(BLOQUE a00) UN HOMBRE EN EL CASTILLO— Para los pocos individuos acostumbrados a observar-se de la sombra del otro: individuo / En el ámbito de la filosofía, a [Posteriori] estar "Del Hombre" de alguna otra forma (En El Mundo)

Esto que no-es de una forma todavía alguna cosa nace de una necesidad antes y escribir, cuando de "la existencia" la palabra se ha vuelto aquello que sin pensar usamos sin saber qué decimo… y de qué hablamos cuando pensamos eso. Vivimos, trabajamos, decidimos, publicamos, opinamos… pero rara vez pensamos desde dónde, ni qué forma existimos o tiene ese estar propio en el mundo que damos todos por supuesto pensándonos de una forma que no pensamos de que es→ lo que está siempre de algún otro y es pensado de alguna forma lo mismo propio siempre y de alguna forma/ de existencia después que no es lo propio pensado después ni lo mismo como lo propio que entendemos antes de nosotros) luego este un intento de recuperar (mostrando de uno (esto) de esa densidad que falta y no-es pero es lo de uno solo manifiesto de alguna forma / lo que todavía no tiene forma pensado lo mismo y tratado / entendiendo de cada uno lo que puede estar de lo mismo o pensado lo mismo, no de la misma a forma después igual lo mismo que es: lo propio).

Escribimos porque intuimos no solo que algo falta: sino algo falta y es igualmente un modo de decir algo que tenga que ver co (lo que-es) “existencia” y no sea lo mismo siempre repetir igual que antes, falta pues una manera de pensar que no sea inercia lo que se dice sin pensar siempre lo mismo / y una presencia que no sea solo mostrarse ante los otros. Este "libro" (como materia en evolución) siendo de la palabra busca de sus textos significantes y estar de lo que aún no está dicho, siendo lo que vibra dentro antes de convertirse, de alguna forma, lo pensado de una forma depures , entendiéndonos antes de lo se-es antes y estar sintiendo de unomimso de alguna cosa pensada antes de otro y de ser-lo pensado nombrado de alguna forma después de un nombre que esté de alguna forma igual de lo que ha sido él y es. No escribimos pues para definir, sino para abrir un espacio donde la existencia de (lo que es) de alguna forma lo que fue y no ha sido pensada de una forma pueda ser de alguna otra forma estando pensada de nuevo.

Lo que buscamos es simple y radical: entender cómo hacemos lo que hacemos y, por qué lo hacemos así, y no de otro modo / de qué forma (explicado de alguna otra forma) se adopta nuestra manera de estar en el mundo. Luego hay que morir de una forma para de estar en el mundo de otra forma (de un texto siendo (en el desierto) sosteniendo toda torna que puede ser lo más afinada y en lo posible (que este después) de alguna manera sosteniendo lo transformado. Este tratado es, entonces, lo que no es todavía de una forma y es responsabilidad: pensar la existencia ( lo mismo del otro) para existir de alguna otra forma después del otro / siendo antes de él Partimos de unos bloques previos que no-es teoría ni tratado, sino Observaciones Fundamentales siendo de alguna forma lo que está y son notas, fragmentos, intuiciones, registros, huellas del pensamiento que han ido apareciendo a lo largo del tiempo propio de uno que contienen la materia prima de lo que se-es y está después de alguna otra forma siendo lo pensado como lo propio pensado después sobre la existencia, al mirar de frente lo que ya se ha visto y sentido eso pensado después de lo vivido y ordenar de lo pensado todo aquello para reconocer lo que insiste de antes de haber sido sin haber sido aún formalizado son el lugar donde la existencia es / lo que ya ha sido y es lo que está siendo Tratado sin haber sido todavía articulada (y de otra forma: Tratado) siendo archivo previo: de lo que ha quedado registrado antes de que la forma aparezca no puede nacer de la nada: un Tratado Debe nacer de lo que ya existe, de lo que ha sido observado que ha dejado huella. Por eso, este primer movimiento consiste en organizar, depurar y comprender esto como bloque de más de 500 páginas: no para cerrarlo, sino para descubrir lo que exige (a cada uno) ser pensado después: Tratado / siendo antes preso y de la Razón lo que existe tratado).

— Un hombre en el castillo— En el ámbito de la filosofía, a [Posteriori]— De los niños —Una forma más definida de critica —La ruta de la servidumbre —El neoliberalismo —"El pasado es recordado muchas veces dramático — "El pueblo español se entrega al suicidio— Respecto del sinsentido de la existencia— Desde un estudio de PD. Ouspensky,



Un hombre en el castillo— Los siguientes textos y pensamientos no responden a otro deseo, por el momento, que a ampliar los escenarios de este blog con nuevos textos y criticas, así como a desarrollar algunos trabajos, y publicaciones que inicie recién llegado a Extremadura 1998, y que surgieron al margen de mi actividad entonces (trabajo), y de mi pasión por la exploración. luego y Si lo piensan, puede parece absurdo estar en un palacio Palacio de Ishak Pasha del que se dice que es la última gran obra otomana en pie, y que nada más llegar, yo me sumerja directo hacia las Mazmorras, justo después de haber divisado el horizonte más extenso que vi jamás, abarcando la vista de Armenia, Irán y Turquía, desde los 5000m de altura, en un solo giro de vuelta. Luego, y esto es lo que pueda resultar más curioso, es que precisamente (esta foto Arriba) es la que mejor define la realidad social observada.

Estamos tan poco habituados a observar los individuos, por nosotros mismos los hechos sociales de una manera objetiva, que algunas afirmaciones aquí contenidas podrán sorprender a algunos. Sin embargo, existe, además de una ciencia de las sociedades, igualmente, la posibilidad de una observación individual (subjetiva) de esta, y de la que, cuando ocurre (habiendo esquivado aquellos comentarios acerca de unos prejuicios tradicionales) deberíamos poder esperar que consista, haciéndonos ver las cosas de un modo o ángulo distinto (singular) al acostumbrado de cómo le aparecen al pueblo/ la mayoría (en sus comentarios), pero igualmente distinto, al de los propios científicos (de sus estudios sociales). Luego toda observación tiene por su objeto esclarecer /revelar: hacer descubrimientos, y todo descubrimiento, cuando es tal descubrimiento, suele desconcertar en mayor o menor grado, tanto al observador, en mi caso, como (en el caso del lector) al que luego se le revela lo observado. Así pues, y en lo que respecta a la observación, en este caso de la sociedad, es preciso que el observador, se decida resueltamente a no dejarse intimidar, tampoco por aquellos resultados a los que le lleven sus exploraciones, si fueron conducidas libres de prejuicios: luego, además, nada mejor que la experiencia (en este caso de lo pasado), como aquello que nos afectó de un determinado hecho, después de conocido el resultado de su desarrollo, y revelado a [Posteriori], o literalmente→ a partir de lo sucedido.

En el ámbito de la filosofía, a [Posteriori], se emplea para referirse al conocimiento inductivo, esto es→ conocimiento adquirido a partir de observaciones específicas (de alguna cosa y moviéndose a ella para del acto de la misma observación como experiencia extraer conclusiones, como forma de razonamiento en que la verdad de las premisas apoyan la conclusión, ascendiendo de los efectos (después→ a sus causas (primeras): El conocimiento puede ser a priori o a posteriori. El primero (a priori) es el que no funda su validez en la experiencia (en este conocimiento a priori reconocemos en Kant); el segundo: el conocimiento a [Posteriori] funda su validez en la experiencia del acto antes de uno-ahí-moviéndose hacia→ una cosa y observando Y de la observación específica de uno (hacia→ una cosa concreta) luego un conocimiento dado de la propia experiencia de uno hacia aquello concreto y observado / A posteriori, significa 'con posterioridad a un hecho o una circunstancia determinados, y se opone radicalmente a [→ a priori]. Luego, si buscar la paradoja es propio de un sofista, esquivarla cuando los hechos la imponen es propio de un espíritu sin coraje o sin fe en sí mismo. Después hay una forma de razonamiento, o razonar de uno, que va ligado a un argumento "necesario" en el que existe una premisa capaz de identificar patrones de los que se extrae una conclusión general. luego este razonamiento inductivo→ consiste en considerar varias experiencias individuales moviéndonos del acto hacia personas y cosas para extraer de ellas un principio más amplio y genérico... en el sentido de un principio→ capaz de representarlos a todos.


Cuando inicie este proyecto , cuyas primeras publicaciones aleatorias e impulsivas datan de 2001/03-2011, lo que me había propuesto no era nada concreto, y al margen de publicar en este algunas de mis correrías, escribía igualmente manifestando de algún modo, lo que desordenadamente (o eso pensaba yo) me venía a la cabeza, y que parecían entonces más las simplezas propias de un descontento / lo que de cierto no encajaba demasiado conmigo. Sería con el tiempo, después, cuando asocié determinados escritos a un malestar propio, sí, pero igualmente generalizado, aunque no manifiesto abiertamente por los demás→ por otros. Sin embargo, algunas personas que conocía se quejaban de diferentes aspectos su vida (consecuencias sociales, no siempre relacionado con obligaciones y con la falta de tiempo). Pero lo cierto es, que ese mal estar existe, cómo igualmente cierto es que nadie parecía, ni parece volverse loco por volver al trabajo los lunes, obligadamente; pero sobre todo después de las vacaciones ¿verdad?; ni siguiera a ese trabajo que parece que incluso algunos aman. Luego están los niños, y De los niños ¿Qué podemos decir de los niños? El sistema educativo actual basado en datos y valoraciones es el mayor crimen contra la libertad del individuo, ya desde que se es muy joven (de niño). El resultado es (lo evidente hoy en la sociedad) la creación de un ciudadano robotizado y pendiente del reloj, y únicamente capacitado para sobrevivir y prolongarse o prorrogarse inclusive en un sistema (o ambiente cerrado) y competitivo, cuyos valores son, únicamente, la producción y explotación del medio y las personas. Al niño que se le enseña a considerar necesaria la existencia de un maestro, y a definirse a sí mismo en términos de cuantitativos, en tanto a las notas que aquel le proporciona, le destruimos la capacidad de respetarse: de mirarse al espejo y valorarse a sí mismo como una persona o individuo; pues lo hacemos dependiente y sujeto→ siempre de la opinión y valoración de los otros, de los demás (entendiendo aquel sujeto a la opinión, que somos como los demás nos ven y valoran, lo que se invierte→ en hacer cosas, solo para que los demás nos vean bien: como comprar ciertas zapatillas o un tipo determinado de móvil, o coche, o hacer determinadas actividades) → eres una persona interesante porque tienes, haces o dices… aquello, que gusta a los demás que te valoran (o te odian) por ello→ opinan (públicamente) / lo que terminará, porque aquel sujeto de mayor siga precisando siempre de dicha aprobación social: del me gusta / no me gusta (esto lo conocemos y reconocemos todos y sabemos por tanto de lo que hablo: la necesidad de reafirmarnos en el me gusta de los demás). Con todo esto, lo que quiero decir, es que le inculcamos ya de joven al niño como dogma que existen unos valores sociales / dependiente de la doxa (δόξα) y no de ser→ de unomimso entendiendo de si / sino de estar condicionado todos los días en relación a la opinión de los demás) y que son más importantes incluso que él mismo — y ser-pensado como aquel— sujeto— incapaz de una creación propia, y por tanto de llevar y crear una vida propia e independiente, alimentándolo constantemente con la idea que lo único importante es lo establecido, en tanto a seguir aquellas normas y patrones aprendidos y que siguen los demás las dos principales: parecer igual que todos y “obedecer” como todos al maestro / mas que nuestros propios padres.

De modo, que casi sin darme cuenta me vi expresando, públicamente una denuncia—sobre aquello que observaba, no con ojo clínico (que diría Foucault) sino crítico, y relativo al acontecer la propia experiencia, pero igual y en relación la sociedad en general→ pero a partir de personas que conozco y de nacionalidad principalmente la española que expresan igualmente y del descontento una critica hoy de la sociedad, comparable a la de otros antaño. No tarde entonces en identificar a aquellos precursores de la que sería la teoría crítica: luego (Escuela de Frankfurt) a razón de su pregunta, re-formulada hoy en este blog, de ¿por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde, más aún en un nuevo género anestesia (robotizada) y generalizada?

