Despejar el propio horizonte / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

Despejar el propio horizonte y de la conciencia luego eso de uno, no es el descubrimiento de verdades antes existentes de otro, en el mundo; sino y del propio ejercicio de libertad y antes movernos de un punto desde luego a otro punto entendiendo de las cosas mismas que son en nuestro camino, sabiendo a donde se necesita ir pero no adonde nos dirigimos / pero y antes de seguir diré: que esto ya es mucho sino todo: saber primero "donde está uno" y a dónde necesita ir no entendiendo de aquello alcanzado de otro punto su destino, y tanto es esto→ que distingue a uno de otro, y a algunos otros de solo unos pocos.

Pues entender del movimiento lo necesario «es» concebir hallarse de un punto y de la visión de otro punto (no destino) sino entendiendo aquello de un horizonte limitado que puede ser de uno después, alcanzado, siendo entonces y observando incluso más allá de este / precisando de uno solo moverse / luego a otro punto es→ hacia un mayor entendimiento de lo mismo no lo igual de un horizonte dado a recorrer de alguna forma siempre dos puntos y de la vista lo objetivo de uno / que puede ser entendido y significado de uno mismo después de conocer (lo) que proporciona de cada instante y cada paso a un observador la aparición de algo nuevo desde ángulos distintos de visión hacia movernos de un conocimiento y entendimiento de mayor de la misma cosa (en el mundo) como "horizonte: voluntad y representación" entendiendo el movimiento de uno como acto de conciencia, como despliegue de visión, y proceso de comprensión del mundo en su devenir.

Luego "la realidad es tan obvia que un hombre no necesita buscarla y sólo tiene abrir los ojos para verla” y caminar, paso a paso, para mejor entenderla de las mismas cosas que le son a su alrededor; y del movimiento adquiriendo esto que es: sentido propio del mundo, que ha de venir del asombro recorrer “el propio horizonte que es “lo que puede ser de unomismo de otra manea entendido precisamente de movernos más allá del entendimiento dado y mayor desde de alguna forma y alguna cosa concreta y propia de uno después (haciendo de aquello mismo que sea conciencia (de sí mismo) desde aquello mismo luego de él). Esto recuerda que realidad se manifiesta de sí misma en el instante de la percepción, y que no necesita (la realidad) garantías de lo que es: despojados de veladuras (que son doctrinas y opiniones de los otros sobre la misma realidad que hacemos después de nosotros ( lo de unomismo) al habernos vaciado de aquello que son ideas preconcebidas de otros; y permitir que sea→ la misma realidad misma la que se muestre de la luz en el reflejo propio de nosotros siendo aquello de un sentido primero y significado después, moviéndonos de lo que antes era del de otro su significado y olvido del significado de uno, ahora siendo sentido desde el significado de lo propio.

Despejar el horizonte de uno mismo moviéndose uno constituye el gesto mayor y de soberanía que impulsa de uno antes a reconocer y aceptar luego la inmediatez de las verdades más evidentes desde una comprensión inmediata desde aquello mismo y sombras igual que nos rodean moviéndonos del medio en el reflejo y de la vista en las cosas y de sus sombras mismas que son al atardecer y señalan hacia nosotros siempre un punto concreto del horizonte desde el sentido invertido de uno: su horizonte / luego moviéndose antes y de lo propio en aquello mismo y de la propia sombra al amanecer (hacia→ después y de la sombra de alguna cosa en su sombra (que es hacia nosotros invertida y de otra sombra: la propia, moviéndose de uno lo mismo no igual y por detrás, al atardecer.



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