Sombras y penitencias / jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

―Opuestamente a lo que pudo haber imaginado Hamlet no albergo fundado temor a unos sueños atroces que atormenten mi reposo dejándose seducir por visiones sombrías. Al contrario, descreo que llegado el momento la consciencia pueda emerger alarmada a un vacío imposible: expectante a esa nada que crece poblada de horribles criaturas que turben nuestro merecido descanso como un abismo de terror, sino más como el terreno fértil en el que pueden germinar nuevas manifestaciones. Pues Allá donde unos ven infiernos otros vemos revelación y como diría Poe: incluso "es posible que hasta yo tenga un día que morir" y dando por supuesto que el río por el que transita el caudal tiempo sigue fluyendo en mi caso aún con mayor intensidad no es una locura afirmar que aquello que en otros se convierte en escenarios de condena, se transforman en espacios de emancipación, en los que la liberación se halla en aceptar el destino sin ataduras de esa primera noche tranquila y ultima que es primera realidad de la vida que dispondrá liberarme de penitencias ajenas viniéndome a rescatar. Liberándome por fin de la cruel consciencia que atormenta un día tras otro nuestras insignificantes miserias. Luego todo da igual. Llámense sueños o pesadillas, al igual que la noche y obradas sobre una sustancia infinita: se trata de emanaciones creadas y tejidas sustentadas sobre fundamentos etéreos y retroalimentadas por las diversas formas del tiempo: pasado, presente y futuro que son simples representaciones subjetivas pertenecientes a una compleja eternidad donde no existe realmente un cuándo ni por supuesto tampoco ningún lugar.

De mi propia mortalidad y, lejos de ella, que encuentro en la certeza de un día morir la motivación para vivir, sin permitir que el miedo me impida disfrutar cada instante. De estas líneas estas líneas me permito expresar la manera en la que concibo la liberación que nace de despojarse de penitencias impuestas por una consciencia áspera. Mi camino, marcado por la intensidad del tiempo y la transformación de la noche en un aliado, es la manifestación de ese deseo intrínseco de emancipación, de dejar atrás las miserias cotidianas y abrazar un estado de ser en el que, al fin, todo da igual y la verdad se revela en su forma más pura.

Ese lugar olvidado (de él) / jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)



 Hay un lugar olvidado al Ser, que es origen de todos los deseos e, igualmente, punto de partida en el que es forjado el destino de toda vida. Un lugar vivido antaño de manera absoluta, ahora deshabitado y, que de ser buscado habrá de hallarse en algún momento perdido y preciso de la niñez: apenas, sostenido éste en el presente sobre un reflejo indefinido de Aquelloo: y caudal del tiempo como un torrente que derrumbándose advierte a remolino y la memoria siempre evita. De modo, que solo una esperanza alberga quien llegado a la mitad del camino conserve un hilo de cordura: "agarrarse a él con todas las fuerzas". Pues aquellos fundamentos que gobiernan los misterios del universo, comienzan como engranajes de un viejo reloj a temblar, avanzando en movimiento infinito, sin vuelta atrás; cuando dos niños en la roca sentados, imaginando historias en silencio contemplan con la vista perdida en el horizonte y la esperanza labrada en el tiempo, sobre “la difusa silueta” de un sueño, forjado entre el murmullo sibilino del viento y el rugido furioso de olas que golpean los límites impuestos al mar.

Nos movemos de nuevo desde ese del Ser que se presenta “de la difusa silueta en un sueño” como el origen silencioso de todos nuestros anhelos, el punto de partida oculto donde se forja el destino de toda vida desde que somos unos niños. Es en esa morada interior, en apariencia deshabitada y casi mítica de él, que guarda los vestigios de una niñez plena y absoluta; un tiempo en que la existencia se vivía sin reservas, en un estado de conexión íntima con el universo. Con el paso del tiempo, este refugio se diluye en la vorágine del presente, emergiendo tan solo como un reflejo indefinido de "aquelloo" que se nos antoja distante y evanescente, y caudal de un torrente de memoria que, imparable, arrastra tanto los sueños como el dolor, invitándonos a comprender que en el tejido del tiempo se entrelazan tanto la belleza de lo vivido como la fatalidad intrínseca a la propia existencia, y que es precisamente en ese contraste donde se halla la semilla de nuestro ser.

