Del fuego la buena conciencia / jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

Del fuego la buena conciencia―No puedo encontrar sensación más agradable, ni satisfacción mayor que aquella hallada en el esfuerzo de tener que superarme cada día sabiéndome imperfecto y, aun así, siento al esforzarme (pues reconozco) del hecho de tener que superarnos, que después de todo no-es una visión que resuene en lo fundamental del ser humano: . Así la buena conciencia no se fundamenta, sino en la honesta aceptación en el compromiso de desplegarse uno hacia lo que podemos mejorar de nosotros, y que normalmente es solo posible desde la propia experiencia que: “entendemos” del fuego cuando este en menor o mayor medida de calentarnos nos quema / y a otros se lo hacemos nosotros saber «luego saben de nosotros los otros que el fuego quema». Y Entonces, qué es mejor «saber o el hecho mejor y entender» que somos imperfectos, lo que hace que cada pequeño avance y error se conviertan en oportunidades para todos de aprendizaje y saber el uno del otro, ahora y por fin “distinguiendo”: al que entiende del fuego «y se quema » del que dice conocer y saber del fuego a partir de los que se queman.

En este sentido, la historia de la filosofía, se ha dado una especie de apropiación de la experiencia personal del otro—esa experiencia de "quemarse uno", es decir de vivir la vida y sufrir de manera profunda y transformadora las propias experiencias —y cómo estas, en vez de mantenerse como algo singular y propio de uno, se han convertido en un arquetipo o fundamento general y enseñanzas usadas de algunos en su discurso filosófico. Proyectándonos después la misma filosofía desde el siglo VI a.c aquel mismo camino de superación de uno después “de manera general o de nadie concreto-ahí” (esto es→ uno que piensa y escribe de la batalla del otro que se quemó / pero sin batallar él ← y entendamos esto (sin batallar o ser de la misma experiencia él) En este sentido se distinguen dos actitudes

· Por un lado, está el que "de conocer se quema y entiende": es aquel que se mueve del medio en el horizonte de experiencias y atraviesa personalmente los intensos momentos de crisis, de pasión o incluso de fracaso, y de esa experiencia interna obtiene un conocimiento visceral y auténtico entendimiento manifiesto después.

· Por otro lado, se encuentra quien "dice conocer y saber de alguna cosa a partir de los que se queman" y de sus experiencias en el medio: es el que, sin haberse sometido a la experiencia del medio de transformación propia, se vale de relatos, historias o mitos ya establecidos manifiesto de otros para “pretender” poseer el entendimiento que ofrece esa sabiduría o conocimiento de las cosas debido a la experiencia, del otro a quien no reconoce del texto (apropiándose de dicho saber).

Luego observemos el pensamiento de los estoicos (por ejemplo) nos invitará a abrazar→ un proceso ―no siempre transitado de uno, que lo propone desde ninguna experiencia propia e impersonal por tanto ―de mejora constante a cada desafío (inconcreto) luego como herramienta para desarrollar «virtudes→ inconcretas», como la «resiliencia→ o capacidad adaptación de otros adoptada frente a un agente perturbador, antes de cualquier agente perturbador nos perturbe a nosotros en lo concreto» y, de la sabiduría «en general» lo mismo y tener una idea de algo sin conocimiento o experticia de lo concreto).

Muchas corrientes filosóficas históricamente se han apropiado de este camino, usando las experiencias intensas y particulares de algunos individuos— y "quemarse" en el sentido de vivir experiencias profundas que dejan una marca indeleble—para proyectar una idea general de superación, de conocimiento o de una verdad. Pero de este modo, lo que se vivió de manera particular, en el ámbito personal y único, termina convirtiéndose en una lección o un mito que se aplica de forma amplia, a veces sin reconocer la calidad íntima y específica de ese "quemarse" o de quien se quemó (para mayor conocimiento nuestro). En otras palabras, el riesgo es pasar de una experiencia auténtica y personal a una generalización que, al no reconocer la singularidad de cada vivencia ni al individuo de la experiencia, despoja de su fuerza todo ese conocimiento profundo que emerge del dolor y la transformación de uno.

Entiendo pues que esto invita a cuestionarnos acerca de esa apropiación en la filosofía pues ¿No es acaso más auténtico el saber adquirido tras haberse quemado de verdad y trasmitido de uno, en contraste con el saber enunciado sin haber sentido el fuego en carne propia? Esa tensión entre lo vivido intensamente y lo proclamado como verdad general nos debería abrir el melón de una profunda discusión sobre la naturaleza de la experiencia y del conocimiento de la filosofía, y cómo, a lo largo de la historia, se han tendido a convertir experiencias particulares de lo concreto en fundamentos universales (sin sentido alguno) cuando en el proceso de apropiación indebida se pierda la riqueza y complejidad de lo que realmente significa transformarse en el fuego de la existencia.

Así, la buena conciencia de uno (en este caso y en concreto la mía no-es solo de una enorme sensación de placer « mío» empujando a derribar muros en este caso cuando se advierte a otros (ingenuos) de lo obvio), sino igualmente la buena conciencia es del esfuerzo manifiesto de un compromiso ético de uno con nuestro propio crecimiento (de todos nosotros). Esta aproximación (y hablar asentando incluso valores desde la experiencia y penalidades soportadas de otros, desafía a mi entender cualquier ética (al observar desde el pasado siempre lo mismo en la repetición de nada concreto (en el texto /ausente lo mismo él autor o un sujeto de la experiencia del texto que no-es i es nadie ahí) Luego teniendo que movernos y volver al origen valorando el propio camino ―el de uno mismo→ como fuente de verdad y conocimiento propio desde las propias experiencias estas por delante de cualquier destino impuesto lo mismo a decir de las verdades propuestas de otros― y ver pudiendo observar de cada esfuerzo la semilla de una transformación personal (manifiesta) desde entender antes que la perfección ―en su forma ideal (imperfecta)― se alcanza de inmediato precisamente al aceptar antes nuestra naturaleza imperfecta, lo que permite a uno ser→ moviéndose en conciencia m/ esto es: siendo de todas las cosas que son /de antes lo que fueron de una forma/ ahora lo mismo de otra manera (igualmente imperfectas).

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