí
su libro o él me eligió a mí, en todo caso yo lo elegí luego a él, de lo que me
siento agradecido y jamás me arrepentí no dando por perdido aquel tiempo (entre
un tiempo y otro tiempo). No sé cuánto aprendí o desaprendí con él, en mi caso
cuesta distinguir cuánto puede dejar alguien, de sus escritos y razonamientos
en uno mismo, más cuando la consecuencia de ello no es evidente ni inmediata,
sino una sinergia progresiva entre la memoria y la razón que en algún momento y
por alguna circunstancia se hace perceptible, pudiendo entonces señalarla como
consecuencia de.., tal y como me dispongo a mostrar. "Nuestros
contemporáneos no son simplemente los escritores de nuestra época, muchos de
los cuales ya nunca podremos leer; contemporáneos son los textos que leímos e
hicimos nuestros en un momento dado, los que han dejado una huella en
nosotros." Michael Wood
Camus ha sido para mí uno de esos
escritores que hice mío. Influenciado éste de joven, por los mismos autores que
me influenciaron entonces a mí, con casi la misma edad. Intuyo, que desarrollé
algún tipo de vínculo con su espíritu: vínculo o cercanía que a otros parece
costarles establecer, no por no entender lo que expresa Camus, sino más por
entender cómo sentía y pensaba, en tanto: a la influencia que representaba la
lectura de "aquellos", a los que pocos siendo tan jóvenes se aprestan
a leer. Sobra decir, que siempre he sentido admiración por aquel tipo con su
cigarro a medias en la boca tan parecido y, a la vez, tan diferente a mi padre,
que saltó como un espontáneo al ruedo de la filosofía, llevado por aquella
valentía de no aceptar una existencia irreflexiva: burlándose de él en su día
sus detractores y definiéndolo: como un filósofo para jóvenes —creo que los
filósofos presocráticos, precisamente, enseñaban a jóvenes: de las cosas que
son)—, y que en la actualidad sigue siendo la opinión de no pocos académicos,
como no podía ser de otra manera, viniendo de académicos dicha opinión: que ven
solo sus propias luces y no la las sombras que las proyectan. Pero y volviendo
a lo que íbamos, de cuanto de sus escritos yo pude obtener, una cosa destaca
entre todos ellos: “Sísifo” será su sombra (la que me guíe y nos guíe en su
propia condena), y de quien le no interesa tanto dicha condena, como lo que
Camus nos enseñó por medio lo que ocurre durante una parte de éste castigo (en
los infiernos) justo cuando una vez alcanzada la cima con la roca, ésta vuelve
a caer y Camus ve: “a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia
el tormento, cuyo fin no conocerá jamás. Esta hora que es como una respiración,
y que vuelve tan seguramente como su desdicha, “es la hora de la conciencia”.
En cada uno de los instantes en que abandona la cima y se hunde poco a poco en
las guaridas de los dioses, (Sísifo advierte) que es superior a su destino.
(Él) “Es más fuerte que su roca” – el mito de Sísifo, Camus.
Justo, en ese preciso momento, en esa
bajada en silencio con su conciencia, es cuando Sísifo es “superior a su
destino, y más fuertes que su roca” somos Sísifo y su Roca (uno solo, y todos
juntos, elevándonos sobre nuestro propio abismo, sobre las llamas nos delimitan
a un destino. Un momento (tiempo) que todos, incluso en la peor de las
situaciones encontraremos reflejándonos en él, como yo me encontré tras mi
accidente (casi dos años recuperándome) luego de otras fatalidades; haciendo
valer la afirmación de que en “una tragedia no todo momento es tragedia”, y que
en ella nuestra conciencia —sea al anochecer, y libres por momentos del dolor
físico—actúa, y por ella nos reponemos: sobreponiéndonos a la caída, si no de
inmediato (durante al menos un breve periodo de tiempo volveremos a ella:
siendo, nosotros a cada paso (en acto de reconocernos de nuestras partes
esparcidas) luego recomponiéndonos en ellas→ de todas nuestras partes, más
fuertes que trágico nuestro destino. Camus no me enseñó a pensar (yo ya sé
pensar/ pues llegue a través de otros a él, dejándome luego guiar y poder a ver
esa dimensión que otros todavía no ven, mostrando ese ángulo oculto: el camino
(sobre el límite), que nos señalan quienes lo recorrieron antes que nosotros.
LA FRONTERA, UN LUGAR PARA PENSAR / Jorge Maqueda
1(4)
—La
frontera un lugar para (Pensar uno: el Ser) —En ese avance, antes en la
frontera y en el borde exterior de la ola —El colono de estos nuevos
territorios llega vestido con su ropas —Pero (antes) Debemos preguntarnos qué
nos atrae al límite y de la teoría del límite, a la experiencia de la frontera
—Habitar-es-estar /Heidegger) —Hay un viaje personal (y éxodo) de revelación y
nuevo conocimiento a través de tinieblas y sombras que habitar —Una de las
conclusiones fundamentales, si no la fundamental de la nueva física reconoce
que el observador crea la realidad—
.
La frontera un lugar para (Pensar
uno: el Ser) / Resumir la idea de frontera, es resumir la idea de Frederick
Jackson Turner. Mucho se ha escrito sobre la frontera, pero siempre desde el
punto de vista de la guerra en ella desarrollada o de la caza —nos dice— pero
pasando por alto, igualmente nos refiere la importancia que presenta como campo
de estudio serio, aplicado a otros campos del conocimiento. En este sentido, y
como un campo de conocimiento, lo más curioso de cuanto nos dice Frederick J.
Turner, es que dentro del desarrollo americano “la frontera” no ha representado
meramente un adelanto a lo largo de una línea única, sino un retorno a
condiciones primitivas en una línea fronteriza continuamente en movimiento. Sin
embargo, nosotros hoy debemos preguntarnos qué nos atrae a la frontera / al
límite, y por qué tantos hablan de él (de un limes) incluso sin conocerlo. Pues
de lo que hablamos es es un límite real que rechaza radicalmente la curiosidad
superficial, desentendiéndose de quienes pretenden un saber por saber, y que
solo responde a la necesidad de conocer: una necesidad vital y entendida hacia
un propósito no determinado, posibilitando que del acto hacia y de movernos que
este propósito pueda ser realizado.
En ese avance, antes en la frontera
y en el borde exterior de la ola, se mostraba como aquel punto de contacto
entre la barbarie y la civilización.; donde la frontera americana se distinguía
claramente de la europea, que es una línea fronteriza fortificada que corre a
través de territorios densamente poblados; mientras el elemento más importante
de la frontera americana era el hecho de que va por el límite de las tierras
abiertas a la expansión sobre un horizonte amplio. Por suerte, tan amplio como
indefinido y al hablar de horizonte, entendamos que todavía podemos encontrar
lugares que son limite en nuestro planeta, en los que de su descripción,
podemos considerar una frontera (de aquella misma idea de frontera, como límite)
Donde a medida en que uno se adentra en ella —refiere Frederick Jackson Turner—
la tierra virgen domina al colono: como en un retorno a los orígenes, cuando
más se adentra, es un volver más atrás en el origen, al propio origen.
El colono de estos nuevos
territorios llega vestido con su ropas de antes, a la europea, viaja a la
europea y como europeos con su manera de pensar y las herramientas que utiliza.
Pero la tierra virgen le saca del coche de ferrocarril y le mete en la canoa de
abedul. Le quita los vestidos de la civilización y le hace ponerse la zamarra
del cazador y los mocasines. Le hace vivir en tiendas o cabañas de troncos. El
colono, casi de manera inconsciente, deja de serlo, y se adapta a las
costumbres / que igualmente son propias de un pasado lejano en la memoria ya
olvidada. Pronto se empieza a reconocer en el medio y de si mismo. Luego
construye como los habitantes de la frontera, como los cheroquis, los
iroqueses, y en torno a sí levanta una empalizada india. Durante un tiempo, el
colono antes civilizado se encuentra a sí mismo, se reconoce en el medio y el
mismo medio lo reconoce: cazando como cualquier otro ser donde no hay leyes, ni
moral, ni nadie que lo juzgue: solo vive, tratando de sobrevivir. Pero No
pasará mucho tiempo sin que el colono siembre maíz. En una palabra, el medio de
la frontera parece demasiado duro (en general) para el hombre blanco. Que poco
a poco va a ir transformando la tierra salvaje. Pero otros no lo harán. Esos
otros son los que se encontraron a sí mismos (renacidos) en la frontera, estos
se han convertido en habitantes y frontera a la vez, que ante el empuje de la
civilización, se retiran atrás con ella, buscándose a la vez que buscan en la
experiencia sin saber que les espera
Pero (antes) Debemos preguntarnos
qué nos atrae al límite y de la teoría del límite, a la experiencia de la
frontera— y por qué tantos hablan de él,
incluso sin conocerlo. Un límite que rechaza la curiosidad superficial,
desentendiéndose de quienes pretenden un saber por saber, y que solo responde a
la necesidad: una necesidad vital y entendida hacia un propósito no
determinado, posibilitando que puede ser alcanzado, aunque seguramente velado
al mismo sujeto (dispuesto) y posiblemente señalado, a partir de algún suceso,
o predisposición del tipo con lo que en matemáticas se conoce como catástrofe –
Zeeman. Básicamente, la teoría de las catástrofes representa la propensión de
los sistemas estructuralmente estables a manifestar discontinuidad: cambios
repentinos del comportamiento; divergencia: tendencia de las pequeñas
divergencias a crear grandes divergencias; e histéresis: donde el estado
depende de su historia previa, pero si los comportamientos se invierten,
conducen entonces a que no se vuelva a la situación inicial. Lo que nos lleva a
un lugar, un punto concreto de nuestra vida justo, ese es el instante ―que no
siempre reconocemos― donde debemos ser-ahí (de un lugar antes y punto en lugar
i tiempo: donde decidimos nuestro
destino) más allá del límite y de ahí luego la razón después del límite / o un límite.
Erik C. Zeeman generó una gran controversia al considerar su aplicación en las
ciencias humanas. La teoría de las catástrofes comparte ámbito con la teoría
del caos y de los sistemas disipativos, desarrollada por Ilya Prigogine, sobre
el estudio de los procesos irreversibles.
Pensemos ahora por un momento,
dejando de un lado las catástrofes, y pensemos en el habitar. Pensar,
construir, habitar el límite, entiéndase: de movernos→ de actuar→ e iniciar el
acto hacia→ de ser-ahí, y del límite ahora en el camino, hacia la experiencia del
límite (a través de la propia existencia), que conduce a aquel (sujeto- ahí) y
no al supuesto, a un saber manifiesto o conocimiento mismo que proporciona al
individuo (antes sujeto pasivo) la experiencia del límite (de la frontera). Un
conocimiento y entendimiento de este límite, que un saber, solo por la propia
experiencia en el límite. Pero qué ocurre con el límite; como entender ¿Dónde
está la frontera? — ¿Estamos, en ella?, o me imagino, supongo que estoy. Más no
vemos el camino, sino en camino al que anda la frontera i-del olvido, que va
recomponiéndose de sí mismo.