Lo que adquiere una dimensión aún más poética y personal es cuando el reloj no es meramente un medidor de tiempo, sino símbolo de la memoria y la infancia pérdida, como testigo silente que acompaña el flujo del destino en la transformación del ser. Aquí los engranajes tiemblan al compás de un destino inalterable en la dualidad de lo vivido: la belleza y la melancolía de los momentos casi olvidados que, aunque efímeros, siguen latentes en el rincón más profundo de la existencia de cada uno. De este modo, el tiempo, a pesar de su naturaleza implacable, nos abre la posibilidad de reconstruir y Re imaginarse y ser→ encendiendo en el presente esa chispa inevitable que impulsa a retomar, contra la corriente del olvido, la esencia de quienes fuimos y la promesa de lo que aún podemos llegar a ser desde "Ese lugar olvidado (de él)" —donde se vislumbra un origen primordial de anhelos y sueños en esa íntima recámara, perdidamente ligada a la niñez y al fluir del tiempo— donde como Bachelard encontramos la poética de los espacios que habitamos —ya sean de una casa o esos reinos inexplorados de la memoria— que nos remiten a ese sitio primordial donde se forjaron nuestros deseos más genuinos.

De ahí la importancia de volver la mirada hacia esos recónditos lugares interiores, donde confluyen la experiencia vivida y los ecos de la inocencia; es allí donde se origina el surco que es nuestro destino. Y es precisamente al "agarrarse" a ese hilo de cordura, a esa esperanza que se anida en los vestigios de la niñez, que emerge la capacidad para trascender las limitaciones del tiempo y la lógica fría, para abrazar la totalidad de lo que somos, con sus luces y sombras, en una experiencia de vida que se configura como obra de arte y manifiesta de forma especialmente resonante desde ese "lugar olvidado" que se erige como el origen de todo anhelo y punto de partida de él, donde la memoria oscila entre la vibración de lo vivido—cargado de anhelos y emociones primitivas—en la erosión implacable del tiempo, que arrastra consigo la claridad de lo inmediato. Así, lo soñado y lo real se entrelazan en el caudal de aquelloo que, al igual que en las meditaciones existencialistas o en relatos míticos, nos recuerda que el vivir auténtico radica en abrazar como un torrente ambas facetas: pues la belleza del recuerdo, aunque se desvanece, permite labrar nuestros destinos, y la aceptación de que en el diálogo entre sueño y constatación se forja la verdadera esencia del Ser que nos invita a meditar sobre la naturaleza efímera y ambivalente de la experiencia humana. Por un lado, lo vivido—con todas sus luces y sombras—se desliza en la memoria como un sueño, o serie de imágenes y sensaciones que a menudo se mezclan con la ilusión, el anhelo y la imprecisión del recuerdo. Por otro, esta experiencia debe ser confrontada por la cruda constatación de la realidad, donde cada evocación se funde con la inevitabilidad del olvido. Este contraste ha sido meditado profundamente por pensadores existencialistas, quienes reconocen que la existencia se define justamente por este ir y venir entre la presencia de lo vivido y el persistente espectro del olvido. A la par, las tradiciones míticas antiguas—ya sean los relatos mesopotámicos, griegos u orientales—utilizan símbolos y arquetipos que vinculan el despertar del sueño con el advenimiento inexorable del tiempo, marcando la memoria como un terreno de lucha entre lo etéreo y lo tangible desde la sombra de ese "viejo reloj" que evoca la noción del tiempo y fuerza inexorable, que resuena en la literatura existencialista al recordarnos, con cada tic tac, la ineludible marcha del destino. Este reloj, de engranajes desgastados y pulso constante, simboliza la naturaleza implacable del tiempo que, sin detenerse, arrebata momentos irrepetibles y nos sumerge en la angustia de la finitud del ser. En la obra de autores como Sartre y Camus, el tiempo es percibido como un torrente (aquelloo→ imparable que nos confronta con la realidad de nuestra mortalidad, demandando una existencia auténtica y consciente en cada instante). La insistencia de la irremediable progresión del reloj nos fuerza a meditar sobre el valor de vivir intensamente, pese a la certeza de que cada segundo que pasa nos acerca a la conclusión inevitable de nuestro relato y de un espacio vital de los que Bachelard propone estos espacios no solo como contenedores físicos, sino escenarios reveladores de nuestro mundo interior, capaces de despertar recuerdos, sueños y emociones que trascienden la funcionalidad práctica. En su aproximación fenomenológica, lo cotidiano se transforma en algo casi mágico; cada rincón o nido se carga de simbolismo, siendo testigos vivos de la forma en que la imaginación moldea nuestra percepción del tiempo y el ser. Este texto espero invite a abandonar una visión meramente racional y a sumergirse en la experiencia sensorial y emotiva del espacio, permitiendo que emerja una poética que se alimenta de la memoria y la evocación de la infancia de cada uno, luego en lo personal aportando aquellos elementos esenciales que configuran no solo del presente, sino de nuestro presente, también la manera en la que proyectamos nuestro propio destino.

De Elegir/ jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

 En la vida todo es elección; es tener que tomar decisiones; es tener que escoger. Y en cada elección, en cada acto, nos vamos definiendo a nosotros mismos; siendo lo que queremos ser, a la vez que comprometemos el destino. Pero, y si en una elección comprometiésemos a la humanidad entera. Y si dicho esto, se plantease la siguiente cuestión: ¡El dolor o la nada! ¡Quien tenga valor que elija! Y Sólo del terror a nosotros mismos surge la verdadera angustia, al saber que somos los únicos responsables de nuestros actos.

La vida se presenta, desde el instante en que abrimos los ojos, como una interminable sucesión de elecciones. Cada decisión, por mínima que parezca, es una pincelada en el gran lienzo de nuestra existencia. Al elegir, no solo definimos quiénes somos, sino también el destino que, en cierto modo, comprometemos tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, la acción de elegir trasciende la esfera meramente personal para situarse en una dimensión casi heroica, en la que la libertad y la responsabilidad se funden en un acto cargado de significado. Nos enfrentamos a dilemas existenciales, como el propuesto: "¡El dolor o la nada!", que nos invita a reconocer que, en cada encrucijada, nos vemos obligados a asumir tanto la posibilidad del sufrimiento como la vacuidad del despoblamiento emocional. La esencia de nuestra existencia, según el pensamiento existencialista, reside en que somos, en definitiva, los artífices de nuestro destino a través de cada decisión (como elección) que tomamos.

Esta misma elección se torna aún más intensa y angustiante cuando la responsabilidad de nuestros actos se extiende a la humanidad entera. El terror a nosotros mismos surge precisamente al comprender que somos los únicos (desde nosotros y empezando por nosotros mismos→ capaces de modelar la realidad en la que vivimos, y que el compromiso de nuestras decisiones traspasa el ámbito individual para afectar la vida colectiva. La propuesta del "dolor o la nada" no es solo una metáfora extrema que encapsula el desafío de abrazar la realidad con todas sus contradicciones y sufrimientos, sin recurrir a evasiones ni lecturas simplistas. Albert Camus, en "El Mito de Sísifo", nos recuerda que enfrentar el absurdo de la existencia —ese choque entre el anhelo de sentido y la indiferencia del universo— es lo que nos impulsa a vivir auténticamente, a pesar de la angustia que genera el peso de nuestra libertad y responsabilidad. Esta lucha interna, que se asemeja a la travesía de héroes míticos, nos exige tener el valor de elegir, de proyectarnos hacia adelante y ser→ conscientes de que cada elección (en una realidad y medio que nos determina igual) en su aparente insignificancia pudiendo de nosotros igualmente determinar su magnitud y de alguna manera el sentido, en un acto de creación que define no solo nuestro ser, sino el devenir de la humanidad entera.

A Vosotros / jorge maqueda merchán / jordi maqueda (Aceuchal 06207 (Badajoz -España)

A Vosotros― “los que os sometéis mansamente a lo voluntad de cualquiera con un traje, uniforme o un título... vosotros que os levantáis cada mañana a fichar en el trabajo, a fichar en casa, a fichar en todo lo demás (incluso en la escuela con los niños) y lo mismo os da; seguís sin levantar cabeza... ni la vista levantáis para mirar; pues bien: manteos así, panza abajo y la boca bien cerrada (que abierta i decir a nadie es lo mismo y nada)… señalándose aquí de la rutina diaria un hecho social —el acto de "fichar"—como metáfora del hecho manifiesto y contundente de la mecanización de la existencia del sujeto, donde cada registro en la jornada simboliza una renuncia a la propia autenticidad.

