00- En el ámbito de la investigación hermenéutica /Jorge Maqueda Merchán / Jordi Maqueda- Aceuchal 06207 ( Badajoz - España)

Sobre la función operativa de los signos gráficos en la escritura cuando el proceso de investigación se sitúa en una perspectiva hermenéutica de primera persona. Frente a la concepción normativa que entiende la forma textual como un mero vehículo para un significado previo. Aquí se sostiene que la forma es constitutiva del sentido y que los signos no obedecen a reglas externas, sino a operaciones interpretativas internas al propio acto de escribir. La tesis central afirma que la experiencia no posee una forma previa que pueda ser simplemente representada: la forma emerge en el proceso mismo de escritura y, por tanto, no puede ser sometida a un estándar formal sin distorsionar aquello que pretende mostrar.

(1) En el ámbito de la investigación hermenéutica, la escritura no puede ser tratada como un simple medio de transmisión de contenidos previamente fijados. La forma textual, lejos de ser un contenedor neutro, constituye el espacio donde el pensamiento se manifiesta y se transforma. Los signos —puntos, cortes, repeticiones, desplazamientos sintácticos, interrupciones— no cumplen una función ornamental ni responden a una convención externa, sino que marcan operaciones hermenéuticas precisas: un límite, una tensión, una simultaneidad o una imposibilidad de estabilizar el sentido en una estructura única. Cada signo aparece porque algo ocurre en la experiencia interpretativa, y su presencia señala el modo en que el pensamiento se abre paso en el texto.

Las normas ortográficas y estilísticas presuponen que el significado es anterior a la escritura y que el texto debe limitarse a expresarlo de manera clara, uniforme y estable. Sin embargo, cuando la investigación parte de la experiencia hermenéutica del propio autor, esta presuposición resulta metodológicamente insuficiente. El significado no está dado antes del texto: se constituye en la forma misma de la escritura. La forma no representa el sentido; la forma es el modo en que el sentido se deja ver. Por ello, imponer una forma “correcta” equivaldría a forzar la experiencia a adoptar una estructura que no le pertenece, introduciendo una distorsión que afecta tanto al fenómeno estudiado como al proceso interpretativo que lo acompaña: Lo sentido, que  no puede fijarse en una forma única sin perder su condición de experiencia. La experiencia es dinámica, inestable, abierta, y su traducción a un sistema normativo de signos implicaría reducirla a un esquema que no le corresponde. La escritura, en este marco, no traduce la experiencia: la realiza es aquello mismo pensado y de otra forma lo expuesto. El texto no es un registro posterior, sino el lugar donde la experiencia se constituye lo mismo de otra forma como tal. La investigación que asume esta posición no busca adecuarse a un estándar formal, sino mostrar cómo la experiencia se convierte en texto a través de sus propios signos, respetando la lógica interna del fenómeno y la operación hermenéutica que lo acompaña.

Desde esta perspectiva, la función del investigador no consiste en adaptar su escritura a un conjunto de normas externas preexistentes, sino en permitir que la forma textual emerja de la experiencia misma de nuevo pensada. La coherencia metodológica exige que la forma responda a la dinámica del sentido propio y no a la expectativa de una corrección normativa. La escritura se convierte así en un espacio de aparición del fenómeno, y los signos, lejos de ser errores o desviaciones, constituyen la huella visible de la operación interpretativa. La forma es parte constitutiva del fenómeno que se investiga, y su análisis no puede separarse del análisis del sentido.

(2) La normatividad textual no solo limita la expresión, sino que no protege la experiencia significada y altera el fenómeno mismo, borrando las tensiones, interrupciones y desplazamientos que forman parte de la propia hermenéutica en experiencia interpretativa. Cuando la escritura se somete a un estándar externo, lo que se pierde no es únicamente libertad formal, sino la posibilidad de que el fenómeno aparezca tal como se da en la experiencia. La norma exige continuidad, claridad y estabilidad, pero la experiencia no se da así: se da en cortes, en ritmos irregulares, en momentos de suspensión y en movimientos que no pueden ser fijados sin violencia.