Una forma más definida de crítica tomo forma durante la pandemia de 2020 en este blog. Con la llegada de esta (en Mar. 2020) a España, y visto lo que acontecía, pensé—y así lo creía entonces— que tras la evidencia del sometimiento al que nos vimos todos obligados, amanecería después de desaparecido el virus un nuevo día en todos los países (occidentales), dando comienzo la verdadera historia de la humanidad. Sin embargo, precisamente 2020 fue todavía más terrible, en tanto que me hizo ver y darme cuenta de lo evidente: que las esperanzas de la humanidad parecían haber capitulado o hallarse todavía más alejadas de su cumplimiento que aun en la época de los inicios de la misma Teoría Critica; además, de lo solo que se puede uno encontrarse levantando la voz en defensa de una libertad arrebatada, en medio de una sociedad absurda, anestesiada y sometida a los medios y la cultura (de masas), que aplaude cuando los encierran en sus casas, imponiendo a la fuerza un toque de queda (ilegal) que aceptan y obedecen del miedo inculcado sin más o pensar cuando les dicen (o una autoridad les dice) que “es por su bien”: mas luego no darse cuenta y reaccionar cuando “y por su bien” les golpean igualmente (las mismas fuerzas de seguridad) si salen de sus casas sin permiso, aunque solo para tomar algo de aire. Por no hablar de aquellos ciudadanos que se arrestaron de forma voluntaria en sus domicilios, y denunciaban a los que se negaban a ser arrestados / y aunque no podían reclamaban, en la calle (protestas), y ejercer su libertad y derecho de salir y estar en la calle, siendo después forzados a encerrarse igualmente en sus casas: ilegalmente (como muchos de ellos denunciaban y la misma policía hoy te reconoce) debido, en ocasiones, a la misma vigilancia y denuncia ciudadana de los que ya habían renunciado a sus libertades y derechos voluntariamente i sometiéndose, a una voluntad ajena e impuesta a la fuerza... luego pretendiendo que como ellos, todos igualmente hiciésemos: someternos. Lo que experimenté en aquel momento y desde entonces, no ha dejado de afectar a mi pensamiento.

Sin duda los estados que hoy se llaman democráticos, no se encuentran más próximos al advenimiento de aquel nuevo día esperado, que los países en los cuales se ha extinguido la libertad del individuo: pero que son, precisamente, el ejemplo y guía para la represión y control hoy a las democracias occidentales (las mismas escenas que vimos primero en china (sorprendentes) de arrestos violentos y golpes a los ciudadanos, y vigilancia con drones (que a todos nos parecieron surrealistas: luego se reprodujeron en algunos lugares de España). En tal situación de incredulidad dieron inicio, junto con aquellos ensayos unas nuevas reflexiones sobre la razón, e inherentes a las publicaciones anteriores y posteriores / reflexiones sobre la razón bien podrían servir hoy de base a la duda —de máxima gravitación— respecto a una libertad inexistente (sobre todo denunciable en la educación), pero extensible a todos los ámbitos, de una sociedad (libre) que no habría de transformarse necesariamente en su contrario, y en la automatización sistemática la sociedad, los individuos y la conducta humana.

Después en 2022 fue la guinda a mis preocupaciones y temores, cuando el 24 de febrero de 2022, de nuevo la barbarie de la guerra se manifestó en la misma Europa (ciertamente no habíamos cambiado en nada después de la II guerra M. como ya nos advertían en la Dialéctica de la Ilustración M.Horkheimer y T.Adorno); o quizá sí habíamos cambiado en una cosa: éramos / somos más estúpidos e imbéciles que antaño ( hablo sobre todo de los alemanes), habiendo subestimado las cuestiones inherentes a la naturaleza y condición humana, depositando demasiada fe en la conciencia actual, como antaño ocurrió a la conciencia que creyó el discurso iluminista, que proclamaba (por la ciencia) aquellas aspiraciones humanistas de libertad del ser humano, aspiraciones convertidas hoy en la propia condena (del individuo a la servidumbre (la ruta de la servidumbre) ― como advertía Horkheimer―, al no existir el suficiente valor para descubrirnos la verdad mediante la confrontación de unos argumentos de libertad, que luego se demuestran contrarios (e irracionales) entre sí, como por ejemplo: cómo, si vivo en el país más libre de Europa (España), o eso nos dicen nuestros gobernantes, no había podido salir me mi casa a la calle (solo a la calle o pasear por el campo) durante dos meses, teniendo que estar encerrado en casa (por decisión de una persona → o poder), y de otra persona que obedece a dicho poder sin cuestionarse la legalidad, y ejerce un poder restrictivo (fuerza) sobre mi libertad, que yo ejerzo saliendo a la calle), luego siendo perseguido, denunciado y golpeado en algunos casos: como en China, o Pakistán se golpeaba sus ciudadanos / ciudadanos entonces igualmente golpeados por las mismas razones en muchos lugares de España), aun cuando yo solo quería salir de mi casa a la calle o ir al campo, al lado de casa / mas ningún cuerpo de seguridad me protegía, sino que aquellos mismos agentes de la policía (los cuerpos de seguridad del estado) obedecían al estado contra la libertad libremente ejercida de las personas y (como en china o Pakistán): obligándonos por la fuerza, a golpes si se resistían, a volver a encerrarnos en nuestras casas. Los datos comunicados por el Ministerio de Interior, a 20 de Marzo de 2020 (tan solo 10 días transcurridos desde la entrada en vigor (por decreto del gobierno) 463/2020, de 14 de marzo, del Estado de Alarma y vigilancia, confirmaban que en todo el territorio del Estado 926 personas habrían sido detenidas por desobediencia o resistencia grave a la autoridad y más de 102.000 habrían sido sancionadas por incumplir las restricciones impuestas (estas no se resistieron).

La ruta de la servidumbre—. La humanidad tiene necesidad urgente de un nuevo sentido, o forma de entender e interpretar el mundo, que responda a las necesidades actuales tanto de individuo como de comunidades en estos tiempos; y no sólo en cuanto a formulaciones sino, igualmente, al lenguaje pues, el tradicional se ha vuelto extraño y casi sibilino — en manos de algunos medios dirigido como instrumento—, de una realidad social que resulta cuando menos manoseada y manipulada donde sueño es pesadilla "calderoniana" que parece a todos perseguirnos, entre callejones pestilentes de basura, dirección a "la ruta hacia la servidumbre" [En 1939, cuando residía en Londres Friedrich Hayek, economista, jurista y filósofo austriaco, ganador del Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel en 1974, proporcionó uno de los análisis más lúcidos de un futuro que tal vez no se atrevía a imaginar —unos años más tarde, iba a denunciar la “ruta de la servidumbre”, es decir, el creciente dirigismo de nuestras sociedades— pero que hoy es nuestro presente, el de los europeos del siglo XXI.]

Nos hablan ya desde pequeños de los clásicos: Aristóteles, Maquiavelo, Tocqueville, A. Smith y K. o Marx que nos sensibilizan, alguno de ellos en que existe un antagonismo natural creciente entre los ricos, multimillonarios y el resto de todos nosotros; que los intereses de los ricos no son nuestros intereses; que sus verdades no son nuestras verdades, y que su vida no es nuestra vida. Así, la riqueza material, no sólo engendra división social, sino igualmente desprecio y envidia de una parte de quienes no la tienen / Lo que faculta a millonarios y oligarcas a pagar legiones de publicistas, académicos, periodistas e, incluso políticos, abogados y jueces para acallar, censurar y controlar el debate, sofocando la disidencia. Incluso, y gracias al descomunal aparato de medios que controlan, pudiendo alcanzar puestos de poder en las sociedades (presidentes de estados) e influencia y control en las redes desde donde luego gobernar sutilmente y en conveniencia a sus intereses / pues seria absurdo pensar que gobernarán en contra de si mismos / y por lo que han trabajado toda una vida.

El neoliberalismo y, con él la desigualdad, avanzan galopando a paso ligero en el mundo: la destrucción de los sindicatos (o sumisión de estos), la reducción e incluso la eliminación de los impuestos a ricos y a las corporaciones, el libre comercio, la globalización, el estado de vigilancia, la guerra sin fin y la austeridad son las ideologías que se nos imponen a través de unos medios de comunicación que son herramientas utilizadas por estos oligarcas para promover sus propios intereses. Unos intereses propios y de ellos, que luego a nosotros se nos trasladan y venden como leyes naturales, o mecanismos para el progreso social y económico; incluso, mientras esos mismos oligarcas, dinamitan los cimientos de las democracias liberales y exacerban o niegan (dependiendo de los propios intereses) una crisis climática que dicen que amenaza con extinguir la vida humana en la tierra (relacionada por cierto con la explotación de la naturaleza y las personas / personas ignorantes que son las que propician que todo esto pase. Y, lo peor de todo... luego ¡todavía hay quien se pregunta si existe el infierno!! Algunos, es cierto, se sienten algo confusos, aunque, no saben por qué: bien, es la angustia de esta existencia impropia y dirigida por otros, que con el tiempo y como una ponzoña, cada vez se hará lastimosamente más presente.

Orwell, novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India, autor entre otras obras de las novelas distópicas Rebelión en la granja y 1984 donde presento de una idea→ un futuro en el que un estado totalitarista interfiere hasta tal punto en la vida privada de los ciudadanos que resulta imposible escapar a su control. Aproximadamente un año y un par de meses más tarde del inicio de la pandemia y de la puesta en marcha del estado de alarma y vigilancia→ el 14 julio 2021 — El T. Constitucional declaraba ilegal el confinamiento proclamado por el gobierno (así como la suspensión de la actividad parlamentaria) decretado en el primer estado de alarma / que no podría exceder de quince días, o se podía prorrogar con autorización expresa del Congreso de los Diputados: “La declaración de los estados de alarma, excepción y sitio no debe interrumpir el normal funcionamiento de los poderes constitucionales del Estado Ley Orgánica. 4/1981, de 1 de junio “. Después, el 27 octubre 2021 — El T. Constitucional declara de nuevo, e igualmente inconstitucional el segundo estado de alarma y considerando que el plazo de seis meses de prórroga tuvo un carácter (irracional) e injustificado…, se entiende que para la población.

"La sentencia explica, según una nota de prensa difundida por el tribunal, que lo que merece censura constitucional es el carácter no razonable o infundado del periodo de seis meses, visto el acuerdo adoptado por el Parlamento... / ...la determinación temporal de aquella prórroga de seis meses se realizó de un modo por entero inconsistente con el sentido constitucional que es propio del acto de autorización y sin coherencia alguna, incluso, incoherente con las razones que el Gobierno hizo valer para instar la prórroga finalmente concedida". Entonces la pregunta es ¿A qué se debió entonces esta actitud irracional?, y ¿Qué fuerzas la provocaron?

Pienso que la defensa de los derechos y libertades civiles es una cuestión que nos atañe a todos, sin excepción, debiendo poner de manifiesto: manifestar, y exponer las vulneraciones de derechos (o aquellas situaciones que parezcan susceptibles de de serlo) y acaecidas de lo que en principio se podrían considerar Hechos Sociales pero que identificamos sobrepasados en su razón y forma, a las causas que los preceden, para que sean luego corregidos, o bien tratados por las autoridades (competentes/ incluso internacionales) y no se vuelvan a producir. Hacerlo (denunciar) “mediante confrontación de argumentos contrarios (e irracionales) entre sí,” parece: es un modo igualmente válido para hallar respuestas a las causas y manifestar públicamente una verdad / que señale hechos y personas los motivos de actos y consecuencia (razón o razones) irracionales: del abuso de poder y, o autoridad, y que se antojan esquivas a primera vista y peligrosas ( cuando un policía te dice que sabían y pensaban ( lo mismo sus superiores) que no estaba bien lao que hacían, pero lo hacían.. porque eran ordenes.

En este sentido hablar y tratar de de un dialéctica de la ilustración no es precisamente banal / ni lo antes escrito en relaciona a esta es un monumento a una crisis, como se pretende; sino la sombra hoy de un reflejo pasado (donde nos podemos mirar y reflejar de los actos y consecuencias de estos), pues se proyecta al presente en imágenes reales y actuales; además, por supuesto: de ser un llamamiento desesperado ante la bancarrota de la civilización occidental. Pero sobre todo, encontramos en ella esa interpretación de la Modernidad “como proceso de cambios que buscan homogeneizar a la sociedad”, que la somete a la característica mirada del proceder genealógico, y pone en perspectiva el presente, remontándose al origen del que procede: una “Genealogía De La (Modernidad)”:

El 15 de diciembre de 1961, Adolf Eichmann era condenado a morir en la horca en Jerusalén. Durante aquel juicio, Eichmann se defendió argumentando que “solo cumplía órdenes”: muchos tomaron nota de aquellas palabras. Entre ellos, Hanna Arendt que escribió su célebre ensayo “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal” en el que, entre otras cosas, dudaba de que Eichmann fuera un genio del mal (un malvado criminal) tal y como lo presentaron los fiscales israelíes. ¿Y si ‘tan solo’ era un obediente peón que cumplía órdenes de una autoridad considerada por él como ‘legítima’? Y se legitima asimismo la policía, después de pasada la pandemia. “Un tanto por ciento muy grande de la población hace lo que se le dice que tiene que hacer, sin tener en cuenta el contenido de su acción (o legalidad), y sin trabas impuestas por su conciencia, siempre que perciba que la orden tiene su origen en una autoridad legítima”. Puede parecer terrible pero este axioma es una de las conclusiones del experimento de Stanley Milgram (que se demostró sobradamente durante la pandemia), uno de los grandes ensayos de psicología social del siglo XX que puso el foco en conceptos tan poliédricos como la autoridad: “No perseguí a los judíos con avidez. Fue el Gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, solo la podía decidir el Gobierno, pero en ningún caso yo, que acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia”- Adolf Eichmann.

