In-der-Welt-sein —“ser-en-el-mundo”— es uno de los conceptos más radicales y fundacionales en la ontología de Martin Heidegger. No es simplemente estar ubicado en un entorno físico, como quien se encuentra dentro de una habitación. Es una forma de ser que rompe con la separación clásica entre sujeto y objeto, entre conciencia y mundo, entre el yo y lo otro; pues→ ese “ser-en-el-mundo” es (eso→ todavía no definido del texto / que puede ser→ del pensamiento de unomismo, cunado observamos alguna cosa que podemos entender propia de unomismo ahí después, siendo antes del pensamiento de (eso) mismo que significa In-der-Welt-sein desde la perspectiva de que la existencia propia es y es eso de uno que puede ser→ del pensamiento, del otro, siendo→ de nada propio antes) entendiéndose arrojado al mundo y un horizonte dado: definido pero abierto a sus posibilidades (no determinadas de este texto). La noción de “unos” como singularidades energéticas en relación encuentra un eco profundo aquí. El cuanto, como el Dasein, no es sin mundo, no tiene identidad fija, sino que se manifiesta en relación, en contexto y apertura con el otro. El “ser-en-el-mundo” es también una forma de estidad: no cerrada, sino situada presta a ser→ del pensamiento, que se da en vínculo o relación con el otro. Pero ¿Qué significa realmente ser-en-el-mundo?
Heidegger lo introduce en Ser y Tiempo para describir la estructura existencial del Dasein (el ser que somos nosotros).No somos “cosas” en el mundo, ni “conciencias” que lo observan desde fuera. Somos los que estamos implicados, inmersos, arrojados en un mundo que no elegimos, pero que nos constituye. El mundo no es un conjunto de objetos externos, sino un horizonte de sentido que puede ser propio, pero en el que todo aparece ya interpretado, ya dispuesto para el uso, ya cargado de significación.
Claves del concepto:
- Unidad estructural: In-der-Welt-sein no es la suma de “ser→ del pensamiento” de uno + “mundo”, sino una estructura unitaria. No puede descomponerse sin perder su sentido
- Relacionalidad ontológica: el Dasein no está frente al mundo, sino en él, como parte constitutiva. El mundo no es lo que está “ahí fuera”, sino (es) lo-de uno que puede ser pensado de mundo, y que hace posible que algoepues tenga sentido entendiendo aquello que-es desde unomimso despues y existe→ en conciencia. (La "relacionalidad ontológica" o idea de que la existencia y la identidad de un ser están intrínsecamente ligadas a su relación con otros seres se refiere a (la perspectiva filosófica: eso→ pesado que se entiende "del saber" de uno y filosofo (luego otro (Lo) que se concibe al (ser→ del pensamiento (de lo mimnso (y en relacion alguna cosa siempre) no como de entidades individuales estas cosas no separadas del medio y el entorno, sino en complejas tramas de relaciones dentro de este medio, en asociaciones y vínculos indisolubles entre sí y con el entorno (o, de un horizonte dado (y que podemos no solo percibir y del pensmiento estar pensando ( esto es eso: del aleman In-der-Welt-sein —luego al castellano “ser-en-el-mundo”— ( al menos de alguna froma y de un lugar extremadura : uno pensando todo aquello es de una identidad de una de una froma / lo diferente a otra froma). Esta visión rechaza el paradigma moderno que separa al sujeto del objeto o estar del idealismo / siendo la naturaleza de la cultura, y promueve de la idea el sentido propio→ de un mundo interconectado donde el conocimiento, la ética y la transformación social deben basarse en estas relaciones y en la experiencia de los sujetos
- Facticidad y posibilidad: el Dasein está “arrojado” en el mundo (no lo elige), pero lo piensa luego también es proyecto: puede interpretarlo, transformarlo, habitarlo lo que pueda del ser pensado estar luego de alguna forma auténtica o inauténtica ( lo mimso que pueda ser de otro pensado)
Luego despejar ese horizonte dado de ante mano (que entendemos de las palabras y el sentido que significan y le da el otro) se revela como ejercicio ontológico y estético encarnando la libertad de reinterpretar de cada uno la realidad antes significada del otro. Cada acto es, por tanto, en este caso una oportunidad de renovar nuestra relación con el mundo dado, asumiendo que no se va a descubrir nada / y de nada nuevo lo propio es→ acaso transformar de uno el paisaje dado y entendido: todo lo que nos rodea antes del sentido del otro.
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