De la capacidad de avanzar― de uno (su camino), haciendo frente al destino, no resulta de la fuerza o potencia que pueda desarrollar, sino en la capacidad para deshacerse de aquellos lastres o cadenas propias que someten; encarando, impávido, el rostro de la esfinge y expresar (si cabe de un texto) la manera en que se concibe la liberación que nace de despojarse de penitencias impuestas por unas consciencias ásperas (luego de marcado el tiempo (y la intensidad de vida) en diversas formas y desde la transformación de la noche en un aliado como manifestación de ese deseo de emancipación, dejando atrás las miserias de antes cotidianas pudiendo solo entonces abrazar y de uno mismo un estado en el que, al fin, todo da igual pues la verdad se revela en su forma más pura
La capacidad para avanzar pues, no se forja en la mera acumulación de saber y fuerza física, sino en el coraje de liberarse de las ataduras internas que impiden desplegar nuestro potencial. En este sentido, la tradición (de un pensamiento rebelde siempre presente) invita a ver el avance como progreso en el proceso de transformación interna. el hombre debe someterse a un constante proceso de auto-superación, donde el "Übermensch" (Nietzsche, en Así habló Zaratustra→ sugiere que surge precisamente de la renuncia a las ataduras del pasado y de la voluntad de abrazar el destino con amor fati ―ese amor incondicional hacia el destino, con sus luces y sombras―para forjar, en la adversidad y de un camino propio lo auténtico. De esta manera, enfrentar el destino y avanzar moviendo se de uno mismo se convierte en el acto mítico de deshacerse de aquellas cadenas invisibles que, nacidas de miedos y costumbres o condicionamientos pasados nos mantienen inmovilizados ante la ineludible marcha del tiempo.
Complementando esta visión, Heidegger ofrece en Ser y Tiempo una reflexión sobre el "arrojamiento" (Geworfenheit) en el mundo, que obliga a tomar decisiones auténticas para definirnos a nosotros mismos. Según el mismo Heidegger, avanzar, implica, luego de aceptar nuestra finitud y por tanto romper (romperla) lo mismo con las estructuras y deshacernos de lo y de los que nos mantienen en un estado de pasividad existencial. Al enfrentar "impávido" el rostro de la esfinge―como metáfora simboliza la incertidumbre y el desafío del futuro hacia un horizonte desconocido―el individuo se libera de sus cadenas en la propia inercia de la comodidad y conformidad general que habita. Así, liberarse de la carga del pasado y lastres internos no solo allana el camino (de uno) hacia una existencia más genuina, sino que invita a replantearse y de uno mismo ante, el destino impersonal que habitamos como consecuencia y del resultado después inevitable de cada elección que tomemos después conscientes.
Luego este proceso de avance se traduce de un viaje épico de transformación personal, en el que cada acto de despojarse se convierte en un paso hacia la autenticidad en la propia liberación (no confundir con la libertad o felicidad). Enfrentar la esfinge solo cristaliza de la idea de antes un destino (en la potencia) después) y de la posibilidad lo forjado al paso desde el interior (hacia delante y afuera (y de toda una vida) en el la que se desmantelan aquellas limitaciones de antes y obligaciones propias manifiestas en deberes todos e impuestos (que se gastan otros en putas) /abriéndose de nosotros el horizonte de la posibilidad hacia cuestiones propia por desvelar donde liberarse uno de las propias cadenas físicas y mentales encarna en la existencia (de uno) que no depende o es determinado, sino de la disposición propia a reinventarse a sí mismo frente a los propios desafíos. Esta perspectiva, trasciende la simple resistencia (y resiliencia→ que transformar la adversidad en fortaleza para nada después y seguir de lo mismo y jodido del otro) moviéndonos nosotros de solo antes palabras sin sentido del otro (hacia lo mítico de uno desde aquello y la lucha interior, que permite concebir el avance de uno mismo doblando el acero de sí mismo como un arte y forja de la propia emancipación, donde cada decisión se transforma en la esencia y ruptura que define el nuevo porvenir (luego y de cada uno de sí mismo es ( uno de sus experiencias) y si cabe pues lo mismo y de un texto después (este texto)
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