La dialéctica de la ilustración nos advierte al referir Aquellas Relaciones de fuerza, que tanto Horkheimer como Adorno sostenían (al igual que Anna Arendt) y que trataban de mostrarnos, advirtiéndonos de ellas (en lo que hoy no parecía pero se hizo evidente de la Pandemia), analizándolas como un fenómeno irracional, y circunscrito no sólo a los totalitarismos políticos del pasado, sino como un proceso civilizatorio o, deberíamos decir incivilizatorio, más amplio, profundo y más presente en la sociedad de lo que todos imaginamos, en el sentido de que muchas de las actitudes irracionales de los totalitarismo pasados subsisten de diversos modos, moderando y disolviendo su apariencia en la locura cotidiana de la cultura de masas, habiéndose establecido sutilmente en algunas de nuestras instituciones actuales. Por tanto. “La debilidad o fortaleza de una sociedad (o un estado), se manifiesta siempre en la fortaleza o debilidad frente a las injusticias sociales, desde sus jueces pero igualmente y antes desde sus ciudadanos ”. j. maqueda

"El pasado es recordado muchas veces dramático; el presente angustioso y el futuro se intuye incierto", dominado por ese miedo que amenaza con apoderarse del alma" sobre todo, si tu madre acabó de cumplir 92 años. Todos temblamos ante el dolor i la pérdida necesarios para toda comprensión de la vida del hombre. Diríase que la existencia de las personas se halla permanentemente en un estado de profunda miseria, y pendiente siempre de dar sentido a aquellos avatares que devienen de la propia vida. En todas las épocas, culturas y religiones el hombre tuvo que enfrentar la misma cuestión del dolor y sentido de su existencia. En definitiva, cada persona (como uno mismo) ha tenido y tiene que vivir y convivir con el propio drama continuo que supone existir en este mundo. Pues cada uno de nosotros parece nacer a una vida: en un solo sentido y hacia un determinado destino; pero si ese es nuestro sino, también es cierto que otra cosa es nuestra condición y reflejo de la propia naturaleza que habita este hermoso planeta" y que empuja a una planta, a una persona o a una nación a seguir hacia adelante, y que aún atrapada entre baldosines y aplastados por el asfalto llegará a florecer (con la metralla de toda una existencia hundida en su carne). Luego si nuestro sino es vivir con dolor, nuestra condición es "seguir adelante aún con dolor”. El ser humano desde que nace se forja y crece con retazos de dolor, y cada dolor es preludio y anuncio de aquello ineludible. Pues existen tantas cruces plantadas en este mundo como vidas de personas ha visto nacer, y cada nacimiento no anuncia otra...

"El pueblo español se entrega al suicidio" es la primera frase de «El resentimiento trágico de la vida", la última obra de Miguel de Unamuno. «Volvieron a mi mente viejos y dolorosos recuerdos ante la imagen desgarrada de esas notas escritas por un hombre en su agonía, enfrentado en solitario a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor (…) En estas notas estaba reflejada la lucha de un hombre que fue fiel a sí mismo en contra de unos y otros, rodeado del ambiente hostil de la propia ciudad a la que tanto quiso (…) Estas notas fueron escritas con la urgencia de no saber si llegarían a un final, con la desesperación de quien ve cómo se va quedando solo mientras se tambalea su mundo, su propia vida y hasta sus creencias». Miguel Unamuno (de sus apuntes)

Respecto del sinsentido de la existencia, Encontrarán ensayos, libros y tratados escritos por algunas personas y que pueden resumirse en que la vida no tiene sentido para estas: esa es la principal declaración y obviedad que encontramos por parte de quienes afirman experimentar la desgarradora sensación de apatía por vivir, por medio de una especie de desconexión de todo lo “real y natural” que les envuelve. En este punto encontramos personas, muchas reflexivas, que profundizan en cuestiones de trascendencia: a partir de aquella falta de libertad que acusan —(donde me reconozco yo mismo de un tiempo muy crítico)—, derivado después en una presencia impulsiva en las redes sociales, donde se revelan de las propias declaraciones, trasladando la responsabilidad tanto del aislamiento como de la propia apatía a las injusticias o situaciones sociales, empezando por la inseguridad, y terminado por las guerras, pero sin hacer nada por acercarse (entender — moverse ellos a comprender por si mismos—y explicarnos de sus propias experiencias aquellas injusticias de las que nos hablan: luego no proponiendo, ni saliendo del aislamiento de su habitación, el móvil o el ordenador) y avocándose, por momentos cada vez más a un profundo vacío existencial (no evidente) de un sueño “real”, pero “un sueño sobrepasado a pesadilla ” el cual le engulle y devora con más fuerza a cada día.

Pero para comprender esto que quiero decir el párrafo anterior arriba, (me remito desde un estudio de PD. Ouspensky,) debemos primeo entender la diferencia entre los estados de conciencia, y para ello tenemos que regresar al primero: el sueño, un estado de conciencia completamente subjetivo, donde un hombre está sumergido en sus sueños, no importa si luego los recuerda o no, esa no es la cuestión ahora… Aún así, estando dormido a este le llegan algunas impresiones reales: sonidos, voces, calor, frío, sensaciones de su propio cuerpo, que no suscitan en él sino fantásticas imágenes subjetivas. Luego el hombre se despierta. A primera vista (estar despierto) sugiere un estado de conciencia completamente diferente al anterior (el sueño) pues uno puede moverse, hablar con otras personas, publicar en internet, hacer proyectos, ver peligros, evitarlos y así sucesivamente. Parece lógico pensar que se encuentra en una situación mejor que cuando estaba dormido. Pero si profundizamos un poco más, y echamos una mirada dentro de su mundo interior, dentro de sus pensamientos (a través de lo que publica, por ejemplo, o de sus acciones: dentro de las causas de estas (luego sus fines), comprenderemos que está casi en el mismo estado que cuando estaba dormido: sigue soñando, pero es peor aún porque en el sueño él es pasivo, esto es, no puede hacer nada. Por el contrario, en el estado de vigilia, puede hacer algo todo el tiempo (por él, por su familia, por los demás) y los resultados de sus acciones repercutirán sobre él (e igualmente sobre su familia) y sobre todo, y sobre todos los demás que lo rodean, escuchan y observan. Y, sin embargo, es como si no se recordase a sí mismo: todo le sucede: está en una deriva.., No puede detener el flujo de sus pensamientos, no puede controlar su imaginación, sus emociones, su atención; sus pulsiones-impulsos —y ahora voy a generalizar—a los que la sociedad (ente social) contribuye y potencia respondiendo (por medio hoy de las redes sociales) con sus continuas propuestas de mensajes relacionados con valores y proyectos individuales (y subjetivos) de necesidades satisfacción inmediata (que no son) necesidades en si mismas y entiéndase: esta persona vive en un mundo subjetivo de «quiero», «no quiero», «tengo ganas», «no tengo ganas»; esto es, vive en un mundo hecho de lo que él cree que le gusta o no le gusta ( en relaciona a lo que piensa y dice / pensando en la respuesta positiva de los demás , de lo que él cree que desea o no desea, y de deseo imperante de reconocimiento por el ente social ( los mismo las redes): me hago una foto en casa o en la montaña, publico (y tú dale al «me gusta», para que me sienta bien, y yo le doy al tuyo) y venga otra vez: No ve el mundo real. El mundo real le está oculto por el muro de su imaginación. Vive en el sueño (su sueño) en lugar de despertar e intentar completar ese vacío (esa despensa vacía que llenamos de fantasías y tonterías) sin darle un sentido, de utilidad —en sentido objetivo— a nuestra vida, y con ello empujar a los demás…yéndonos (saliendo) observar la realidad de manera crítica y objetiva (esto es dar luz y voz proyectándonos hacia quienes sabemos que lo necesitan (necesitan una voz y de este modo ayudarnos desde nosotros mismos antes luego hacia los demás), saliendo del aislamiento al que nosotros mismos nos habíamos condenado, mojándonos de una vez los pies y que es decir (como única forma de despertar y luego moviéndonos, yendo más allá de proponer absurdeces (en redes sociales) una tras otra todos los días. Pero muchos siguen durmiendo, Y lo que ellos llaman su «conciencia lúcida» no es sino sueño — un sueño mucho más peligroso que su sueño de la noche, en su cama.

Jordi Maqueda

Badajoz – España

2023

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(BLOQUE a00) HACIA UN NUEVO PARADIGMA

"Llegará una época en la que una investigación diligente y prolongada sacará a la luz cosas que hoy están ocultas. La vida de una sola persona, aunque estuviera toda ella dedicada al cielo, sería insuficiente para investigar una materia tan vasta... Por lo tanto este conocimiento sólo se podrá desarrollar a lo largo de sucesivas edades. Llegará una época en la que nuestros descendientes se asombrarán de que ignoramos cosas que para ellos son tan claras... Muchos son los descubrimientos reservados para las épocas futuras, cuando se haya borrado el recuerdo de nosotros. Nuestro universo sería una cosa muy limitada si no ofreciera a cada época algo que investigar... La naturaleza no revela sus misterios de una vez para siempre Seneca, Cuestiones naturales, Libro 7, siglo primero




La temática metafísica (del griego metà ta physikà) es ir «más allá de la física» o «después de los libros de ciencia / que piensa lo que no es de una forma / de otra roma de lo que está») es la raíz de la filosofía que estudia después en sus ramas la estructura, principios fundamentales (de lo que es da una forma dado (de lo que se-esta) que no es de una forma lo dado (a uno, lo de otro antes pensado de él y de un texto siendo de (lo mismo) de lo que es de alguna otra forma lo que tiene que (estar) y ser- pensado de la realidad existente de cada uno (de lo que se entiende) después (como lo propio y sentido antes de alguna forma propia / entendiéndose ahí→ de lo que se está, y lo que es de cada uno luego lo propio después desde lo que se e Investiga - de alguna otra forma lo qué es la existencia, entidad, identidad, diferencia, causalidad, tiempo y espacio, esto se entiende como la "filosofía primera" que indaga sobre (lo que -es- lo que fue-es--es lo que ha sido desde alguna forma y pensado de lo que está y es necesario dilucidad de la causa y esencia ( de lo mismo) siendo de las cosas que son ahí y están (y ser-ahí: de lo que está de unomimso luego de un texto: otro texto como lo propio)

La metáfora de "las raíces del árbol de la filosofía" en Martin Heidegger es una reinterpretación crítica de la famosa imagen cartesiana (donde las raíces son la metafísica). Heidegger no se pregunta simplemente cuáles son esas raíces, sino por el terreno o suelo (Boden) en el que se hunden cada una, y donde la sabia, o el sabio tiene que llegar y recorrer, abajo de un pie (de la propia forma después lo mismo pensado antes eso: que este de alguna forma, de otra forma lo mismo pensado y expresado como lo propio. y de un texto, luego otro texto)... el texto a pensar (de alguna forma antes de la realidad observada pensada) el el siguiente, repartidos en puntos que son y están los que puede estar de algún otra forma( pensado después de unos papeles / que no serán revisados, sino publicados como lo que son y están ) y del primer numero de la revista "metà ta physikà" «más allá de la física»

Introducción a unos temas que pensar de lo que existe— (centrado en la “cosa” del texto y significado de sus significantes) son— sobre la la sospecha hacia el pensamiento disonante —Lo que hay—Sobre la emergencia o necesidad de un nuevo paradigma—Acerca del conocimiento —Comprender la razón de las cosas, aunque sea de forma vaga, y por nuestros propios medios o posibilidades —Cuestionamiento al paradigma mecánico—No se trata, naturalmente, de buscar explicaciones sobrenaturales de estos fenómenos, pero si tomar nuevas vías de pensamiento. —«El Universo empieza a parecerse más a una gran mente que a una gran máquina»—Sobre el Nuevo Ser Humano—La ciencia nos puede aliviar, ayudándonos y transportarnos de un lugar u otro de la ciudad, incluso a ir viajar a la luna, pero la ciencia no nos llevará a ninguna parte como especie—La realidad, la única realidad, es que la gente hoy no mira al cielo con sus ojos—Seamos coherentes: la humanidad no va camino de alcanzar las estrellas — Acerca de la complejidad—En tanto a nuestra responsabilidad— hablar de la historia del universo, es hablar la historia de la (materia y energía) que despierta» — La evolución como deriva—Para entender a cualquier ser-pensado (entender lo que puede estar de otra forma ( lo mismo)— Entender de lo que se-es y se está pensado de alguna forma -antes — luego, y para estar de una metafísica desde la hermenéutica entendida de las formas que son y no son de una forma antes luego manifiesta de alguna otra forma — de un texto en él "lo mismo" ( tauton ) y ( heteron ) "lo otro" para permitir que el no-ser exista como diferencia en él (pensado→ de alguna forma lo que no-es de una forma antes y es "lo otro" pensado de alguna otra forma del otro (lo mismo)—.