La ortografía normativa presupone que el significado es previo y que el texto debe simplemente expresarlo de manera correcta. Sin embargo, en una hermenéutica situada en la experiencia del autor, el significado no está antes del texto: se constituye en la forma misma del texto. Cada signo, cada ruptura, cada desplazamiento es una operación interpretativa que no puede ser sustituida por una forma “correcta” sin perder aquello que la experiencia estaba intentando mostrar. La corrección formal, en este sentido, no garantiza precisión; al contrario, puede convertirse en un mecanismo de borrado del fenómeno.

La escritura, cuando se entiende como parte del proceso hermenéutico, no es un medio neutro ni un contenedor transparente. Es el lugar donde la experiencia se vuelve visible y donde el sentido se articula. Por eso, imponer una forma normativa equivale a imponer una interpretación previa que no pertenece al fenómeno. La forma no representa el sentido: la forma es el modo en que el sentido se deja ver. Y si la forma se normaliza, el sentido se normaliza con ella, perdiendo su singularidad y su tensión interna.

El investigador que trabaja desde su propia hermenéutica no puede aceptar que la forma textual sea un requisito externo, porque eso implicaría renunciar a la fidelidad con la experiencia. La coherencia metodológica exige que la forma responda a la dinámica del fenómeno y no a la expectativa de corrección. La escritura no traduce la experiencia: la escritura es la experiencia en su modo textual. Por eso, los signos no son errores ni desviaciones, sino huellas de la operación interpretativa que está ocurriendo. La normatividad textual, al intentar corregirlos, corrige también el fenómeno, y con ello destruye la posibilidad de una hermenéutica que sea fiel a lo vivido.

Por tanto concluimos: que  La investigación Hermenéutica que parte de la experiencia del autor requiere una concepción no normativa de la forma textual. Los signos no son elementos accesorios, sino operadores de sentido que participan activamente en la constitución del fenómeno. La forma no puede ser impuesta desde fuera sin comprometer la fidelidad metodológica del trabajo. En consecuencia, la escritura debe entenderse como el lugar donde la experiencia se realiza y se hace interpretable, y no como un simple medio de representación. Esta posición no rechaza la normatividad por capricho, sino por coherencia epistemológica: la experiencia no tiene forma previa, y la forma que aparece en el texto es ya parte del fenómeno que se investiga.

01- Realizar buena parte de lo aquí publicado me ha llevado cierto esfuerzo /Jorge Maqueda Merchán / Jordi Maqueda- Aceuchal 06207 ( Badajoz - España)

Realizar buena parte de lo aquí publicado me ha llevado cierto esfuerzo, a la vez, que supuesto una enorme satisfacción. Mas para concluirlo —si se puede considerar concluso— no quise buscar deliberadamente ideas o pensamientos que, de inmediato, me condujesen a un fondo; sino al modo en que dejándome alcanzar por este, lo fuese en algún momento, igualmente, por los otros. Solo así me liberé del enorme pesar que me causan las limitaciones, y el vacío de desconocimiento —en el que me reconozco— a decir del saber, que hallo como el universo: inmenso, cuando allá donde miro, buscando, lo veo ilimitado en todas direcciones. Siendo esta razón, última, para que el propósito de este ejercicio sea tan modesto; si bien, creo haber leído en alguna ocasión que: “son las cosas modestas, aquellas, que luego se tornan más difíciles de acometer”.

02- Todo acontece y antes por una causa—— jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

 Todo acontece y antes por una causa—. Hace tiempo —corría el año 2003— comencé a escribir (desplazado a Extremadura) una serie de singulares textos: de quien se encuentra extraviado entre la literatura, las ciencias y la metafísica”. En aquel libro, suponiendo que fuese un libro, trataba a modo de ensayo y de forma breve, temas específicos referidos a materias diversas, y pensamientos aislados que alternaban sobre temas (añadidos a este cuaderno). Supongo, que pretendía de algún modo razonar. No obstante, ya entonces tenía presente de los ejercicios que me había propuesto que muchos sino la mayoría carecerían de pleno sentido: tal que la contradicción primera habría de residir en el hecho mismo de escribirlos sujetos a la parcialidad y precariedad que resulta de un razonamiento limitado y sobrepasado de complejidad (real) que empequeñece cualquier recurso relativo al propio discurso (S. Pániker). Esa certeza —o agónica imposibilidad— motivó que aquellos textos quedasen relegados al fondo de un cajón, no publicándose o al menos no en el modo deseado. Si bien, y a resultas de aquel penoso extravió hacia vagas lontananzas hube de verme, en algún momento, acometido por el impulso ya no de roer problemas —intentando darles sentido— sino más a observar detenidamente, prestando mayor atención y valorando así diferentes puntos de vista—algunos pretéritos— para, de ese modo, volver luego a redescubrirlos del presente. Sería pasado el tiempo, cuando partiendo ya de otro enfoque —ese que sólo se encuentra cuando todo a nuestro alrededor se está desmoronando, y despertando en nuestro interior ese “temple de ánimo que coloca al hombre ante la nada misma” (Heidegger) que retomase, no solo aquellas primeras cuestiones sino otras, que entiendo a mi modo de ver, son tanto igual o más trascendentales.

