De Algo pues o nada que decir / jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

―"Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa en el cielo", dice el Eclesiastés. Igualmente, en la tierra «Hay una época para permanecer en silencio, y otra para hablar» (Kierkegaard). Pero la cuestión será: ¿Hay verdaderamente hay algo importante que decir que se encuentre más allá, de la propia vanidad, luego de estar sometido a los acontecimientos?

La dicotomía entre el tiempo de hablar y el de guardar silencio es atemporal y se remonta a las antiguas enseñanzas del Eclesiastés, que nos recuerda: "Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa en el cielo." Este verso sugiere que la existencia se rige por ritmos y ciclos que determinan cuándo nuestras palabras pueden tener relevancia y cuándo es mejor callar. Kierkegaard refuerza esta idea al afirmar que «hay una época para permanecer en silencio, y otra para hablar», subrayando que la sabiduría consiste en reconocer esos momentos idóneos para la acción verbal, en contraposición a la banalidad de discursos vacíos. En este marco, el hablar consciente se erige como un acto deliberado en el que se evita la auto-indulgencia y la vanidad, invitándonos a discernir entre el ruido irrelevante y la comunicación genuina, aquella que emana de la auténtica experiencia del ser.

Profundizando en la cuestión de si verdaderamente hay algo trascendental que decir más allá de la vanidad, debemos considerar que el lenguaje, cuando se libera de los lastres del ego, se convierte en un vehículo para el asombro y el entendimiento del universo. Desde la perspectiva existencialista, es en el actuar consciente y en la profunda asunción de la libertad—tal como propuso Sartre en El Ser y la Nada—donde emergen palabras con un significado auténtico. No se trata de llenar el aire de frases decorativas, sino de articular ideas y sentimientos que surgen del cruce entre el dolor, la esperanza y la vivencia concreta de los acontecimientos. Este proceso, que recuerda también la concepción de la autenticidad en Heidegger, consiste en hablar desde el “ser-en-el-mundo”, donde cada palabra es un reflejo del compromiso personal con la realidad, despojándose de la superficialidad para revelar la esencia que se oculta tras la vorágine de la existencia .

En definitiva, el desafío consiste en identificar y expresar aquello que realmente importa, trascendiendo los meros adornos del habla para alcanzar un discurso cargado de significado. Al haber sido sometidos a los acontecimientos y al haber conocido tanto la amplitud del silencio como el poder de la palabra, comprendemos que nuestro relato no se define por la vanidad, sino por la búsqueda incesante de verdad y autenticidad. La comunicación, en este sentido, se transforma en un acto de creación y renovación, donde cada frase nacida del auténtico asombro por la vida se erige como un puente entre el ser y el universo. Así, lo que decimos se hace eco no de un simple querer ser o verse, sino de una profunda rendición a la complejidad del existir—una invitación a trascender, a despejar el horizonte interior y a revelar, en cada palabra, la huella indeleble de nuestro compromiso con el sentido de la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario