Kierkegaard y la dimensión ética del silencio:/ jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

Kierkegaard y la dimensión ética del silencio: no callar por temor, ni hablar por inercia, sino actuar desde una conciencia lúcida en el momento / es afirmar que «hay una época para permanecer en silencio, y otra para hablar», subrayando que la verdadera sabiduría consiste en reconocerse unomismo de esos momentos idóneos para afirmar una verdad, en contraposición a la banalidad y esfuerzo que le supone a uno tener que soportar discursos vacíos. Luego el hablar conscientemente se erige como un acto deliberado en el que se evita la auto condescendencia y vanidad, invitándonos a discernir entre el ruido y comunicación genuina: que emana de la auténtica experiencia de uno desde moverse por senderos de vida donde el silencio no es ausencia, sino profundidad: en tiempos donde la saturación de palabras disuelve el peso y significado de las mismas quien no se reconoce de la interioridad propia del hablante. Por todo ello, en algunas ocasiones observamos el silencio como más elocuente que mil discursos de nada cuando este (silencio) guarda de uno lo vivido, por ello mismo distinguiendo que hablar es entender un acto de responsabilidad (y que lo mismo y responsabilidad de uno es a veces mejor callarse: ante (la “charla vacía” o “habladuría” sin arraigo del que circula sin compromiso y se repite en lo dicho por el otro deslizándose por la superficie de la tierra y las cosas sin tocarlas.

Precisamente reconocemos de esta forma de hablar una de las maneras en que el sujeto cae en la inautenticidad: al hablar y repetirse sin comprender de lo que dice, lo que no dice, llenando el mundo del murmullo que solapa cuando el mismo lenguaje se convierte en ruido y deja de revelar las realidad para repetirse del otro encubriendo la ausencia de experiencia propia. “El que sabe no habla o no puede y el que habla no sabe”, no es sino advertencia: de que el conocimiento profundo en relación a alguna cosa, siempre, nace del entendimiento del propio camino de uno y no puede capturarse en palabras; cuando hablar demasiado es señal de que uno aún no se ha comprendió; por tanto, uno guarda silencio ante el otro por respeto a la complejidad de lo real es y existe profundizando la cuestión, por si verdaderamente hay algo trascendental que escuchar en lo dicho, y (más allá de la propia vanidad: esto es→ cuando el lenguaje se libera de los lastres del ego como vehículo igualmente para el asombro y entendimiento del orden de las cosas que son y es donde emergen (de un diálogo) las palabras después en su significado auténtico, específicamente de los nombres en la relación de estos con las cosas mismas.

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