La necesidad es de una categoría social, y la «pulsión» (impulso - natural) está contenida dentro de ella / jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

1 (1) Texto de 2024

La necesidad es una categoría social, y la «pulsión» (impulso - natural) está contenida dentro de ella. Pero los momentos social y natural de la necesidad no se pueden separar entre sí (secundario y primario) para elaborar una jerarquía (racional) de las satisfacciones. La distinción entre necesidades superficiales y necesidades profundas es una apariencia ilusoria surgida socialmente. Las denominadas necesidades superficiales reflejan el proceso de trabajo que convierte a los hombres en «apéndices de las máquinas» y los obliga a reducirse, fuera del trabajo, a la reproducción de la mercancía. Esas necesidades son las marcas de una situación que obliga a huir a sus víctimas y las tiene a la vez tan rígidamente bajo control, que la huida degenera siempre en la repetición convulsa de la situación de la que se ha escapado. Luego, lo peor de las denominadas necesidades superficiales no es su superficialidad, cuyo concepto presupone el asimismo cuestionable de la interioridad. Lo malo de estas necesidades –que no son tales– es que se dirigen a una consumación que las defrauda a la vez: justo por esta consumación. La mediación social de la necesidad –en tanto mediación a través de la sociedad (hoy igualmente las redes sociales) – ha alcanzado un punto en el que la necesidad incurre en contradicción consigo misma. Ahí ha de insertarse la crítica, y no en cualquier jerarquía previamente dada de valores y necesidades (Tesis sobre la necesidad (Adorno Escritos sociológicos 1942).


1 (2Texto de 2025
 (Lo mismo antes de otro y de alguna forma (de otra forma) lo mismo ( desde alguna cosa que no es del nombre propio de uno todavía / pero es lo que existe  de uno y puede ser pensado de otro).

La necesidad es de una categoría social, y la «pulsión» (o impulso - natural) está contenida dentro de ella. Pero los momentos social y natural de La Necesidad (como lo pensado que-es de uno y necesario) no se pueden separar antes entre sí (secundario y primario) para elaborar una jerarquía (racional) de las satisfacciones de una necesidades que no lo son después profundas. Luego a distinción entre necesidades superficiales y necesidades profundas es una apariencia ilusoria surgida socialmente Y, lo que denota otra cosa entendido: desde las denominadas necesidades superficiales que reflejan del proceso del trabajo (antes→ Lo que pensado de unomismo entiendo: lo mismo que Adorno de aquello que no-es necesidad y es:  lo manifiesto o de una forma " no en sí misma de una necesidad profunda" (sino luego que luego es de la forma propia de algunos, cuando estos son de aquello mismo y- o significante de lo mismo pensado de uno antes y en relación a Adorno de alguna cosa que no es  pero está representado de aquello mismo y es: lo que es “eso” de “esa” forma y en general que convierte a los hombres / como «apéndices de un sistema» cuando antes los obliga a reducirse antes y de la reproducción siendo «apéndice y de las máquinas »  siendo reflejo ( hablando y viviendo de la producción) luego fuera del trabajo siendo de lo mismo l aquello de su mano: como mercancía en si mismos / luego de sus necesidades que no-son están las marcas de una situación impropia (antes) que obliga luego a huir a sus víctimas a la vez que las tiene tan rígidamente bajo control que la huida degenera siempre en la repetición convulsa de la situación de la que se ha escapado (y no estando mal empleado después (de otro lo mismo y Nif / o de minorista el autónomo y no de otro su Cif ). Luego, lo peor de las denominadas necesidades superficiales que no son / no es su superficialidad, lo presupone el asimismo cuestionable de la interioridad la misma necesidad. Lo malo de estas necesidades –que no son tales– es que se dirigen a una consumación que las defrauda a la vez: justo por esta consumación. La mediación social de la necesidad –en tanto mediación a través de la sociedad (hoy igualmente las redes sociales) – ha alcanzado un punto en el que la necesidad incurre en contradicción consigo misma. Ahí ha de insertarse la crítica, y no en cualquier jerarquía previamente dada de valores y necesidades (De una Tesis sobre la necesidad -Adorno Escritos sociológicos1942 (desde Lo mismo y  Escritos sociológicos 1942 / lo propio de una forma y de la necesidad e impulso no lo mismo igual y de otra forma es  lo mismo de antes: "eso→  de uno antes" Luego "esto" pensado después de otro: un texto de Adorno) Ser y (del pensamiento en él) Tiempo de 2025)


