―Opuestamente a lo que pudo haber imaginado Hamlet no albergo fundado temor a unos sueños atroces que atormenten mi reposo dejándose seducir por visiones sombrías. Al contrario, descreo que llegado el momento la consciencia pueda emerger alarmada a un vacío imposible: expectante a esa nada que crece poblada de horribles criaturas que turben nuestro merecido descanso como un abismo de terror, sino más como el terreno fértil en el que pueden germinar nuevas manifestaciones. Pues Allá donde unos ven infiernos otros vemos revelación y como diría Poe: incluso "es posible que hasta yo tenga un día que morir" y dando por supuesto que el río por el que transita el caudal tiempo sigue fluyendo en mi caso aún con mayor intensidad no es una locura afirmar que aquello que en otros se convierte en escenarios de condena, se transforman en espacios de emancipación, en los que la liberación se halla en aceptar el destino sin ataduras de esa primera noche tranquila y ultima que es primera realidad de la vida que dispondrá liberarme de penitencias ajenas viniéndome a rescatar. Liberándome por fin de la cruel consciencia que atormenta un día tras otro nuestras insignificantes miserias. Luego todo da igual. Llámense sueños o pesadillas, al igual que la noche y obradas sobre una sustancia infinita: se trata de emanaciones creadas y tejidas sustentadas sobre fundamentos etéreos y retroalimentadas por las diversas formas del tiempo: pasado, presente y futuro que son simples representaciones subjetivas pertenecientes a una compleja eternidad donde no existe realmente un cuándo ni por supuesto tampoco ningún lugar.
De mi propia mortalidad y, lejos de ella, que encuentro en la certeza de un día morir la motivación para vivir, sin permitir que el miedo me impida disfrutar cada instante. De estas líneas estas líneas me permito expresar la manera en la que concibo la liberación que nace de despojarse de penitencias impuestas por una consciencia áspera. Mi camino, marcado por la intensidad del tiempo y la transformación de la noche en un aliado, es la manifestación de ese deseo intrínseco de emancipación, de dejar atrás las miserias cotidianas y abrazar un estado de ser en el que, al fin, todo da igual y la verdad se revela en su forma más pura.
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