Y De una mujer- mantengo esa incógnita fascinante y profunda, de la que se podría decir que cada mujer encierra una profundidad inexplorada, lo que yo llamaría un volcán de emociones que se activa cuando su corazón marca una dirección concreta siendo su intensidad impredecible, no como la certeza entonces en que no hay contención racional ni forma que la detenga, cuando la pasión como flujo imparable de lava se convierte en guía derribando límites, arrastrando certidumbres y creando un territorio nuevo donde solo su voluntad es soberana. Así pues hay algo que descoloca tanto como inquieta de esa inesperada aparición de fuego interno que no es solo pasión, sino potencia que, en su esencia imprevisible puede transformarse en ira, decepción o tristeza súbita. Luego el verdadero dilema de uno no reside simplemente en que puedan y estallen—porque, inevitablemente, en algún momento lo harán—sino cuándo y dónde esa energía desbordada encontrará su cauce y entender que la magnitud de esa fuerza al irrumpir dinamitando puede cambiarlo todo en un instante arrasando en una explosión súbita de su perímetro todo alrededor. Luego comprender esta incógnita es aceptar que nunca se podrá resolver del todo y anticiparse (cuando lo has vivido) es entender. Porque así como el volcán es impredecible y la naturaleza de una erupción obedece a sus propias leyes, lo mismo en la mujer, no es algo que pueda ser reducido a explicaciones o formulas racionales. Se trata por tanto de vivir su presencia como una fuerza natural que trasciende lo meramente comprensible y cuya esencia es, impulso, movimiento y transformación de la vida y todo en derredor desde la pasión y el misterio que, precisamente por no poder ser resuelto sigue siendo una de las más bellas incógnitas para un hombre. Es en esa incertidumbre es donde reside la tensión entre admiración, fascinación y desconcierto (cuando estás trabajando en algo propio, sabiendo luego que deberás parar / y mejor entonces es alejarse antes por un tiempo (de ellas).
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