Todos estos significantes esta desarrollados para ser lo que este de otra forma después de cada uno pensado de alguna otra forma lo mismo ( como lo del otro/ lo otro / pensado de una identidad distinta ( lo mismo) en la diferencia: para colaborar en la revista ponerse en contacto conmigo ( he creado un correo- especifico- para recibir los trabajos y esta en proyecto una red social independiente, para acoger a los colaboradores de alguna forma de un lugar concreto r dado para pensar ( fuera de las corrientes generalistas) lo que es de alguna otra manera pensado lo que pueda esta de alguna fona, de una forma lo expresado de cada uno de alguna forma antes pensada. uy no estar de la nada ( pensando siendo en la angustia siempre) 


TEXTO

Introducción a unos temas que pensar de lo que existe— (centrado en la “cosa” del texto y significado de sus significantes). La situación intelectual contemporánea se caracteriza por una tensión inédita entre los avances de la ciencia y los marcos conceptuales heredados. La física cuántica, la cosmología y las ciencias de la complejidad han puesto en evidencia que la imagen mecanicista del mundo —que dominó la modernidad desde Descartes y Newton— ya no es capaz de dar cuenta de la estructura profunda de lo real. Como se afirma en el documento, “lo revelado, sobre todo a través de las ciencias físicas: cuántica, pone de vuelta y media nuestra propia realidad”. Esta constatación no es un gesto retórico: es el síntoma de un desplazamiento epistémico mayor, que obliga a repensar la relación entre conocimiento, percepción y mundo.

El problema central es que la especie humana ha construido sus certezas sobre una comprensión parcial y evolutivamente limitada de la realidad. La ciencia moderna ha sido extraordinariamente eficaz para describir y manipular ciertos aspectos del universo, pero lo ha hecho desde un horizonte cognitivo estrecho, modelado por los sentidos y por una razón que opera dentro de parámetros históricos. De ahí la advertencia: “no estamos suficientemente evolucionados para percibir y entender la realidad tal y como es físicamente”. Esta afirmación no conduce al irracionalismo; al contrario, exige una ampliación crítica de nuestras capacidades de interpretación.

La emergencia de fenómenos que desafían la intuición —superposición cuántica, no-localidad, indeterminación, auto-organización sistémica— revela que la realidad no se comporta como un conjunto de objetos inertes, sino como una red dinámica de procesos interdependientes. La materia deja de ser un sustrato pasivo y se convierte en un campo de relaciones. La distinción entre sujeto y objeto, entre mente y mundo, entre interior y exterior, se vuelve insuficiente. La ciencia contemporánea, incluso a su pesar, se aproxima a una visión del cosmos más cercana a la de una totalidad viva que a la de una máquina.

Este desplazamiento tiene consecuencias antropológicas profundas. Si la realidad es más compleja, más interrelacional y más creativa de lo que la modernidad supuso, entonces el ser humano debe transformarse para poder habitarla. No basta con perfeccionar instrumentos tecnológicos: se requiere una evolución de la conciencia, una ampliación de la sensibilidad y del entendimiento. La cuestión no es solo conocer más, sino ser capaces de conocer de otro modo. La ciencia, por sí sola, no puede suplir esta tarea; necesita ser acompañada por un desarrollo de las facultades perceptivas, cognitivas y espirituales que permitan acceder a dimensiones de lo real que hoy permanecen veladas.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en sustituir un paradigma por otro, sino en asumir que los paradigmas mismos son expresiones históricas de nuestra capacidad limitada de comprender. La física cuántica y las ciencias de la complejidad no solo proponen nuevos modelos: exigen una reconfiguración del sujeto que conoce. La humanidad se encuentra ante la necesidad de una mutación intelectual y existencial que la prepare para una realidad que ya no puede ser pensada desde las categorías del pasado.

Este prólogo introduce, así, una problemática decisiva: la urgencia de repensar la relación entre ciencia, conciencia y mundo. No se trata de abandonar la racionalidad, sino de ampliarla; no de renunciar a la ciencia, sino de reconocer sus límites; no de buscar refugio en lo místico, sino de comprender que la realidad desborda nuestras formas actuales de percepción. El futuro del conocimiento —y quizá el futuro de la especie— dependerá de nuestra capacidad para asumir esta transición y para desarrollar modos de pensamiento capaces de corresponder a la complejidad del universo al que pertenecemos.


Sobre la sospecha hacia el pensamiento disonante o diferente — proviene de un rechazo racional, de un mecanismo estructural de las formaciones sociales. Toda época produce un horizonte de inteligibilidad o Paradigma: como un conjunto de presupuestos tácitos que determinan qué puede aparecer razonable, qué como legítimo y qué como pensable. Cuando un individuo introduce una forma de pensamiento que no se ajusta a ese horizonte, no se lo percibe simplemente como “diferente”, sino como una amenaza a la coherencia simbólica del momento histórico. La reacción social —que puede tomar la forma de patologización, moralización o ridiculización— funciona como un dispositivo de defensa del orden vigente. Pero parece que esta reacción revela algo más profundo: la incapacidad de una época para reconocer sus propios límites. El pensamiento que se adelanta o se desplaza respecto del consenso no es peligroso por su contenido, sino porque expone la contingencia de aquello que la época vive como necesario. En ese sentido, la hostilidad hacia el pensamiento divergente es un síntoma de la fragilidad del marco dominante. La sociedad no castiga al pensador por lo que dice, sino por lo que decir implica: la posibilidad de que lo establecido no sea más que una construcción histórica entre otras. Además, y desde un punto de vista crítico, la acusación de “enfermedad” o “blasfemia” no debe tomarse como un juicio sobre el individuo, sino como un índice del funcionamiento del poder. La patologización del pensamiento divergente es una estrategia para desactivar su fuerza crítica sin tener que confrontar sus argumentos. Es más fácil declarar que alguien “piensa demasiado” como “piensa raro” o que “piensa mal” antes que admitir que su pensamiento revela un punto ciego del orden establecido.


La humanidad se encuentra viviendo acontecimientos y descubrimientos que comienzan a poner en cuestión nuestra visión más tradicional de la realidad y nuestro conocimiento en relación con esta. No se trata, en esta ocasión solo de aceptar, una vez más, un cambio de paradigma, como ha ocurrido en otras ocasiones, sino de cambiar de manera drástica nuestra forma común de pensar, pues lo revelado, sobre todo a través de las ciencias físicas: cuántica, pone de vuelta y media nuestra propia realidad, acercándonos a un mundo insólito y desconocido hasta ahora, al que pertenecemos, pero no podemos reconocer. Los fenómenos cuánticos, la influencia de la mente en nuestros cuerpos, la naturaleza de la conciencia, o la relación entre mente y cuerpo son algunas de las cosas que rompen con el paradigma que nos rige. De hecho, y volviendo al enfoque científico, este solamente sirve para abarcar una pequeña sección de esa realidad, aquella apta para ser reconocida y medida (reconocida, entiéndase, solo por las ciencias y al límite de nuestro entendimiento racional e intelecto) Lo que dicho de otro modo es algo así, como que no estamos suficientemente evolucionados para percibir y entender la realidad tal y como es físicamente. Situación ciertamente alarmante para una especie que aspira a salir a las estrellas. Y razón esta, además, por la que cualquier enfoque científico y social al respecto, deberá complementarse con la búsqueda y desarrollo de potencias, aún no probadas del intelecto (entendimiento) y los sentidos, y la emergencia de un nuevo ser humano capaz de asomarse a esa nueva realidad evolucionando a ella, no a través de instrumentos, sino de sus propios sentidos.

Lo que hay- Actualmente, sobre todo en el último siglo, las personas hemos descubierto un método eficaz y elegante de comprender con más acierto universo y aquello que acontece en él: un método llamado ciencia; método, pero, que como otras formas anteriormente, también tiene entre sus filas Magos y Papas; pues, ni siquiera la ciencia está a salvaguarda del factor humano, a la hora de interpretar sus observaciones y resultados. Sin embargo, esta nueva ciencia nos ha revelado por sus métodos, cosas hasta ahora inimaginables: un vasto universo tan antiguo y violento, donde, en perspectiva, los asuntos humanos parecen ridículos y de escaso interés. Con los años, los siglos, el hombre se ha ido alejando cada vez más de la naturaleza y el Cosmos, hasta parecernos este último, algo remoto y sin consecuencias para nuestras preocupaciones del día a día. Pero esa ciencia —la misma que a unos los aleja de la naturaleza y la realidad manteniéndolos pegados a las pantallas de los móviles hacia meta universos— nos ha descubierto, no solo que el universo tiene una magnitud que inspira vértigo, éxtasis e incluso terror: sino, que igualmente, nosotros formamos parte de este Cosmos en un sentido real y profundo íntimamente ligado a este: estando los acontecimientos humanos más básicos y las cosas más triviales en apariencia, conectados intrínsecamente con el universo y sus orígenes. Es primordial, por tanto, para nuestra subsistencia y supervivencia, que comprendamos este Universo por los medios a nuestro alcance, que hoy son Ciencia & Razón; pero, sin olvidar que la ciencia, en esencia, solo aporta datos e información de la observación o experimento, siendo, luego y en definitiva la razón —subjetiva, e íntimamente ligada a nuestro grado de evolución y consciencia actual de la realidad— la que interpretará los datos. Y Que todo aquello que obtengamos y reduzcamos a certeza hoy, no será más que una relativa verdad —cuando no sesgada— de una realidad que no alcanzamos a ver ni entender por completo: certezas, que mañana serán derrumbadas como un castillo de naipes, por otras más completas y acertadas, en la medida que vayamos adquiriendo, con el tiempo, y por medio del proceso evolutivo, no sólo de la ciencia o la tecnología, nuevos grados mayores de conciencia e inteligencia y ese sentir que se irá haciendo cada vez más explícito, de sentirnos integrados en aquello a lo que pertenecemos. Por tanto y a partir de este mismo momento, y sea cual fuere el camino que tomemos en el futuro, nuestro destino estará ligado indisolublemente a nuestra capacidad de discernir y admitir —más allá de nuestras certezas— nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento en tanto a esa realidad hoy inalcanzable en absolutos a nuestra razón, y sin embargo a la que pertenecemos, que nos disponemos a descubrir. "Lo conocido es finito, lo desconocido infinito; desde el punto de vista intelectual estamos en una pequeña isla en medio de un océano ¡limitable de inexplicabilidad. Nuestra tarea, en cada generación es recuperar algo más de tierra".— HUXLEY, 1887.

Sobre la emergencia o necesidad de un nuevo paradigma —Cuando hablamos de “paradigma”, lo hacemos refiriéndonos a un modelo —o patrón— dado en cualquier disciplina científica, u otro contexto cognoscitivo o epistemológico. [Podemos entender un paradigma científico como la conceptualización que se alcanza sobre la manera en que se observa el mundo y que es compartida por los miembros de la comunidad científica a la que le provee de modelos aceptables con los cuales puede afrontar la solución de problemas de la ciencia (Kuhn, 1988; Najmanovich, 1992)]. Hablaríamos por tanto de toda una constelación de conceptos, valores y técnicas de una comunidad científica, y utilizados de ésta para definir problemas y soluciones. Luego Explicar y entender las cosas pensadas de una forma antes, dentro de un determinado paradigma después determina la explicación de estas cosas, de alguna forma, de una forma en tanto a ese paradigma (científico/social/filosófico) y existente son. Luego nuestras vidas se rigen, al igual que la sociedad y el mundo en el que vivimos, por unos determinados paradigmas, que van cumpliendo su función, hasta que en algún momento se ven superados bien, por nuevos avances o descubrimientos (también revoluciones) haciéndolos inservibles, entiéndase: son útiles hasta que son incapaces de dar soluciones o respuestas a determinadas preguntas o esas respuestas están superadas por la misma experiencia de la realidad. Es entonces cuando se precisa, o provoca un cambio de paradigma.

Pero si observamos la ciencia, tal y como la conocemos y entendemos actualmente, generalizando, esta se ha basado en el denominado paradigma (newtoniano – mecanicista) durante los últimos siglos, surgido este a partir de la separación entre el mundo material y mundo inmaterial por parte de R. Descartes. [Podría afirmarse que hasta el siglo XVI de nuestra era, casi todas las culturas del mundo, incluida las europeas, tenían una visión orgánica del universo. Eso quiere decir que vivían, salvo excepciones, en una relación simbiótica con la naturaleza. A lo largo de los siglos XVI y XVII esta forma de ser y estar en el mundo sufre un cambio radical en Europa. Esta cosmovisión orgánica es reemplazada por una concepción que se articuló y expresó a través de una metáfora maquinal, que terminó por convertirse en el emblema de la edad moderna. Ahora bien, es preciso percatarse que esta evolución fue el resultado de cambios radicales en la cosmología: en la ciencia y la tecnología]. Con la aparición en el mundo material de las leyes matemáticas y de la mecánica por parte de Newton ya no hemos vuelto a necesitar jamás de ningún mundo inmaterial: pues las respuestas a todas nuestras preguntas se pueden encontrar a partir de múltiples teorías y fórmulas (eso afirman): a lo largo del siglo XIX la ciencia evolucionó en el marco de tal paradigma newtoniano cartesiano consolidándose así el modelo positivista. Si bien, al mismo tiempo, comienzan las primeras manifestaciones de sus carencias y límites; y más allá de esas mismas carencias y límites, iba a surgir un problema derivado, endémico, y aún mayor; pues este paradigma —que ahora entendemos nocivo— entendía, y entiende el mundo y la naturaleza como un gran almacén o despensa (en tanto a recursos naturales) del cual podemos disponer explotándolos tanto como necesitemos o apetezca sin preocuparnos, y mucho menos pensar en las consecuencias a medio y largo plazo de dicha actividad expoliadora. Gracias a ese pensamiento chato y miope, igualmente materialista, hoy en día nos “beneficiamos” de una explotación descontrolada de recursos y personas, de consecuencias catastróficas cuyos daños son incalculables. Precisamente, esa misma sociedad industrial positivista - cientificista sostiene todavía su visión arcaica, propia de aquella mentalidad obtusa, aplanada y especuladora, en relación con el mundo que nos acoge, y que ha dado origen al actual sistema tan cruel como nocivo bajo el cual se encuentran las sociedades occidentales (que dan su relevo, mostrando el camino a las nuevas potencias emergentes de Asia) desarrollando estas un neocapitalismo-adaptado extremo: igualmente destructivo —o mayor aún dada su densidad de población (china, india) y ausencia de medios de protección ecológicos— donde el objetivo no es otro que acaparar, acumular riquezas y demostrar que se posee, se procesa, se produce y se consume más y a mayor velocidad: velocidad esta, siendo proporcional a la destrucción del medioambiente. Lo que da lugar, potencialmente, en el caso de china por ejemplo, a una expansión territorial clandestina y amenazante, en busca nuevos recursos a costa de otros estados, así como paralelamente a una carrera y producción armamentística feroz, de consecuencias finales difíciles de precisar. Luego y a un nivel individual: en cada persona, esta situación de estrés productivo desemboca en una pérdida de buena parte de las facultades individuales, así como en un menosprecio hacia la reflexión y el pensamiento o los potenciales propios de sí mismo, pendientes siempre de que las modas, los famosos, la televisión o los anuncios apunten qué debemos hacer para ser “felices”, siendo capaces de anular nuestros propios deseos, para adoptar luego el de unos pocos que nos serán impuestos (de manera subliminal) por aquellos mismos a los que admiramos o, simplemente aceptándolos, por no quedar fuera del ente social. Pagando por ello un precio desorbitado no solo en lo económico, sino igualmente en relación a nuestra salud y el medio ambiente. Y si bien, es cierto, que la situación actual —social y política— a la luz del cambio de un nuevo paradigma científico que se ha venido operado en el último siglo XX en las ciencias físicas, ha dado emergencia a una percepción e interpretación de una nueva realidad muy diferente a la que estaba en boga en los siglos XVIII y XIX (a lo largo de los cuales se gestó y se desarrolló el sistema todavía—recordemos— formalmente aun vigente), este nuevo paradigma emergente (en el que estaríamos envueltos) parecería insuficiente para muchos de nosotros a la vista, cuando observamos viene (instrumentalizado) no penetrando la emergencia de una nueva realidad científico/social reorganizada de base, sino pretendiendo adaptar esa nueva realidad o (modelo), al sistema (modelo) social y político todavía existente: gestado, desarrollado y derivado directamente del paradigma anterior, recordemos de nuevo: formalmente aun vigente. Lo diré de otro modo: esa nueva realidad (cuántica), penetrando ya nuestras vidas desde todos los ámbitos de la ciencia y la sociedad desde hace unas décadas ha propiciado: una adaptación del modelo político liberal capitalista a esta, pero no así de las personas. Potenciando, todavía más si cabe, nuestra dependencia del modelo anterior ahora renovado (pero no distinto) alejándonos casi definitivamente de una posible independencia de este, y convirtiéndonos en siervos permanentes 24/7 del mismo.

Pero — La humanidad está viviendo acontecimientos y descubrimientos, que ponen en cuestión nuestra perspectiva tradicional (actual) de la realidad—, así como nuestros conocimientos en relación a esta. Las múltiples corrientes de pensamiento científico que, junto a otros desarrollos de la ciencia actual, se sumergen en espacios extraordinariamente desafiantes, desde la comprensión de la evolución y la naturaleza misma del universo, hasta la exploración de partículas subatómicas, pasando por la teoría de cuerdas que aspira una “teoría del todo” muestran la emergencia de un verdaderamente “nuevo” paradigma holístico, sistémico y auto-organizativo. Lo que de alguna manera viene a insinuar, el trance igualmente de prepararnos y preparar nuestras mentes —como especie— y nuestra capacidad de análisis, para responder adecuadamente los nuevos desafíos que serán propuestos en el futuro. Sin embargo, no se trataría, en esta ocasión solo de aceptar, una vez más, un cambio de paradigma como ha ocurrido en otras ocasiones, sino más de cambiar y de manera drástica, incluso, nuestra forma de pensar en torno a la realidad: el mundo y el universo, pues lo revelado, sobre todo a través de las ciencias físicas (la cuántica) pone de vuelta y media aquella que percibimos por nuestros sentidos, acercándonos a un mundo insólito y desconocido hasta ahora: un mundo y una realidad a la que pertenecemos, pero que nuestros sentidos no pueden reconocer. Los fenómenos cuánticos, la influencia de la mente en nuestros cuerpos, la misma naturaleza de la conciencia, o la relación entre mente y cuerpo o nuestra relación con la luz, son algunas de las cosas que rompen con el paradigma que nos rige actualmente o el que se pretende lo sustituya: bajo el nombre “Teoría de complejidad” o ciencias de la complejidad, y que ha generado en los últimos años una cantidad significativa de investigaciones y producciones científicas hoy en pleno desarrollo, pero que comprobamos como sirve únicamente para abarcar una pequeña parte de esa realidad: aquella apta para ser reconocida y medida (reconocida, entiéndase, por las ciencias e instrumentos muy al límite de nuestro intelecto, pues aquello que representa y quiere decir, supera en órdenes de magnitud nuestra capacidad de entenderlo en tanto a que significa realmente). Lo que dicho de otro modo, es algo así, como que no estamos suficientemente preparados: evolucionados, para asomarnos a esa realidad y percibirla o entenderla tal y como es físicamente, ni nuestra física parece suficiente hercúlea para penetrar todos sus misterios. Situación esta, ciertamente alarmante para una especie que aspira en un futuro a las estrellas. Huelga decir que no se trata de algo que se vaya a suceder-solucionar en una o dos generaciones, pues de lo que hablo —y se propone aquí— es de un cambio radical: de fondo, por el que cualquier enfoque científico y social al respecto, debería complementarse de base con otros: con la búsqueda y desarrollo de potencias aún no probadas del intelecto (el entendimiento) y los sentidos y la mente, de un nuevo ser humano capaz de asomarse a esa nueva realidad evolucionando a ella, no solo a través de instrumentos, sino también de sus propios sentidos. La cuestión sería ahora preguntarnos ¿Cuánto falta para el advenimiento de ese nuevo ser? Un ser humano más espiritual y creativo, que sustituya la arcaica conciencia moral por una conciencia más universal. Que entienda que no hay un exterior de lo existente, ni una piel que le separe del este exterior, sino una piel que le conecta a él y a todo lo demás, y donde esa razón ecológica — hoy tan necesaria por el modo de proceder de las personas —sea ya innecesaria, gracias a una nueva conciencia integrada, que por fin entienda que "como un inmortal poder, todas las cosas cercanas y lejanas, ocultamente están ligadas entre sí, de modo que no puedes arrancar una flor, sin perturbar a las estrellas". (F. Thompson).

En relación con importancia y necesidad de cambio de paradigma dada una nueva situación de realidad—, esta se entiende cuando vemos que pasaría, si la naturaleza, las estrellas y todo el universo — en lugar de entender ese todo como algo inerte, tal y como hasta ahora pensamos y entendemos— fuese un todo, no diré orgánico (algunos lo afirman), por cuanto conlleva la expresión, pero conectado entre sí, y del que formamos parte integrada. Donde nuestra mente y consciencia jugasen un papel más allá del que hasta ahora entendemos y percibimos, y donde nuestro trato con la luz y materia sea distinto, radicalmente distinto, a como hasta ahora hemos percibido y entendido, relacionándonos con ella (no especularé). Pero ¿cómo sería esta nueva realidad?, ¿cómo veríamos el mundo y la realidad, las estrellas y el mismo universo, entonces?, y lo más importante: de ser así, ¿cómo nos dirigiríamos a ellos?..., Lo primero y entendiendo que el antiguo paradigma así como el que se propone ya no sirve a esa nueva realidad que asoma, deberíamos encontrar otro, un nuevo modelo o paradigma que incorpore estos nuevos fenómenos. Las disciplinas científicas emergentes: la física cuántica, y las neurociencias nos llevan a pensar que un paradigma donde nuestra mente, a través de la luz, interacciona con la materia, sería mucho más idóneo para poder explicar estos mismos fenómenos. En relación con este auténtico nuevo paradigma posible: sería aquel (neo paradigma) que tomaría dentro de un enfoque integrativo y transversal un conjunto de conceptos que de manera holística, identificarían fenómenos particulares y subjetivos (no probados empíricamente)1 de interés para una disciplina concreta (físicas) y, que, sin embargo, la ciencia aceptaría como potencia, así como las proposiciones que afirmasen las relaciones entre estos, incorporando para ello aportes de aquellos modelos (paradigmas) más relevantes, y abriendo nuevos espacios para acceder, asomándose, a un nuevo conocimiento-experiencia a través de aquellas situaciones2, que igualmente permitan explorar las diferentes variables posibles, así como hallar las pruebas de los mismos en el estudio de algunos individuos; entiéndase: una nueva relación con la luz y materia, por ejemplo, en tanto a la percepción de esta y sus consecuencias en nuestras vidas. Si bien, dichas relaciones podrían igualmente establecerse, al principio, de manera abstracta con el fin de lanzar el asunto.

Acerca del conocimiento — El ser humano lleva toda su existencia sobre la Tierra huyendo de la ignorancia. Una ignorancia que le hace sentir ignorante de su propio ser y destino. Abriéndose una fisura, creando una tensión permanente, entre ese hombre que busca el saber de las cosas, y lo desconocido, que a decir verdad, es casi todo. El hombre trata, en un esfuerzo vano de acercarse o lo desconocido, busca saber de las cosas, entenderlas, reduciendo así los límites de su ignorancia. Para ello, a lo largo de la historia ha utilizado, desde mitos, leyendas y dioses, hasta símbolos y, últimamente a través de la ciencia: fórmulas, tesis, hipótesis, modelos y esquemas. No cabe preguntarnos ahora —en tercera persona— ¿Qué le empuja a ello? Como si no fuese con nosotros el problema. Es más, precisamente en nosotros encontramos ya algunas respuestas, acerca de ese profundo malestar: un malestar que no le permite ser feliz, ni siendo ignorante.

