Regreso a Ítaca-/ jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

Desde hace años me he vuelto a mirar de otra manera. Luego no es solo observar sino escuchar igualmente (se entiende que lo mismo a otros) y ser de aquello mismo después en ocasiones uno de alguna manera: mejor. Algunos confundidos pueden llamar a esto "contemplación", pero no me confundan a mí con el contemplador ausente del reflejo de la luz; pues nunca se deben cerrar los ojos a la realidad. Para mí, contemplar significa avanzar de frente hacia algo del medio y asumir la presencia de lo que se cruza en mi camino sin esquivarlo; aunque, a veces, esta forma de moverme o acercarse uno del impulso sin rodeos ni evasiones a las cosas, me ha causado algún problema, pues me lanzo a ellas (y de cosas mismas luego) situándome ante aquello mismo antes de que el propio pensamiento las entienda. Pero en ese avance ocurre algo: cuando observamos que es necesario detenerse (por ejemplo ante una viuda negra) y quedarse frente a ella, lo mismo frente un objeto o persona y de una situación lo mismo—dejar ahí que los instantes se sucedan― permitiendo que lo que es se proyecte y sea de alguna forma reflejándonos de aquello que de alguna manera podemos entender (de sostener firme la mirada) no precisamente, y en aquel y caso concreto: de una margarita.

Luego se observa (creo que de una manera u otra y lo observamos todos) que muchas personas viven atrapadas en la voluntad y del deseo alejadas del sentido propio y primer impulso propio, sirviendo a deseos en la desatención suficiente como para no escuchar lo que realmente debería ser atendido, y cerrando los ojos a ese medio común donde ciegamente se aferran algunos a lo que creen necesitar y nada más, ignorando lo que se presenta ante ellos de algún significado por alguna necesidad. Luego Saber escuchar—escuchar de verdad—implica primero entender que es y significa observar desde (detenerse) a escucharse y observarse primero uno mismo en el reflejo de alguna cosa propia y del camino, y no solo seguir ciegamente los dictados de una voluntad ajena redundando en lo que hacen los otros: en la repetición continua.

Pero este problema no es nuevo: "La utilidad material es el gran ídolo de nuestra época y a él deben complacer todos los poderes y rendir homenaje todos los talentos."―Friedrich Schiller. En otras palabras, todo queda sometido a una razón práctica (de recompensa inmediata) en la afirmación de creer saber todo sobre lo que necesitamos, y que principalmente parece ser “el reconocimiento de los demás” como recompensa inmediata o primer estímulo al impulso después de hacer nada; luego ignorando la llamada silenciosa de aquello que se presenta ante nosotros sin estridencias solo esperando y precisamente “ser→ del pensamiento, de uno reconocido) es decir→ esperando un poco de empatía por parte de nosotros cuando nos liberamos de esa voluntad ajena que reconocemos impuesta de los deseos en los que nos reflejamos de otros (y reconocemos los mismos de los otros) manifiestos de aquellas cosas que deseamos o deseamos hacer y hacemos en la repetición continuamente (imitando) lo que hacían antes otros. Entonces: solo librándonos del deseo y lo mismo del deseo de recompensa inmediata podemos movernos a ver el mundo de otra manera: con cierta claridad no desde la perspectiva condicionada e impuesta de la inmediatez de satisfacer necesidades impropias (y deseos ajenos) de otras voluntades que nos impulsan), sino desde un estado apropiado de conciencia del medio que nos proyecte del horizonte luego en la necesidad conforme de tener que ser → del pensamiento) de unomismo) hacia lo que es y es todo eso (las cosa que son y existen) y movernos de ellas siendo de avanzar lo mismo del pensamiento siendo después desde nosotros mismo en las cosas misma que son frente a nosotros y reclaman de nuestra atención / / a saber: si somos de alguna forma auténticos o bien solo un reflejo que se mueve de lo que dice el otro al mismo compás de los demás (y que sale corriendo ante una tarántula (solo porque dicen si la molestas ciertamente puede saltar y morderte / en lugar de pasar unos instantes observándola sin molestarla).

Luego alcanzar esa objetividad (de poder ser→ del pensamiento, de unomismo / y del instante siendo de lo mismo y de lo otro después en la distancia corta / y sin molestar) es un proceso de desprendimiento y separación respecto a lo de los otros impuesto (y lo mismo el miedo) no igual como del deseo de recompensa inmediata), para finalmente encontrarse en el camino propio hacia alguna cosa concreta en tiempo y lugar—aunque el destino no se revele de inmediato; pues tanto conocimiento como destino no es o no son una metas en sí mismas destino final, sino lo de un viaje continuo donde cada paso nos acerca y de las cosas misma que son a estas) desde una visión y percepción más completa y compleja de la realidad despojada de todo artificio. Solo en ese entendimiento del camino de unomismo, se conquista de forma propia (y de sí mismo el mundo (relacionándose) de forma que no obedece al miedo ni se rinde a los dictámenes del deseo impuesto, sino que se proyecta del horizonte con una mirada renovada, auténtica y libre.

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