De avanzar ( la capacidad de "avanzar" o "el avanzar de uno) De la capacidad de avanzar― de uno (su camino), haciendo frente al destino, no resulta de la fuerza o potencia que pueda desarrollar, sino en la capacidad para deshacerse de aquellos lastres o cadenas propias que someten; encarando, impávido, el rostro de la esfinge y expresar (si cabe de un texto) la manera en que se concibe la liberación que nace de despojarse de penitencias impuestas por unas consciencias ásperas (luego de marcado el tiempo (y la intensidad de vida) en diversas formas y desde la transformación de la noche en un aliado como manifestación de ese deseo de emancipación, dejando atrás las miserias de antes cotidianas pudiendo solo entonces abrazar y de uno mismo un estado en el que, al fin, todo da igual pues la verdad se revela en su forma más pura
De avanzar ( la capacidad de "avanzar" o "el avanzar de uno) / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)
Cuando empezamos a escuchar: empezamos a vivir. / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)
Cuando empezamos a
escuchar / empezamos a vivir. Todos queremos vivir: pero vivir
no-es (ser felices) sino después hallar impropia esa felicidad (de la que otros
hablan / que en general es→ luego la labor perpetua del hombre y esperarla su
castigo. Pues “ser→ del pensamiento” en la palabra (felicidad) es un estado de
gracia que no-es: sino→ en conciencia a cada instante (de lo que no-es→ en
lugar y tiempo / pero donde en ocasiones creemos estar en él imaginando-que uno
es→ de una realidad que de inmediato advertimos se trata de una ilusión
temporal: que no-es reflejo de realidad alguna, sino una fantasía que nos llena
de desconsuelo al comprobar después que seguimos igual donde antes con los pies
son sobre el suelo”. Pero el hombre solo aprende desde el momento en que solo
puede esperar nada: luego uno se pregunta (de estos tiempos que nos toca vivir)
cómo podemos alegrarnos de una luz que otros no pueden ver; o cómo puedo
sentirme en paz (o feliz) cuando del viento en el aire escucho llorar a otros
que sufren el horror de la guerra. Y es llegado a ese punto —en que todo
pensamiento al respecto es Nada y “hablar por hablar de nada” cuando escuchar
de felicidad en general es inútil o absurdo como la compasión o misericordia
que resultan→ solo palabras cuando en boca de nadie son tan ineficaces como una
señal de tráfico centelleando entre tanta lucidez improductiva a la que no
hacemos ni caso.
No se trata pues de
buscar consuelo en la idea de la felicidad, sino de abrir el cuerpo a la
complejidad del instante en aquel silencio antes que precede al asombro de
escuchar el llanto como el punto de partida de una vida sin atajos y sentir (de
la vida nueva) la tensión entre oscuridad y la luz que no todos alcanza. Vivir,
entonces, se convierte en un ejercicio de presencia y permitir lo que puede
nacer de gestos simples y detenerse a escuchar de verdad, para cuestionarse de
uno lo estable, y negarse a reproducir discursos y, en lo inmediato, tender la
mano y compartir el pan o el silencio con quien lo necesite. Porque si aceptar
la nada es la condición para aprender de todo, entonces la verdadera tarea es
habitar la incertidumbre sin huir y cada día caminar con la conciencia de que
saber que poseemos nuestra propia luz, pero podemos reflejarnos de la de otros,
y entre paréntesis de un respiro breve en el que recuperamos aire hablar antes
de volver y abrazar la fragilidad compartida como el terreno donde germina cualquier
cambio real.
Mirar hacia atrás, para poder ver por delante / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)
Mirar hacia atrás / para poder ver por delante desde la distancia y experiencias implica un ejercicio profundo de introspección en el que se entrelazan los recuerdos agradables con las inevitables sombras y dolor, al rememorar aquellos momentos extraordinarios en la cotidianidad, donde se revela una verdad ineludible: la existencia humana se teje de luces y tinieblas, en las que cada instante de dicha no puede desprenderse del dolor inherente a la finitud y a la fragilidad de la vida. Esta imposibilidad de separar lo sublime de lo trágico es, quizá, el reflejo mismo de la condición existencial de cada uno, donde los eventos que vivimos—por muy ordinarios que parezcan—se cargan de una complejidad que después nos define, recordándonos que la presencia del dolor acompaña y enriquece la experiencia vital (solo siente dolor quien está vivo). El pasado, entonces, no es un mero archivo de recuerdos felices, sino un tejido complejo en el que la fatalidad y la melancolía coexisten en la belleza de lo total vivido.
"El camino", siempre de uno / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)
"El camino", siempre de uno Solo puedo hablar de un camino: del propio, quiero decir con propiedad, Donde la montaña es y actúa desde la metáfora de otros siendo del camino propio de uno (y de volcanes en mi caso) hacia la superación en aquel escenario que invita (de su fuerza y potencia) a dejar atrás el bullicio y superficialidad para adentrarse en territorio desconocido donde el silencio no-es del viento, y la exigencia se transforman en herramienta para la metamorfosis luego manifiesta de (esa imagen de uno) de un entorno natural en contraposición no solo la vida metropolitana que ahoga la vitalidad y entorpece la libertad personal / y entendido esto: como vara de medida y superación frente a la adversidad acontecida donde la montaña es y me ayudaba (lo mismo ahora) a entender de lo que quedó de uno mismo y hasta donde de aquello mismo tirado en el asfalto podía ser y probar, si podría moverme ded alguna forma como antes, a ser→ del pensamiento en lo propio o solo parecerlo como un mal reflejo. Lo cierto es nunca me interesaron las cimas, sino lo que me sucede cuando de la aproximación luego es uno la montaña y en la montaña (una roca de fuego fria más→ aquel que se rehúsa a vivir solo en la comodidad y la mediocridad general de una existencia moderna y moderada centrada en el egoísmo y en acaparar de lo material) y en cambio, abraza la lucha constante contra las misma ataduras materiales y del ego lo mismo de la rutina impuesta del deseo aceptando la inevitabilidad de la muerte que no-es, sino un estímulo después para uno vivir con intensidad, lucidez y autenticidad la propia vida.