Mantenerse despiertos. ¿Por qué desconfiar?— jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

Mantenerse despiertos. ¿Por qué desconfiar?—. Si escribo ahora una cita del nuevo o antiguo testamento quizá dibujen una sonrisa, “Permaneced, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de esclavitud “(G, V, 1). Pero sonreír no es malo. Dicen que los elefantes vuelan cuando no los miramos, pero lo realmente “malo”, además de nada inteligente, es esperar ver volar y no darse la vuelta a mirar, sabiendo que tienes un elefante justo detrás. Criticar o reírse de las cosas sin conocerlas de primera mano —no saber, en la sabana (africana), que aunque no mires a ese elefante delante tuyo, y este pueda o no pueda volarlo mientras cierras los ojos, siempre habrá un león que de cerca te pueda acechar— es lo que conduce al individuo a una lóbrega lucidez vivida en la ignorancia (de su estado/ y realidad), alejándole todavía más de la verdad frente a (él). Por cierto, Heidegger cita la Biblia ‘y viéndose Jesús rodeado por numeroso pueblo, les significó que se trasladaran al otro lado del mar’ («Videns autem Jesus turbas multas circum se, iussit ire trans fretum» (Mat. VIII, 18). La traducción que hace Heidegger es de Lutero, y el sentido "primero" del fragmento es mostrar cómo (iuber) en latín, nunca es mandato. Cuando con observamos el verbo en griego que representa «ponerse, ponernos en camino» (Heidegger, 1964: 114).

Para mí es natural estar en camino, cualquiera que me conoce ya entiende o lo puede comprobar de mis propias publicaciones, e igualmente es natural mi actitud de cuestionarlo todo y a todos, pues solo tengo que echar un vistazo al televisor a la hora de comer al medio día, o echar un vistazo atrás en el tiempo (a la historia) sin remontarme lejos al (pasado), y nada me revela que en adelante las cosas puedan cambiar notablemente (en aquella dirección favorable a los intereses de las personas (del individuo), sobre todo cuando esa misma historia (historiografía /ciencia) es incluso más contundente todavía que mis palabras, en tanto a mostrar como aquellas certezas que se creían inmutables por siglos finalmente eran suplidas por otras igualmente incompletas / sino del todo inciertas. Luego lo que tardaba siglos antes en cambiar hoy lo hace en unas décadas. En este sentido parto de la “certeza” que actualmente todo conocimiento de las cosas es incompleto y las interpretaciones o explicaciones posibles acerca de esas mismas cosas: qué son y a qué sirven (de su razón primera) es igualmente “nulo” más allá de aquel relativo conocimiento de estas (cosas), y concernientes a nuestra incapacidad de entenderlas, solo para ser utilizarlas (como medio e instrumento). Luego lo que entendemos de estas cosas es en relación directa a nuestro entendimiento y / o capacidad de entendimiento dado a instrumentalizarlas hacia unos fines (propios intereses)… / y más “no sabemos” objetivamente de las cosas— y menos aún de las sombras que las acompañan, precisamente porque ignoramos en que principios (las cosas que son) se fundan — aunque Carlos Blanco —por poner un ejemplo— afirme que el universo se explica a sí mismo, si bien, y ahora con mayor razón la cuestión seria entender ¿Qué es lo que se explica de sí mismo que estemos entendiendo de una verdad que entendamos de él?, y luego, igualmente explicarnos: por qué el universo tiene la “necesidad de explicarse a sí mismo, y no le basta, por ejemplo, con observarse a sí mismo (pues yo no tengo necesidad de explicarme - por la mañana frente al espejo- antes de salir a caminar). Pero entendamos esto: “La idea que hemos desprendido de los hechos y confirmado por el razonamiento, es que nuestro cuerpo es un instrumento de acción, y solamente de acción. En ningún grado, en ningún sentido, bajo ningún aspecto sirve para preparar, todavía menos para explicar una representación. Lo que se explica en nuestras percepciones a través del cerebro son nuestras acciones comenzadas, o preparadas, o sugeridas, no nuestras percepciones mismas” (Bergson). Por tanto, no entendemos casi nada (o nada en absoluto) de lo que pretendemos explicar, y ya no de las propias representaciones de lo que vemos, como a partir de lo que “no” vemos: las representaciones que (de su entendimiento / razonamiento de las cosas) nos quieren luego imponer los demás (por medio de escuelas y universidades), razón esta entonces mayor todavía para desconfiar.