Es un hecho innegable: que—comprender la razón de las cosas, aunque sea de forma vaga, y por nuestros propios medios o posibilidades — en tanto a como estas “cosas” o “entes” a nosotros se nos representan y las entendemos— ha llevado a dotarnos de valiosos mecanismos, por los cuales, comprobamos, se premia al individuo con emociones agradables, recompensando, en este ese entendimiento; e, igualmente, castigando con malestar la ignorancia y rencor al ignorante. Pues, es más fácil para el individuo vivir a la luz del mundo y en el conocimiento de las cosas, que hacerlo a la sombra de esa realidad y su oscurantismo. Sin embargo, para ello, para salvar esa distancia entre nosotros y el desconocimiento: de no saber casi nada de lo que somos y lo que nos rodea; (nosotros) el hombre, ha tratado desesperadamente de crear certidumbres que, aunque muchas veces falsas, pudieran servir de soporte virtual a su vida. Certidumbres estas, que periódicamente a lo largo de la historia has sido ridiculizadas, señalando a los defensores de aquellas “certezas”: de la centralidad de la Tierra, de la aparición “espontánea” de la inteligencia, la superioridad de la raza, e incluso de una visión mecanicista de la realidad… y, aun así, frente al riesgo a hacer de nuevo el ridículo frente a sus semejantes, el hombre: las personas, siguen apostando por tener certidumbres. No obstante, y aunque se rodeen esas certidumbres de misterio, ritos o sacralidad, religiosa o científica, la realidad y el paso del tiempo, oportunamente y de forma impasible, se ocupa de poner en cuestión todo supuesto conocimiento: “nuestra vida vive siempre de una interpretación del universo y que, en consecuencia, toda crisis supone desprenderse de esa “ubre que amamanta nuestra vida” —Ortega y G. Palabras muy expresivas del mismo Ortega, que invitan a disponernos a aceptar otra perspectiva vital, y a ver en consecuencia otras cosas ateniéndonos a ellas. Pues la Ciencia no es gradual y acumulativa, lineal; sino que viene en ocasiones a ser arrollada por una serie de grandes cambios; cambios, a veces drásticos de "paradigma".

Cuestionamiento al paradigma mecánico—Las grandes revoluciones o grandes cambios, decía P Davis, tienden a asociarse con las grandes reestructuraciones de las perspectivas humanas (Davis, por supuesto, refería revoluciones tecnológicas y científicas). Copérnico, Darwin o el mismo Einstein son ejemplo de ello: nada de lo que argumentaron aquellos genios estuvo fuera del entendimiento de sus semejantes, que a poco de formación académica —aunque no estuviesen familiarizados con los estudios— entendieron, sino de forma compleja, si de forma general lo que aquellos genios con sus ideas les querían decir —no tanto quizá las ecuaciones en el caso de Einstein—. Y ello es debido a que las personas, por ejemplo, en occidente, todas compartimos —aunque habrá excepciones— no solo la cultura, la capacidad intelectual y la formación, sino igualmente la percepción (los sentidos) y, por tanto, igualmente compartimos nuestra representación del mundo material. Razón por la cual, el razonamiento de cualquier persona formada intelectualmente, es capaz de acceder a los pensamientos y representaciones de aquellos singulares científicos, entendiendo —al menos generalmente—qué nos querían decir. Sin embargo, durante el primer cuarto del siglo pasado, y prácticamente a la vez que Einstein desarrollaba su teoría de la relatividad y relatividad general —a vez que una nueva física que permitiría un mejor entendimiento del macrocosmos— de otro lado y casi al mismo tiempo, se desarrollaba otro nuevo concepto de la física revolucionario, un concepto que vendría a reformular los aspectos básicos de la realidad, enfocándose esta de un modo nuevo, distinto e inesperado, más próximo al misticismo que al materialismo. Hoy todos, aunque sea de un modo simple, creemos entender aquello que es la realidad: todos tenemos una idea de ella. Sin embargo, y no se asombren: la teoría cuántica (probada y demostrada en muchos de sus aspectos) está fuera de todo entendimiento y razonamiento al común de los mortales, siendo accesible a muy pocas personas y sólo a través de complicadas ecuaciones. Ni siquiera aquellos con amplia formación científica en otros campos y que pretenden afirmar entenderla, tiene luego idea de lo que aquellas ecuaciones representan, implican o proponen. En este sentido, incluso tocando otra ramas de la ciencia, un creciente grupo de investigadores reconoce en los nuevos hallazgos evidencia de una espontaneidad insólita en el corazón mismo de la materia. “La física cuántica y la biología de sistemas han echado por tierra el paradigma mecánico que dominaba toda la ciencia», escribe la antropóloga chilena Cecilia Dockendorff, que luego agrega: “a partir de estos hallazgos, muchos físicos se han encontrado hablando un lenguaje muy parecido al de los grandes místicos de todas las épocas

No se trata pues, de buscar explicaciones sobrenaturales de estos fenómenos, pero si de naturalmente tomar nuevas vías de pensamiento. La cosmología moderna no reconoce ningún “fuera del Universo” desde el cual pudieran provenir tales influencias. Tampoco se está proponiendo la idea de un diseño (diseño inteligente) o plan preconcebido. Se trata, más bien, de otra cosa. Los mismos científicos -a veces muy a pesar suyo- van construyendo la imagen de un Universo creativo y auto-organizador: describiéndonos una realidad donde la idea de que la materia es inerte y sin inteligencia se vuelve cada día menos creíble. En las primeras décadas del siglo pasado, los resultados de la investigación de las estructuras subatómicas quebrantaron los cimientos mismos de la cosmovisión «newtoniana-cartesiana», precipitando una profunda crisis del paradigma científico vigente. El premio Nóbel de física Werner Heisenberg describió la confusión y la angustia que experimentaron muchos científicos frente a la realidad extraña y totalmente inesperada que estaban descubriendo: «Recuerdo conversaciones que duraron muchas horas, hasta muy de noche, y terminaron casi en la desesperación. A veces, al final de una discusión, iba a caminar a solas a un parque vecino y me repetía una y otra vez la misma pregunta: ¿Será posible que la naturaleza sea tan absurda como parece en estos experimentos atómicos?». Y lo de absurda tiene una razón: Tanto es así, que los físicos que trabajan en ella, en sus ecuaciones, la aceptan dentro de sus laboratorios, pero la rechazan fuera de ellos: en su vida cotidiana y mientras están con sus familias y amigos. No hablan de ella más allá de las paredes de sus laboratorios, de sus consecuencias en la realidad y hacen bien, pues los tomaríamos por locos: Bajo el peso de una evidencia cada vez más amplia, muchos físicos están abandonando su imagen del Universo como una colección de objetos inertes que se relacionan mecánicamente entre ellos. Se dan cuenta, más bien, que el Cosmos se parece a una gran red de eventos interrelacionados, algo así como la complejísima trama de intercomunicaciones incesantes que componen nuestro sistema nervioso. El físico inglés James Jeans resumió así los aprendizajes de estas investigaciones: «El Universo empieza a parecerse más a una gran mente que a una gran máquina». Lo que nos lleva, a: que En un sistema de este tipo, los componentes no tienen ningún sentido como objetos aislados entre sí, y existen como integrantes de una gran totalidad interdependiente. Cada evento local existe y se mueve bajo la influencia del conjunto. Su comportamiento no depende sólo de lo que encuentran en su alrededor inmediato, sino de sus relaciones dentro de la gran red entrelazada de la cual forman parte. Y Es natural que los científicos se sorprendan, pero no como tanto científicos: basta salir un día al campo y echar un vistazo a la naturaleza o al cielo y dondequiera que miramos en el mundo natural, encontramos seres que se organizan a sí mismos. El caso más obvio son los organismos vivientes. Una bacteria, una lagartija, un árbol: en todos descubrimos niveles de auto-organización enormemente compleja que funcionan espléndidamente sin ninguna ayuda humana. Pero toda esta nueva realidad que nos desborda, en toda esta nueva aventura física y aceleradores de partículas, un filósofo, no importa si ajeno a esta nueva física o familiarizado amplia o vagamente con ella, y sus ecuaciones —aceptando la veracidad de estas— y sus consecuencias: una realidad existente, ajena y no perceptible al ser humano; de inmediato advierte un problema o, lo que podríamos llamar: el problema

Sobre el problema -¿Cuál es el problema? — En el momento en que nos preguntamos “cuál es el problema”, no hacemos otra cosa que reconocer la existencia de este en la propia pregunta. Pero la pregunta, no solo prueba la existencia del problema, sino que igualmente no reconoce aquel. Si preguntamos a cualquier persona anónima cuál es el problema, con toda seguridad remitirán los propios: problemas que —todos podemos comprobarlo— nunca terminan sean unos u otros y, que por naturaleza de la propia especie, irremediablemente, se proyectan como una pesadilla metafísica hacia todos los ámbitos de la existencia humana: política, educación, convivencia… Problema, que de forma paradójica, aún con todos avances en tecnología, salud y bienestar social no parecen solucionarse: el problema es antiguo como el hombre; y casi podríamos afirmar, no que el hombre tenga un problema, sino que el mismo sea el problema; sumado esto, a que cada época deviene ya concretada por un campo de problematicidad, que es indisociable del campo de la racionalidad, existiendo un permanente desfase entre lo que el hombre es —como se entiende a sí mismo— y, lo que luego se exige, y le exige la complejidad real de cada época (necesidad y contingencia). En relación a otras épocas, y generalizando, lo que cambia es el grado de lucidez de las personas. Recordando las palabras de Ignacio Martínez Mendizábal (Paleontólogo, Doctor en Biología y autor de numerosos artículos en las más prestigiosas revistas científicas del mundo) vino a decir algo así: lo que la naturaleza ha hecho con nosotros a lo largo de miles de años, ha sido construir un ser dotado de alma paleolítica, que de pronto se ha visto inmerso en el mundo del neolítico —el mundo de los organigramas— donde te enfrentas a lo que no existe. En definitiva, lo que nos dice Ignacio, es que somos un alma paleolítica que vive, cuando no sobrevive, en el nuevo mundo neolítico: y que, abandonando su sistema anterior, hoy sólo sabe comunicarse a través de símbolos formalizados (p) insuficientes, necesitando más códigos y canales. Y lo que es más grave: no advirtiendo la inmensa riqueza informacional (latente) existente en el medio ambiente, en las contradicciones, en el ruido, en los antagonismos y que se buscan... ignorando el privilegio que supondría esta nueva comunicación formalizada, llevada de otra forma: a la manera antigua; siendo incapaz de encontrar una música de fondo, de acompasar la vida de otro modo: más crítico y arcaico. Y en medio de todo este desconcierto, cuando aún no ha salido por completo de las sombras ya quiere dominar la luz, con un escaso conocimiento y sentido de la propia realidad, pero pretendiendo acceder a otra que no solo no percibimos, sino cuyas consecuencias de entrar a ésta a martillazos (CERN) desconocemos.

Para un indígena "primitivo" que viviese en la selva —entiéndase por primitivo con una tecnología poco desarrollada, pues nosotros no nos diferenciamos en nada evolutivamente hablando, más que en la cultura y nuestra tecnología más avanzada, de aquellos que vivían hace 15000 años en las cuevas— adaptado por miles de años, igual que otras especies que habitan en la espesura de sus bosques, no existiría "el problema". Solo, y en todo caso: preocupaciones. Preocupaciones, para que no falte la comido, criar a los niños, el agua, alguna enfermedades puntuales etc. En su mundo, no existe eso que llamamos problema… él no se plantea por que sale un plátano del árbol, o porque ahí un árbol: solo coge el plátano y lo come, no encuentra una cuestión discutible que hay que resolver en ello, ni busca una explicación (recordemos que así hemos evolucionando durante millones de años, y llegado donde ahora estamos: observando. El problema para ese hombre, ni siquiera estaría en ese momento en que alejándose de su aldea y alcanzando los límites de la selva, advierte otra realidad más allá de esta. Tampoco sería problema, cuando con sus limitados medios, sin pertenecer ni conocer esa otra realidad, saliendo de los límites de la selva se aproxima hasta la frontera entre esas dos realidades, Quizá se pregunte por qué está ahí, o a su manera, o qué sentido tiene; y, hasta es posible que después de años de observación, encuentre una explicación o razonamiento adaptado a su cultura y conocimientos, en tanto a la existencia de esa otra realidad (algo incluso que contar a sus vecinos o gravar en un árbol, o una roca). Pero que exista otra realidad no es problema, cuando esta permanece ajena a la tuya: sin interacción, manteniendo las distancias.

La cuestión ahora sería ¿Cuánto falta para el advenimiento de ese nuevo ser humano? Un ser humano más espiritual y creativo, que haya sustituido la conciencia moral por una conciencia más universal. Que entienda que no hay un exterior de lo existente, ni una piel que le separe del este, sino una piel que nos conecta a él, y a todo. Donde la razón ecológica — hoy tan necesaria por el modo de proceder de las personas —sea innecesaria, gracias a esa nueva conciencia integrada, que por fin entienda que "como un inmortal poder, todas las cosas cercanas y lejanas, ocultamente están ligadas entre sí, de modo que no puedes arrancar una flor, sin perturbar a las estrellas". (F. Thompsom).

