De los paisajes posibles: luego las razones, que llevan a moverse a uno de un paisaje diferentes / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

De los paisajes posibles: luego las razones, que llevan a moverse a uno de un paisaje diferentes: El texto propone una reflexión amplia sobre el concepto de “paisaje”, que va más allá de lo físico para abarcar de lo perceptivo, lo existencial y hasta lo cosmológico, que van desde la teoría de cuerdas hasta la fenomenología de Merleau-Ponty y Sartre, donde se plantea que la realidad no es unívoca, sino múltiple y contingente de cada uno: cada ser humano la configura desde su punto de vista, su experiencia y su libertad. Así, “paisajes" de la posibilidad se convierten en “paisajes posibles” desde las diversas formas de concebir (ser-ahí (del pensamiento propio y existir en mundo como voluntad y representación, abriendo el espacio desde nuevas interpretaciones, sensibilidades y modos de existencia que desafían las normas establecidas.

De los paisajes posibles― entendido de Paisaje su significado más común―podría describirse como la extensión de terreno que se vemos desde un sitio o punto dado (donde estamos). Sin embargo, existen otras formas de representar o utilizar el “sentido de la palabra paisaje”. Esto ocurre, por ejemplo, al tratar de biología, arte, e igualmente, cuando es utilizado en Astrofísica o Cosmología y de los físicos, es, en este último caso y concreto, y bajo el paraguas de la teoría de cuerdas o (String Theory) donde este paisaje englobará posibilidades de universos paralelos que recogen, al mismo tiempo, la posibilidad de existencia, lo mismo de otras partículas e interacciones diferentes a otras leyes locales de la física. Así, el conjunto de todas las leyes posibles permitidas, recibirá el nombre de “paisaje”. Luego, y según algunas interpretaciones dela (S.T.) este paisaje sería enorme; resultando una diversidad fabulosa de universos posibles y, por lo tanto, igualmente de posibilidades de uno y ser. Posibilidades pues que bien podrían ser→ del pensamiento hasta estar-ahí, dentro del ámbito de lo humano y personal igual del unomismo, siendo de diferentes ángulos y moviéndonos a otros puntos y de la vista lo mismo: a percepciones de la realidad y la existencia, que difieran de “las leyes locales y normas que hoy gobiernan el pensamiento único” siendo del conjunto de posibilidades estas, y al modo de “pensar” y-o “representar”, igualmente, luego obrando todas ellas permitidas. Luego este uso concreto o aplicación del término pone de relieve que un paisaje es→ en toda su extensión reflejo de la posibilidad de uno y proyectado de las múltiples maneras en que la realidad puede configurarse del unomismo, abriendo puertas a posibilidades que desafían esas las normas establecidas de los otros y reconfiguran nuestra comprensión del cosmos y de cómo este puede de uno ser este paisaje propio / luego siendo en tanto y de cada uno este hacia nosotros.

En su "Fenomenología de la percepción", M.M-Ponty expresa cómo nuestra interpretación del entorno emerge desde la interacción entre sujeto y mundo, proyectando nuestras necesidades, deseos, recuerdos y anhelos en cada rincón visible. De modo similar Sartre postula que "somos→ condenados a ser libres", subrayando que la realidad—al igual que un paisaje—es un campo de manifestación donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan en la creación de múltiples significados. Hay pues una diversidad de paisajes posibles que se presenta como síntesis manifiesta de alguna manera complementando esta perspectiva, en la que podemos notar que la imagen de paisaje en el contexto de la teoría de cuerdas, donde se habla del "paisaje" como el conjunto de leyes físicas posibles, nos obliga a replantear el modo en que concebimos la realidad. Investigadores como Edward Witten y Leonard Susskind han teorizado que este paisaje, sugiriendo que nuestro universo o realidad es solo una de muchas configuraciones posibles, una idea que resuena con la convicción de que la realidad es, en última instancia, una construcción contingente y de cada uno (eventual por no decir accidental) aun carente de sentido propio. Luego Esta analogía trasladada al ámbito humano, donde el "paisaje" de la existencia se construye a partir de las infinitas maneras que interpretamos y damos sentido a nuestro entorno definido de otros, trasciende→ cuando entendemos lo que se quiere decir) de uno “en las limitaciones de "las leyes locales" que hoy gobiernan el pensamiento tradicional.

