De avanzar ( la capacidad de "avanzar" o "el avanzar de uno) / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

De avanzar ( la capacidad de "avanzar" o "el avanzar de uno) De la capacidad de avanzar― de uno (su camino), haciendo frente al destino, no resulta de la fuerza o potencia que pueda desarrollar, sino en la capacidad para deshacerse de aquellos lastres o cadenas propias que someten; encarando, impávido, el rostro de la esfinge y expresar (si cabe de un texto) la manera en que se concibe la liberación que nace de despojarse de penitencias impuestas por unas consciencias ásperas (luego de marcado el tiempo (y la intensidad de vida) en diversas formas y desde la transformación de la noche en un aliado como manifestación de ese deseo de emancipación, dejando atrás las miserias de antes cotidianas pudiendo solo entonces abrazar y de uno mismo un estado en el que, al fin, todo da igual pues la verdad se revela en su forma más pura

La capacidad para avanzar pues, no se forja en la mera acumulación de saber y fuerza física, sino en el coraje de liberarse de las ataduras internas que impiden desplegar nuestro potencial. En este sentido, la tradición (de un pensamiento rebelde siempre presente) invita a ver el avance como progreso en el proceso de transformación interna. el hombre debe someterse a un constante proceso de auto-superación, donde el "Übermensch" (Nietzsche, en Así habló Zaratustra→ sugiere que surge precisamente de la renuncia a las ataduras del pasado y de la voluntad de abrazar el destino con amor fati ―ese amor incondicional hacia el destino, con sus luces y sombras―para forjar, en la adversidad y de un camino propio lo auténtico. De esta manera, enfrentar el destino y avanzar moviendo se de uno mismo se convierte en el acto mítico de deshacerse de aquellas cadenas invisibles que, nacidas de miedos y costumbres o condicionamientos pasados nos mantienen inmovilizados ante la ineludible marcha del tiempo.

Complementando esta visión, Heidegger ofrece en Ser y Tiempo una reflexión sobre el "arrojamiento" (Geworfenheit) en el mundo, que obliga a tomar decisiones auténticas para definirnos a nosotros mismos. Según el mismo Heidegger, avanzar, implica, luego de aceptar nuestra finitud y por tanto romper (romperla) lo mismo con las estructuras y deshacernos de lo y de los que nos mantienen en un estado de pasividad existencial. Al enfrentar "impávido" el rostro de la esfinge―como metáfora simboliza la incertidumbre y el desafío del futuro hacia un horizonte desconocido―el individuo se libera de sus cadenas en la propia inercia de la comodidad y conformidad general que habita. Así, liberarse de la carga del pasado y lastres internos no solo allana el camino (de uno) hacia una existencia más genuina, sino que invita a replantearse y de uno mismo ante, el destino impersonal que habitamos como consecuencia y del resultado después inevitable de cada elección que tomemos después conscientes.

Luego este proceso de avance se traduce de un viaje épico de transformación personal, en el que cada acto de despojarse se convierte en un paso hacia la autenticidad en la propia liberación (no confundir con la libertad o felicidad). Enfrentar la esfinge solo cristaliza de la idea de antes un destino (en la potencia) después) y de la posibilidad lo forjado al paso desde el interior (hacia delante y afuera (y de toda una vida) en el la que se desmantelan aquellas limitaciones de antes y obligaciones propias manifiestas en deberes todos e impuestos (que se gastan otros en putas) /abriéndose de nosotros el horizonte de la posibilidad hacia cuestiones propia por desvelar donde liberarse uno de las propias cadenas físicas y mentales encarna en la existencia (de uno) que no depende o es determinado, sino de la disposición propia a reinventarse a sí mismo frente a los propios desafíos. Esta perspectiva, trasciende la simple resistencia (y resiliencia→ que transformar la adversidad en fortaleza para nada después y seguir de lo mismo y jodido del otro) moviéndonos nosotros de solo antes palabras sin sentido del otro (hacia lo mítico de uno desde aquello y la lucha interior, que permite concebir el avance de uno mismo doblando el acero de sí mismo como un arte y forja de la propia emancipación, donde cada decisión se transforma en la esencia y ruptura que define el nuevo porvenir (luego y de cada uno de sí mismo es ( uno de sus experiencias) y si cabe pues lo mismo y de un texto después (este texto)





