Darle un sentido propio a nuestros actos — jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

Darle un sentido propio a nuestros actos― más allá del que puedan darle los demás, e incluso nosotros mismos en un primer momento, será el principal anhelo: encontrarle un sentido final a aquello que nos sucede y hacemos. Un viaje (el camino), como la vida, no es una certeza en la que se está (o un programa concreto a concluir) sino, y más bien, una certeza a la que se llega (obrando en función de aquello que nos dicta el corazón) algo que todos comprobamos muchas veces, al ver colapsar y volver de nuevo a abrirse las expectativas durante un mismo tramo de vida, o viaje. Sería en ese mismo sentido, y precisamente en este viaje del que ahora les quiero hablar, donde yo habría de sentir esa ruptura (conmigo mismo) / o necesidad de renunciar a una idea o proyecto—más aún al ego— en mor de escuchar y seguir aquello que, contra todo lo racional del momento y cuando menos lo esperas te dicta el corazón, desviándome hacia donde, como cogido de la mano (frente a una voluntad estrangulada) la necesidad me habría de conducir.

Por qué me hago preguntas— jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

Por qué me hago preguntas— “La juventud —decía Rousseau— es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla”. Recuerdo la primera vez que compre un libro de filosofía: Nietzsche, humano Demasiado humano, donde este revelaba, a su modo claro está, el padecimiento del hombre. Para mí, amante de la astronomía (A.A.B.) y la naturaleza (UES: Unió Excursionista Sabadell), entonces con poco más de 16 o 17 años de edad, y que no quería estudiar, fue como descubrir otra dimensión antes desconocida, tan intrigante como el propio cosmos que estaba descubriendo en la Asociación Astronómica de (Barbera del Valles). Desde entonces y a la par, libros de filosofía, astronomía y revistas de ciencia saturaron las estanterías de mi habitación, como ahora la memoria del ordenador. Leía, muchas veces sin entender y volvía a leer, luego a quienes me explicaban aquello que no entendía, envuelto en esa felicidad absurda que con el tiempo entendemos nos da el conocimiento parcial e incompleto de las cosas, lanzando (con doble voltereta y tirabuzón, cayendo de plancha) a vivir mi aventura: conociendo aquello que surgía sin buscar, hallándolo de la naturaleza. De de ese modo (con su luces y sombras) ha transcurrido buena parte de mi vida, entre libros escogidos y salidas continúas al campo y las montañas, viajes: selvas, desiertos y volcanes, (accidentes, enfermedades, caídas) sumados esto a una creciente afición tardía por las plantas y la jardinería.

Pero entiendo que mi caso no es único —y no refiero mi afición tardía— pues son muchas las personas, que en algún momento comienzan a advertir esa terrible seducción, hacia temas que van más allá de su quehacer cotidiano. Digamos, que son seducidos hacia cuestiones más profundas. Preguntas, que como a otros en el pasado y desde tiempo inmemorial han inquietado de manera fabulosa tanto a comunes como notables, pues todo ser humano, en algún momento de sus vidas siente de esa dolosa necesidad de saber, llevados o dirigiéndose entonces hacia eso que llámanos filosofía (“incluso sin ellos mismo saberlo: son filósofos —Calvo, 2003:) haciéndose preguntas e intentando comprender a los otros —añado: sin comprenderse y saberse primero a sí mismos, o sin apenas experiencias puras en la vida— pero cuestionando y dando respuestas al origen del mismo cosmos. En palabras de José María Calvo, “el ser humano es filósofo por naturaleza, y si se le ofrece la oportunidad se hace preguntas a todas las edades” (Calvo, 2003: 36). Y, si se le deja, créanme (de mayorcito), este te dará todas la repuestas… de la tierra, el mundo, los planetas y la existencia, aunque no haya saldo de su pueblo en toda su vida (véase Kant).