Por ende, hablar de los paisajes posibles es adentrarse en una reflexión holística sobre la multiplicidad de la formas de ser→ del pensamiento, de cada uno y desde si mismo luego percibir el mundo como representación, y voluntad entendida desde la reinterpretación de un espacio físico hasta la concepción de universos enteros regidos por las propias leyes alternativas (y normas. Lo mismo de ortografía: son leyes) que son y no son lo de cada uno a su manera de decir de las cosas propia de las que se expresa uno al otro (sino en lo impropio y de normas de otros→ el paisaje que se erige de la libertad creativa e imaginación del pensamiento impuesto. Tal como Husserl afirmaba "el mundo adquiere sentido por su horizonte," (horizonte observado i sentido de cada uno (o que hoy penosamente no concebimos pero entendemos del sentido dado en las palabras y normas por el otro) luego y… “entiéndase esto”, pero mejor y a partir de los matices de nuestra experiencia personal de un camino en el asombro de uno a cada curva (en el destino propio de lo incierto), en lugar de estar de la imaginación y deseo de imposición los otros en cualquier sentido. En ese sentido, y siendo de lo que se es y de lo que hay, lo mismos del conjunto de posibilidades, ya sea en la cosmología o en el modo en que vivimos y representamos la propia existencia, lo de cada uno: puede y se convierte en una celebración en la diversidad de percepciones luego la reafirmación en la libertad de crear nuevos significados y formas las propias y de cada uno el sentido en estas de lo que de uno mismo es y siente de una forma lo que es: de una cosa después que reconocemos (en lo semejante propia Y del reflejo) de un cosmos que observaremos ya distinto en el perpetuo devenir.



Despejar el propio horizonte / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

Despejar el propio horizonte y de la conciencia luego eso de uno, no es el descubrimiento de verdades antes existentes de otro, en el mundo; sino y del propio ejercicio de libertad y antes movernos de un punto desde luego a otro punto entendiendo de las cosas mismas que son en nuestro camino, sabiendo a donde se necesita ir pero no adonde nos dirigimos / pero y antes de seguir diré: que esto ya es mucho sino todo: saber primero "donde está uno" y a dónde necesita ir no entendiendo de aquello alcanzado de otro punto su destino, y tanto es esto→ que distingue a uno de otro, y a algunos otros de solo unos pocos.

Pues entender del movimiento lo necesario «es» concebir hallarse de un punto y de la visión de otro punto (no destino) sino entendiendo aquello de un horizonte limitado que puede ser de uno después, alcanzado, siendo entonces y observando incluso más allá de este / precisando de uno solo moverse / luego a otro punto es→ hacia un mayor entendimiento de lo mismo no lo igual de un horizonte dado a recorrer de alguna forma siempre dos puntos y de la vista lo objetivo de uno / que puede ser entendido y significado de uno mismo después de conocer (lo) que proporciona de cada instante y cada paso a un observador la aparición de algo nuevo desde ángulos distintos de visión hacia movernos de un conocimiento y entendimiento de mayor de la misma cosa (en el mundo) como "horizonte: voluntad y representación" entendiendo el movimiento de uno como acto de conciencia, como despliegue de visión, y proceso de comprensión del mundo en su devenir.

Luego "la realidad es tan obvia que un hombre no necesita buscarla y sólo tiene abrir los ojos para verla” y caminar, paso a paso, para mejor entenderla de las mismas cosas que le son a su alrededor; y del movimiento adquiriendo esto que es: sentido propio del mundo, que ha de venir del asombro recorrer “el propio horizonte que es “lo que puede ser de unomismo de otra manea entendido precisamente de movernos más allá del entendimiento dado y mayor desde de alguna forma y alguna cosa concreta y propia de uno después (haciendo de aquello mismo que sea conciencia (de sí mismo) desde aquello mismo luego de él). Esto recuerda que realidad se manifiesta de sí misma en el instante de la percepción, y que no necesita (la realidad) garantías de lo que es: despojados de veladuras (que son doctrinas y opiniones de los otros sobre la misma realidad que hacemos después de nosotros ( lo de unomismo) al habernos vaciado de aquello que son ideas preconcebidas de otros; y permitir que sea→ la misma realidad misma la que se muestre de la luz en el reflejo propio de nosotros siendo aquello de un sentido primero y significado después, moviéndonos de lo que antes era del de otro su significado y olvido del significado de uno, ahora siendo sentido desde el significado de lo propio.