Darle un sentido propio a nuestros actos — jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

Darle un sentido propio a nuestros actos― más allá del que puedan darle los demás, e incluso nosotros mismos en un primer momento, será el principal anhelo: encontrarle un sentido final a aquello que nos sucede y hacemos. Un viaje (el camino), como la vida, no es una certeza en la que se está (o un programa concreto a concluir) sino, y más bien, una certeza a la que se llega (obrando en función de aquello que nos dicta el corazón) algo que todos comprobamos muchas veces, al ver colapsar y volver de nuevo a abrirse las expectativas durante un mismo tramo de vida, o viaje. Sería en ese mismo sentido, y precisamente en este viaje del que ahora les quiero hablar, donde yo habría de sentir esa ruptura (conmigo mismo) / o necesidad de renunciar a una idea o proyecto—más aún al ego— en mor de escuchar y seguir aquello que, contra todo lo racional del momento y cuando menos lo esperas te dicta el corazón, desviándome hacia donde, como cogido de la mano (frente a una voluntad estrangulada) la necesidad me habría de conducir.

De la necesidad como categoría social — jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)


De la necesidad como categoría social, y la «pulsión» (impulso - natural) está contenida dentro de ella. Pero los momentos social y natural de la necesidad no se pueden separar entre sí (secundario y primario) para elaborar una jerarquía (racional) de las satisfacciones. La distinción entre necesidades superficiales y necesidades profundas es una apariencia ilusoria surgida socialmente. Las denominadas necesidades superficiales reflejan el proceso de trabajo que convierte a los hombres en «apéndices de las máquinas» y los obliga a reducirse, fuera del trabajo, a la reproducción de la mercancía. Esas necesidades son las marcas de una situación que obliga a huir a sus víctimas y las tiene a la vez tan rígidamente bajo control, que la huida degenera siempre en la repetición convulsa de la situación de la que se ha escapado. Luego, lo peor de las denominadas necesidades superficiales no es su superficialidad, cuyo concepto presupone el asimismo cuestionable de la interioridad. Lo malo de estas necesidades –que no son tales– es que se dirigen a una consumación que las defrauda a la vez: justo por esta consumación. La mediación social de la necesidad –en tanto mediación a través de la sociedad (hoy igualmente las redes sociales) – ha alcanzado un punto en el que la necesidad incurre en contradicción consigo misma. Ahí ha de insertarse la crítica, y no en cualquier jerarquía previamente dada de valores y necesidades (Tesis sobre la necesidad (Adorno Escritos sociológicos 1942)

Por qué me hago preguntas— jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