Ciertamente, desde muy pequeños, ya nos acercamos a las cosas para comprenderlas así se nos representan a los sentidos (aunque no sé si exactamente, entonces, “de muy pequeños”, exactamente nos acercamos para comprenderlas: yo “de pequeño, y de no tan pequeño” mataba y quemaba hormigas). Pero es un hecho, que comprender (aunque creer comprender seria lo correcto) la razón de las cosas, en tanto a estas cosas son, se nos representan y las entendemos “por su ultimas causas”, ha llevado a algunas personas (sobre todo a los filósofos), a sentirse recompensados por su búsqueda y de aquellos resultados hallados. Aunque tales resultados, no aludan de los seres y las cosas a causas primeras (esto es: un saber, por tanto, a medias y soy generoso hablando de filosofía) siendo entonces dicho saber (ese que encontramos de toda nuestra historia moderna escrito) un saber (razonado) solo a partir de ideas, a partir de sus últimas causas, y no de las primeras causas, y esto creo esto está muy claro. Como de claro se resuelve que de cierto, no sabemos (objetivamente) de la realidad (natural) de sus primeras causas: nada, más allá de lo que creemos nosotros saber.

Pero (y volviendo al hambre de saber) este no tendrá razón cuando ya parte del deseo (del individuo), y no de una necesidad real (del individuo) de conocer (esas primeras causas): por tanto hablo de una necesidad tan real (como la verdad que busca) y que no nos deje descansar, cuando la advertimos de un destello de luz que nos descompones, y que te lleve “a rastras de los pelos” no a los libros y a sus respuestas, sino a aquello que origina las preguntas: a la experiencia pura, propia y sensible de los sentidos, dirigidos hacia todo aquello que nos rodea y afecta de la naturaleza, de la que somos parte afecta. De ahí, que algunas personas empecemos a problematizar todo aquello que se da por sentado de aquellos libros (y de cualquier cosa razonada) y sus certezas, cuestionándonos a partir de la falta total de saber “real” que sentimos: una carencia de conocimiento de la que el ser humano hoy no se sabe objeto, pues “para apropiarse algo (conocimiento de algo) no se trata de entenderlo (subjetivamente), hace falta sentirlo y sentirse hacia él (proyectado/ reflejado en el), tanto como él hacia ti”. En este sentido (proyectado por la luz) se origina el conocimiento primero de ser, (estando) siendo frente a algo y reconocerlo (de la luz que nos refleja), parte, igualmente de nuestro ser (mas allá del yo, proyectándonos igualmente por la luz hacia aquel). Luego mi rechazo firme hacia esa filosofía centrada en la nada y en nada, y la aceptación exánime y apática de esta Nada por parte de otros… es lo que hace que (desconfié) y luego me pregunte, más allá de preguntar o de preguntarme sobre cualquier absurdez ¿por qué buscan la nada? ¿Por qué hablan de ella? ¿Están ciegos? Es que se ha vuelto ciego todo el mundo y ciega con ellos la razón; cuando a mi alrededor, a nuestro alrededor el mundo está lleno de vida y luz, y hay de todo, en todas direcciones (inabarcable)…

El modo como he pretendido hilvanar — jorge maqueda merchán / jordi maqueda ( Aceuchal - 06207 (Badajoz- España)