Despejar el horizonte de uno mismo moviéndose uno constituye el gesto mayor y de soberanía que impulsa de uno antes a reconocer y aceptar luego la inmediatez de las verdades más evidentes desde una comprensión inmediata desde aquello mismo y sombras igual que nos rodean moviéndonos del medio en el reflejo y de la vista en las cosas y de sus sombras mismas que son al atardecer y señalan hacia nosotros siempre un punto concreto del horizonte desde el sentido invertido de uno: su horizonte / luego moviéndose antes y de lo propio en aquello mismo y de la propia sombra al amanecer (hacia→ después y de la sombra de alguna cosa en su sombra (que es hacia nosotros invertida y de otra sombra: la propia, moviéndose de uno lo mismo no igual y por detrás, al atardecer.



De un horizonte dado: "adquirir el sentido propio de horizonte" / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

De un horizonte dado: "adquirir el sentido propio de horizonte" implica que nuestra experiencia del mundo no-es solo un cúmulo de datos aislados del medio, sino un entramado de significados y de nombres propios que se nos revelan de lo mismo en la periferia de lo visible conocido y nos remiten de las cosas que no-son antes de uno y son no de la misma manera lo mismo de otro: lo desconocido de uno, más allá de la periferia o limites dados del propio horizonte / para lo que tenemos que movernos de nosotros mimos hacia→ crear de nosotros ese nuevo horizonte que-es y puede ser y es de alguna forma luego de otra manera siendo de movernos de aquello mismo luego de nosotros que no-es antes y es lo desconocido todavía. Xavier Zubiri en este sentido profundiza esta idea al señalar que el sentido del mundo proviene del asombro: de despejar de unomismo ese horizonte que se nos revela a cada uno de una vida (a cada paso haciendo de este un nuevo horizonte alguna cosa habitable) lo que nos permite entender después de alguna forma propia el poder ver más allá de lo inmediato y de las palabras el significado que se distingue de lo mismo dado de otros / siendo (de un pie abajo del medio y de este modo→ entender lo significado desde nosotros).

Luego lo que se plantea es→ si este nuevo paisaje que aparece y es, existía antes de ser despejado y… si, al hacerlo nosotros y despejarlo, entendemos, lo que creamos de nosotros mismos de otra manera lo mismo, que es antes posiblemente lo explicado de otro: después a nuestra propia manera y de nuestros significados que son: de las propias palabras después de nosotros lo que lo definen (gran cuestión proponemos). Donde— para reforzar la idea a mostrar nos movemos del pensamiento y sentido no de la misma manera de lo mismo desde autores como Heidegger y Sartre después hablando uno del otro de lo mismo no de la misma manera. Heidegger introduce el concepto de (ser-ahí que no es un sujeto aislado, sino lo referido de uno lo que tiene que ser (y de alguna cosa pues del otro) de lo que de alguna manera ya existe y siendo de eso de unomismo después y en el mundo, en constante y relación con su entorno.

In-der-Welt-sein —“ser-en-el-mundo”— es uno de los conceptos más radicales y fundacionales en la ontología de Martin Heidegger. No es simplemente estar ubicado en un entorno físico, como quien se encuentra dentro de una habitación. Es una forma de ser que rompe con la separación clásica entre sujeto y objeto, entre conciencia y mundo, entre el yo y lo otro; pues→ ese “ser-en-el-mundo” es (eso→ todavía no definido del texto / que puede ser→ del pensamiento de unomismo, cunado observamos alguna cosa que podemos entender propia de unomismo ahí después,  siendo antes del pensamiento de (eso) mismo que significa In-der-Welt-sein desde la perspectiva de que la existencia propia es y es eso de uno que puede ser→ del pensamiento, del otro, siendo→ de nada propio antes) entendiéndose arrojado al mundo y un horizonte dado: definido pero abierto a sus posibilidades (no determinadas de este texto). La noción de “unos” como singularidades energéticas en relación encuentra un eco profundo aquí. El cuanto, como el Dasein, no es sin mundo, no tiene identidad fija, sino que se manifiesta en relación, en contexto y apertura con el otro. El “ser-en-el-mundo” es también una forma de estidad: no cerrada, sino situada presta a ser→ del pensamiento, que se da en vínculo o relación con el otro. Pero ¿Qué significa realmente ser-en-el-mundo? 

Heidegger lo introduce en Ser y Tiempo para describir la estructura existencial del Dasein (el ser que somos nosotros).No somos “cosas” en el mundo, ni “conciencias” que lo observan desde fuera. Somos los que estamos implicados, inmersos, arrojados en un mundo que no elegimos, pero que nos constituye. El mundo no es un conjunto de objetos externos, sino un horizonte de sentido que puede ser propio, pero en el que todo aparece ya interpretado, ya dispuesto para el uso, ya cargado de significación.

Claves del concepto:

·         Unidad estructural: In-der-Welt-sein no es la suma de “ser→ del pensamiento” de uno + “mundo”, sino una estructura unitaria. No puede descomponerse sin perder su sentido.

·         Relacionalidad ontológica: el Dasein no está frente al mundo, sino en él, como parte constitutiva. El mundo no es lo que está “ahí fuera”, sino lo que hace posible que algo tenga sentido. La "relacionalidad ontológica" o las "ontologías relacionales" se refieren a una perspectiva filosófica que concibe al (ser→ del pensamiento) no como entidades individuales no separadas del medio y el entorno, sino en complejas tramas de relaciones dentro de este medio, en asociaciones y vínculos indisolubles entre sí y con el entorno. Esta visión rechaza el paradigma moderno que separa al sujeto del objeto, la naturaleza de la cultura, y promueve la idea→ de un mundo interconectado donde el conocimiento, la ética y la transformación social deben basarse en estas relaciones y en la experiencia de los sujetos

·         Facticidad y posibilidad: el Dasein está “arrojado” en el mundo (no lo elige), pero también es proyecto: puede interpretarlo, transformarlo, habitarlo de forma auténtica o inauténtica.

 

Luego despejar ese horizonte dado de ante mano (que entendemos de las palabras y el sentido que significan y le da el otro) se revela como ejercicio ontológico y estético encarnando la libertad de reinterpretar de cada uno la realidad antes significada del otro. Cada acto es, por tanto, en este caso una oportunidad de renovar nuestra relación con el mundo dado, asumiendo que no se va a descubrir nada / y de nada nuevo lo propio es→ acaso transformar de uno el paisaje dado y entendido: todo lo que nos rodea antes del sentido del otro.

1-13: El pensamiento como expresión del tránsito ontológico / Jorge Maqueda Merchán ( Jordi Maqueda)

 

1-13: El pensamiento como expresión del tránsito ontológico o desplazamiento del ser-ahí desde una forma de existencia o estar de algo, luego moviéndose de eso y ser→ del pensamiento, de lo mismo, en relación a alguna cosa después propia de uno, implica una transformación de la identidad, el sentido y la relación del individuo «no sujeto» con el mundo. No se trata pues de un simple cambio externo: «esto de moverse uno» sino de una alteración profunda en la estructura del ser en tanto ser→ del pensamiento igual de uno, no de la misma manera de algo sino de una forma propia después, tal y como el individuo se comprende luego de sí mismo a través de esta y se proyecta en la realidad de la realidad misma de las cosas mismas que le acontecen.