Por qué me hago preguntas— “La juventud —decía Rousseau— es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla”. Recuerdo la primera vez que compre un libro de filosofía: Nietzsche, humano Demasiado humano, donde este revelaba, a su modo claro está, el padecimiento del hombre. Para mí, amante de la astronomía (A.A.B.) y la naturaleza (UES: Unió Excursionista Sabadell), entonces con poco más de 16 o 17 años de edad, y que no quería estudiar, fue como descubrir otra dimensión antes desconocida, tan intrigante como el propio cosmos que estaba descubriendo en la Asociación Astronómica de (Barbera del Valles). Desde entonces y a la par, libros de filosofía, astronomía y revistas de ciencia saturaron las estanterías de mi habitación, como ahora la memoria del ordenador. Leía, muchas veces sin entender y volvía a leer, luego a quienes me explicaban aquello que no entendía, envuelto en esa felicidad absurda que con el tiempo entendemos nos da el conocimiento parcial e incompleto de las cosas, lanzando (con doble voltereta y tirabuzón, cayendo de plancha) a vivir mi aventura: conociendo aquello que surgía sin buscar, hallándolo de la naturaleza. De de ese modo (con su luces y sombras) ha transcurrido buena parte de mi vida, entre libros escogidos y salidas continúas al campo y las montañas, viajes: selvas, desiertos y volcanes, (accidentes, enfermedades, caídas) sumados esto a una creciente afición tardía por las plantas y la jardinería.

Pero entiendo que mi caso no es único —y no refiero mi afición tardía— pues son muchas las personas, que en algún momento comienzan a advertir esa terrible seducción, hacia temas que van más allá de su quehacer cotidiano. Digamos, que son seducidos hacia cuestiones más profundas. Preguntas, que como a otros en el pasado y desde tiempo inmemorial han inquietado de manera fabulosa tanto a comunes como notables, pues todo ser humano, en algún momento de sus vidas siente de esa dolosa necesidad de saber, llevados o dirigiéndose entonces hacia eso que llámanos filosofía (“incluso sin ellos mismo saberlo: son filósofos —Calvo, 2003:) haciéndose preguntas e intentando comprender a los otros —añado: sin comprenderse y saberse primero a sí mismos, o sin apenas experiencias puras en la vida— pero cuestionando y dando respuestas al origen del mismo cosmos. En palabras de José María Calvo, “el ser humano es filósofo por naturaleza, y si se le ofrece la oportunidad se hace preguntas a todas las edades” (Calvo, 2003: 36). Y, si se le deja, créanme (de mayorcito), este te dará todas la repuestas… de la tierra, el mundo, los planetas y la existencia, aunque no haya saldo de su pueblo en toda su vida (véase Kant).

Ciertamente, desde muy pequeños, ya nos acercamos a las cosas para comprenderlas así se nos representan a los sentidos (aunque no sé si exactamente, entonces, “de muy pequeños”, exactamente nos acercamos para comprenderlas: yo “de pequeño, y de no tan pequeño” mataba y quemaba hormigas). Pero es un hecho, que comprender (aunque creer comprender seria lo correcto) la razón de las cosas, en tanto a estas cosas son, se nos representan y las entendemos “por su ultimas causas”, ha llevado a algunas personas (sobre todo a los filósofos), a sentirse recompensados por su búsqueda y de aquellos resultados hallados. Aunque tales resultados, no aludan de los seres y las cosas a causas primeras (esto es: un saber, por tanto, a medias y soy generoso hablando de filosofía) siendo entonces dicho saber (ese que encontramos de toda nuestra historia moderna escrito) un saber (razonado) solo a partir de ideas, a partir de sus últimas causas, y no de las primeras causas, y esto creo esto está muy claro. Como de claro se resuelve que de cierto, no sabemos (objetivamente) de la realidad (natural) de sus primeras causas: nada, más allá de lo que creemos nosotros saber.

