El modo como he pretendido hilvanar — jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

El modo como he pretendido hilvanar —en relación a las diversas materias y sensibilidades que pueden hallase desordenadas en este cuaderno, tanto o más que dispersas en nuestro tiempo— no es la expresión estricta de una manera de pensar. Tampoco de sentir. Es sencillamente la representación (por escrito) de una manera de pensar y de sentir (de un deseo antes y de publicar) resuelto después en atrevidas formas sutiles que se prestan a todo tipo de elucubraciones ingeniosas, y un tanteo pero, donde empujo al lector obligándole a trasladarse por un particular derrotero; un paisaje cuanto menos singular de uno el propio donde no se acomete el juicio pretendidamente certero y de otros lo adecuado, o conveniente a la razón, exigiendo en todo momento la adhesión de quien pudiere leerlos. Ninguna metafísica interviene aquí a excepción “de aquel espantoso momento, en que uno mismo, en el ejercicio del pensamiento se adivine inmerso”. Pronto se advertirá que lejos de reclamar condescendencia, la esencia de lo escrito asienta, por encima de ninguna filosofía o ciencia, no solo y en el placer mismo de escribir. Placer, que habría de ir objetivando más sobre la arquitectura de una construcción mayor buscándole una voz, en lugar, de afanarme hacia un utilitarismo escrupuloso y creciente: llevado a recetario (como refiere Savater) y que se observa hoy en tantas librerías. Sin embargo, con ello no he pretendido abandonarme hacia a una puerilidad o sinsentido que todos, en mayor o menor medida y de un modo u otro, hemos conocido. Más al contrario, el esfuerzo deliberado de este cuaderno creo, mostrará un particular modo de desenvolverse en sí mismo: en sus propias formas (formas que no allanan precisamente el camino ( del otro) pero, sin que ello se oponga jamás a un fondo común; fondo, por cierto, siempre difícil de integrar el uno de otro de sus propias experiencias—pero que si no siempre “práctico” al menos resultará interesante de recorrer— y para el que considero unas sencillas reglas, estas representadas en esencia en el interés, la observación y el respeto a la ciencia, la filosofía y el arte. Si bien, lejos de los rigores de la primera, más próximo a la estética y formas de la segunda, y sobrepasado por la imaginación y la extravagancia del tercero. Sin embargo, «toda observación es relativa al punto de vista » afectando al fenómeno que se observa. De tal manera, que igualmente cabría esperar que la lectura sea relativa al punto de vista del lector, que de algún modo condicionará, “siempre” lo leído, afectando causal o intencionadamente al sentido que verdaderamente se representa. De modo, que me gustaría invitarles a que considerasen la posibilidad de sufrir este cuaderno más, como quien lee para sorprenderse —dejándose extrañar— antes que para juzgar lo expuesto. Y para ello apelaré, a su buen sentido no tanto como a su razón y juicio, pues del buen sentido ya en su tiempo nos refirió, el propio Descartes (1556–1650) como «la cosa que mejor repartida está en el mundo, pues de la razón todos tienen, y no suelen apetecer más mas del otro y razón, de la que ya tienen.

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