El modo como he pretendido hilvanar —en relación a las diversas materias y sensibilidades que pueden hallase desordenadas en este cuaderno, tanto o más que dispersas en nuestro tiempo— no es la expresión estricta de una manera de pensar. Tampoco de sentir. Es sencillamente la representación (por escrito) de una manera de pensar y de sentir (de un deseo antes y de publicar) resuelto después en atrevidas formas sutiles que se prestan a todo tipo de elucubraciones ingeniosas, y un tanteo pero, donde empujo al lector obligándole a trasladarse por un particular derrotero; un paisaje cuanto menos singular de uno el propio donde no se acomete el juicio pretendidamente certero y de otros lo adecuado, o conveniente a la razón, exigiendo en todo momento la adhesión de quien pudiere leerlos. Ninguna metafísica interviene aquí a excepción “de aquel espantoso momento, en que uno mismo, en el ejercicio del pensamiento se adivine inmerso”. Pronto se advertirá que lejos de reclamar condescendencia, la esencia de lo escrito asienta, por encima de ninguna filosofía o ciencia, no solo y en el placer mismo de escribir. Placer, que habría de ir objetivando más sobre la arquitectura de una construcción mayor buscándole una voz, en lugar, de afanarme hacia un utilitarismo escrupuloso y creciente: llevado a recetario (como refiere Savater) y que se observa hoy en tantas librerías. Sin embargo, con ello no he pretendido abandonarme hacia a una puerilidad o sinsentido que todos, en mayor o menor medida y de un modo u otro, hemos conocido. Más al contrario, el esfuerzo deliberado de este cuaderno creo, mostrará un particular modo de desenvolverse en sí mismo: en sus propias formas (formas que no allanan precisamente el camino ( del otro) pero, sin que ello se oponga jamás a un fondo común; fondo, por cierto, siempre difícil de integrar el uno de otro de sus propias experiencias—pero que si no siempre “práctico” al menos resultará interesante de recorrer— y para el que considero unas sencillas reglas, estas representadas en esencia en el interés, la observación y el respeto a la ciencia, la filosofía y el arte. Si bien, lejos de los rigores de la primera, más próximo a la estética y formas de la segunda, y sobrepasado por la imaginación y la extravagancia del tercero. Sin embargo, «toda observación es relativa al punto de vista » afectando al fenómeno que se observa. De tal manera, que igualmente cabría esperar que la lectura sea relativa al punto de vista del lector, que de algún modo condicionará, “siempre” lo leído, afectando causal o intencionadamente al sentido que verdaderamente se representa. De modo, que me gustaría invitarles a que considerasen la posibilidad de sufrir este cuaderno más, como quien lee para sorprenderse —dejándose extrañar— antes que para juzgar lo expuesto. Y para ello apelaré, a su buen sentido no tanto como a su razón y juicio, pues del buen sentido ya en su tiempo nos refirió, el propio Descartes (1556–1650) como «la cosa que mejor repartida está en el mundo, pues de la razón todos tienen, y no suelen apetecer más mas del otro y razón, de la que ya tienen.

Acerca de un lenguaje (metafísico) y posible //Jorge Maqueda Merchán / Aceuchal ( Badajoz - España)

El lenguaje cotidiano - afirma Heidegger - sirve para movernos en la superficie del mundo. Pero cuando la experiencia toca lo profundo y de alguna forma eso de unomimso, que no es expresable ―al menos no del todo en las palabras—de la propia identidad y sentido, como el dolor, la verdad, la alteridad— ese lenguaje ya no basta, y necesitamos de alguna otra forma un lenguaje que no solo informe o explique lo que está de alguna forma expresado, sino que revele entendiéndose (algo) que está siendo no descrito de las mismas palabras que sepultan lo que existe y puede ser pensado, pero que no es manifiesto de la propia forma. Un lenguaje, por tanto, que piense lo que no-es y es lo oculto de la propia forma expresada de una forma (algo) que se entiende de la propia forma pero que no sentimos de una forma : abriendo ese espacio nuevo de entendiendo, a una forma mayor conocimiento) siendo capaz de ir más allá de lo manifiesto desde entender (esa sombra que es) antes) y de unomimso aquello que no-es de un forma pero que entendemos es (algo) que (puede ser pensado como lo que es y existe de alguna otra forma ( pensada de uno mismo)


Ciertamente debemos reconocer que el lenguaje cotidiano aparece como medio en los medios de comunicación (generalmente) siendo utilizado para informar de las relaciones cotidianas de la vida común ―El lenguaje cotidiano, en su uso mediático, se reduce dramáticamente a instrumento funcional: transmitir datos, hechos, opiniones rápidas de unos hacia otros. Heidegger diría que aquí el lenguaje se convierte en (charla), o hablar indefinido y ser→ que no revela sino que circula superficialmente sobre las formas; ahora bien, existen otras relaciones además de las frecuentes en la vida cotidiana donde nos conformamos con ese uso precario del lenguaje, porque generalmente solo nos referimos a relaciones superficiales sin mayor implicación; luego el “uso precario” del lenguaje no es un defecto técnico sino existencial: cuando la vida se queda en la superficie, el lenguaje también solo nombrando lo inmediato y funcional (de alguna forma útil a nuestro sentido). No hay espacio para la profundidad, y detenerse donde la hay, porque no hay tiempo ni disposición para ella. Pero en la medida que empezamos a tratar otras relaciones más profundas que no son en la superficie entendemos que se precisa de otro tipo de lenguaje e intervenir, moviéndonos a entender lo que no-es de una forma expresado y hacerlo pero no precisamente solo por el lenguaje poético (propio) sino metafísico (que no se limite de describir hechos , que no defina y clasifique / que no agote el objeto en su explicación / que no sea una herramienta de comunicación / que no refiera solo lo que ya está y de alguna forma (un lenguaje técnico y descriptivo (Técnica) / sino que intente abrir y desocultar (Heidegger: aletheuein) lo que está de alguna manera de la experiencia pero no-es manifiesto de la forma que describe la experiencia; y que pueda traer a la presencia (dando a entender ese algo→ lo que estaba oculto).

Existe pues  (alguna cosa) que no-es  se "enseña" o muestra, sino que se "revela”" entendiendo de algo lo que es (lo) de alguna otra forma está de Un lenguaje (apofántico-ontológico- de apophansis (declaración), que se refiere al discurso que declara algo sobre otra cosa (sujeto-predicado (lo que es / luego ontológico ( aquello que tiene que ser lo pensado) que no añade información externa, sino que actúa como un catalizador para que el interlocutor reconozca lo que es y es de alguna otra forma aquello latente de (eso pensado que existe de una forma) que no–es todavía manifiesto /entiéndase→ mientras que el lenguaje ontológico construye un mapa positivo (de lo que es) del mundo, el lenguaje apofántico actúa como una salvaguarda crítica, recordando que la raíz de la existencia siempre excede a la palabra (de una forma (su sentido). En la metafísica contemporánea, autores como Martin Heidegger exploraron esta tensión para señalar que (lo que es) no-es solo un objeto o lo que pueda agotarse por el lenguaje descriptivo ( pues ciertamente “ lo que es, es de alguna forma lo que existe después de alguna otra forma que está pudiendo ser ( eso→ que puede estar de alguna manera y representado y pensado de unomimso aquello mismo entendiendo eso del pensamiento no igual de la misma forma (lo mismo de otro) siendo de muchas otras formas posibles / y en cada una de ellas / de todas sus formas entendidas desde él (ser→ del pensamiento) de uno) y lo mismo de alguna otra forma de cada uno luego pensada como propia y ser del pensamiento de lo mismo y representado lo mejor es de un texto).

Luego el (ser→ del pensamiento) de uno y antes (de él) "abre un mundo" nuevo hacia→ lo que es de uno antes de alguna forma que no-es manifiesto todavía de unomimso en todas su formas pero es (entendiendo que algo más allá de lo que existe de alguna forma antes de uno)/luego no limita a la forma de uno/ No encierra la cosa en una definición cerrada (de una forma) y reconoce que detrás de lo que se nombra de uno antes (algo→ de un significante,) siempre hay (de alguna forma (algo) que existe y no-es manifiesto en la palabra (lo) que de alguna forma permanece oculta entendiendo de alguna otra forma lo (fascinante), de la existencia que combina entre asombro y angustia de una atracción irresistible hacia lo que no-es y es totalmente "otro" (totalmente diferente a la experiencia ordinaria) que de alguna manera explica la naturaleza irracional que existe/ y entendemos aquí igualmente de lo divino, que se siente de uno, luego aquello no se puede comprender totalmente de la razón y de una realidad trascendente que es, simultáneamente, aterradora y atractiva

Luego para que el lenguaje desoculte→ algo ←debe estar impregnado de silencio (o usencia de alguna cosa que no-es significado de una forma que es manifiesta, entendiendo-ahí lo sepultado de una sombra (en la palabra)

La palabra “metafísica” surge de esta ausencia misma “antes” (partiendo de lo que no-es físico o manifiesto de una forma pero existe de una forma, como la sombra de lo que puede “estar” de alguna otra forma (de ese espacio pensado y definido de un nombre entendiendo donde (algo) puede ser espacio (de alguna forma) que podemos entender pensado después y es: de alguna forma antes lo que entendemos propio de ese espacio, pero que no es todavía de una forma lo propio de uno mismo) eso pensado y algo que esta de alguna forma y es ( lo pensado como propio de alguna otra forma ().