Pero (y volviendo al hambre de saber) este no tendrá razón cuando ya parte del deseo (del individuo), y no de una necesidad real (del individuo) de conocer (esas primeras causas): por tanto hablo de una necesidad tan real (como la verdad que busca) y que no nos deje descansar, cuando la advertimos de un destello de luz que nos descompones, y que te lleve “a rastras de los pelos” no a los libros y a sus respuestas, sino a aquello que origina las preguntas: a la experiencia pura, propia y sensible de los sentidos, dirigidos hacia todo aquello que nos rodea y afecta de la naturaleza, de la que somos parte afecta. De ahí, que algunas personas empecemos a problematizar todo aquello que se da por sentado de aquellos libros (y de cualquier cosa razonada) y sus certezas, cuestionándonos a partir de la falta total de saber “real” que sentimos: una carencia de conocimiento de la que el ser humano hoy no se sabe objeto, pues “para apropiarse algo (conocimiento de algo) no se trata de entenderlo (subjetivamente), hace falta sentirlo y sentirse hacia él (proyectado/ reflejado en el), tanto como él hacia ti”. En este sentido (proyectado por la luz) se origina el conocimiento primero de ser, (estando) siendo frente a algo y reconocerlo (de la luz que nos refleja), parte, igualmente de nuestro ser (mas allá del yo, proyectándonos igualmente por la luz hacia aquel). Luego mi rechazo firme hacia esa filosofía centrada en la nada y en nada, y la aceptación exánime y apática de esta Nada por parte de otros… es lo que hace que (desconfié) y luego me pregunte, más allá de preguntar o de preguntarme sobre cualquier absurdez ¿por qué buscan la nada? ¿Por qué hablan de ella? ¿Están ciegos? Es que se ha vuelto ciego todo el mundo y ciega con ellos la razón; cuando a mi alrededor, a nuestro alrededor el mundo está lleno de vida y luz, y hay de todo, en todas direcciones (inabarcable)…

El modo como he pretendido hilvanar — jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

El modo como he pretendido hilvanar —en relación a las diversas materias y sensibilidades que pueden hallase desordenadas en este cuaderno, tanto o más que dispersas en nuestro tiempo— no es la expresión estricta de una manera de pensar. Tampoco de sentir. Es sencillamente la representación (por escrito) de una manera de pensar y de sentir (de un deseo antes y de publicar) resuelto después en atrevidas formas sutiles que se prestan a todo tipo de elucubraciones ingeniosas, y un tanteo pero, donde empujo al lector obligándole a trasladarse por un particular derrotero; un paisaje cuanto menos singular de uno el propio donde no se acomete el juicio pretendidamente certero y de otros lo adecuado, o conveniente a la razón, exigiendo en todo momento la adhesión de quien pudiere leerlos. Ninguna metafísica interviene aquí a excepción “de aquel espantoso momento, en que uno mismo, en el ejercicio del pensamiento se adivine inmerso”. Pronto se advertirá que lejos de reclamar condescendencia, la esencia de lo escrito asienta, por encima de ninguna filosofía o ciencia, no solo y en el placer mismo de escribir. Placer, que habría de ir objetivando más sobre la arquitectura de una construcción mayor buscándole una voz, en lugar, de afanarme hacia un utilitarismo escrupuloso y creciente: llevado a recetario (como refiere Savater) y que se observa hoy en tantas librerías. Sin embargo, con ello no he pretendido abandonarme hacia a una puerilidad o sinsentido que todos, en mayor o menor medida y de un modo u otro, hemos conocido. Más al contrario, el esfuerzo deliberado de este cuaderno creo, mostrará un particular modo de desenvolverse en sí mismo: en sus propias formas (formas que no allanan precisamente el camino ( del otro) pero, sin que ello se oponga jamás a un fondo común; fondo, por cierto, siempre difícil de integrar el uno de otro de sus propias experiencias—pero que si no siempre “práctico” al menos resultará interesante de recorrer— y para el que considero unas sencillas reglas, estas representadas en esencia en el interés, la observación y el respeto a la ciencia, la filosofía y el arte. Si bien, lejos de los rigores de la primera, más próximo a la estética y formas de la segunda, y sobrepasado por la imaginación y la extravagancia del tercero. Sin embargo, «toda observación es relativa al punto de vista » afectando al fenómeno que se observa. De tal manera, que igualmente cabría esperar que la lectura sea relativa al punto de vista del lector, que de algún modo condicionará, “siempre” lo leído, afectando causal o intencionadamente al sentido que verdaderamente se representa. De modo, que me gustaría invitarles a que considerasen la posibilidad de sufrir este cuaderno más, como quien lee para sorprenderse —dejándose extrañar— antes que para juzgar lo expuesto. Y para ello apelaré, a su buen sentido no tanto como a su razón y juicio, pues del buen sentido ya en su tiempo nos refirió, el propio Descartes (1556–1650) como «la cosa que mejor repartida está en el mundo, pues de la razón todos tienen, y no suelen apetecer más mas del otro y razón, de la que ya tienen.