Cuando empezamos a escuchar: empezamos a vivir. / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

 

Cuando empezamos a escuchar / empezamos a vivir. Todos queremos vivir: pero vivir no-es (ser felices) sino después hallar impropia esa felicidad (de la que otros hablan / que en general es→ luego la labor perpetua del hombre y esperarla su castigo. Pues “ser→ del pensamiento” en la palabra (felicidad) es un estado de gracia que no-es: sino→ en conciencia a cada instante (de lo que no-es→ en lugar y tiempo / pero donde en ocasiones creemos estar en él imaginando-que uno es→ de una realidad que de inmediato advertimos se trata de una ilusión temporal: que no-es reflejo de realidad alguna, sino una fantasía que nos llena de desconsuelo al comprobar después que seguimos igual donde antes con los pies son sobre el suelo”. Pero el hombre solo aprende desde el momento en que solo puede esperar nada: luego uno se pregunta (de estos tiempos que nos toca vivir) cómo podemos alegrarnos de una luz que otros no pueden ver; o cómo puedo sentirme en paz (o feliz) cuando del viento en el aire escucho llorar a otros que sufren el horror de la guerra. Y es llegado a ese punto —en que todo pensamiento al respecto es Nada y “hablar por hablar de nada” cuando escuchar de felicidad en general es inútil o absurdo como la compasión o misericordia que resultan→ solo palabras cuando en boca de nadie son tan ineficaces como una señal de tráfico centelleando entre tanta lucidez improductiva a la que no hacemos ni caso.

No se trata pues de buscar consuelo en la idea de la felicidad, sino de abrir el cuerpo a la complejidad del instante en aquel silencio antes que precede al asombro de escuchar el llanto como el punto de partida de una vida sin atajos y sentir (de la vida nueva) la tensión entre oscuridad y la luz que no todos alcanza. Vivir, entonces, se convierte en un ejercicio de presencia y permitir lo que puede nacer de gestos simples y detenerse a escuchar de verdad, para cuestionarse de uno lo estable, y negarse a reproducir discursos y, en lo inmediato, tender la mano y compartir el pan o el silencio con quien lo necesite. Porque si aceptar la nada es la condición para aprender de todo, entonces la verdadera tarea es habitar la incertidumbre sin huir y cada día caminar con la conciencia de que saber que poseemos nuestra propia luz, pero podemos reflejarnos de la de otros, y entre paréntesis de un respiro breve en el que recuperamos aire hablar antes de volver y abrazar la fragilidad compartida como el terreno donde germina cualquier cambio real.

Mirar hacia atrás, para poder ver por delante / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

Mirar hacia atrás / para poder ver por delante desde la distancia y experiencias implica un ejercicio profundo de introspección en el que se entrelazan los recuerdos agradables con las inevitables sombras y dolor, al rememorar aquellos momentos extraordinarios en la cotidianidad, donde se revela una verdad ineludible: la existencia humana se teje de luces y tinieblas, en las que cada instante de dicha no puede desprenderse del dolor inherente a la finitud y a la fragilidad de la vida. Esta imposibilidad de separar lo sublime de lo trágico es, quizá, el reflejo mismo de la condición existencial de cada uno, donde los eventos que vivimos—por muy ordinarios que parezcan—se cargan de una complejidad que después nos define, recordándonos que la presencia del dolor acompaña y enriquece la experiencia vital (solo siente dolor quien está vivo). El pasado, entonces, no es un mero archivo de recuerdos felices, sino un tejido complejo en el que la fatalidad y la melancolía coexisten en la belleza de lo total vivido.


