La filosofía no es repetir lo que ya fue dicho, sino hacer que lo dicho vuelva teniendo que ser de otro modo, desde otro lugar; entonces: Cuando se le dice al filósofo que repite lo que ya está de un texto dicho y que habla de otra manera de lo mismo desde su propio comentario, se le está invitando a pensar de nuevo, no a abandonar el texto del otro, sino a atravesarlo; se le confronta a observarse de los propios límites de su pensamiento respecto a algo, que todavía no ha sido y entendido en lo no manifiesto de uno como lo propio / no de un comentario. Pues no se trata de comentar algo para otro lo que el otro tiene que entender por si mismo, sino de crear alguna cosa de unomismo desde el entendimiento propio de algo que no es antes todavía lo de uno. El filósofo que acepta esta crítica puede transformarla en impulso: para pensar más allá de lo dicho en lo no dicho todavía. Pero si su discurso no excede el texto anterior, si no lo atraviesa con su propia vivencia de alguna manera, entonces no es de ninguna manera pensando sino que está de otra forma en el “decir de algo” (o de la opinión (de algo de otro) y desde ninguna cosa (hablando sobre nada propio) y, esto le lleva a pensarse de eso sobre sus propia cenizas: simplemente estaba diciendo nada y solo reproduciendo Luego Entiendo que quien piensa (algo) y se piensa de eso mismo desde alguna cosa propia no puede limitarse después a repetir de cualquier manera lo que ya está dicho en su forma, aunque lo diga de otra manera (y mucho menos entendería explicarle a nadie lo de otro, que en todo caso tiene que ser y entendido desde uno ser-ahí de aquello mismo del otro desde unomismo).
Entonces cuando se le señala a otro que su discurso no excede el texto, que no lo atraviesa con su propia vivencia, se le confronta a observar el límite de su pensamiento: desde lo impropio que –es y lo propio de uno que no-es (eso→ que de unomismo todavía no ha sido expuesto). Pues No basta con interpretar; hay que habitar de la propia forma lo leído entendiendo luego aquello (desde lo de uno mismo), dejando que del texto del otro se nos revuelva de la propia experiencia a decir de aquello algo que no estaba previsto, como acontecimiento. Pero el discurso filosófico no se desplaza y no se transforma y contamina con la vida del que lee y piensa, entonces no estará después filosofando: sino glosando desde nada que le pertenezca. Porque pensar no es repetir, ni siquiera reinterpretar: es moverse del texto del otro sin traicionarlo pensando en su sentido original, desde ese punto donde uno se siente inmerso y lugar antes donde lo leído des pues de uno se vuelve propio; luego el pensamiento filosófico no se define por su fidelidad al texto, sino por la fidelidad de uno en la capacidad de si mismo y abrirlo de un espacio todavía indefinido en el que de este aún no ha sido de uno lo dicho. Pero esto exige una forma de lectura que no sea técnica ni funcional, sino existencial: una lectura que se juegue teniendo que ser de carne y hueso de lo mismo antes (algo) del texto luego interpretado en la intrahistoria propia de uno y verdad singular de aquello desde alguna cosa propia / y no de la forma de simple objetividad y forma de desactivación del tener que uno ser→ del pensamiento propio que implica leer desde uno mismo.
La lectura académica como forma de neutralización, en su forma más institucionalizada, tiende a operar bajo el principio de distancia metódica: que privilegia la fidelidad al texto, la reconstrucción del contexto, la precisión terminológica y de la cita correcta del texto. Todo esto tiene su valor, sin duda, pero cuando se convierte es en sí mismo como fin, el pensamiento queda entumecido y el lector o estudiante ya no se arriesga ni se expone, no se transforma de aquello y se limita a entenderse replicado del texto en el comentar desde dentro sin haber entendido aquello mimo antes desde y uno mismo desde fuera. Así el texto se convierte en objeto del lector técnico en la distancia que lo propone como medio para su fin. Perdiendo la posibilidad que de alguna forma el texto le toque, y de algún a manera del pensamiento se presente aquello mismo antes de una experiencia semejante y propia donde el decir antes de algo se vuelva después propio. Pero a lo que vamos: Esta forma de lectura académica bloquea el acto filosófico originario, que no es el de explicar el texto sino el de mostrar-lo que tiene que ser de uno mismo entendido desde sus propias formas y entendimiento propio del medio, y se entienda como lo que no es de uno todavía (y ausencia pues de la propia forma (entendida esta ausencia que no-es y de alguna manera es lo mismo después encarnada de alguna forma.