Hay un viaje personal de revelación
y conocimiento a través de sombras que conducen a habitar la tierra i-del
olvido (el) desierto de cada uno de nosotros, donde se le revela el misterio de
aquella verdad, única i propia que nos resultara personal. Este es un viaje que
debe ser realizado de cada uno y, sin embargo, lo ignoramos: no escuchamos ni
vemos las señales, pero ¿por qué? Bien, Las cuestiones, y refiero las preguntas
que nos hacemos, incluso las grandes preguntas que nos formulamos (muchas veces
y sencillamente porque antes se las hicieron otros) son generalmente y siempre
respondidas por esos mismos otros, entiéndase: cuando son acerca del universo
por la ciencia o los científicos si queremos empezar a concretar; luego y en
otros ámbitos, lo mismo por las ciencias sociales, y más allá de lo físico por
la filosofía (o Metafísica); y finalmente cuando atañen al espíritu, por la
religión.
Así entendemos (algunos no) que no
hay necesidad de ir a la frontera a mirar y ver más allá: qué hay tras el
horizonte, cuando otros te dicen lo que encontrarás allí. Pero no todos
quedamos satisfechos con tales certezas / de otros. Sin embargo, y si nos
decidimos a ir más allá, hacia la frontera, y de camino, cuando nos acercamos
en la penumbra del anochecer, al límite que anticipa las sombras, algo siempre
se ilumina: una luz que nos detiene y distrae mientras inconscientemente nos
devuelve a nuestra propia oscuridad, y
no fuese necesario ir más allá, luego siendo devueltos atrás, pues todo
está resuelto (nos afirman), a la vez que nos pregunta o nos dicen ¿Dónde vas?,
y después nos dejamos enredar: volviéndonos y de nuevo de espaldas a la
realidad (otra vez mirando a los demás) sin haber reconocido en esa luz (antes)
su oscuridad, ni reconocer qué la habita en ella y de otra manera: lo mismo que
(superada) permite a uno ir más allá y acércanos por nosotros mismos y de la oscuridad, al abismo donde en su borde espera
aquello que se revela y de los miedos no queremos ver / ni escuchar, pero que
debemos atender, de modo que podamos discernir… después equé es la luz, y qué
es la oscuridad, o lo mismo como y donde está la oscuridad en la luz o como reconocer la luz
donde todo es o más bien parece oscuridad.
Sin embargo, a lo largo de la vida:
ciencia, religión y la misma sociedad nos ha disuelto la memoria y en ella se
naos ha disuelto a nosotros mismos, y en nosotros a nuestras propias preguntas
convertidas en temores, cuando desde todos los ámbitos se nos detalla y explica
del universo, la vida, el infinito y la salvación; respuestas que alejan del
caos (más temido que la nada), y que por cierto, se nos dan desde las
instituciones y la misma filosofía muchísimo antes que por nosotros mismos las
podamos ni siquiera plantear: todas / cuando i de planteárnoslas de una necesidad propia, resulta: que nos las
encontramos resueltas, a lo largo del tiempo y de las instituciones (y de
manera general) en la misma sociedad / a no ser, que individualmente despertemos
y desviemos la mirada, alzando esta sobre el horizonte del que algunos hablan
de forma general, pero que aún no podemos reconocer de a la manera de cada uno
y al mirar entender que podemos ver y pensar el horizonte y la vida de forma singular
. Se precisa entonces dar el paso→ y moverse i→ de un acto ser-ahí→ de pensar a
movernos de preguntarnos si ¿hay algo que desconocemos?. Heidegger propone un
camino, en la vecindad / es decir desde el borde mismo: propone un adentrarse
desde ese borde en la nada (en el desierto). Habla, por tanto, igualmente de un
viaje que todos debemos antes pensar i en mi caso hacer (estar-ahí / luego en
el borde ya es mirar) y haber entendido lo que es embarcarnos después; pues
“Alguien me habló una vez, de lo que el ojo izquierdo debe mostrar (algo) /
para que el derecho (algo) pueda ver”.
En otras palabras, si uno tiene
suerte (y se muestra valeroso) es posible que acepte el desafío y elija ese
otro camino / que intuye difícil, de ahí que sea el destino / y que de las
parcas y de una necesidad se propone de un nuevo inicio, y nacer de nuevo para
ser conducido a una encrucijada mayor, donde ninguna de las opciones pueda
satisfacernos, y nos encontremos perdidos y sospechemos, “que el camino que
vemos la izquierda lleva al infierno, que el camino que se muestra a la derecha
lleva, igualmente al infierno, que la carretera que tenemos delante lleva al
infierno y que, si damos la vuelta, terminaremos en el infierno” (P. Kingsley
-In the Dark Places of Wisdom, 1999). Entiéndase, ese lugar y momento (o
instante) a partir del cual, todos los caminos llevan al mismo y ningún lugar
(a la frontera, el desierto, o la nada) sin otra alternativa que enfrentar,
superando dicha situación: de frente. Justo en ese lugar y momento, es cuando
uno, si antes comprendió a dónde, y por donde iba, pero sobre todo intuye cuál
es su destino por encima del sugerido y tiene fe en su camino encontrará
posibilidades, y quizá, solo quizá consiga despertar descubriendo aquello
olvidado que ni podía imaginar: poder ver sin mirar, y a la vez entender más
allá, sobre los límites mismos de los sentidos. Dicho suceso, a la razón
encubierto en su razón, luego frente a la necesidad (vital) de conocer, ahora,
su porque, propicia la manifestación, en función de aquello antes velado, que
irá siendo revelado (y necesario) en el trayecto, y solo para el trayecto, a
seguir sobre el borde de lo que llamamos (límite) de aquella frontera. Hacia lo
que oculta el horizonte, y que desde su borde ya nos traslada en un “retorno”.
Ciertamente, y hablo por mí, algo nos lleva del destino aun desconociendo sus
consecuencias o motivos más allá de nuestra voluntad, saliendo al límite,
siendo conducidos.
Pero, como reconoceremos el límite:
bien, lo reconocerás, interpretando de la propia experiencia aquello que nos
indique, un límite (real) lo que no entendemos de la propia vida ( un caos )
que debe ser (donde ahora nos encontramos: ahí dentro y de la tormenta, y que,
ciertamente, será revelado de la misma tormenta) "Jamás desde fuera".
Y, del límite, luego, ¿se entiende que volvemos? Bien, la respuesta es obvia:
el límite, como frontera, es destino luego a penetrar avanzando sobre esta: no
se vuelve, entiéndase: no vuelve el mismo hombre. El hombre y lo indefinido
muere ahí, para que otro pueda nacer y ser de lo concreto, cuando de la
frontera se abre un nuevo cielo y una nueva tierra ante sí, mas cuando aquel
“traspasando” ese límite vuelve, es otro para mostrarnos, advirtiendo que la
luz es también oscuridad, y que solo desde el límite se aprecia esta singular
realidad. Que aquello que, como una luz atrae antes, más nos hunde en la propia
tiniebla.
Una de las conclusiones
fundamentales, si no la fundamental de la nueva física reconoce que el
observador crea la realidad (moviéndose o moviéndonos podemos entender esto
mismo de la emergencia de una realidad, hace posible dicha realidad y ver desde
otro punto otra realidad: no en un avance manifiesto y solo en el caminar, sino
en un proceso inflacionario de la propia conciencia que se expande del medio en
el… pero hay que atreverse a observar i entonces moverse de acto hacia y de
otro lugar mirar y ver, dejándose guiar, luego dejándose llevar en aquello
mismo luego observado “ya de otra manera” donde uno es: no lo que oi como pensábamos antes; sino en ello
“ahora” nosotros lo que aquello “a la puerta” nos quiere mostrar y ser de lo
mismo, invitándonos a ir un poquito más allá: momento grande y terrible este
cuando comprobamos que somos dos, "·Porque si cayeren, el uno levantará a
su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo
levante". (Eclesiastés 4:9-12) / Así que no son ya más dos, sino una sola
carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Mateo 19 /6) Pero
¿quién aceptará?
1(1)
De la razón instrumental― Las relaciones de fuerza y
poder―La razón instrumental en la educación―cuando parece natural no querer
seguir estudiando―En las escuelas: a los jóvenes hoy no les enseña a pensar (se
les enseña a obedecer)― Desde pequeños a los niños se les coloca en grupos
homogéneos fomentando así la medianía y la pertenencia―Pero no hablamos de
teorías en este blog, hablamos de realidad de la realidad social y la
coercividad del estado hacia el individuo consentida por los (mismos sujetos
del estado) que lo toleran y consienten―Las escuelas han sido y son aquellos
lugares donde aprendemos y nos inculcan, más allá de las materias, unas normas
de conducta ( a obedecer) tanto para dentro de las escuelas, como fuera de
éstas― Por la palabra― Pero la palabra tiene además otros peligros, de los que
muchos, digamos pretendidos productores intelectuales son dramáticamente
inconscientes―Pero la palabra tiene además otros peligros, de los que muchos,
digamos pretendidos productores intelectuales son dramáticamente inconscientes―Sin
embargo, y como hemos podido ver, es cierto que la palabra no sólo puede ser,
sino es, la herramienta más peligrosa dada al hombre; muestra de ello es el mal
uso que se hace de ésta, y el sometimiento que a través de ella―.
1(1)
La
Razón Instrumental: El
hombre es un ser social por naturaleza. Es decir, que le resulta imposible
vivir aislado: ¿perdón? Pero hable solo por usted: El hombre o sujeto de la
sociedad es un cobarde, al que le resulta imposible estar y sentirse solo, ante
el caos perceptivo que deviene a sus sentidos de la naturaleza de las cosas y
las personas: es un sujeto miedoso, incluso temeroso del vecino, que da forma a
estados militarizados igualmente miedosos, del estado vecino, y que teme la
oscuridad más que un niño pequeño, y en la tormenta se asusta de su propia
sombra.
De la razón instrumental― Hoy,
próximos a alcanzar el primer cuarto del siglo XXI, y más allá de cualquier
duda u opinión, predomina (al igual que mediada la segunda mitad del siglo XX)
un sentimiento general de angustia y desilusión. Revelador de ello, y del
desencanto de los ciudadanos con la sociedad, es el vago caso que se hace de la
realidad o a temas relevantes, enfocada la ciudadanía en todo tipo de
entretenimientos, distracciones y circo: el circo de la política (elemento
polarizador, como el fútbol que me gusta pero distingo aquí como ejemplo de
polarización social), a mayor escala y que mantiene la llama del rencor en la
sociedad y a las personas enfrentadas (desconfiando unas de otras: la sociedad
española sabe bien de lo que hablo: de hermanos enfrentados y matándose unos a
otros): y por lo tanto ocupados los ciudadanos: distraídos de las cuestiones de
fondo, más relevantes (lo que son, dónde están y que (sombra) los hace ser como
son (en su forma de no-ser, ellos mismos). Pero solo tenemos que poner la
televisión, la de toda la vida y echar un vistazo para darnos cuenta de ello y
quedarnos perplejos, de lo que los medios nos muestran como realidad: gente
chillando y dada al cotilleo, discutiendo sobre la vida de otros, noticias que
nos hacen sentirnos seguros sólo en nuestra casa: guerras, pobreza, asesinatos,
secuestros; corrupción política, reyes robando, empresas y bancos defraudando,
la política bajos mínimos (siempre a ojos del adversario político que alienta
con temas de hundimiento a los suyos, contra los otros), todo ello y esto
último servido para la comida o la cena en los telediarios, como
entretenimiento: el “oscurantismo” es lo que tiene: como si al mostrarse
públicamente, de aquel niño que se delata ya no nos debiéramos molestar de lo
que ocurre a nuestras espaldas y prestar más atención: en todo caso, ya nos
dicen lo que es (y que estamos seguros en nuestra casa, en las manos de otros
que manejan nuestra vida a antojo, sirviendo a la irracionalidad). Es más,
incluso darnos por satisfechos, y contentos con el castigo y las herramientas
que permiten atrapar a la supuesta escoria, en lugar de preguntarnos que las
mismas herramientas por las que los atrapan, son las herramientas que las
permiten y permiten esa escoria, entiéndase: la sociedad produce su propia
basura, que como basura luego, igual que la nuestra la alejamos de nuestra
casa, a esta otra la alejamos de las calles y de nosotros: la encarcelamos,
todos conocemos a alguna persona, que es hoy socialmente basura, ¿verdad? y
todos conocemos a alguien que no merece estar ahí por lo que hizo ¿verdad? no
es un criminal, no mato ni hirió a nadie, pero ya no son humanos: como a los
enfermos mentales los hemos rebajado a ambos porque no los entendemos, ni
entendemos su modo de vida y ser: a escoria social, a basura: personas basura.