Este retorno a la memoria, sin embargo, se convierte en una invitación a cada uno comprender que para ver por delante y comprender es esencial aceptar la totalidad de nuestra experiencia incluida el antes (y mirar atrás) en propia reflexión en la que, se nos impulsa a reconocer que solo a través del enfrentamiento honesto con nuestras contradicciones internas podemos realmente avanzar. Al igual que en los relatos míticos, los héroes deben atravesar sufrimientos para alcanzar la sabiduría y la transformación (tal es el caso del sufrimiento que acompaña a la redención en los mitos griegos y en la literatura sumeria), mirar atrás se convierte en un acto liberador que nos prepara para afrontar el porvenir con mayor autenticidad. Es en esta integración de lo luminoso y lo oscuro (de lo que fuimos y de lo que somos) donde reside la verdadera fuerza para proyectar un futuro (donde podemos existir y ser/ del pensamiento de lo mismo antes de uno luego nosotros en la aceptación de quienes somos igualmente en nuestros recodos y abismos emocionales más profundos, es, lo que nos dota de la capacidad para trascender la mera apariencia y abrazar la esencia de vivir.

"El camino", siempre de uno / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

 "El camino", siempre de uno Solo puedo hablar de un camino: del propio, quiero decir con propiedad, Donde la montaña es y actúa desde la metáfora de otros siendo del camino propio de uno (y de volcanes en mi caso) hacia la superación en aquel escenario que invita (de su fuerza y potencia) a dejar atrás el bullicio y superficialidad para adentrarse en territorio desconocido donde el silencio no-es del viento, y la exigencia se transforman en herramienta para la metamorfosis luego manifiesta de (esa imagen de uno) de un entorno natural en contraposición no solo la vida metropolitana que ahoga la vitalidad y entorpece la libertad personal / y entendido esto: como vara de medida y superación frente a la adversidad acontecida donde la montaña es y me ayudaba (lo mismo ahora) a entender de lo que quedó de uno mismo y hasta donde de aquello mismo tirado en el asfalto podía ser y probar, si podría moverme ded alguna forma como antes, a ser→ del pensamiento en lo propio o solo parecerlo como un mal reflejo. Lo cierto es nunca me interesaron las cimas, sino lo que me sucede cuando de la aproximación luego es uno la montaña y en la montaña (una roca de fuego fria más→ aquel que se rehúsa a vivir solo en la comodidad y la mediocridad general de una existencia moderna y moderada centrada en el egoísmo y en acaparar de lo material) y en cambio, abraza la lucha constante contra las misma ataduras materiales y del ego lo mismo de la rutina impuesta del deseo aceptando la inevitabilidad de la muerte que no-es, sino un estímulo después para uno vivir con intensidad, lucidez y autenticidad la propia vida.

En este sentido uno se distingue del otro en su capacidad para enfrentar los propios miedos y dominar las pasiones en la disciplina (del entreno) y el sacrificio→ en ausencia de tantas cosas que no pueden ser propias (y de algunas que no-son y lo habían sido) / cuando queremos y necesitamos nosotros ser→ luego siendo alguna manera de todo lugar y forma) en la severidad como herramienta de superación. La imagen de es de la necesidad de armar una imagen propia y reconocible a las fuerzas primordiales de eso que queda de unomismo y sin forma todavía: lo desconocido de cada uno, de esa energía que se puede materializar de alguna forma de uno en la manera que permita como un escudo trascender los artificios de la sociedad contemporánea. No se trata pues de una batalla interna solamente sino de una lucha real en la que uno se forja a través del enfrentamiento directo con el acero de su propio ego en la recuperación de valores tradicionales como la integridad ―«Así como las muchas olas de los ríos fluyen hasta el océano, así mismo todos los grandes guerreros entran en Tus bocas envueltos en llamas” ―Bhagavad Gita XI, 28»― donde es el momento del ser y de la muerte (lo mismo social) como una necesidad para destruir aquel soporte incapaz de acoger una energía por llegar y de uno lo propio que abre la posibilidad del paso sobre el abismo (un salto de fe→ o iniciación ( se entiende de tantas tradiciones). Donde uno trasciende su individualidad a través de sus pasiones las agota y «de la lava después uno ardiendo». Tal es el sentido de la vía de la acción del ser de unomismo sin forma definida todavía, que enseña Krisna al guerrero Arjuna: «Soy yo, quien primeramente golpea a todos estos guerreros; sé solamente tú, hábil arquero, el instrumento en mi mano» (XI, 33).