De (algo) pues y alguna cosa que decir o no decir nada―"Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa en el cielo", dice el Eclesiastés. Igualmente, en la tierra «Hay una época para permanecer en silencio, y otra para hablar» (Kierkegaard). Pero la cuestión será: ¿Hay verdaderamente hay algo importante que decir y que se encuentre más allá de la propia vanidad, y estar sometido a los acontecimientos?
La separación entre el tiempo de hablar y el de guardar silencio se remonta a las antiguas enseñanzas del Eclesiastés, que recuerda: "Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa en el cielo." Este verso sugiere eso: de la existencia de cada uno que se rige por ritmos y ciclos que determinan cuándo nuestras palabras pueden tener relevancia y cuándo es mejor callar: y no decir siquiera nada. Pues hay cosas que, de una palabra, al nombrarse se rompen al tratar de explicarse, perdiendo su profundidad. En esos casos, ni siquiera el lenguaje metafísico —eso hablar de nada— alcanza el verdadero respeto que precisa sostener no invocar ese vacío donde se guarda del alma propia (eso) sin traicionar después al espíritu: el silencio no es entonces la ausencia de palabras, sino exigencia de otro lenguaje; y callarse, puede significar de uno entonces esa forma de dignidad hacia si mismo, cuando hay cosas y verdades que reclaman un espacio sin retumbo que no-es para los demás.
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