Sobre el Nuevo Ser Humano—«A menudo he planteado la hipótesis de que apareciese de pronto un ser humano, igual a nosotros, y entre nosotros, pero que mostrase una percepción distinta de la realidad: ve lo mismo que todos nosotros, pero no igual como todos nosotros o, incluso, que ve un poco más. Se trataría de alguien, por ejemplo, que al mirar la luz viese esta de modo distinto comportándose de otro modo: percibe más viveza en los colores por ejemplo —no es ciencia ficción—, estaríamos hablando de Tetracromatismo. No escucharon hablar: yo tampoco hasta hace un año, pero hace mas de 40 que se estudia. ¿Pero por qué no se habla de ello?, esto queda para el final. Pero y de de entrada, para esta persona sería difícil explicarle a sus semejantes —suponiendo que aún los considerase como tales (1) — la percepción que él tiene de la luz y los colores, o como se comporta la luz cuando la observa. ((Ni siquiera voy a tratar la posibilidad teórica de hallarnos frente a una hermandad, secreta, como insinúa Glenn Zorpette)). Sin embargo, no se trata de solo una persona: estamos frente a un nuevo paradigma (derivado de un paso adelante en la evolución de la percepción), pues la genética dicta posibilidades en tanto a los llamados: tetracromaticos, que intrigan a los científicos desde que se abordó el tema en 1948, cuando se plantearon su posibilidad, y que hoy buscan sistemáticamente, para determinar de una vez por todas si existen y ven más colores que el resto de nosotros: esa parece ser su razón última a desvelar: mas colores (absurdo).

Los científicos se basan en una serie de hallazgos recientes sobre la biología de la visión del color. Sabemos que ven más colores, pero desconocemos si ven más allá de los colores: por ejemplo algunos tipos de radiación. Sabemos que pasa cuando miran la naturaleza, pero no lo que pasa cuando miran a las estrellas o el sol. Sabemos, que son como nosotros, pero no sabemos si piensan y sienten como nosotros: su sensibilidad y naturaleza íntima, pues una mutación implica, "siempre mucho más de lo que se aprecia a simple vista”. El sistema nervioso, el circuito neuronal, en este caso debería adaptarse a unas nuevas capacidades, generar igualmente nuevas conexiones, y luego discriminar e interpretar y registrar correctamente las impresiones para disfrutar de una experiencia visual diferente, seguramente más rica, completa y compleja que la común de todos nosotros. Sin embargo, y al tratarse de representaciones de una realidad subjetiva: algo, que solo percibe quien lo ve —científicamente indemostrable— y que a primera vista no parece tener ninguna utilidad (ver más colores) si no eres un pintor, y tienes más clientes como tú, tetracromaticos, que aprecien el detalle, en lo que aparentemente el resto de personas no encontrarán ninguna diferencia o utilidad. Es mas: Posiblemente esta persona de hablar con alguien al respecto de su capacidad, este le aconsejaría ir al médico, y su médico lo enviará al oftalmólogo, que al explorar y comprobar sutiles o importantes alteraciones en los ojos, determinaría que todo podría tratarse como un trastorno: término con el que las personas nombran algo, cuando no lo entienden útil a las necesidades del individuo, en nuestra sociedad: una sociedad por cierto, chata, enferma y miope. Lo cierto es que Frente a un diagnóstico tan ingenuo, posiblemente esta persona no hablaría del total de las percepciones, y todo quedará en ver muchos colores para los demás: los científicos: como así ocurre). Además luego de cargar con el estigma de una alteración o mutación genética, con las consecuencias sociales que ese nombre implica.

Pero existe pensado quien incluso considerando la teoría de la evolución correcta, paradójicamente, no vería o no querría ver (o mejor dicho: ni podría entender) un ojo más evolucionado que el suyo, así lo encontrase en una caja de regalo y con una nota explícita en siete idiomas y un audio repetido en bucle que afirmara: "este ojo es diferente y mejor que el tuyo. Y, no sé si diré literalmente las palabras de R. Feynman, cuando afirmaba que Para una existencia útil de la ciencia es necesario, cabezas que no acepten que la naturaleza sigue ciertas condiciones preconcebidas que esperar, y que esta, la evolución, está ahí. La queramos ver o no, actuando.

Pero Lamentablemente, y esto es un hecho, la ciencia, los laboratorios y los científicos que trabajan en ellos, hoy no buscan ni trabajan en observar mejoras físicas en las personas (una evolución a potenciar) que perfeccione la condición natural de personas, promoviendo formas de vivir que animen a cambios profundos en la naturaleza de las mismas personas. Si no, que como consecuencia de un capitalismo asfixiante —el amor al dinero y el reconocimiento social— y la presión de farmacéuticas, así como el control que ejerce en el medio social, trabajan en mejoras tecnológicas que mejoren artificialmente la condición física y la vida de las personas. La ciencia, aportándonos tanto y siendo indispensable para nuestra vida y nuestro pensamiento, nos es, en cierto sentido, más extraña que la filosofía. Cumple un fin más objetivo, es decir, más fuera de nosotros: es en el fondo, la cosa de economía. Un nuevo descubrimiento científico, de los que llamamos teóricos, es como un descubrimiento mecánico; el de la máquina de vapor, el teléfono, el fonógrafo, el aeroplano, una cosa que sirve para algo. Así, el teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. Pero ¿para qué nos sirve? Toma uno el tranvía eléctrico para ir a oír una ópera, y se pregunta: « ¿Cuál es en este caso más útil, el tranvía o la ópera?» M. de Unamuno.

—La ciencia nos puede aliviar, ayudándonos y transportarnos de un lugar u otro de la ciudad, incluso a ir viajar a la luna, pero la ciencia no nos llevará a ninguna parte como especie—. Y una especie que no mira a las estrellas con sus ojos desnudos, jamás alcanzará estas, si no se da una revolución —una evolución— mental y física, en esa dirección, por encima de cualquier avance tecnológico. Nadie va a ir a ningún sitio fuera de este planeta, al contrario, creo que en poco tiempo estaremos dentro de otra realidad, cierto: esa realidad, donde mórbidos, en el sillón de casa, navegamos con gafas absurdas hacia la privación sensorial voluntaria y un nuevo paradigma, en el que habrá personas en la tierra que en poco tiempo no reconocerán la realidad frente a sus propios ojos: ni los colores o las formas reales de este mundo. Las personas vemos cómo se mueven las hojas de un árbol, las olas; sentimos el viento, la lluvia, el calor del fuego, la electricidad del rayo: nuestros sentidos, todos, están adaptados a reconocer la realidad dentro de las particularidades físicas que se dan en la tierra, donde hemos evolucionado a la par que ella y el medio ambiente en el que nos desenvolvemos y aun así: el desierto, las profundidades y las alturas nos son ajenas en nuestra propia tierra (por no hablar que no toleramos ni el frio, calor o radiación por encima de unos niveles acotados) . Sin embargo, ahora, cuando nos aislamos cada vez más de las condiciones ambientales la propia tierra (antaño no era así), pretendemos salir a otro medio: el espacio. Viajar a las estrellas, cuando si miramos en la profundidad de la noche, allí solo vemos oscuridad y nada más.—Entendemos culturalmente el espacio no como nuestro medio, sino como un medio ajeno y hostil— Es cierto que los aparatos tecnológicos detectan otras cosas, pero se trata de que si el cuerpo físico, los sentidos (incluso aquellos más profundos que nos alertan del peligro) no detectan nada es porque ese medio nos es del todo ajeno a nuestra naturaleza (al menos todavía), ya ni digo hostil: no reconociendo en este nada, y mucho menos el peligro: como el tipo que penetra la selva por primera vez, y no percibe en un tono el peligro de la víbora entre las hojas. Queremos ir al espacio cuando observamos que no toleramos ni 15 grados más de radiación, expuestos a ella en la tierra, y lo cierto es que cada vez toleramos menos, pues nos escondemos del sol, nos asusta, y en el espacio todo es radiación. (El sistema de monitorización de la mortalidad diaria por todas las causas (MoMo), elaborado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), estima que en España se han producido algo más de 4.700 muertes relacionadas con el exceso de temperatura entre finales de abril y finales de agosto.1 sept 2022). Luego el sol lleva tiempo avisando de cambios, no sabemos si drásticos. ¿Cambio climático? — nos dicen; o cambio de ciclo solar. El Sol atraviesa períodos de gran actividad regularmente, que pueden provocar que vierta al espacio una cantidad de energía superior a la habitual. Actualmente, se encuentra atravesando el ciclo solar 25, una etapa de alta actividad que, según los astrónomos (cuidado), alcanzará su pico máximo a mediados de 2025. Cada una de estas etapas dura habitualmente entre 9 y 13 años, y suelen dar paso a fases caracterizadas por una actividad notablemente menor. Pero lo cierto, es que este ciclo puede encontrarse dentro de un ciclo mayor: de calentamiento e igualmente, de radiación que llega a la tierra; como atestigua (primero) que desde hace 80 años, la temperatura y la radiación que llega a la tierra es significativamente mayor, como advertimos los alpinistas, en los refugios donde vemos fotos del principio y mediados de siglo pasado, observando el retroceso dramático e imparable de los glaciares, y (segundo) Según este informe que leo del 10 jun 2020, los casos anuales de melanoma, el cáncer de piel con peor pronóstico, aumentaron casi un 50 por ciento en la última década, situándose en 287.723 diagnósticos al año en el mundo. No solo nos aterroriza el sol: ya no soportamos ni las condiciones de nuestro planeta, de las que nos tenemos que aislar bajo una sombra o un ungüento cuando se tensan un poco, pero queremos viajar a las estrellas..

La realidad, la única realidad, es que la gente hoy no mira al cielo con sus ojos— desde hace siglos no lo hace, ni siquiera los científicos: los astrónomos —ellos menos aún— ebrios de tecnología y pájaros en la cabeza. Siendo, el espacio, un entorno extraño a ojos desnudos del hombre de hoy, no entendiendo o reconociendo nada de lo que hay en él, si no lo ve del otro lado de una lente: nuestros sentidos, cada generación más atrofiados, no perciben la radiación, la luz o el tejido mismo del espacio... "La tecnología nos salvará" dicen. La tecnología nos atrofiará y destruirá antes de que un humano alcance siguiera a salir del sistema solar; y que dios le ayude si llega a salir. Algún pensador ya descubrió el desfase existente, entre lo que los hombres piensan, y lo que luego hacen: esa matriz social del autoengaño. M Foucault, escribió: el primer libro de Max (el capital); el nacimiento de la tragedia (Nietzsche); y la interpretación de los sueños (Freud) nos obligaban a interpretarnos a nosotros mismos. Pero la cuestión es... interpretarnos, ¿cómo? Cuando resulta entonces aquella paradoja: "donde todo es interpretación ya no hay nada que interpretar" — (Pániker). Si bien, y como apunta el filósofo: esta nada es justamente lo que importa, pues nos permite dar un paso más en el arriesgado proceso de la lucidez (encerrados en la conciencia de nuestros límites: nuestros límites estallan). Alcanzamos una conciencia postcrítica. Una apertura hacia la experiencia pura.

Seamos coherentes: la humanidad no va camino de alcanzar las estrellas—no va camino del tránsito hacia un ser humano-espacial: esta humanidad, no va a ningún sitio. Nuestras mentes, cuerpos y sentidos evolucionan ahora dentro de medio artificial, de ahí la necesidad de tanta tecnología —y el autoengaño consentido y promovido de que esta tecnología servirá a la conquista de las estrellas, y eliminación de nuestros males, cuando de facto, sirve para tenernos atados en los sillones— pues nos encontramos dentro de un sistema artificial y complejo de producción y consumo, una maquinaria social —que manipula estímulos irracionales de nuestra mente— de la que somos parte importante y esencial de su engranaje. Nadie, irá a ningún lugar de seguir así, créanme, al menos, a ningún lugar donde no llegue el wifi, Netflix, aire acondicionado y haya un Mc. Donald o un Burriquin no demasiado lejos. Luego, la ingenuidad que muestra algunos astrónomos al mirar a través de un telescopio o hablar de la conquista del espacio, es solo es comparable a la mía cuando de niño, creía en los reyes magos. Y, lo más curioso: mientras tanto, los físicos callan, y lo hacen para no hacer llorar a los niños: como un padre no diría a sus hijos que Papá Noel no existe; o, que todo lo que ven y creen cambiará, así como su entendimiento tan solo un leve cambio en la percepción de la realidad. Cuando esto suceda: si no está sucediendo ya.

