Todo acontece y antes por una causa—. Hace tiempo —corría el año 2003— comencé a escribir (desplazado a Extremadura) una serie de singulares textos: de quien se encuentra extraviado entre la literatura, las ciencias y la metafísica”. En aquel libro, suponiendo que fuese un libro, trataba a modo de ensayo y de forma breve, temas específicos referidos a materias diversas, y pensamientos aislados que alternaban sobre temas (añadidos a este cuaderno). Supongo, que pretendía de algún modo razonar. No obstante, ya entonces tenía presente de los ejercicios que me había propuesto que muchos sino la mayoría carecerían de pleno sentido: tal que la contradicción primera habría de residir en el hecho mismo de escribirlos sujetos a la parcialidad y precariedad que resulta de un razonamiento limitado y sobrepasado de complejidad (real) que empequeñece cualquier recurso relativo al propio discurso (S. Pániker). Esa certeza —o agónica imposibilidad— motivó que aquellos textos quedasen relegados al fondo de un cajón, no publicándose o al menos no en el modo deseado. Si bien, y a resultas de aquel penoso extravió hacia vagas lontananzas hube de verme, en algún momento, acometido por el impulso ya no de roer problemas —intentando darles sentido— sino más a observar detenidamente, prestando mayor atención y valorando así diferentes puntos de vista—algunos pretéritos— para, de ese modo, volver luego a redescubrirlos del presente. Sería pasado el tiempo, cuando partiendo ya de otro enfoque —ese que sólo se encuentra cuando todo a nuestro alrededor se está desmoronando, y despertando en nuestro interior ese “temple de ánimo que coloca al hombre ante la nada misma” (Heidegger) que retomase, no solo aquellas primeras cuestiones sino otras, que entiendo a mi modo de ver, son tanto igual o más trascendentales.
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