Lo curioso, es que van bien las ratas, para vender matarratas. No nos dicen que
estas ratas son así, invasoras, pero se alimentan y nutren de nuestra propia
basura y ser, los convertimos en ese tipo de ratas. Y Nos van bien los
asesinatos, para mantener más control en las calles: sobre todos nosotros. Y
Nos va bien una pandemia, para ver como de atemorizados están los conejillos,
que por sí mismos están encerrados en sus casas y aplaudiendo, aplaudiendo
porque están encerrados, pero están seguros de la peste; mientras que yo
buscaba cualquier excusa, como creo que tantos otros, solo para escaparme de mi
casa. Y tuvo que llegar esta pandemia, para ver y reconocer que es lo mismo que
nos ocurre (de esa angustia, pero amplificada) cuando nos quedamos a trabajar
por obligación, en vez de irnos al campo un fin de semana; y lo mismo o peor
cuando no podemos irnos de vacaciones, y escapar a lo que se llama monotonía,
pero que dramáticamente nos lleva a la otra monotonía de las vacaciones, el
cerco dentro de otro cerco: la ilusión de salir del cerco. Desgraciadamente, ya
no sabemos vivir en el caos de la naturaleza; y como a Kant: nos asusta en su
frondosidad durante el día, y en su oscuridad por la noche: nos pone enfermos
(a algunos asmáticos de polen), a otros ansiosos e inseguros tanto de sus
silencio como de sus sonidos.
Luego las nuevas
tecnologías han venido a terminar el trabajo para que el conejillo siempre este
entretenido en su madriguera: sin mirar la realidad, no aportan nada diferente
como en YouTube (quiero decir a la gran mayoría, pues yo he aprendió bastante
de YouTube solo dejándome llevar, escuchando, observando y pensando en ello)
pero donde no dejamos de observar los residuos estrambóticos de poderes míticos
del pasado: médiums y magufos, ufólogos, profetas del devenir y fanáticos de
todo tipo, que esperan al mesías destructor, y que conviven con las más obtusas
fuerzas del futuro: jovencitos de gran desparpajo dándonos clases de todo lo
fútil y situado más allá del bien y del mal a la altura de la mayor estupidez e
inmadurez humana, dispuestos a toda (estupidez posible e imaginable) con tal de
“triunfar frente a sus semejantes”, sin olvidar la palabra mágica del momento:
dale al me gusta, no te cuesta nada, (pero si te cuesta: te cuesta aquella
perspectiva heterogénea y necesaria para por el propio juicio aprender a
discriminar del contenido y evidente es esto en las cosas que son, a la vista-
ahí para que le des más veces al me gusta y estar todavía más presentes ahí,
evitando por este acto tan simple, las que deberían estar (otras) dispuestas a
nuestro juicio, aunque no te gusten. Entiéndase: que luego vemos solo lo que
nos gusta, aunque sea una memez y nos aleje de lo heterogéneo y necesario.
Las relaciones de fuerza y poder― Esta
es una crítica, dura, al modelo o paradigma (social) presente, que encontramos
en las actuales instituciones del estado político-sociales, y a sus relaciones
de fuerza: poder (que pretende la nula inteligencia de individuo) por medio de
la razón segunda o (razón instrumental) Instrumentalización, en la educación:
escuelas y universidades ―pero, igualmente, esto es observable en todos los
ámbitos de la sociedad― utilizando todas las formas (instituciones y leyes,
dentro del estado como aparato, instrumento por el cual aplicar
sistemáticamente (la forma) .Estas relaciones de fuerza se ocultan al instaurar
un poder por medio de unos significados legítimos (que son útiles al estado, y
no al individuo) e ilegitimando otros modelos (sean de conducta) no
convenientes o contrarios y a los que humillan, aíslan y controlan, dejándolas
sin libertad y con muy poco de "ellos mismos" (control coercitivo).
Este poder es espejo luego en las escuelas (donde unos críos imponen su fuerza
sobre otros) a partir del espejo social en el que se representan. En tal
sentido, sus efectos no son atribuibles a a ciertos dispositivos que le
permiten funcionar plenamente (tolerancia social a la coercividad: nadie hace
nada ante el abuso) donde la otra parte de la relación (el sujeto-del estado),
fortalece el ejercicio del poder al ocultar la procedencia del poder.
Pero no hablamos de
teorías en este blog, hablamos de realidad de la realidad social y la
coercividad del estado hacia el individuo consentida por los (mismos sujetos
del estado) que lo toleran y consienten― por su miedo irracional dándole (aquella forma: coercitiva y
disciplinaria) consienten (su forma) a imagen de su propia forma (estado y
sujeto, temerosos del individuo libre: una llama que hay que sofocar, no sea
que se extienda): No hace demasiado me registró el coche la guardia civil, me
venían siguiendo desde dos km atrás. Me bajé, lo registraron, no contestaron a
mis preguntas, siguieron buscando y finalmente me dijeron, que fue porque el
coche estaba muy sucio. Lo extraño viene después, esto fue en la puerta del
súper, y cuando entro me preguntan: ¿qué paso?, qué estaban buscando, querían
decir, a lo que respondí, deberías preguntarle a ellos, por qué estaban
buscando algo en mi choche que no encontraron, y sin una razón o causa: solo me
dijeron que estaba el coche sucio. Todo muy normal para el dueño del súper
(¿entonces no paso nada me dice?), a lo que le respondo: Antonio, claro que
paso, han hecho lo que les ha dado la gana conmigo y en mi coche, delante de
personas que conozco, y sin ninguna razón, eso paso. Pero no lo ves. Ni lo
verás así hasta que a ti te pase… (o a veces, ni siquiera entonces: como bien
demostró la pandemia: todos aplaudiendo, a la vez…”J”). “Todo poder que logra
imponer significados (morales) e imponerlos como legítimos disimulando las
relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia,
es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza” 33 Pierre
Bourdieu. Pero este estado de borregos (dije borregos, si) inicia desde mucho
antes cuando se identifica a los zorrillos que podrían espantar el corral (la
segregación del que tienen el coche sucio, por los conejillos siempre blancos y
reloj nuevo). Iniciado este proceso de segregación entre individuos, y
preservando el debate y conocimiento útil social (en su forma racionalista para
servir al estado) apartando y seleccionado unos y de otros; además, de por
medio de una dogmatización (Afirmando y exponiendo opiniones e ideas, no
realidades, propias como si fueran dogmas o verdades indiscutibles), y luego
encubriendo la relación existente entre medios y fines de la educación dirigida
(a la formación profesional generalizada dentro de una forma o sistema
integrador (que no promueve la inteligencia: distingamos aquí entre
inteligencia y razón) sino fomentar la razón de unos y otros, universitarios o
no, a servir (racionalmente) dentro de la forma (del estado), en su forma (de
sujeto del estado) proyectando estos mismos la imagen del estado, en su propia
imagen, (por ejemplo de las empresas en su maraca España, o en un europeo o
mundial de futbol, el sujeto y su bandera, marca España, o la misma guardia
civil), lo que constituye una acción malvada y vil por medio de una maquinaria
altamente eficiente, que desnuda y confisca al individuo de todo cuanto habría
de definirle, vistiéndolo, luego con cuánto habrá de definirlo homogeneizado:
una montera y una bandera. Cuando en España hay muchas luces y sombras, tonos
de colores, bombos y gaitas pulpo, cocido, paella y panderetas. Pero Siendo el
mismo Poder, el Estado, por sus leyes →sanciones y castigos en
última instancia aquel que posibilita estos
actos “razonables” a la vez los "Irracionales” (pim pam toma Lacasitos)
pero Razonables, en tanto a una especie de razón amparada en el funcionamiento
abstracto del mecanismo pensante, sin reparar en el contenido de esa razón o
mecanismo pensante: publicitando en los medios, de un lado el estado lo que nos
dice que es malo, beber, pero luego permiten la publicidad en medios de la
cerveza y licencias a locales donde beber . Una especie de razón, por tanto que
puede designarse como razón subjetiva, pero subjetiva de quién o qué, y de
carácter eminentemente instrumental, que no evalúa los fines mismos e
“irracionales” de la acción→ su causa, sino que
manipula la objetividad para favorecerlos al infractor (y multar), y con ello la autoconservación del sistema productivo industrial y de control,
policial y coercitivo.
Hace
tres semanas, me hicieron una prueba conduciendo y di, positivo: positivo en
bravo y firme. Y mientras me multaban pregunté si podía decirle algo al
guardia civil, este asintió y le dije: Vas de verde y perteneces a un cuerpo
que se muestra firme, este me miro y asintió, y le dije igual que ese olivo:
verde y firme, como un olivo, pero tú no eres un olivo, ( me volvió a mirar
pero proseguí) el olivo aunque está dentro de esa rotonda, como ornamenta,
por encima de todo y si te fijas “no solo está firme sino que se eleva firme en
sus nuevas ramas hacia arriba, aún ahí dentro; primero es olivo, luego será lo
que el hombre quiera: a la fuerza, y donde sea.. pero primero es olivo.
Tú me multas por que lo dice una máquina, pero me dices que estoy y me ves
bien, entonces no piensas (no eres tu pensando) no obras por ti mismo, por tu
razón, no eres tu sino un instrumento que obedece a la máquina. No eres un
olivo. Pero, los necesitamos, y necesitamos urgentemente que estos olivos, que
precisamente se reconozcan ya, olivos y no nos abandonen. "Y si no
puedes hacer que tu vida sea como la quieres, al menos intenta esto tanto como
puedas: no la deshonres en el contacto apiñado con el mundo, en los muchos
movimientos y la charla" —Cavafis.