Acerca de la complejidad—Pero la complejidad observada supera cualquier explicación al respecto: El investigador médico Lewis Thomas remarcó que preferiría que lo colocaran frente al panel de control de un avión Boeing 747 a que lo obligaran a intentar dirigir conscientemente el funcionamiento de su hígado. En los cuerpos de los seres vivientes, igual como en la regulación de la expansión del Universo mismo, hay niveles de organización que estamos lejos de entender, y mucho más lejos de poder controlar, Y no sólo entre los seres vivientes, sino a todos los niveles del mundo natural. Una estrella no es un ser viviente, sin embargo es un ejemplo magnífico de la auto-organización. Su núcleo es una hoguera de fusión nuclear, y la estrella como totalidad es un gigantesco sistema autor regulador que mantiene dentro de límites precisos su enorme calor y presión interna. Genera sistemas complejos que conducen la energía desde su centro a su superficie. En sus capas interiores, la estrella presta un servicio imprescindible al futuro: genera los elementos físicos más pesados (por ejemplo carbono, nitrógeno, fósforo y hierro) que permitirán la formación de objetos sólidos, como los planetas, los cometas, y –cuando se dan las condiciones adecuadas— los seres vivientes. Una galaxia espiral también es un vasto y elegantísimo sistema auto-organizador, con un imponente ensanchamiento central y un disco finísimo y precisamente equilibrado. Da vueltas lentamente, regulando el comportamiento de sus centenares de miles de millones de componentes. A través de su disco –y a una velocidad diferente de los demás componentes- rotan inmensos brazos, ondas de densidad que estimulan la formación de estrellas nuevas en las nubes de gases y polvo por las cuales pasan. 

Esta auto-organización se manifiesta en el sinnúmero de seres que nos rodean todos los días. Cuando prendemos un fósforo, por ejemplo, producimos una llama que se estructura casi instantáneamente, asumiendo una forma característica y adaptándose a la cantidad de combustible y de oxígeno de la cual dispone. La física actual nos ha enseñado que los átomos mismos son centros de actividad intensa: son configuraciones dinámicas de materia-energía que se auto-organizan con gran precisión. A partir de estas constataciones, ¿qué cosas podemos concluir? En primer lugar, que si el Universo está compuesto de seres que se auto-organizan y autor regulan, el mundo natural está impregnado de algo parecido a lo que en los humanos llamamos inteligencia.

Una segunda constatación según hemos visto es que la tasa de expansión del Universo primordial y la configuración de fuerzas y relaciones en los primeros instantes de la expansión cósmica fueron exactamente las necesarias para permitir la formación de galaxias, estrellas, planetas y seres vivientes. Esta precisión apunta al presentimiento, desde el inicio, de potencialidades latentes, de una intuición de futuro: el «deseo», por más turbio y nebuloso que fuera, de un despliegue cósmico. A todos los niveles, desde las moléculas de agua a las lombrices y hasta los sistemas planetarios, encontramos algo que en el humano llamaríamos sentir inmenso lo que está de un proceso donde nuestras funciones mentales son el reflejo de un proceso de selección natural que se originó hace cerca de cuatro mil millones de años. La evolución es un continuo despertar. Luego — En tanto a nuestra responsabilidad— entender una cosa, y solo una: tenemos una responsabilidad. Pues Hoy ya no podemos hablar de una historia del universo, o de una materia en evolución, como si hablásemos de algo ajenos a nosotros. La forma correcta de decir, o el modo de entender hoy la realidad —en tanto a nosotros nos concierne formando parte de ese cosmos (e independientemente de la posibilidad de la existencia de otros seres conscientes) — luego hablar de la historia del universo, es hablar la historia de la (materia y energía) que despierta» y —De La evolución como deriva—Con esto no quiero sugerir que exista un «plan» implícito en la evolución cósmica y biológica, algún diseño (IN TELIGENTE) que determine desde el inicio el destino cósmico sin ninguna meta definida, sin embargo tiene un rumbo a seguir y una forma de ir. Si estudiamos la trayectoria de la evolución desde sus inicios, una cosa que observaremos es el aumento asombroso de la complejidad. Los primeros átomos, formados hace casi 14 mil millones de años, fueron los más sencillos de todos: los del hidrógeno, con un solo protón y un electrón. Poco a poco, al centro de las estrellas, se fueron fundiendo núcleos atómicos más complejos y pesados. Luego de su expulsión violenta de sus estrellas-madre, los átomos resultantes se fueron uniendo en moléculas, también cada vez más complejas. En el planeta Tierra –y sin duda en otros mundos todavía desconocidos– nacieron las primeras células vivientes. Aún las más sencillas tienen más moléculas que la actual población humana terrestre. Eventualmente, esas células se integraron para formar tejidos y órganos; tal vez el más complejo de estos últimos sea el cerebro humano. Al decir de los físicos, vivimos en un Universo emergente. A todos los niveles, desde el principio, surgen la novedad y la sorpresa: seres cada vez más complejos, más espontáneos, con una organización más sofisticada. El físico matemático Brian Swimme afirma que no es posible entender a un átomo de carbono sin reconocer su inmenso potencial para combinarse con otros átomos en la construcción de moléculas complejas, las cuales a su vez se vuelven componentes fundamentales de todos los seres vivientes. Como elemento indispensable en la estructura química celular, el carbono juega un papel esencial en los procesos metabólicos.

Pero ara entender a cualquier ser-pensado del medio común (que luego exista de unomismo razonando pensado de alguna forma (y en conciencia entendido), por más sencillo que sea, hay que entender el papel que juega la conciencia y memoria de lo que es después en el Universo (pensado) como totalidad y orden que existe. El sentido de cualquier cosa pensada que exista, en ese orden, depende antes lo mismo de otras cosas, como de ser reconocida de una conciencia, y en última instancia, de su rol en el Cosmos antes lo que es de alguna forma aquello pensado siendo de lo mismo de alguna otra forma después pensado de alguna forma. Una ameba, un alerce y un tigre nos revelan dimensiones sensibles de lo que es el carbono de alguna forma, pensable, de una forma manifiesta a los sentidos. Sin (lo que es) de una forma reconocible a los sentidos ninguna forma de ninguna de sus manifestaciones serían posibles. Sin (lo que es - pensado→ luego del carbono entendido lo que no es de una forma a los sentido, lo que luego está de alguna forma... ese orden que se manifiesta de alguna otra forma contenido : no podrían existir ni el arte ni la poesía ni la nobleza de nuestros grandes ideales, ni las propia cosa pensadas de alguna forma después en conciencia . “Hay una capacidad latente en el carbono pues , e igual hay un componente del carbono que funciona en nuestra experiencia sensible y es lo de nuestra conciencia que de alguna manera que podemos entender” Nuestras aventuras y búsquedas de sentido no son únicas ( de uno/ en el Universo: son, más bien, de cada uno y reflejo altamente diferenciado de dinámicas de formas, cada una, que están presentes y activas siendo de otras formas desde su nacimiento igual como nuestros cuerpos, son frutos del proceso evolucionario. pero Entender de lo que se-es y se está pensado de alguna forma -antes- y del carbono siendo como un elemento... es conocer: entendiendo de alguna otra forma lo que no es de una forma a los sentidos) y es... de forma muy limitada luego pasar por alto su rol clave (como lo- que puede ser-eso: después / aquello pensado de alguna forma (entendiendo de alguna otra forma) que se da en la evolución cósmica y pensado lo mismo de alguna otra manera (estando desde él: su sentido propio de la identidad pensada; comprendiendo así la diferencia (metafísica / es decir: entender mas allá y de ( lo que es / lo que está ) de la forma física lo que pueda estar pensado de lo mismo ( de una forma / luego de otra forma lo mimo) luego, y para estar de una metafísica desde la hermenéutica entendida de las formas que son y no son de una forma antes luego manifiesta de alguna otra forma se precisa (de una plasticidad mental antes de entender de (tres) formas como mínimo de existencia de una misma cosa de lo que podamos hablar después en propiedad (estando) de lo que no es antes de una forma o no existe antes de una forma como lo propio después pensado (lo que es) y que de alguna forma existe después (eso ― pensado de una palabra antes: (lo que es) de una forma / (y fue antes ) de alguna forma (lo mismo que ha sido después ) de alguna otra forma Pensado ( y lo mismo) que puede estar y ser de cada uno pensado como lo propio eso . Platón, introduce de un texto en él "lo mismo" ( tauton ) y ( heteron ) "lo otro" para permitir que el no-ser exista como diferencia en él (pensado→ de alguna forma lo que no-es de una forma antes y es "lo otro" pensado de alguna otra forma del otro (lo mismo) – lo que existe antes y es de alguna forma luego lo otro (alguna cosa / del otro ( lo mismo) que no existe de una forma propia y es (algo) lo mismo de Uno antes lo pensado después del otro lo Múltiple llegando a un nivel de abstracción que muchos considerarán parte de lecciones orales posteriores.. Pero (la metafísica no se aprende enseñada / se adquiere de Uno antes luego de otro la facultad de resistirse a la forma... entendiendo la forma no de una forma y como propia sino como lo que puede estar de alguna forma de los demás (lo que es (todavía como esencia (no pensado de la forma entendiendo de (lo que se-es).

Anhelos cósmicos— Podríamos decir que la espiritualidad humana nace de escuchar (lo que no-es ) de una froma eso: y responder de alguna forma a los profundos anhelos que surgen de aquello desde el centro de nuestro ser, anhelos de búsqueda, de exploración, de crecimiento e interacción con nuestro entorno humano y natural. Pero a todos los niveles y en todos los seres hay sentires análogos: impulsos, por más mínimos que sean, que no se contentan con el status quo. Exploran sus posibilidades y buscan realizar su potencial. La evolución, tanto cósmica como biológica, es la expresión primordial de esta inquietud creativa, de una espiritualidad que es intrínseca en todos los aspectos del Universo.




Luego sucede a menudo que aún la gente moderna, cuando siente la necesidad de la regeneración espiritual, busca un bosque, una montaña, la orilla de un río para descansar y contemplar con tranquilidad. Esto lo hacemos instintivamente: sabemos, en el nivel más profundo de nuestro ser, que en estos lugares hay una espiritualidad activa que está profundamente ligada a nuestras propias energías vitales. En el ámbito humano, la espiritualidad es aquel aspecto de nuestra existencia que explora las energías que nos rodean y que nos atraviesan, revelándonos las profundas conexiones entre todas las cosas. Cuando tomamos el tiempo para meditar y profundizar nuestra conciencia de la gran red cósmica y terrestre de la cual somos parte, cuando nos permitimos escuchar a nuestros propios cuerpos, a la voz instintiva y arquetípica que nos habla desde nuestros genes, sólo entonces estamos en contacto con las energías primordiales que nos pueden conducir a la transformación personal y colectiva. La espiritualidad no es la contemplación de mundos etéreos alejados de las realidades terrenales: es entrar en una profunda comunión con la dimensión pre-humana de nuestro propio ser, el cual constituye un microcosmos, la expresión de la totalidad numinosa que es el Universo.

En esta época de crisis suprema, en que el antropocentrismo de una humanidad que ha adquirido inmensos poderes tecnológicos está en peligro de causar nuestra extinción como especie, la construcción de una nueva forma de relacionarnos con el planeta y sus habitantes se ha vuelto urgente e imprescindible. Aquella relación incluirá, necesariamente, el reconocimiento de la sabiduría inherente en todos los ecosistemas del planeta, la necesidad de escuchar al mundo natural en sus múltiples manifestaciones y de aprender de él, y la oportunidad de reconocer el carácter espiritual de todos los seres y procesos que se manifiestan en este planeta en evolución y en el Universo emergente. Se trata de dar un vuelco de 180 grados con relación a nuestro cartesianismo habitual y cuasi-inconsciente. Nos empezamos a dar cuenta no sólo que no somos los únicos seres que tenemos inteligencia y sentir, sino que para recuperar una auténtica espiritualidad humana será necesario dejarnos instruir y transformar por la espiritualidad que está latente en la Tierra y en el mundo natural en todas sus manifestaciones.

El autor postula la espiritualidad como atributo esencial de todos los seres en el Universo y no algo exclusivo del ser humano, en contraste con la cosmovisión moderna. Remite luego a la teoría del «Big Bang», y a la abismante precisión que requirió la aparición del Universo para sostener que el nacimiento del mundo fue un evento no sólo físico sino primordialmente espiritual, donde la mente humana y todas sus capacidades psíquicas también tuvieron su origen en ese chispazo inicial.

Para entender a cualquier ser-pensado (entender lo que puede estar de otra forma ( lo mismo)