Se puede uno alumbrar sólo con las fuerzas propias de la razón. Pero la razón es pobre de espíritu; no ilumina el alma y entristece a los hombres el corazón. La razón puede llamar todos los días a mi puerta y gritarme, diciéndome cuanto quiera... pero no tengo oídos para ella: escucho al corazón. En este sentido, la renuncia deliberada a la autoridad del pensamiento racional (y general) es, cuando éste y pensamiento lo mismo y de uno se interpone del camino de una experiencia vital y auténtica. Luego de La invitación es atender la voz del corazón (esa que retumba con una intensidad propia, desprovista de frialdad analítica) es una llamada a recuperar el sentir interno y prestar oído al latido que expresa no solo emociones, sino también una conexión primordial con la necesidad de la vida, y recordatorio de que, aunque la razón pueda iluminar de uno ciertos aspectos de la realidad, no puede iluminar las propias tinieblas del corazón cuando realmente hallamos del significado profundo de existir, transcendiéndose así las limitaciones de una mera lógica abriendo paso a una experiencia total y genuinamente humana en medio de la propia oscuridad del uno mismo en lo desconocido de sí mismo.
Desde tiempos inmemoriales, las antiguas culturas (como la sumeria y la griega) han esbozado mitos que reflejan una dualidad fundamental: por un lado, la búsqueda del orden y del conocimiento a través del intelecto, encarnada en figuras que simbolizan la claridad (como Apolo), y por otro, la fuerza irracional, visceral y transformadora que habitualmente se asocia a los misterios de Dionisio. En este marco, se entiende que la razón, pese a su capacidad para disipar tinieblas del mundo, resulta insuficiente para iluminar el alma de uno en su totalidad.. De esta manera, el acto deliberado de renunciar a la supremacía de una lógica impositiva se traduce en una rebelión contra la reducción llamando a adentrarnos en ese territorio nebuloso y enigmático donde las tinieblas se reconocen como parte intrínseca del misterio vital de uno mismo.
Desde la óptica de una existencia propia: rechazar la autoridad del pensamiento racional es, ante todo, un acto de afirmación de la libertad individual (del individuo) y de uno mismo la autenticidad (que prevalece en el no sujeto de nadie (solo de sí mismo y de las consecuencias de sus actos) y de un destino que no puede ser reducido a fórmulas fijas o explicaciones lógicas preestablecidas. Albert Camus, en "El Mito de Sísifo", expone de forma memorable el absurdo de la existencia y la necesidad de encontrar sentido en medio de la indiferencia del universo de los demás, mostrando que es precisamente en la aceptación del caos y en la entrega a lo ilógico luego del impulso siendo cuando el hombre descubre la verdad desde aquello como una voz en el desierto de sí mismo (siendo de lo que es). Escuchar del corazón entonces: aquello que llamamos instinto, en este contexto es, lo que transforma de un ejercicio reconocer que, de la experiencia es solo el sentir de las cosas de uno mismo en sus vivencias y que es eso es que nos conecta con la realidad desde la totalidad, abriendo paso a una experiencia plena y auténtica. Así, abrazar las tinieblas —como parte indeleble de la existencia— implica descubrir una belleza que trasciende de uno los límites de la lógica y los propios temores, permitiendo que el alma se ilumine con la luz de una verdad propia e interior y más profunda siempre llena de matices.
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