El Pensar desde uno mismo entonces no se reduce o comprende desde una introspección narcisista o egoísta, sino que se funda en la experiencia del haber sido uno  —y de haberse desplazado— de ciertas formas de estar en el mundo y de algo a pensar luego desde ese algo moviéndose de alguna cosa propia después de uno: luego en este sentido, no es solo recordar, sino reconfigurarse uno de las propias experiencias en el intento de dar forma y ordenarse de lo vivido antes desde un lugar que no-es de uno aquello mismo que antes fue algo pero es→ algo y principio de lo que puede moverse uno con razón suficiente a lo que pueda ser→ del pensamiento de lo mismo / no lo mismo igual de la misma forma (aquello) de otra manera después y en concreto después propio de uno.

Este movimiento, que implica una suerte de desposesión y reconfigurarse de las propias experiencias, permite luego hablar con propiedad «y desde uno mismo» desde aquellas nuestras inquietudes, incluso cuando ignoramos el final de los hechos que nos provocan estas; pues mientras hay proyecto de vida uno puede seguir siendo→ del pensamiento en la potencia de proyectarse de algo, en la apertura o de un principio de razón suficiente: hacia alguna cosa propia que aún no-es y es lo que puede llegar a ser lo de uno después propio. En términos de existencia como posibilidad: el Dasein, no está definido por lo que ha sido, sino por su capacidad de anticiparse pudiendo del pensamiento ser→ lanzándose hacia adelante hacia lo que de uno pueda llegar de ser→ / y pensar desde uno mismo aquello, que se ha dejado atrás / hacia lo que aún no-es de uno o no se ha alcanzado y es→ de alguna cosa: lo que ya nos emplaza siendo de alguna cosa / eso que será lo propio de uno después.

 De las implicaciones de este tránsito ontológico como Movimiento existencial «entendemos » al sujeto que deja de ser lo que era —una forma de estar, de pensar y de sentir— abriéndose a una nueva posibilidad como individuo pudiendo ser. Esto puede iniciar por una crisis, revelación, duelo, o incluso por el pensamiento mismo dándose una «reconfiguración simbólica» en la que se descomponen del sujeto los elementos que sostenían la identidad anterior (el yo, el tiempo, el sentido, la comunidad) y se reconstruyen desde otro lugar propiciándose de uno entonces una «apertura ontológica o principio de razón suficiente» para moverse y ser de alguna otra cosa. En términos Heideggerianos, es el momento en que el ser-ahí (Dasein) se enfrenta a «la nada» de algo que ya no-es y es de uno lo que queda→ lo mismo de esa angustia (angustia como lugar o espacio que no-es antes y de alguna forma luego es→ de uno lo que puede ser: donde descubre la posibilidad de uno ser→ siendo del pensamiento luego de lo mismo de otra manera en relación alguna cosa: lo verdadero de uno después.

Podríamos decir que el tránsito ontológico es lo que ocurre cuando el sujeto ya no puede seguir siendo de lo que está en lo era y decide moverse, aún sin saber qué será desde ese espacio intermedio, fértil y doloroso, donde el pensamiento se vuelve testimonio y de uno el ser→ del pensamiento de alguna cosa: como posibilidad. En Cioran, esto es el reconocimiento de que todo tránsito es caída, pero también lucidez: o trauma de la lucidez. Por ello darle un sentido propio a nuestros propios actos, y seguir «siendo→ del pensamiento» de lo de uno antes, más allá del sentido que puedan darle los demás es→ una necesidad y prioridad, lo que en un primer momento será el principal anhelo: encontrarle el sentido a aquello mismo luego de uno antes significado de lo que después nos sucede y que encarnamos de un viaje o camino propio de vida: y que no-es una certeza en la que se está, ni un programa concreto de viaje a concluir de un destino concreto, sino (destino) más una evidencia a la que se llega después (obrando→ en función de aquello mismo que nos dicta antes el corazón /por delante de la propia razón) y que todos hemos comprobamos muchas veces al ver colapsar y volver de nuevo abrirse otras expectativas durante un mismo tramo de vida o viaje. Luego está la necesidad renunciar a una idea o proyecto anterior colapsado, en mor de seguir aquello mismo que contra todo lo racional del momento cuando menos esperas adviertes que puede ser→ apareciendo lo que de la mano después como uno auriga, nos habrá de conducir: