0-5: El modo como he pretendido hilvanar / Jorge Maqueda Merchán

 

0-5: El modo como he pretendido hilvanar en relación a las diversas materias y sensibilidades que pueden hallase desordenadas en este cuaderno, tanto o más que dispersas en nuestro tiempo, no es la expresión estricta de una manera de pensar. Tampoco de sentir. Es sencillamente la representación (por escrito) de una manera de pensar y sentir (desde la necesidad de ser y escribir (acerca de algunas cosas) resuelto después en formas que se prestan a un tanteo pero, donde empujo al lector obligándole a trasladarse por un particular derrotero; un paisaje cuanto menos singular de uno y propio, donde no se acomete el juicio pretendidamente certero: adecuado o conveniente a la razón exigiendo en todo momento la adhesión de quien pudiere leerlos, a excepción, claro está: “de aquel espantoso momento en que uno mismo y en el ejercicio del pensamiento se adivine del texto inmerso”.

Pronto se advertirá que lejos de reclamar alguna condescendencia alguna la esencia de lo escrito asienta por encima de filosofía o ciencia: no solo en el placer mismo de escribir; sino que habría de ir objetivado sobre una arquitectura mayor buscándole una voz, en lugar de afanarme hacia el utilitarismo se observa hoy en tantas librerías. Más al contrario, el esfuerzo deliberado de este cuaderno creo, mostrará un particular modo de desenvolverse en sí mismo de sus propias formas (formas que no allanan precisamente el camino (del otro) sin que ello se oponga jamás a un fondo común y reflejarse del texto); fondo, por cierto, siempre difícil de integrar de otro desde las propias experiencias—pero que si no es siempre “práctico” es al menos interesante de recorrer, y para el que considero unas sencillas reglas, estas representadas en esencia en el interés, la observación y el respeto a la ciencia, la filosofía y el arte. Si bien, lejos de los rigores de la primera, más próximo a las formas de la segunda, y sobrepasado por la la extravagancia del tercero. Sin embargo, «toda observación es relativa al punto de vista» afectando al fenómeno que se observa, por lo que igualmente cabría esperar que la lectura sea relativa al punto de vista del lector, que de algún modo condicionará, “siempre” lo leído, afectando al sentido que verdaderamente se representa. De modo, que me gustaría invitarles a que considerasen la posibilidad de sufrir este cuaderno más, como quien lee para sorprenderse dejándose extrañar, antes que para juzgar lo expuesto. Y para ello apelaré, a su buen sentido de lo que en su tiempo ya nos refirió el propio Descartes (1556–1650) como «la cosa que mejor repartida está en el mundo», pues de la razón entiendo que todos tienen la suya, y no suelen apetecer más razón del otro de la que por sí mismos ya tienen.

 

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