El bloqueo como forma de protección que nula el pensamiento no es accidental: es una forma de protección. Pensar desde uno mismo implica riesgo, implica exposición, implica decir algo que no estaba previsto. La lectura académica evita ese riesgo al proteger al lector o estudiante de sí mismo. Pero en esa protección se impide el acontecimiento mismo del pensamiento. El texto ya no se abre, no se transforma ni transforma y finalmente cansa, convirtiéndose en otro archivo más, en otra referencia más, en más material. Y el lector, o estudiante queda en mero operador y cirujano del sentido heredado. La reapropiación entonces como acto de singularidad no es una estrategia retórica, sino una forma de existencia que Implica del filósofo, del pensador o estudiante que entiende no puede hablar de algo sin haberlo atravesado antes ni haberlo pensado dejado tocar su propio modo de estar en el mundo. El pensamiento ajeno no nace de la propia experiencia de uno después de alguna forma y que no se encarna permanece siempre ajeno a uno, por más que se cite, se comente o se analice. Y ese ajeno, cuando se eleva a discurso sin haber sido vivido, se convierte en violencia epistémica: no porque sea falso, sino porque es lo no tiene cuerpo ni lugar, tampoco tiempo y sin mundo (es pensar: la nada)
¿Y si el filósofo no responde? Si el filósofo no se incomoda y no responde ante esta crítica, si no se interroga, entonces quizá no es ni está. Porque la filosofía, en su núcleo, es una inquietud luego práctica que precisa el siendo (y de uno) El que no se perturba ante la acusación de repetir siempre lo mismo sin encarnarlo de sí mismo, está en el confort del saber, no en el riesgo tener que volver a su pensamiento; pero (El, les dijo: Al caer la tarde decís: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo. y por la mañana, que habrá tempestad porque el cielo está nublado y amenazante. Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos (Mateo 16:2-3). El término "Mishná" (משנה) proviene del verbo shanah (שנה), que significa literalmente del hebreo “repetir/ pero La repetición no es aquí redundancia mecánica sino forma de repetirse lo que no-es todavía de uno y que es volver a pasar por el corazón (y sentir después de uno (eso).
Que no repite para conservar, sino para madurar el sentido donde repetición es revelación lenta de alguna cosa que todavía no-es y forma antes de hacerse cargo hasta entonces de algo (entendiendo de las señales y del tiempo (ser del propio tiempo). Mishná, lo nuevo es lo que vuelve a decirse con profundidad, lo que se repite con conciencia de uno Desde esta perspectiva, la repetición no es lo contrario del pensamiento original, sino su condición. Repetir es volver a repensar de nuevo (algo) desde otro ángulo, desde otra generación, desde otro cuerpo (de otra manera de entendiendo de lo propio despues antes algo de uno)
¿Y qué le dice esto al filósofo? Que el pensamiento no siempre debe huir de lo dicho. Que hay una sabiduría en volver sobre lo ya pensado, no para repetirlo sin alma, sino para re-pensarlo desde el propio horizonte. Lo que tú llamas “desarraigo ontológico” ocurre cuando se toma lo ajeno sin esta repetición consciente, sin este paso por la interioridad de lo,m que es eso mismo despues de uno.
¿Qué nos dice esto hoy?Que el pensamiento no siempre debe buscar lo nuevo, lo original, lo inédito. A veces, volver sobre lo dicho es la forma más profunda de hallar de uno mimso. La Mishná nos enseña que repetir no es retroceder, sino profundizar. Que el saber no se agota en su primera formulación, sino que se revela en el retorno. María Zambrano, hablaba pensamiento como “revelación lenta”, donde lo dicho vuelve a decirse hasta que se encarna (enteida de alguna cvosa de uno).
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