La vida como forma crítica (jorge maqueda merchán / jordi maqueda) Aceuchal / Badajoz - España)

 La vida como forma crítica. De algún modo, la reflexión e incluso en ocasiones la denuncia, han sido formas antes / luego de unomismo (eso) con las que he aprendido a afrontar el presente, enfrentando la realidad que me ha tocado vivir: lo mismo aquello entendido el drama de las guerras y otras tragedias que se dan en el mundo principalmente a causa de los desastres Naturales y tantas otras monstruosidades. Luego pensar todo esto, que de manera directa o indirecta todos hemos sentido, es, entendiendo que hablar de aquello mismo que acontece en nuestro mundo es lo mismo que de alguna forma sentimos igualmente todos, pudiendo de alguna manera ser→ del pensamiento de aquello mismo haciendo después un ejercicio propio de reflexión y cuando es necesario de denuncia escribiendo de aquellos mismos sucesos, al tiempo que se construye un canal o vía de comunicación abierta, que pretende pudiendo dar voz a los olvidados que han perdido no solo un territorio, sino también los sueños que el mundo después ha desestimado.


Luego, es fundamental entender que reflexionar sobre esto y otras materias o sentimientos, no requiere de grandes saberes previos; y basta de uno moverse en el mundo y sentir en la piel el latido del corazón también del otro / y esto es: mostrando una mínima disposición hacia desarrollar un pensamiento propio desde la empatía en lo que acontece a los demás que podemos entender. Pues luego acometer de alguna manera aquello mismo que de alguna forma nos afecta y todos sentimos, se revela una forma veraz de conocimiento donde el sentir se fusiona del actuar después de alguna manera y de una forma, por ejemplo: de un texto, para dar luz y lugar a una conciencia más profunda y libre de unos hechos o experiencias que nos pertenecen de alguna manera cuando estos son de alguna forma lo que sentimos todos. Este conocimiento o entendimiento mejor forjado del fuego de la experiencia, se convierte en conciencia y de la empatía en un faro para aquellos que, sin importar su origen, como unomismo y del pensar anhelan el habitar y el construir un mundo mejor donde la dignidad prevalezca.

Entonces: cuando contemplo el sufrimiento que causa la violencia o la indiferencia y ante la despersonalización epistemológica de la propia identidad ―donde la persona se siente desconectada de sus propios pensamientos, emociones y ausente del sentido de sí mismo experimentando esa sensación de extrañeza, como si se estuviera "separado" de las propias experiencias, y ajeno como el extranjero absoluto de su propia vida y existencia ― pienso! y no solo acerca de aquello, sino que proceso del sentir reflejándome de lo mismo moviéndome después al examen u observación volviendo (entendiendo de algo antes propio) después interpretado de un ejercicio de reflexión que comprende de alguna cosa que puede ser lo mismo y propio después (y del lenguaje como herramienta y la filosofía entendida como su instrumento de observación natural y estudio critico social de nuestras sociedades, donde cada palabra se carga contra las estructuras que perpetúan un sistema guiado de intereses y voluntades egoístas e impuestas que, a través de deseos ciegos, generan sufrimiento– precisando de un acto de redención y revelación donde el conocimiento y la autenticidad se proyecten hacia ese entendimiento de que: “alguien” (“algunos” y “algunas”) siempre quedan en el olvido y sin nombre siendo de algo después que entendemos todos de alguna cosa de un signo o nombre que se nombra lo que refiere pero no significa: nada de nadie de lo acontecido.

Pero si pretendemos averiguar de las cosas que acontecen a los hombres, lo más apropiado entonces, es mirar de los propios hombres y de sus nombres y de cada uno en ellos. Por esto, en muchas ocasiones vuelvo la vista sobre mí mismo (lo más cercano y conocido, que de alguna manera entiendo) buscando desde aquello propio a priori ambiguo o indefinido (y en general: todo aquello que le acontece a uno, luego no es igual hablar de aciertos y errores (opinando), que no lo mismo hacerlo uno desde sus propios actos (lo de unomismo) manifestando: que, por cierto, sólo han sido de uno y por los que no puedo señalar a nadie; en este sentido pudiendo hablar de saltar de un barco: en el que hubiese encontrado “la misma felicidad absurda de los otros” y que a priori puede parecerle al otro más inverosímil que duro, pero más duro hubiese sido dejarse arrastrar de otros y otro rumbo junto a las miserias que quedaron abordo.

En la vida la cosa más fácil es “equivocarse” (entre comillas) y lo más difícil darse cuenta uno después. No hay indignidad en reconocer-lo que le causa a uno malestar. El océano de la vida es inmenso, y sólo deseo poder elegir el momento y tiempo adecuado para retomar el rumbo y volver al propio camino con naturalidad, y al hacerlo dejar atrás la isla que, desde el recuerdo cercano me produce esa angustia de tener que sentir que estamos en un lugar que no es todavía el que nos pertenece, y es por ello que hay que saber elegir (evitando todo cuanto produce ese mal estar y las personas que lo causan, esas mismas que fingen afectos en lugar de tenerlos. Sin embargo, si hay algo en esta vida mucho peor que cometer errores, es, precisamente (no entender de ellos, en los propios errores reconocidos luego el acierto entonces de cometerlos) para poder reconocernos primero (y de la caída igual lo de unomismo en ellos (todavía) mas luego remontando de lo mismo antes de uno hasta encontrar ese lugar y destino donde somos nosotros por nosotros mismos los únicos responsables de nuestros actos y de nuestras emociones, pensamientos y decisiones; por tanto, siempre existe de la posibilidad de moverse de alguna cosa propia antes: en la opción de decidir por qué, ante qué y quién consideramos o elegimos después participe de nuestro camino (donde otras personas siguen en tierra de nadie y en la nada perdidas deambulando el laberinto de la existencia). Con esto se quiere decir, que la conexión con el otro o los otros es siempre importante (…) para no perder la dirección correcta, y encontrar sentido a lo que hacemos en la vida; igual que ocurre con los vínculos afectivos (familia, amigos o pareja) sin olvidándonos por completo de nosotros.

Sin embargo observamos→ cuando una persona pretende individualizarse separándose pero estando de los demás hombres y cosas, siendo de lo de unomismo y estar en alguna cosa, se encuentra muchas veces incomunicado con las fuentes de las que se debe nutrir para poder seguir→ siendo de lo mismo; luego en ese vacío extraordinario donde no le queda otra que reflexionar no encontrando objeto de juicio sobre alguna cosa, más que sobre esa nada de uno que es y (es) por un tiempo y de uno donde se asienta, y la tristeza donde entiende su propia consecuencia. Por lo tanto se trata, por encima y no sólo recapacitar, de hacerlo adoptando una condición reflexiva apropiada, que le permita indagar a uno en su interior, encontrando en este los propósitos necesarios que le mueven siempre: eso de unomismo.

Pero y si bien es cierto es que existen múltiples maneras de definir el sentido de la vida de cada uno (tantas como personas) todo se resuelve en que lo que importa primordialmente, que no es dar un sentido general o universal a la propia existencia, sino más bien encontrar en ella ese significado que nosotros otorgamos a un momento dado en lo dado de un instante, contestando así al sentido mismo de la propia vida (ser y tiempo) respondiendo al respecto luego del acto de unomismo, entendiendo, que aunque hayamos invertido de nuestros momentos energía, esfuerzo y corazón, la vida siempre es justa (aunque tantas veces parezca lo contrario)

Y cuando las cosas van mal dadas, siempre tendremos dos opciones: aceptar que no podemos cambiar ocurrido y, por tanto, que somos víctimas de las del devenir; y las circunstancias; o bien, aceptar que efectivamente no podemos cambiar lo que nos ha ocurrido pero sí nuestra actitud hacia ello; y si quedamos sujetos a las circunstancias o si bien actuamos con responsabilidad y libres de las trampas del placer y la satisfacción inmediata. Pues el sentido de la existencia en general siempre es siempre cámbiate: nunca cesa en la alteración y a cada momento de muestra vida tenemos la oportunidad de tomar esas pequeñas decisiones que le definen a uno después cada uno de sus instantes

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