Con este lenguaje crudo e irónico acentúo, quizá y de forma vehemente, la idea que implica vivir en esa sumisión implícita en el caso de cada uno que impide levantar la cabeza (de la obligación) y, por ende, hacer cualquier tipo de cambio significativo en su vida sometido aquel de su “presente perpetuo” de todos los días→ a las estructuras y formas de poder) representadas simbólicamente por trajes, uniformes o títulos que disponen luego la pérdida de autenticidad de uno y manifiesta cuando el día a día se reduce a actos mecánicos (en el trabajo), lo mismo antes como después el “fichar” (es) ese acto cotidiano ( obligado de otros a nosotros) que lejos de ser una mera rutina (“fichar”) simboliza y entiéndase: la entrada y aceptación a un sistema que encadena y reduce de uno su capacidad de ser luego de sí mismo→ “auténtico” pues viene determinado del acto de sí mismo de→ no levantar cabeza renunciando a cuestionar la autoridad ni buscar alternativas para trabajar de otra manera menos ofensiva y, vivir de otra manera de forma plena y consciente (al menos de las cosa que ofenden).

No es la primera vez que manejo un tono provocador y directo, denunciando, en este caso la sumisión de aquellos que se dejan controlar sin cuestionar la esa autoridad representada por trajes, uniformes o títulos o cargos. Que luego se podría extender hacia→ la indiferencia ante la propia dignidad usurpada: mantener la “panza abajo” y la “boca bien cerrada” es→ de una forma que todos reconocemos la imagen que se observa de muchas formas en la sociedad hoy que denota tanto la pasividad como el conformismo (esperar lo que no llega de uno / un pan en la mano puesto de otro). Es decir, quienes se encadenan a ese ciclo sin aspirar a algo más significativo están, en cierto modo, aceptando una existencia empastada en la rutina (a cambio de una cierta seguridad), despojándose de esa chispa vital que podría impulsarlos a ser más y más que rebelarse contra un orden impuesto / siendo del cambio luego de otra manera el orden. La sumisión (en este caso y del sujeto a las empresas) aunque aparente cierta seguridad, en realidad representa la pérdida de la oportunidad vital y de forjar un camino personal o auténtico / a cambio de otro camino impropio dispuesto por otros.

Después y a la luz de la tensión entre lo auténtico y lo artificial, o desde imitar comportamientos de otros —este texto pretende recordar que la verdadera transformación comienza de uno mismo cuando nos atrevemos a levantar la cabeza y a cuestionar-nos sobre la realidad que nos acontece / de la forma y el por qué-es de una forma y no de otra / o sino y de la misma forma de otra manera. Luego No, no se trata únicamente de rechazar la rutina por ser rutina impuesta de otro ―y esto lo entiende un culturista de su necesidad igual de una rutina― sino de recuperar un sentido de aquella rutina desde la propia identidad (cuando mi rutina es, lo mismo adaptada a engrandecerme (de entrada ya no haciendo más horas extras donde engrandezco a otro) y que aprovecho de mi tiempo, en mi caso, en el gimnasio o actividades que me compensan de un estado después saludable) y a la vista está / eso después que nos permite vivir con dignidad, reconociendo que cada “fichaje” impuesto de otro que aceptamos puede ser (síntoma) i es muchas veces una instancia telegrafiada a otros de nuestra rendición que nos aleja de la propia dignidad arrebatada por otros / personas que, aunque nos dan cierta estabilidad, también nos encierran y doblegan la voluntad hacia lo impropio que no es de nosotros natural / pero que solo entendemos cuando comprobados que no estamos donde queremos ni hacemos lo que de veras nos gustaría (en ese momento) estar haciendo. Por lo que desde aquí se invita a la reflexión acerca de esos moldes preestablecidos (insultantes a veces) y que aceptamos alegremente lo que luego nos determinan a ojos de otros / y transformar la pasividad (manifiesta en la aceptación de algunos en lo que nos perjudica a todos) transformándolo en acción consciente, y por tanto en hacer algo al respecto por nosotros y para nosotros / pensando en la manera en que la rutina impuesta de la voluntad y necesidad de otros (hacia nosotros) y su aceptación o sumisión a esta nos determina y ha moldeado el propio día a día de cada uno desde antaño, dificultando aquel camino propio de superación.