La
razón instrumental en la educación―Durante siglos la filosofía, los textos
filosóficos, han tenido una particularidad, más allá del pensamiento que
exponen: es el lenguaje que emplean (racional, muy, muy racional, digamos que
casi ininteligible para una persona inteligente). Este lenguaje, académico y
técnico (propio de la razón), como antaño ocurría con el latín en los textos de
la iglesia, mantiene hoy al margen del entendimiento de éstos (de una forma
existente dentro de la sociedad) al grueso de la masa social. Esto es una
(forma) de elitismo: o monopolio del pensamiento (racional) y que casi nadie,
con dos dedos de frente se avienen a leer, una discusión cerrada por tanto ―de
la que en la actualidad la clase obrera, sin formación académica, se ve
apartada de las teorías tal como fueron formuladas por los “grandes” pensadores
racionales, políticos y sociales del siglo XVIII y XIX y ya no digo algunos del
XX― y por el que sólo se accede a él a través de los cauces pedagógicos y
dogmáticos de nuestra sociedad, desde la educación en la escuela, desde en el
colegio, pasando por el instituto y llegando a las universidades y escuelas
filosóficas (en este caso) afirmados luego todos (en una forma reconocible) a
imagen de aquellas en aquellas, en las que se reflejan. Un camino largo y
tedioso, que muchos repudian (no se dice la causa: les aburre) y, por
consiguiente, algo se va a perder en el camino, aunque también algo se gana. Se
pierde, precisamente, la educación plena de todos los individuos pero, también
con ello dogmatizarse en la razón absurda (y ser un nuevo limitanei o habitante
de absurdistan) y de ahí: que algo también se gane. Pero no nos alegremos
todavía.
Cuando
parece natural no querer seguir estudiando―después
de la fastidiosa experiencia en colegios e institutos (aburridísimos) o, tras
pasar un tiempo en la universidad: que por cierto y a día de hoy, en poco o
nada se parece o tiene que ver con lo que fueron y representaron antaño las
universidades, ahora todas al servicio del paradigma, en lugar de cuestionarlo
y, en todo caso, como mero ente administrativo del estado, proveedor de visados
para trabajadores cualificados, donde muchas veces se otorga este visado, para
no dejar entrever las estadísticas y sus pésimos resultados y penosas notas.
Pero, tan natural es hoy no querer seguir estudiando, que parece incluso obvio
para muchos no querer y no hacerlo, de no ser por la necesidad de ese visado
laboral; y tan obvio resulta esta opción de "abandonar", que parece
estar ahí como otra opción más, para que se "conciba" y se
"abandone". Para dejar de estudiar y no ir a la universidad: llena
solo de conejos. Posiblemente parecerá algo accidental o coyuntural; pero no se
llega a tal punto por casualidad o accidente ―como no es un accidente que los
ricos estudien en unos colegios y los tuyos en otro― pensar, que hoy un acto
consentido dentro de la sociedad, en este caso: que más de dos terceras partes
de los estudiantes no lleguen a las universidades por propia voluntad o, no
terminen sus estudios, o que un ciudadano cualquiera vaya comprase un coche
concreto, o que mi madre me pida la laca Pascual, pensando, que todo ello es a
razón de accidentes o caprichos o, consecuencia de buenas o malas decisiones,
es poco menos que vivir en la ignorancia. Que la gente abandone la universidad
se debe, al igual que cuando alguien compra cosas, a una necesidad, pero no
personal, sino social y por la cual la sociedad precisa que hagamos algo, pero
no nos lo pide, pues es algo que no va en nuestro beneficio sino en el suyo
(por tanto se desestimula, tienta e incita de forma velada). Compramos coches
que nos lleven rápido al trabajo, lacas y peines para ir bien peinados, y
consumimos y dejamos las universidades, porque de otra manera, no habría
obreros, para ir al trabajo en coche, con laca y bien peinados. De lo que se
entiende una razón técnica en todo ello, de medios hacia unos fines
preestablecidos, y a procedimientos que parecen los más adecuados para lograr
tales fines: un proceso segregatorio de castas ― que no existe, por cierto, o
eso nos dicen― de obreros, comerciantes, intelectuales, políticos,
administradores, banqueros, por el que la sociedad desde que somos jóvenes
selecciona en tanto aquello que precisa: obreros de un lado (fuertes) y
administradores (dogmatizados) aptos y fáciles de domesticar (débiles) del
otro, de los que se tragan todo lo que les dan de comer sin rechistar, y luego
te aplauden las gracias; y todo ello a través de un proceso prolongado y
selectivo, casi imperceptible: pensado, estudiado y ejecutado con gran maestría
por una vasta maquinaria instrumentalizadora para sí (una sombra extensa y
alargada/ no persona concreta), que ha demostrado por tiempo y a lo largo de la
historia su eficiencia, como la propia realidad demuestra, pero y además, de la
que muchos que la conocen (esa sombras) luego se aprovechan, a costa de la
libertar y salud de los demás.
En
las escuelas: a los jóvenes hoy no les enseña a pensar (se les enseña a
obedecer)― ni siquiera
se les enseña algo práctico (probar su inteligencia y desarrollarla). La
practicidad de éstas, de las escuelas o la enseñanza en sus primeros niveles,
no va más allá de enseñar lo preciso para poder escalar cursos, nada útil, lo
preciso y relativo al colegio o la sociedad, apenas sin juegos o interacciones
con otros niños o el entorno: sentados en una silla, en silencio, frente a una
pizarra ―cuando un niño es un pequeño explorador, un científico en potencia, un
examinador meticuloso de ese entorno― privándole, de toda iniciativa de
conocimiento y limitándose a obedecer, aprendemos am obedecer; y a vernos igual
que los otros, en fila y mirando a la pizarra, par que nos digan qué hacer, o
que nos van a hacer si nos ponemos el cinturón de seguridad, o cuando hace
calor, decirnos que el campo se quema. Si nos atenemos a lo que sirven, más que
a lo que dicen que sirven las escuelas o se pueda entender de su nombre, estos
lugares, no son centros de estudio propiamente, sino guarderías obligatorias: jaulas
con batas y pizarras en su interior; un lugar donde cuidar/vigilar a pequeños
encerrados (pues no son libres de moverse o salir) mientras los padres que lo
ven natural ―pues así fueron ellos educados― se sienten liberados de ir a
trabajar tranquilos (que coñazo, y hartura de niños en la pandemia), poniendo
toda su preocupación, atención y tiempo parra eficiencia o concentración en el
trabajo.
Desde pequeños a los
niños se les coloca en grupos homogéneos fomentando así la medianía y la
pertenencia― se les coloca junto
entre los de la misma edad (e incluso en escuelas de la misma clase
social muchas veces) la pertenencia a u grupo concreto, en que poderse
reconocer, en la creencia venida de observar un día si, otro también a nuestro
alrededor a todos los que nos rodean iguales a nosotros y nosotros iguales a
ellos: vestidos con la misma ropa o uniforme y poco más o menos con los mismos
peinados y zapatillas, cuando de hecho, cada uno de nosotros somos
individualmente únicos, y por tanto, distintos a los otros, con nuestros sueños
y anhelos; que con el tiempo se irán disipando y abandonaremos, adoptando unos
nuevos sueños, necesidades y objetivos mostrándosenos por otros primero (como
posibilidad), luego impuestos (pero que entenderemos normal) por el ente
social. "Por otra parte, el hombre, desde su temprana infancia, se ve tan
a fondo encasillado en asociaciones, grupos y organizaciones, que la
individualidad, vale decir, el elemento de lo peculiar desde el punto de vista
de la razón, se halla totalmente reprimido o bien absorbido". (Crítica de
la razón instrumental- Max Horkheimer) La escuela, por tanto ―en lugar de
avivar una apertura de mente, una proyección propia del individuo a partir de
un conocimiento transversal averiguando en ello aptitudes― los dirigirá en la
segregación, teniendo pronto, cuando aún no saben lo que quieren o gustaría
hacer, que elegir una cosa (tema o materia) entre todas las demás una (a
elegir: observemos que no existe el naturalismo ahí, del catalogo) y
descartando las demás; y que luego deriva en una especialización concreta sobre
algo concreto pero, igualmente, en una ignorancia general sobre el “Todo lo
demás” (entendido este todo como “Todo” y no el todo que se enseña) cuya
consecuencia es, poco menos, como cuando al desarrollar la bomba atómica dentro
del proyecto Manhattan, se entregaban partes separadas e independientes del
proyecto a estudio y por separado a los científicos, y cada uno desarrollaba
por separado una parte de aquél: pero entre todos haciendo un algo, sin saber
en ningún momento, ni ninguno de ellos, de qué algo se trataba; y de igual modo
con nosotros, se nos forma (da forma) y construimos a la vez (dando forma) a la
sociedad, sin saber que estamos construyendo, pero dando forma a ese leviatán
de la razón / irracional por medio de una falsa moral, leyes, estructuras y
organismos: los mismos, que luego como individuos nos concretan y delimitan (
en nuestra forma , dentro de la forma) a imagen de aquella, somos (imagen y
creamos su sombra: nuestra propia sombra) mientras que lo hacemos bajo la falsa
creencia de que al estudiar y formarnos lo que construimos es a nosotros mismos
(individuo) y no, de que lo que realmente hacemos y construirnos es ese “uno”
como “ente (forma) el estado. Del que luego nos quejamos”.
No
soy bueno creando mundos de fantasía, pues he comprobado cualquier cosa que
elucubro la realidad lo supera. Quiero decir, que no hay que imaginar
conspiraciones, del todo inexistentes, cuando observamos determinadas
situaciones. Estas y sus procesos están ante nuestros ojos, sólo debemos
observarlos y estudiarlos. La forma hoy de enseñar, no es exactamente y como
algunos dicen, igual a como se hacía en los tiempos pasados. Aquella servía a
unas razones muy distintas a las de ahora. Fue durante la durante la
ilustración, esto no es una casualidad, que se dio el desarrollo de los
sistemas educativos en Europa, que luego continuó durante todo ese periodo y en
la Revolución Francesa (Los pensadores de la Ilustración querían modernizar el
sistema educativo y desempeñar un papel más central en la transmisión de estas
ideas e ideales, por la razón, de lo irracional de un trabajo que explota y
subordina a las personas). Sería a partir de 1800 durante la revolución
industrial cuando la asistencia se hizo obligatoria a la escuela. La mano de
obra en las empresas era muy necesaria y se precisaban obreros en cantidades
notables para la industria; entonces, no sólo fue práctico encerrar a los niños
en escuelas sino, igualmente apropiado empezar a formarlos y enseñarles a ser
“buenos ciudadanos” “buenos trabajadores/obreros” por medio de una moral
subordinada: una Ética moderna, y que desde Kant, se había convertido cada vez
más, en una "ética mínima" en la que no se aspira a ayudar al hombre
a alcanzar el desarrollo de sí mismo y su libertad, sino que incluso ésta verá
amenazada pues, ya no se aspira a determinar la naturaleza o carácter de la
persona, sino a determinar las leyes de la voluntad de este hombre: las leyes
del deber: mirar el reloj y No llegar tarde al trabajo, lo resume, y en ello la
preocupación propia de una moral subordinada (conveniente) a la convivencia
(para beneficio de la burguesía) explotadora del sustrato social más indefenso
y necesitado. Y Cuando esto sucede, cuando se renuncia a decir el bien, y se
limita a enunciar el deber por la moral, es porque aquella idea de una
cosmología para y con el hombre, ya ni digo en paz con la naturaleza: ha sido
abandonada.
Las
escuelas han sido y son aquellos lugares donde aprendemos y nos inculcan, más
allá de las materias, unas normas de conducta ( a obedecer) tanto para dentro
de las escuelas, como fuera de éstas― además, la
inutilidad o falta de motivación que sugieren gran parte de las materias en los
primeros años de escolarización para los jóvenes, de inmediato evidencia dos
clases de estudiantes: aquellos que son sumisos y manejables que destacarán
asimilando cuanto se les ofrezca, sin rechistar y, de otro lado, el grupo de
los rebeldes e inquietos (esos en los que el carácter fuerte predomina sobre la
sumisión y la servidumbre: los que hacen preguntas, como por qué “Pi” que Se
obtiene al dividir el perímetro de una circunferencia (perfecta) entre su
diámetro; es un numero imperfecto e irracional, en las matemáticas, que a si
misma se definen como exactas y racionales) son los gustarían de aprender de la
realidad, los que ven la grieta de la materia, por encima de lo que matera les
pretende enseñar, y que pronto estarán descontentos, con muy baja o nula
motivación; luego de esta separación, no violenta pero evidente, se
distinguirán: aquellos que seguirán los estudios hacia una formación más
completa, dirigida, e instruidos por el sistema para en el futuro convertirse
en trabajadores de alta cualificación, administrativos (universitarios
titulados, obedientes: todos están siempre enfermos: perezosos, solo hay que
ver las bajas en la administración cada año de funcionarios) y, luego aquellos
otros rebeldes, inquietos e inconformistas ― ya tienen un sitio esperando― de
alguna manera serán sutilmente atraídos hacia otros ámbitos de la sociedad,
pero ya no el estudio, sino en la formación (muchos profesional obrera) o los
autónomos ( estos no faltan ni un día al trabajo, ni con gripe) pero dado que
viven en un sistema materialista y consumista, el dinero rápido llamará a su
puerta y dirigirá sus vidas ( el débil ve la sombra: no será nada si se distrae
de seguir a los conejos, el bravo no la ve: sigue y persigue lo que siente le
gusta y lo llama (pero la sociedad: muestra su sombra: los anuncios, y la
promesa de emancipación de ser “el mismo”, y no depender de sus padre, ni de
nadie ¿pero qué es ser uno mismo? No se hace la pregunta y solo se laza a la
luz; y lo hace sin recorrer antes la oscuridad de la luz: sin reconocer tras de
ella la sombra; y que esta es la proyección de su propia sombra. Luego El débil
ni lo piensa, y la razón lo sabe, que no tiene el valor (seguirá estudiando
para no-ser: evitando ser lo que más le asusta: un obrero entre otros obreros:
una oveja entre lobos, perdiendo a cada día su instinto: pero entre lobos.
Estos bravos son una amenaza al ejecutivo (son iguales a los que mandan) y
mucho antes de terminar de formarse o saber que quieren o desean, abandonarán
los estudios, serán dirigidos por la sombra del la sociedad, que conoce su sombra:
decidirán emanciparse trabajando, con la consecuencia de que aquellos
individuos de carácter fuerte serán encaminados a la producción y no al
conocimiento (porque no hay nada que conocer de la razón, sino su
irracionalidad reptiliana de medios y fines, y se darían cuenta de la infamia
de que al fin solo está la nada) del consumo por nada, y el gasto por nada y
para nada.
Ignoro,
si alguien se percató del hecho, de que si todos los niños aprobasen el
colegio, y luego todos el institutos, no habría universidades ni lugar donde
acogerlos a todos―como en tiempo de pandemia, cuando debido
a la alta incidencia de un virus todos enferman, no habiendo luego lugar para
ellos donde estar ( faltaban hospitales), y para lo que la sociedad, tan
organizada y diletante en tantas cosas, en esto no ha reparado, ni siguiera se
ha preocupado de tapar su grieta (pero somos imbéciles; todos ponemos un clavo
y crucifijo allí donde hay una en la grieta de la pared) y así no ver, o no
querer ver precisamente lo que se pretende: la exclusión de los de carácter y
difíciles de someter del ámbito del conocimiento (de la razón absurda) y de lo
falso imaginado y de unas ideas que no conducen a nada; como el cero en las
matemáticas), por ser determinantes y mostrase inteligentes y objetivos frente
a la realidad, en una sociedad de vagos mansos y racionales. Imaginan: aun
autónomo por la mañana desayunando y leyendo a Trias. No hay tiempo para
tonterías en la vida real, cuando sientes sus botas sobre ti todos los días.
(El artista y la ciudad 1976 / Trias) y en todo el libro, no habla de siquiera
aparcamiento para descargar. Así el acceso a las universidades no es por
aptitudes, sino por mostrar muy buenas notas en la sumisión a todo conocimiento
inútil, sin mostrar duda o reproche por ello y aplicados en conseguir la
siguiente meta: a estas alturas los estudiantes ya saben lo que quieren, igual
que los que dejaron de estudiar: (trabajar unos / graduarse otros) pero ninguno
quiere ser él. Y al ser preguntados unos y otros dirán: seré administrativo,
soy albañil, soy abogado, y se someterán sin resistencia a todo aquello que se
pida y ofrezca “y aquellos dominados, que han tomado siempre la moral que les
venía de los señores, con mucha más seriedad que estos últimos, creerán en el
mito del éxito aún más que los propios afortunados” (Dialéctica del iluminismo-
Max Horkheimer & Theodor Adorno)
No cabe duda que lo
irracional, dentro del sistema democrático, y mediante diversas maneras ha
adoptado formas de manipulación, e igualmente de dominación menos ostensibles
que en el pasado― pasando apenas
inadvertido, frente a una ciudadanía entregada a la locura del consumo
indiscriminado y el ocio, bajo el tinglado bien pertrechado de la industria del
espectáculo y la información: los nuevos poderes, que dispensan a los valores
culturales el mismo trato que el ignorante, que desprecia su finalidad más
propia y los juzga sólo en función del lucro que le reportan: donde todo
depende del mercado, y la propia razón se instrumentaliza como otro factor de
rentabilización del producto, perdiendo su potencial emancipador. Tal es la
situación denunciada por Horkheimer en Crítica de la razón instrumental, donde
se demuestra la actualidad de su obra. Es por ello, que procede ser revisado
esta obra, su idea, pues de inmediato se podrán observar analogías del pasado
en el presente
Por
la palabra― “…se le dio al hombre el más
peligroso de los bienes, la Palabra, para que creando y destruyendo, haciendo
perecer y devolviendo las cosas a la sempiterna viviente…dé testimonio de lo
que él es”. Hölderlin.
Desde
pequeños estamos sometidos a la palabra, en las escuelas en un principio, que
nos adoctrinan en un pensar, sentir y unas necesidades para que posteriormente
las hagamos propias, por medio de unas ideas y creencias necesarias y
defendidas por el colectivo social, representado por el estado. Para ello
utiliza sus métodos propios, incidiendo en valores o creencias como la
religión, la lengua, la política o el sexo.
luego
e Independientemente de los estudios que tomemos cada uno, es fácil a lo
largo de nuestro camino como estudiantes que nos encontremos con aquella
sentencia, apoyada por pensadores y científicos, que nos dice que lo que no
consigamos entre los veinte y los veinticinco años ya no lo conseguiremos
jamás, referido, a una idea bien asentada y extendida, de que la mente humana
explota a esas edades para luego sencillamente decaer. Esto lo oirás más a
profesores y científicos sobre todo. Sin embargo, es poco menos que decir que
un hombre se desarrolla y explota intelectualmente a esa edad, y que allá donde
se encuentre en cualquier ámbito de la vida, antes de los veintiocho años, es
donde va a permanecer por siempre; y así encontramos a esa edad médicos,
científicos y filósofos titulados en las universidades pero, también a
carpinteros, albañiles y amas de casa, que como los primeros, no serán más que
eso según el aserto: carpinteros, albañiles y amas de casa, según sentencia el
mismo y, por lo tanto: no aspires a más, pues aunque lo hagas tu mente no te va
a ayudar, confórmate con lo que eres, lo que tienes y lo que haces; pero, sobre
todo, Trabaja: y trabaja todos los días. Y todos lo creen así: desde el Médico,
al ama de casa, y así conviene al estado que lo crean. Sin embargo, es curioso
que antaño fuesen los mayores, esos mismos a los que ahora no hacemos caso y
metemos en residencias, los encargados de administrar las sociedades antiguas,
debido a su experiencia y sabiduría derivada de esta misma experiencia
alcanzada a lo largo de los años (Algo ya a mi ya no me encaja) Y os diré que,
en mi experiencia, es cierto que a los 25, por poner un ejemplo, uno ya toma
decisiones, pero ahora que tengo 55 puedo afirmar que aquellas decisiones
tomadas no eran las más acertadas, no eran las mejor pensadas, las más
estudiadas, y ni siquiera las que más necesitaba, quería o deseaba. Eran las
que debía tomar, no las que quería tomar. Y tomé las que debía porque a esa
edad, tras estudiar y tener una “vaga” idea de lo que podía ser o hacer, lo que
quería era también encajar en el mundo al que pertenecía, influenciado, y de
algún modo condicionado por éste y la sociedad. De tener que tomarlas hoy, con
mi experiencia, mandaría al mundo a tomar viento, de hecho lo hago y hago lo
que quiero hacer, y aunque la sociedad espere otra cosa de mí, es su problema y
no el mío. Pero, cuando con veinticinco años eres albañil y sabes o crees
-porque así te lo hacen creer-, que eso es lo que serás toda la vida, dejas
pasar el tiempo y cuando te das cuenta con cincuenta años has formado una
familia, tienes hijos, responsabilidades, deudas y compromisos y, en resumen,
una vida social sea la que sea; entonces, ya no mandaras al mundo a la mierda,
aunque así lo pienses. De ahí, que si te convencen de que con veinticinco años
ya con lo que tienes te basta y sobra, y si además te embaucan y facilitan
piso, coche y negocio, con ello esperarán que, si alguna vez despiertas a la
realidad, sea ya demasiado tarde y tus compromisos y amor para con los tuyos y
tu miserable y rutinaria “vida cómoda” te inmovilicen y obliguen tanto o más de
lo que te somete el propio estado; y, entonces, habrán conseguido su propósito:
No sólo que tú les sirvas, sino que tengas hijos para que le sirvan también.
Pero
la palabra tiene además otros peligros, de los que muchos, digamos pretendidos
productores intelectuales son dramáticamente inconscientes― y
así Heidegger lo afirma, basado en la consideración de que a través de ella, de
la palabra, es fácil caer en el error y la desilusión, pues el producto de su
poder creador, al verse probado con la realidad, puede, muchas veces, no
encontrar correspondencia y, así, el hombre queda sumido en una irrealidad como
sucede tan a menudo a muchos autores: poetas de lo banal o novelistas de lo
absurdo, que confunden lo esencial con lo no esencial, difuminando así el
genuino decir (a lo que la palabra debería servir), poniendo en peligro su
función esencial. Un peligro además, que va más allá, pues afecta no solo a los
que escriben y difunden esa palabra o pensamiento inútil, sino sus
interlocutores o lectores. Pues la calidad, o línea de pensamiento de una
persona, lo es precedido, instruido e influenciado en buena parte por las
lecturas realizadas a lo largo de su vida, así como por las experiencias
propias y adquiridas de ésta. Sin embargo, encontramos hoy las estanterías
repletas y rebosantes de lecturas inútiles cuando no absurdas, que no aportan
nada más que distracción con poco o nada nuevo o relevante que decir al ser que
lee. Coincidirán conmigo que "Estos son malos tiempos. Los hijos han
dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros" — Marco
Tulio Cicerón. Nada pues, que ver con la literatura clásica, no es lo mismo
leer Orlando Furioso que un manga japonés, o Hölderlin y a su joven Hyperion
que crece y vive según los ideales de la Paidea griega: por el
que el individuo se considera parte de la totalidad y unido a ella en armonía:
“Ser uno con el todo es la vida de la divinidad, es el cielo del ser humano”
¿Dónde está hoy Hiperión? me pregunto, cuando un poeta inspiraba a un filósofo,
tomándose como referencia para sus escritos. Pero la gente escribe, y no paran
de escribir, cualquiera lo puede hacer, lo difícil es que lo escrito tenga
algún sentido, más allá del que le atribuyen el significado de sus propias
palabras.
Sin
embargo, y como hemos podido ver, es cierto que la palabra no sólo puede ser,
sino es, la herramienta más peligrosa dada al hombre; muestra de ello es el mal
uso que se hace de ésta, y el sometimiento que a través de ella― el
hombre hace del hombre, mediante la educación y adoctrinamiento privándole de
su individualidad. Pero a pesar de estos peligros, la palabra es para el hombre
un bien, al que no puede ni debe renunciar, no sólo porque a través de ella
pueda comunicar sus pensamientos y vivencias, sino porque gracias a ella el
hombre obtiene y ratifica su lugar en el mundo. “Únicamente donde haya palabra
habrá mundo, esto es: un ámbito, con alcance variable, de decisiones y
realizaciones, de actos y responsabilidades, alborotos, caídas y extravíos.
Pues solamente donde haya mundo habrá historia” entendemos en Heidegger. Pues
el hombre es un ser que ha de dar testimonio de lo que es”, y es el testimonio
de su realidad lo que hace al hombre ser lo que es, y dicho testimonio sólo
podrá hacerse a través de la palabra, sobre la cual tiene su advenimiento la
historia misma, pues es la palabra un bien del hombre y sólo a través de ella
puede realizarse como tal, sino perece frente a ella.
1(2)
— Un
hombre en el castillo— En el ámbito de la
filosofía, a [Posteriori]— De los niños —Una
forma más definida de critica —La ruta de la
servidumbre —El
neoliberalismo —"El pasado es
recordado muchas veces dramático — "El
pueblo español se entrega al suicidio— Respecto
del sinsentido de la existencia— Desde un estudio de
PD. Ouspensky,—
Un hombre en el castillo—
Los siguientes textos y pensamientos no responden a otro deseo, por el momento,
que a ampliar los escenarios de este blog con nuevos textos y criticas, así
como a desarrollar algunos trabajos, y publicaciones que inicie recién llegado
a Extremadura 1998, y que surgieron al margen de mi actividad entonces
(trabajo), y de mi pasión por la exploración. luego y Si lo piensan, puede
parece absurdo estar en un palacio Palacio de
Ishak Pasha del que se dice que es la última
gran obra otomana en pie, y que nada más llegar, yo me sumerja directo hacia
las Mazmorras, justo después de haber divisado el horizonte más extenso que vi
jamás, abarcando la vista de Armenia, Irán y Turquía, desde los 5000m de
altura, en un solo giro de vuelta. Luego, y esto es lo que pueda resultar más
curioso, es que precisamente (esta foto Arriba)
es la que mejor define la realidad social observada.
Estamos tan poco habituados a observar los
individuos, por nosotros mismos los hechos sociales de una manera objetiva, que
algunas afirmaciones aquí contenidas podrán sorprender a algunos. Sin embargo,
existe, además de una ciencia de las sociedades, igualmente, la posibilidad de
una observación individual (subjetiva) de esta, y de la que, cuando ocurre
(habiendo esquivado aquellos comentarios acerca de unos prejuicios
tradicionales) deberíamos poder esperar que consista, haciéndonos ver las cosas
de un modo o ángulo distinto (singular) al acostumbrado de cómo le aparecen al
pueblo/ la mayoría (en sus comentarios), pero igualmente distinto, al de los
propios científicos (de sus estudios sociales). Luego toda observación tiene
por su objeto esclarecer /revelar: hacer descubrimientos, y todo
descubrimiento, cuando es tal descubrimiento, suele desconcertar en mayor o
menor grado, tanto al observador, en mi caso, como (en el caso del lector) al
que luego se le revela lo observado. Así pues, y en lo que respecta a la
observación, en este caso de la sociedad, es preciso que el observador, se
decida resueltamente a no dejarse intimidar, tampoco por aquellos resultados a
los que le lleven sus exploraciones, si fueron conducidas libres de prejuicios:
luego, además, nada mejor que la experiencia (en este caso de lo pasado), como
aquello que nos afectó de un determinado hecho, después de conocido el
resultado de su desarrollo, y revelado a [Posteriori], o literalmente→ a
partir de lo sucedido.
En el ámbito de la filosofía, a
[Posteriori], se emplea para referirse al
conocimiento inductivo, esto es→ conocimiento adquirido a partir
de observaciones específicas (de
alguna cosa y moviéndose a ella para del acto de la misma observación como
experiencia extraer conclusiones, como forma de razonamiento en que la verdad
de las premisas apoyan la conclusión, ascendiendo de los efectos (después→ a sus causas
(primeras): El conocimiento puede ser a priori o a posteriori. El primero (a priori)
es el que no funda su validez en la experiencia (en este
conocimiento a priori reconocemos en Kant); el segundo: el conocimiento a
[Posteriori] funda su validez en la experiencia del acto
antes de uno-ahí-moviéndose hacia→ una cosa y observando Y de
la observación específica de
uno (hacia→ una cosa concreta) luego un conocimiento dado de la propia
experiencia de uno hacia aquello concreto y observado / A
posteriori, significa 'con posterioridad a un hecho o una circunstancia
determinados, y se opone radicalmente a [→ a priori]. Luego,
si buscar la paradoja es propio de un sofista, esquivarla cuando los hechos la
imponen es propio de un espíritu sin coraje o sin fe en sí mismo. Después
hay una forma de razonamiento, o razonar de uno, que
va ligado a un argumento "necesario" en el que existe una
premisa capaz de identificar patrones de los que se extrae una conclusión
general. luego este razonamiento inductivo→ consiste en
considerar varias experiencias individuales moviéndonos del acto hacia personas
y cosas para extraer de ellas un principio más amplio y
genérico... en el sentido de un principio→ capaz
de representarlos a todos.
II
Cuando inicie este blog, cuyas primeras
publicaciones aleatorias e impulsivas datan de 2001/03-2011, lo que me había propuesto
no era nada concreto, y al margen de publicar en este algunas de mis correrías,
escribía igualmente manifestando de algún modo, lo que desordenadamente (o eso
pensaba yo) me venía a la cabeza, y que parecían entonces más las simplezas
propias de un descontento / lo que de cierto no encajaba demasiado conmigo. Más
sería con el tiempo, cuando asocié determinados escritos a un malestar propio,
sí, pero igualmente generalizado, aunque no manifiesto abiertamente por los
demás→ por otros. Sin
embargo, algunas personas que conocía se quejaban de diferentes aspectos su
vida (consecuencias sociales, no siempre relacionado con obligaciones y con la
falta de tiempo). Pero lo cierto es, que ese mal estar existe, cómo igualmente
cierto es que nadie parecía, ni parece volverse loco por volver al trabajo los
lunes, obligadamente; pero sobre todo después de las vacaciones ¿verdad?; ni
siguiera a ese trabajo que parece que incluso algunos aman.
De los niños — Luego
están los niños, y que podemos decir de los niños. El sistema educativo actual
basado en datos y valoraciones es el mayor crimen contra la libertad del
individuo, ya desde que se es muy joven (de niño). El resultado es (lo evidente
hoy en la sociedad) la creación de un ciudadano robotizado y pendiente del
reloj, y únicamente capacitado para sobrevivir y prolongarse en un sistema (o
ambiente cerrado) y competitivo, cuyos valores son, únicamente, la producción y
explotación del medio y las personas. Al niño que se le enseña a considerar
necesaria la existencia de un maestro, y a definirse a sí mismo en términos de
cuantitativos, en tanto a las notas que aquel le proporciona, le destruimos la
capacidad de respetarse: de mirarse al espejo y valorarse a sí mismo como una
persona o individuo; pues lo hacemos dependiente y sujeto→ siempre
de la opinión y valoración de los otros, de los demás (entendiendo aquel sujeto
a la opinión, que somos como los demás nos ven y valoran, lo que se
invierte→ en hacer cosas, solo para que los demás nos vean bien: como comprar
ciertas zapatillas o un tipo determinado de móvil, o coche, o hacer
determinadas actividades) → eres una persona
interesante porque tienes, hace o dices… aquello, que gusta a los demás que te
valoran (o te odian) por ello→ opinan (públicamente) /
lo que terminará, porque aquel sujeto de mayor siga precisando siempre de dicha
aprobación social: del me gusta / no me gusta (esto lo conocemos y reconocemos
todos y sabemos por tanto de lo que hablo: la necesidad de reafirmarnos
en el me gusta de los demás). Con todo esto, lo que quiero decir, es que le
inculcamos ya de joven al niño como dogma que existen unos valores sociales /
dependiente de la doxa (δόξα) y no de ser→ uno, en
relación a si mismo / sino de estar condicionado todos
los días en relación a la opinión de los demás) y que son más importantes
incluso que él mismo — y ser el aquello i moviéndose de de si
mismo— haciéndole creer que es incapaz de una creación propia, y por
tanto de llevar y crear una vida propia e independiente, alimentándolo
constantemente con la idea que lo único importante es lo establecido, en tanto
a seguir aquellas normas y patrones aprendidos y que siguen los demás las dos
principales: parecer igual que todos y “obedecer” al maestro.
De modo, que casi sin darme cuenta me vi
expresando, públicamente una denuncia—sobre aquello que observaba, no con ojo
clínico (que diría Foucault) sino crítico, y relativo al acontecer la propia
experiencia, pero igual y en relación la sociedad en general→ pero
a partir de personas que conozco y de nacionalidad principalmente la
española que expresan igualmente y del descontento una critica hoy de la
sociedad, comparable a la de otros antaño. No tarde entonces en identificar a
aquellos precursores de la que sería la teoría crítica: luego (Escuela de
Frankfurt) a razón de su pregunta, re-formulada hoy en este blog, de ¿por qué
la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde,
más aún en un nuevo género anestesia (robotizada) y generalizada?
Una forma más definida de crítica tomo
forma durante la pandemia de 2020 en este blog. Con la llegada de esta (en Mar.
2020) a España, y visto lo que acontecía, pensé—y así lo creía entonces— que
tras la evidencia del sometimiento al que nos vimos todos obligados, amanecería
después de desaparecido el virus un nuevo día en todos los países
(occidentales), dando comienzo la verdadera historia de la humanidad. Sin
embargo, precisamente 2020 fue todavía más terrible, en tanto que me hizo ver y
darme cuenta de lo evidente: que las esperanzas de la humanidad parecían haber
capitulado o hallarse todavía más alejadas de su cumplimiento que aun en la
época de los inicios de la misma Teoría Critica; además, de lo solo que se
puede uno encontrarse levantando la voz en defensa de una libertad arrebatada,
en medio de una sociedad absurda, anestesiada y sometida a los medios y la
cultura (de masas), que aplaude cuando los encierran en sus casas, imponiendo a
la fuerza un toque de queda (ilegal) que aceptan y obedecen del miedo inculcado
sin más o pensar cuando les dicen (o una autoridad les dice) que “es por su
bien”: mas luego no darse cuenta y reaccionar cuando “y por su bien” les
golpean igualmente (las mismas fuerzas de seguridad) si salen de sus casas sin
permiso, aunque solo para tomar algo de aire. Por no hablar de aquellos
ciudadanos que se arrestaron de forma voluntaria en sus domicilios, y
denunciaban a los que se negaban a ser arrestados / y aunque no podían
reclamaban, en la calle (protestas), y ejercer su libertad y derecho de salir y
estar en la calle, siendo después forzados a encerrarse igualmente en sus casas:
ilegalmente (como muchos de ellos denunciaban y la misma policía hoy te
reconoce) debido, en ocasiones, a la misma vigilancia y denuncia ciudadana de
los que ya habían renunciado a sus libertades y derechos voluntariamente
i sometiéndose, a una voluntad ajena e impuesta a la fuerza... luego
pretendiendo que como ellos, todos igualmente hiciésemos: someternos. Lo que
experimenté en aquel momento y desde entonces, no ha dejado de afectar a mi
pensamiento.
Sin duda los estados que hoy se llaman
democráticos, no se encuentran más próximos al advenimiento de aquel nuevo día
esperado, que los países en los cuales se ha extinguido la libertad del
individuo: pero que son, precisamente, el ejemplo y guía para la represión y
control hoy a las democracias occidentales (las mismas escenas que vimos
primero en china (sorprendentes) de arrestos violentos y golpes a los
ciudadanos, y vigilancia con drones (que a todos nos parecieron surrealistas:
luego se reprodujeron en algunos lugares de España). En tal situación de
incredulidad dieron inicio, junto con aquellos ensayos unas nuevas reflexiones
sobre la razón, e inherentes a las publicaciones anteriores y posteriores /
reflexiones sobre la razón bien podrían servir hoy de base a la duda —de máxima
gravitación— respecto a una libertad inexistente (sobre todo denunciable en la
educación), pero extensible a todos los ámbitos, de una sociedad (libre) que no
habría de transformarse necesariamente en su contrario, y en la automatización
sistemática la sociedad, los individuos y la conducta humana.
Después en 2022 fue la guinda a mis
preocupaciones y temores, cuando el 24 de febrero de 2022, de nuevo la barbarie
de la guerra se manifestó en la misma Europa (ciertamente no habíamos cambiado
en nada después de la II guerra M. como ya nos advertían en la Dialéctica de la
Ilustración M.Horkheimer y T.Adorno); o quizá sí habíamos cambiado en una cosa:
éramos / somos más estúpidos e imbéciles que antaño ( hablo sobre todo de los
alemanes), habiendo subestimado las cuestiones inherentes a la naturaleza y
condición humana, depositando demasiada fe en la conciencia actual, como antaño
ocurrió a la conciencia que creyó el discurso iluminista, que proclamaba (por
la ciencia) aquellas aspiraciones humanistas de libertad del ser humano, aspiraciones
convertidas hoy en la propia condena (del individuo a la servidumbre (la ruta de la
servidumbre) ― como advertía Horkheimer―, al no
existir el suficiente valor para descubrirnos la verdad mediante la
confrontación de unos argumentos de libertad, que luego se demuestran
contrarios (e irracionales) entre sí, como por ejemplo: cómo, si vivo en el país
más libre de Europa (España), o eso nos dicen nuestros gobernantes, no había
podido salir me mi casa a la calle (solo a la calle o pasear por el campo)
durante dos meses, teniendo que estar encerrado en casa (por decisión de una
persona → o poder), y de otra persona que obedece a dicho poder sin cuestionarse la
legalidad, y ejerce un poder restrictivo (fuerza) sobre mi libertad, que yo
ejerzo saliendo a la calle), luego siendo perseguido, denunciado y
golpeado en algunos casos: como en China, o Pakistán se golpeaba sus ciudadanos
/ ciudadanos entonces igualmente golpeados por las mismas razones en muchos
lugares de España), aun cuando yo solo quería salir de mi casa a la calle o ir
al campo, al lado de casa / mas ningún cuerpo de seguridad me protegía, sino que
aquellos mismos agentes de la policía (los cuerpos de seguridad del estado)
obedecían al estado contra la libertad libremente ejercida de las personas y
(como en china o Pakistán): obligándonos por la fuerza, a golpes si se
resistían, a volver a encerrarnos en nuestras casas. Los datos comunicados por
el Ministerio de Interior, a 20 de Marzo de 2020 (tan solo 10 días
transcurridos desde la entrada en vigor (por decreto del gobierno) 463/2020, de
14 de marzo, del Estado de Alarma y vigilancia, confirmaban
que en todo el territorio del Estado 926 personas habrían sido detenidas por
desobediencia o resistencia grave a la autoridad y más de 102.000 habrían sido
sancionadas por incumplir las restricciones impuestas (estas no se
resistieron).
La ruta de la servidumbre—. La
humanidad tiene necesidad urgente de un nuevo sentido, o forma de entender e
interpretar el mundo, que responda a las necesidades actuales tanto de
individuo como de comunidades en estos tiempos; y no sólo en cuanto a
formulaciones sino, igualmente, al lenguaje pues, el tradicional se ha vuelto
extraño y casi sibilino — en manos de algunos medios dirigido como
instrumento—, de una realidad social que resulta cuando menos manoseada y
manipulada donde sueño es pesadilla "calderoniana" que parece a todos
perseguirnos, entre callejones pestilentes de basura, dirección a "la ruta
hacia la servidumbre" [En 1939, cuando residía en Londres Friedrich
Hayek, economista, jurista y filósofo austriaco, ganador del Premio de
Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel en 1974,
proporcionó uno de los análisis más lúcidos de un futuro que tal vez no se
atrevía a imaginar —unos años más tarde, iba a denunciar la “ruta de la
servidumbre”, es decir, el creciente dirigismo de nuestras sociedades— pero que
hoy es nuestro presente, el de los europeos del siglo XXI.]
Nos hablan ya desde pequeños de los
clásicos: Aristóteles, Maquiavelo, Tocqueville, A. Smith y K. o Marx que nos
sensibilizan, alguno de ellos en que existe un antagonismo natural creciente
entre los ricos, multimillonarios y el resto de todos nosotros; que los
intereses de los ricos no son nuestros intereses; que sus verdades no son
nuestras verdades, y que su vida no es nuestra vida. Así, la riqueza material,
no sólo engendra división social, sino igualmente desprecio y envidia de una
parte de quienes no la tienen / Lo que faculta a millonarios y oligarcas a
pagar legiones de publicistas, académicos, periodistas e, incluso políticos,
abogados y jueces para acallar, censurar y controlar el debate, sofocando la
disidencia. Incluso, y gracias al descomunal aparato de medios que controlan,
pudiendo alcanzar puestos de poder en las sociedades (presidentes de estados) e
influencia y control en las redes desde donde luego gobernar sutilmente y en
conveniencia a sus intereses / pues seria absurdo pensar que gobernarán en
contra de si mismos / y por lo que han trabajado toda una vida.
El neoliberalismo y,
con él la desigualdad, avanzan galopando a paso ligero en el mundo: la
destrucción de los sindicatos (o sumisión de estos), la reducción e incluso la
eliminación de los impuestos a ricos y a las corporaciones, el libre comercio,
la globalización, el estado de vigilancia, la guerra sin fin y la austeridad
son las ideologías que se nos imponen a través de unos medios de comunicación
que son herramientas utilizadas por estos oligarcas para promover sus propios
intereses. Unos intereses propios y de ellos, que luego a nosotros se nos
trasladan y venden como leyes naturales, o mecanismos para el progreso social y
económico; incluso, mientras esos mismos oligarcas, dinamitan los cimientos de
las democracias liberales y exacerban o niegan (dependiendo de los propios
intereses) una crisis climática que dicen que amenaza con extinguir la vida
humana en la tierra (relacionada por cierto con la explotación de la naturaleza
y las personas / personas ignorantes que son las que propician que todo
esto pase. Y, lo peor de todo... luego ¡todavía hay quien se pregunta si existe
el infierno!! Algunos, es cierto, se sienten algo confusos, aunque, no saben
por qué: bien, es la angustia de esta existencia impropia y dirigida por otros,
que con el tiempo y como una ponzoña, cada vez se hará lastimosamente más
presente.
Orwell, novelista,
periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India, autor entre otras
obras de las novelas distópicas Rebelión en la granja y 1984 donde presento de
una idea→ un futuro en el
que un estado totalitarista interfiere hasta tal punto en la vida privada de
los ciudadanos que resulta imposible escapar a su control. Aproximadamente
un año y un par de meses más tarde del inicio de la pandemia y de la puesta en
marcha del estado de alarma y vigilancia→ el
14 julio 2021 — El T. Constitucional declaraba ilegal el confinamiento
proclamado por el gobierno (así como la suspensión de la actividad
parlamentaria) decretado en el primer estado de alarma / que no podría exceder
de quince días, o se podía prorrogar con autorización expresa del Congreso de
los Diputados: “La declaración de los estados de alarma, excepción y sitio no
debe interrumpir el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del
Estado Ley Orgánica.
4/1981, de 1 de junio “. Después, el 27 octubre 2021 —
El T. Constitucional declara de nuevo, e igualmente inconstitucional el segundo
estado de alarma y considerando que el plazo de seis meses de prórroga tuvo un
carácter (irracional) e injustificado…, se entiende que para la población.
"La sentencia explica, según una nota
de prensa difundida por el tribunal, que lo que merece censura constitucional
es el carácter no razonable o infundado del periodo de seis meses, visto el
acuerdo adoptado por el Parlamento... / ...la determinación temporal de aquella
prórroga de seis meses se realizó de un modo por entero inconsistente con el
sentido constitucional que es propio del acto de autorización y sin coherencia
alguna, incluso, incoherente con las razones que el Gobierno hizo valer para
instar la prórroga finalmente concedida". Entonces la pregunta es ¿A qué
se debió entonces esta actitud irracional?, y ¿Qué fuerzas la provocaron?
Pienso que la defensa de los derechos y
libertades civiles es una cuestión que nos atañe a todos, sin excepción,
debiendo poner de manifiesto: manifestar, y exponer las vulneraciones de
derechos (o aquellas situaciones que parezcan susceptibles de de serlo) y
acaecidas de lo que en principio se podrían considerar Hechos Sociales pero que
identificamos sobrepasados en su razón y forma, a las causas que los preceden,
para que sean luego corregidos, o bien tratados por las autoridades (competentes/
incluso internacionales) y no se vuelvan a producir. Hacerlo (denunciar)
“mediante confrontación de argumentos contrarios (e irracionales) entre sí,”
parece: es un modo igualmente válido para hallar respuestas a las causas y
manifestar públicamente una verdad / que señale hechos y personas los motivos
de actos y consecuencia (razón o razones) irracionales: del abuso de poder y, o
autoridad, y que se antojan esquivas a primera vista y peligrosas ( cuando un
policía te dice que sabían y pensaban ( lo mismo sus superiores) que no estaba
bien lao que hacían, pero lo hacían.. porque eran ordenes.
En este sentido hablar y tratar de de un
dialéctica de la ilustración no es precisamente banal / ni lo antes escrito en
relaciona a esta es un monumento a una crisis, como se pretende; sino la sombra
hoy de un reflejo pasado (donde nos podemos mirar y reflejar de los actos y
consecuencias de estos), pues se proyecta al presente en imágenes reales y
actuales; además, por supuesto: de ser un llamamiento desesperado ante la
bancarrota de la civilización occidental. Pero sobre todo, encontramos en ella
esa interpretación de la Modernidad “como proceso de cambios que buscan
homogeneizar a la sociedad”, que la somete a la característica mirada del
proceder genealógico, y pone en perspectiva el presente, remontándose al origen
del que procede: una “Genealogía De La (Modernidad)”:
El 15 de diciembre de 1961, Adolf Eichmann
era condenado a morir en la horca en Jerusalén. Durante aquel juicio, Eichmann
se defendió argumentando que “solo cumplía órdenes”: muchos
tomaron nota de aquellas palabras. Entre ellos, Hanna Arendt que escribió su
célebre ensayo “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal”
en el que, entre otras cosas, dudaba de que Eichmann fuera un genio del mal (un
malvado criminal) tal y como lo presentaron los fiscales israelíes. ¿Y si ‘tan
solo’ era un obediente peón que cumplía órdenes de una autoridad considerada
por él como ‘legítima’? Y se legitima asimismo la policía, después de pasada la
pandemia. “Un tanto por ciento muy grande de la población hace lo que se
le dice que tiene que hacer, sin tener en cuenta el contenido de su acción (o
legalidad), y sin trabas impuestas por su conciencia, siempre que
perciba que la orden tiene su origen en una autoridad legítima”. Puede
parecer terrible pero este axioma es una de las conclusiones del experimento de
Stanley Milgram (que se demostró sobradamente durante la pandemia), uno de los
grandes ensayos de psicología social del siglo XX que puso el foco en conceptos
tan poliédricos como la autoridad: “No perseguí a los judíos con avidez. Fue el
Gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, solo la podía decidir
el Gobierno, pero en ningún caso yo, que acuso a los gobernantes de haber
abusado de mi obediencia”- Adolf Eichmann.
La dialéctica de la ilustración nos advierte al
referir Aquellas Relaciones de fuerza, que tanto Horkheimer como Adorno
sostenían (al igual que Anna Arendt) y que trataban de mostrarnos,
advirtiéndonos de ellas (en lo que hoy no parecía pero se hizo evidente de la
Pandemia), analizándolas como un fenómeno irracional, y circunscrito no sólo a
los totalitarismos políticos del pasado, sino como un proceso civilizatorio o,
deberíamos decir incivilizatorio, más amplio, profundo y más presente en la
sociedad de lo que todos imaginamos, en el sentido de que muchas de las
actitudes irracionales de los totalitarismo pasados subsisten de diversos
modos, moderando y disolviendo su apariencia en la locura cotidiana de la
cultura de masas, habiéndose establecido sutilmente en algunas de nuestras
instituciones actuales. Por tanto. “La debilidad o fortaleza de una
sociedad (o un estado), se manifiesta siempre en la fortaleza o debilidad
frente a las injusticias sociales, desde sus jueces pero igualmente y antes
desde sus ciudadanos ”. j. maqueda
"El pasado es recordado muchas veces
dramático; el presente angustioso y el futuro se
intuye incierto", dominado por ese miedo que amenaza con apoderarse del
alma" sobre todo, si tu madre acabó de cumplir 92 años. Todos temblamos
ante el dolor i la pérdida necesarios para toda comprensión de la vida del
hombre. Diríase que la existencia de las personas se halla permanentemente en
un estado de profunda miseria, y pendiente siempre de dar sentido a aquellos
avatares que devienen de la propia vida. En todas las épocas, culturas y
religiones el hombre tuvo que enfrentar la misma cuestión del dolor y sentido
de su existencia. En definitiva, cada persona (como uno mismo) ha tenido y
tiene que vivir y convivir con el propio drama continuo que supone existir en
este mundo. Pues cada uno de nosotros parece nacer a una vida: en un solo
sentido y hacia un determinado destino; pero si ese es nuestro sino, también es
cierto que otra cosa es nuestra condición y reflejo de la propia naturaleza que
habita este hermoso planeta" y que empuja a una planta, a una persona o a
una nación a seguir hacia adelante, y que aún atrapada entre baldosines y
aplastados por el asfalto llegará a florecer (con la metralla de toda una
existencia hundida en su carne). Luego si nuestro sino es vivir con dolor,
nuestra condición es "seguir adelante aún con dolor”. El ser humano desde
que nace se forja y crece con retazos de dolor, y cada dolor es preludio y
anuncio de aquello ineludible. Pues existen tantas cruces plantadas en este
mundo como vidas de personas ha visto nacer, y cada nacimiento no anuncia
otra...
"El pueblo español se entrega al suicidio es
la primera frase de «El resentimiento trágico de la vida",
la última obra de Miguel de Unamuno. «Volvieron a mi mente viejos y dolorosos
recuerdos ante la imagen desgarrada de esas notas escritas por un hombre en su
agonía, enfrentado en solitario a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor
(…) En estas notas estaba reflejada la lucha de un hombre que fue fiel a sí
mismo en contra de unos y otros, rodeado del ambiente hostil de la propia
ciudad a la que tanto quiso (…) Estas notas fueron escritas con la urgencia de
no saber si llegarían a un final, con la desesperación de quien ve cómo se va
quedando solo mientras se tambalea su mundo, su propia vida y hasta sus
creencias». Miguel Unamuno (de sus apuntes)
Respecto del sinsentido de la existencia, Encontrarán
ensayos, libros y tratados escritos por algunas personas y que pueden
resumirse en que la vida no tiene sentido para estas: esa es la principal
declaración y obviedad que encontramos por parte de quienes afirman
experimentar la desgarradora sensación de apatía por vivir, por medio de una
especie de desconexión de todo lo “real y natural” que les envuelve. En este
punto encontramos personas, muchas reflexivas, que profundizan en cuestiones de
trascendencia: a partir de aquella falta de libertad que acusan —(donde me
reconozco yo mismo de un tiempo muy crítico)—, derivado después en una
presencia impulsiva en las redes sociales, donde se revelan de las propias
declaraciones, trasladando la responsabilidad tanto del aislamiento como de la
propia apatía a las injusticias o situaciones sociales, empezando por la
inseguridad, y terminado por las guerras, pero sin hacer nada por acercarse
(entender — moverse ellos a comprender por si mismos—y explicarnos de sus
propias experiencias aquellas injusticias de las que nos hablan: luego no
proponiendo, ni saliendo del aislamiento de su habitación, el móvil o el ordenador)
y avocándose, por momentos cada vez más a un profundo vacío existencial (no
evidente) de un sueño “real”, pero “un sueño sobrepasado a pesadilla ” el cual
le engulle y devora con más fuerza a cada día.
Pero para comprender esto que quiero decir el párrafo
anterior arriba, (me remito desde un
estudio de PD. Ouspensky,) debemos primeo entender la diferencia
entre los estados de conciencia, y para ello tenemos que regresar al primero:
el sueño, un estado de conciencia completamente subjetivo, donde un hombre está
sumergido en sus sueños, no importa si luego los recuerda o no, esa no es la
cuestión ahora… Aún así, estando dormido a este le llegan algunas impresiones
reales: sonidos, voces, calor, frío, sensaciones de su propio cuerpo, que no
suscitan en él sino fantásticas imágenes subjetivas. Luego el hombre se
despierta. A primera vista (estar despierto) sugiere un estado de conciencia
completamente diferente al anterior (el sueño) pues uno puede moverse, hablar
con otras personas, publicar en internet, hacer proyectos, ver peligros,
evitarlos y así sucesivamente. Parece lógico pensar que se encuentra en una
situación mejor que cuando estaba dormido. Pero si profundizamos un poco más, y
echamos una mirada dentro de su mundo interior, dentro de sus pensamientos (a
través de lo que publica, por ejemplo, o de sus acciones: dentro de las causas
de estas (luego sus fines), comprenderemos que está casi en el mismo estado que
cuando estaba dormido: sigue soñando, pero es peor aún porque en el sueño él es
pasivo, esto es, no puede hacer nada. Por el contrario, en el estado de
vigilia, puede hacer algo todo el tiempo (por él, por su familia, por los
demás) y los resultados de sus acciones repercutirán sobre él (e igualmente
sobre su familia) y sobre todo, y sobre todos los demás que lo rodean, escuchan
y observan. Y, sin embargo, es como si no se recordase a sí mismo: todo le
sucede: está en una deriva.., No puede detener el flujo de sus pensamientos, no
puede controlar su imaginación, sus emociones, su atención; sus pulsiones-impulsos
—y ahora voy a generalizar—a los que la sociedad (ente social) contribuye y
potencia respondiendo (por medio hoy de las redes sociales) con sus continuas
propuestas de mensajes relacionados con valores y proyectos individuales (y
subjetivos) de necesidades satisfacción inmediata (que no son) necesidades
en si mismas y entiéndase: esta persona vive en un mundo subjetivo de «quiero»,
«no quiero», «tengo ganas», «no tengo ganas»; esto es, vive en un mundo hecho
de lo que él cree que le gusta o no le gusta ( en relaciona a lo que piensa y
dice / pensando en la respuesta positiva de los demás , de lo que él cree
que desea o no desea, y de deseo imperante de reconocimiento por el ente social
( los mismo las redes): me hago una foto en casa o en la montaña, publico (y tú
dale al «me gusta», para que me sienta bien, y yo le doy al tuyo) y venga otra
vez: No ve el mundo real. El mundo real le está oculto por el muro de su
imaginación. Vive en el sueño (su sueño) en lugar de despertar e intentar completar
ese vacío (esa despensa vacía que llenamos de fantasías y tonterías) sin darle
un sentido, de utilidad —en sentido objetivo— a nuestra vida, y con ello
empujar a los demás…yéndonos (saliendo) observar la realidad de manera crítica
y objetiva (esto es dar luz y voz proyectándonos hacia quienes sabemos que lo
necesitan (necesitan una voz y de este modo ayudarnos desde nosotros mismos
antes luego hacia los demás), saliendo del aislamiento al que nosotros mismos
nos habíamos condenado, mojándonos de una vez los pies y que es decir (como
única forma de despertar y luego moviéndonos, yendo más allá de proponer
absurdeces (en redes sociales) una tras otra todos los días. Pero muchos siguen
durmiendo, Y lo que ellos llaman su «conciencia lúcida» no es sino sueño — un
sueño mucho más peligroso que su sueño de la noche, en su cama.
Jordi
Maqueda
Badajoz
– España
2023
jordimaqueda.blogspot.com
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